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CAPÍTULO III

EL AGUA COMO BEBIDA

Indicamos en el capítulo anterior la importantísima parte que el agua desempeña en el proceso fisiológico del organismo humano. Manifestamos que el 80 por ciento del cuerpo físico se halla constituido por el agua, y que depende de este líquido en su mayor parte el funcionamiento del sistema.

Agreguemos que el hombre sano elimina en forma de orina y transpiración cerca de dos litros de agua.

Consideremos esta circunstancia y preguntémonos de dónde proceden los dos litros de agua que salen del cuerpo cada 24 horas.

Parte de estos dos litros proviene del agua contenida en las viandas, sobre todo en las verduras y frutas; pero la mayor parte ha de proporcionársela al organismo por medio de la bebida, pues de no hacerlo así, la Naturaleza no tendrá más remedio que extraerla de los humores del sistema o sufrir las consecuencias de la escasez.

Si extrae el agua de los fluidos o humores del sistema, el individuo no tardará en enflaquecer, de manera que se le empobrece la sangre, con riesgo de anemia u otra enfermedad causada por dicha deficiencia.

Pero la Naturaleza transige generalmente, y en lugar de agotar el agua de reserva en los humores del cuerpo, fuerza al organismo a amortiguar su actividad, de lo que resulta un funcionamiento lánguido, de manera que el individuo se expone a varias enfermedades, de las que las más comunes son el estreñimiento, la anemia y la dispepsia.

Vemos por doquiera, cada día, enfermos de esta índole, y si los observamos resulta que apenas beben agua, mientras que si estudiamos las costumbres dietéticas de la gente sana nos convencemos de que son habituales bebedores de agua.

Las autoridades más prestigiosas en materia de higiene privada y los más competentes fisiólogos están de acuerdo en que una persona de buena salud debe beber, por lo menos, dos litros de agua cada 24 horas.

Por consiguiente, no pueden estar sanos los que beben sólo medio litro de agua y aun menos cada 24 horas.

¿Cómo pueden estarlo, si de esa manera se apartan de las leyes de la Naturaleza?

Para sentirse bien han de restituirse a las condiciones normales de la Naturaleza, y empezar por beber un poco más de agua cada día de la acostumbrada, hasta llegar a la dosis normal de dos litros diarios en porciones diversas.

No se ha de beber toda esta agua de un trago ni mucho menos, desde luego, sino que han de espaciarse las bebidas en pequeñas dosis durante las horas del día.

Costumbre muy saludable es la de beber un vaso de agua fresca por la mañana al levantarse y otro al irse a la cama, por la noche.

El agua restante, hasta los dos litros, se toma repartida durante el día.

No hay que privarse del agua en las comidas, aunque tampoco ha de beberse demasiado, porque diluirá entonces el jugo gástrico al extremo que se debilitará grandemente su acción sobre el bolo alimenticio.

Se ha de beber el agua a sorbos durante las comidas, para calmar el ardor de la boca, pero nunca en grandes cantidades, que diluirían las materias alimenticias.

Lo importante sin embargo, es no aguar los manjares, es decir, no beber y masticar al mismo tiempo, porque este hábito, condenado por las reglas de urbanidad y buenas costumbres, perjudica la completa masticación de los manjares, tan necesaria para que el estómago pueda digerirlos, pues la saliva contiene principios activos indispensables a la digestión.

El agua que se bebe durante las comidas queda absorbida muy luego y entra en el torrente circulatorio sin que retarde la función digestiva, a menos que sea muy fría, pues en este caso el estómago puede pasmarse.

Quien adquiera el hábito de beber a horas fijas, aunque la sed no lo acose, las dosis de agua como si fuera medicina, de manera que en las 24 horas ingiera dos litros, no padecerá las consecuencias del estreñimiento y tendrá buen semblante y mejor salud general, por la fluidez de la sangre y el esponjamiento de los tejidos.

De modos muy diversos el organismo aprovechará el agua que en justa medida se le facilite, entre ellos el de limpiar la sangre, eliminando de ella, por los órganos excretores, las materias de desecho, que cuando por falta e insuficiencia de arrastre se acumulan, ocasionan alguna de las muchas enfermedades que afligen a la humanidad.

El agua caliente, cuando se administra, bien, es un agente eficaz de la salud, pues los hidroterapeutas saben por experiencia que limpia el estómago y los intestinos con más eficacia que las purgas alopáticas y sin los riesgos a que los drásticos exponen.

El agua caliente, dada como medicina y sin que haya alcanzado a hervir, no sólo lava el estómago, sino que lo descongestiona, disolviendo y facilitando la expulsión de las mucosidades adheridas a las paredes de dicha entraña, cuyo funcionamiento vigoriza y estimula, con lo cual se conjura el riesgo de la dilatación y la dispepsia.

El agua caliente ha de beberse al levantarse por la mañana o una hora después de comer, en cantidad de medio litro y tan caliente como pueda soportarse.

El agua caliente no produce náuseas, como la tibia.

Protestará el paladar al principio contra la ingrata insipidez del agua caliente; pero se le puede agregar una pizca de sal para darle algún sabor, y si estima el sujeto su salud, no tardará en acostumbrarse.

No debe beberse de un trago, sino a pequeños sorbos, despacio y lo mismo que si se paladeara una exquisita infusión de café.

Si se goza de salud normal, es mejor el agua fresca, según dijimos oportunamente, pues el agua caliente se ha de reservar como medicamento eficaz en los casos de pesadez de estómago,dispepsia, indigestión, estreñimiento y náuseas.

Además de las cualidades que como natural agente curativo le reconocen al agua los hidroterapeutas occidentales, sostienen los indos que es mucho más saludable todavía la cargada con suficiente cantidad de prana.

Dijimos ya que para pranizar el agua se la vuelca repetidamente de una vasija a otra, como cuando una bebida demasiado caliente se quiere enfriar.

Tal trasiego parece que infunde en el agua una vida nueva, como si estuviese difundida por el ambiente de la energía pránica, cual lo está la electricidad, y la absorbiera el agua en su movimiento.

No tiene más que hacer la prueba quien dude de esta afirmación.

El agua pranizada completamente obra en el organismo como un eficacísimo reconstituyente, pues estimula, vigoriza y aumenta la vitalidad si se la emplea en dosis normales.

El agua pura de las fuentes y de los manantiales de las montañas está suficientemente pranizada, y por eso es tan notoria la diferencia entre los efectos del agua del campo y los que produce el agua de la ciudad.

El agua de los centros urbanos puede pranizarse, sin embargo, con un poco de paciencia, trasegándola de una a otra vasija, según ya hemos indicado repetidas veces.

Quien alcance a comprender lo que es el agua pranizada y los efectos saludables que produce en el organismo ya no podrá satisfacerse con el agua carente de su esencia vital que beben la mayor parte de los habitantes de las ciudades.

Al beber el agua caliente ha de airearse con gran cuidado, sobre todo si se la dejó hervir, pues el agua hervida pierde el aire que tenía disuelto, que es una de las condiciones más importantes de potabilidad.

Al absorber el agua ha de retenerse medio minuto el sorbo en la boca antes de tragarla.

Los nervios de toda la boca y de la lengua son los más apropiados para absorber o asimilar el prana del agua.

Muchos orientales que saben esto, se llenan la boca de agua cuando se sienten cansados de trabajar.

Como no necesitan beberla, sino tan sólo asimilar la energía pránica, luego la arrojan.

Puede experimentarlo cada cual personalmente, con la condición de no beber más de la dosis normal de agua, o sea dos litros por día, porque la mayor parte de los occidentales pecan por exceso o por defecto en este punto, mientras que los orientales están acostumbrados a beber la dosis normal desde niños.

 

 

 

CAPÍTULO IV

EL ESTÓMAGO Y LOS INTESTINOS

 

Conviene fijarse cuidadosamente en el diagrama del estómago y de los intestinos (página 43) a fin de entender mucho mejor las explicaciones que hemos de impartir, pues, excepto los aficionados a los estudios fisiológicos y los médicos, son pocos los que tienen un concepto claro de la situación y la forma de órganos tan importantes como los del aparato digestivo.

La mayor parte de las enfermedades tienen su origen en algún trastorno gástrico o intestinal.

Quien quiera adquirir una idea básica de la terapéutica o tratamiento de las enfermedades debe prestar suma atención a esta parte del organismo antes de preocuparse de las demás.

Se ha manifestado que el noventa por ciento de las enfermedades y trastornos fisiológicos que preocupan a la raza humana provienen de alguna anormalidad del estómago o de los intestinos.

Se infiere de eso que si comprendemos cuáles son las normales funciones de estos órganos podremos establecer una racional terapéutica aplicable eficazmente a cualquier mal funcionamiento de dichos órganos.

Describiremos sucintamente, por lo tanto, el estómago e intestinos del cuerpo humano.

El estómago es un órgano semejante a un saco muscular en forma de gaita, cuya capacidad en estado corriente no va más allá de un litro, pero que por distensión de sus paredes puede aumentar.

Entra el alimento en el estómago después de preparado por la masticación y la insalivación en la boca, pues la saliva tiene la propiedad de transformar la fécula en dextrina, que se transformará en glucosa después.

La masa del alimento insalivado y masticado, llamada técnicamente bolo alimenticio, pasa al estómago por un conducto, el esófago, que va desde el garguero o fondo de la boca hasta el cardias o abertura superior del estómago.

Una vez en el estómago el bolo alimenticio, comienza la fase de la digestión denominada, por lo mismo, estomacal, mediante la acción química del jugo gástrico, secretario por las paredes del estómago y por la mecánica acción de los movimientos de la víscera.

Fluye el jugo gástrico copiosamente y transforma en peptona la albúmina de la carne y de las legumbres, el gluten de los cereales y la clara de huevo, dejando las grasas libres.

Durante la digestión estomacal, la parte fluida de la mas alimenticia se separa de la sólida y, junto con los líquidos ingeridos, pasa luego al duodeno, que la absorbe y lleva al sistema circulatorio, de donde los riñones y la piel eliminan los desechos.

Se mueve el estómago durante la digestión como una batidora, y entre esta acción mecánica y la química del jugo gástrico transmuta el bolo alimenticio recibido en la boca por conducto del esófago, en una masa grisácea, de semifluida consistencia, denominada quimo, formada por una mezcla de las materias salinas y azucaradas de los manjares, la dextrina en que convirtió las féculas con la saliva, la peptona en que el jugo gástrico convirtió las albúminas y las grasas sueltas.

Se refiere esta descripción al saludable y normal funcionamiento del estómago, pues en los casos de indigestión o dispepsia parece una retorta llena de una masa fermentada pútridamente.

En saludable funcionamiento, una vez concluida la digestión estomacal, pasa el quimo al intestino delgado por el orificio inferior del estómago, denominado píloro.

El intestino delgado forma un tubo de unos ocho o nueve metros de largo, y de diámetro mayor en la terminación y el origen.

Está replegado muy ingeniosamente sobre si mismo, en asas o circunvoluciones numerosas, de manera que ocupa muy poco espacio en comparación con su longitud.

Tiene la superficie externa una especie de forro aterciopelado de felpina, con prominencias numerosas, denominadas folículos, que obran como absorbentes o secretores, según el caso.

Queda el quimo sujeto en el intestino delgado a la acción de los jugos intestinal y pancreático, y de la bilis.

El jugo pancreático es segregado por la glándula denominada páncreas; el intestinal, por los folículos del intestino delgado, y por el hígado, la bilis.

Estos jugos deslíen el quimo y completan la digestión, pues el jugo pancreático participa al mismo tiempo de las propiedades alealinas de la saliva y de las ácidas del jugo gástrico, de manera que en el quimo, final resultado de la digestión, se hallan las siguientes sustancias: peptona, que procede de la transformación de la albúmina; grasas emulsíonadas, y glucosa, procedente de la transformación de la dextrina.

Las paredes internas del intestino delgado absorben el quilo, que por intermedio de los vasos linfáticos va a parar al torrente circulatorio, y la sangre lo distribuye por los distintos órganos del cuerpo.

No hemos dicho nada de las funciones del hígado porque nos limitamos a señalar las del estómago e intestinos.

Cuando el quilo ha sido absorbido, las materias sobrantes por inútiles o por exceso de nutrición, pasan al sector de intestino grueso denominado ciego, por la válvula ileoeceal.

Está construida esta válvula tan ingeniosamente, que permite el acceso de las materias fecales al ciego, impidiendo en absoluto que retrocedan al intestino delgado.

Tiene el ciego un apéndice o coletilla en forma de gusano, por lo que se lo denomina apéndice vermiforme, y cuando se inflama es causa de la peligrosa enfermedad llamada apendicitis.

Mide dicho apéndice de dos a doce centímetros de largo, de acuerdo con los sujetos, y se ignora con qué finalidad lo colocó allí el creador de la humanidad, pues parece que sirve sólo de estorbo.

No obstante, algunos fisiólogos sostienen que tiene por función producir un líquido lubricante, mientras creen otros que es el rudimento de un órgano útil en una muy lejana etapa de la evolución física.

Sigue al ciego el colon, que se divide en tres sectores: ascendente, transverso y descendente.

Esta porción del intestino grueso mide unos 155 centímetros, de longitud.

Pasa el ascendente por la derecha del abdomen; el transverso por encima de la masa replegada del intestino delgado, y el descendente por la izquierda del abdomen.

Forma en su extremo el colon descendente una especie de curvatura denominada flexión sigmoidea, donde se estrecha notablemente su diámetro para formar el recto, porción última del intestino grueso, que concluye en el ano, por donde salen los excrementos en el momento de la defecación.

En sus tres porciones, el intestino grueso puede considerarse como la cloaca colectora de los desechos de la digestión; y cuando se obstruye por cualquier causa o pierde el intestino su vitalidad de manera que no pueda ejercer los movimientos peristálticos que empujan los excrementos por todo su trayecto, sobreviene la constipación, el estreñimiento o demás inconvenientes intestinales, entre ellos la enterocolitis.

Por el contrario, cuando las materias fecales o heces se descomponen o pudren rápidamente, sobrevienen las diarreas.

Las paredes internas del colon presentan diminutos folículos que tienden a reabsorber en el sistema las heces retenidas por estreñimiento, de manera que el colon es entonces como el receptáculo de materias pútridas.

La propiedad absorbente de las paredes internas del colon se halla comprobada por haber absorbido ciertas sustancias que a propósito se le inyectaron y cuyos efectos fueron evidentes al cabo de pocos minutos.

A veces se administra el alimento, además, por medio de clisteres o lavativas, cuando no puede soportarlo el estómago del enfermo.

Vemos así que el colon puede absorber y llevar al organismo sustancias pútridas cuando queda obstruido por el estreñimiento.

Es un fenómeno semejante al de las cloacas obstruidas que devuelven al retrete de las viviendas domésticas las materias fecales.

La mayoría de la gente desconoce los riesgos graves del estreñimiento y, el peligro que supone demorar la defecación.

El colon es semillero de muchísimas dolencias.

 

 

 

 

CAPITULO V

OBSTRUCCION INTESTINAL

 

Requiere este capítulo muy cuidadosa lectura, por la gran importancia que para el bienestar físico tiene lo que vamos a exponer aunque no sea muy agradable.

Pero por ello aconsejamos precisamente el estudio detenido del asunto, a fin de eliminar de una vez para siempre su aspecto desagradable.

Vamos a hablar de la cloaca colectora que todos llevamos en nuestro organismo, y que la mayoría de las gentes convierten en ponzoñosa letrina, por ignorancia de las leyes naturales.

La cloaca intestinal, cuando no se procura su buen funcionamiento, por incomprensión o descuido, causa gran número de trastornos y dolencias que alteran la salud del indivíduo, a veces gravemente.

La cefalalgia, la acidez de estómago, la dispepsia, la índigestión, la acedía y otros trastornos proceden en gran parte, si no por completo, de la obstrucción intestinal.

Los granos, las costras y erupciones de la piel, la saburra de la lengua, el sudor maloliente, los estados febriles, Ia fetidez del aliento, la nerviosidad y muchos otros síntomas, derivan sobre todo de la pestilente y embozada cloaca que tantos llevan consigo sin saberlo.

Quien dude de ello se verá más obligado aún a estudiar cuanto manifestamos sobre el problema.

Que estudie este capítulo hasta el fin, y con seguridad desvanecerá toda duda.

El intestino grueso y especialmente los tres sectores de la porción denominada colon están expeditos en la mayoría de los animales y en las personas de vida saludable y normal.

No los obstruyen materias excrementicias y quedan libres de ellas por evacuaciones naturales.

No obstante, en la mayoría de las gentes que se creen civilizadas, pocas veces funciona normalmente el colon, y se cree que las siete décimas partes de dichas personas sufren en mayor o menor grado algunas de las varias formas de estreñimiento y constipación.

Los informes de los hospitales prueban que de 500 casos en que se observó el colon después de la muerte del enfermo, en la autopsia, sólo 50 lo tenían en condición normal.

Los demás se encontraban obstruidos por materias fecales endurecidas.

Conocen los yoguis de la India esta circunstancia desde hace muchos siglos, y también ahora la reconoce la moderna patología occidental.

Aun entre quienes se ufanan de tener todos los días una evacuación natural, suele manifestarse cierta obstrucción.

Manifiesta el especialista norteamericano doctor Forrest, a este propósito:

"Puede haber una y aun más de una evacuación diaria, y sin embargo estar el sujeto morbosamente constipado.

"Recordemos que, en rigor, la constipación equivale al colon recargado.

"Por lo tanto, si cada día se evacua parte de dicha carga por un extremo del colon, queda todavía cargado el otro extremo, de suerte que la constipación subsiste a pesar de la evacuación diaria."

Otro autor agrega:

"Los diarios movimientos del intestino no demuestran que el colon esté expedito. En efecto, los más graves casos de estreñimiento a que hemos asistido fueron aquellos en que diariamente evacuaba el enfermo."

Se admiran los autores médicos de la capacidad asombrosa del colon para retener los excrementos.

Obsérvase a veces que las materias fecales retenidas en el colon de un solo individuo hubieran podido llenar varios cólones de normales dimensiones.

En tales casos estaban distendidas las paredes del intestino, y como hinchadas por la gran cantidad de heces que contenían, duras como un embutido.

Hubo casos en que un individuo estuvo varias semanas sin evacuar.

Se cuenta que en determinada circunstancia la irrigación del colon expulsó huesos de cereza ingeridos muchos meses antes.

Son muy notables los casos de obstrucción intestinal que vamos a referir, y aunque no sean de lectura muy agradable, conviene fijarse en ellos por si sus circunstancias coinciden con las que en sí mismo notó el lector, y puede, en consecuencia, recurrir al remedio oportuno.

Aconsejamos que no sean pasados por alto estos casos, sino que se consideren atentamente.

El doctor H. T. Turner, de Walla Walla, población del estado norteamericano de Washington, narra el caso siguiente:

"En 1880 se murió un enfermo de inflamación de los intestinos, y solicité de la familia el permiso, que me concedieron, para efectuar la autopsia, pues yo tenía el convencimiento de que había de haber alguna sustancia en la válvula ileocecal, o cerca de ella, o acaso en el apéndice vermiforme.

"La autopsia descubrió en la bolsa del ciego y en el orificio del apéndice gran cantidad de semillas de uva y rosetas de maíz.

"Esta circunstancia, unida al estado de corrupción y ennegrecimiento del colon, indicaba la exactitud de mi diagnóstico.

"Abrí el colon en toda su longitud de metro y medio, y lo encontré lleno de materias fecales, incrustadas en sus paredes y repliegues, en varias partes duras y secas como piedra pizarrosa, que obstruían el conducto intestinal hasta el punto de haberle ocasionado al enfermo, según dijo la familia, cólicos violentos, repetidos dos veces al mes algunos de ellos, sin otro alivio que el proporcionado por enérgicos purgantes.

"Cuantos médicos lo visitaron creyeron que padecía cólicos hepáticos; pero yo colegí que la dura materia fecal de las deposiciones era ya crónica, como resultado de años enteros de acumulación, y había sido causa remota de la muerte del Sujeto.

"La flexión sigmoidea del colon descendente estaba sumamente cargada y distendida hasta doble tamaño del natural.

"Las heces endurecidas llenaban uniformemente el intestino, dejando en el centro un orificio del diámetro de un dedo, por donde pasaban las heces más recientes.

"En la parte inferior de la flexión sigmoidea, poco antes de llegar al recto, y en el ángulo izquierdo del colon, donde tuerce a la derecha, había mogotes de heces putrefactas con muchos huevos de gusanos y varias larvas que habían roído la mucosa intestinal, ocasionando la grave inflamación del colon y partes adyacentes, anomalía que provocó la muerte del enfermo.

También ulteriores investigaciones atribuyeron a la misma causa las hemorroides que según parece padecía, desde un año antes.

"Todo el colon estaba crónicamente inflamado; y no obstante, aquel enfermo se creyó bueno y sano hasta que la funesta ingestión de las uvas con sus semillas y de las rosetas de maíz agravaron mortalmente su dolencia."

El doctor Turner continuó sus investigaciones clínicas, que lo llevaron a la convicción de que la mayor parte de los adultos estaban más o menos afectados de la misma dolencia.

Vio que el intestino grueso en gran cantidad de pacientes adolecía de un trastorno muy parecido al del caso típico relatado anteriormente.

En la revista especializada Medical Examiner, un médico de Chicago refiere los siguientes resultados de sus investigaciones sobre el particular:

"Las fibras musculares de los intestinos son circulares unas y longitudinales otras.

"En el intestino grueso las fibras longitudinales son relativamente más largas que en el delgado.

"La mayor longitud de las fibras longitudinales del intestino grueso permite la formación de alvéolos o cavidades en que se acumulan las heces, sin que de esta acumulación se den cuenta los médicos de cabecera.

"'Es indudable que a veces las materias excrementicias quedan acumuladas durante semanas, meses y aun años en las cavidades del colon, y ocasionan diversos síntomas, desde un simple catarro intestinal hasta las más graves enfermedades infecciosas.

"Cuando la acumulación se reduce a las cavidades, el paso del colon está expedito.

En algunos casos, dicha acumulación es tan voluminosa como la cabeza de un feto y puede confundirse con un tumor abdominal.

"Las porciones del intestino grueso más propensas a inflamación por la acumulación de heces son el asa sigmoidea del colon y el ciego, aunque pueden también sobrevenir en las demás porciones del intestino.

"El colon ascendente se llena con mucha mayor frecuencia de lo que supone la patología académica.

"Puede, afirmarse que mayor número de veces se acumulan las materias fecales en el colon ascendente que en el descendente, en contra de lo afirmado por la mayoría de los patólogos.

"Cuando las acumulaciones son grandes, el aumento de peso del colon tiende a desplazarlo, y en este caso puede el colon transverso caer hacia las pelvis.

"En el adulto llega el colon hinchado a tener hasta 38 centímetros de circunferencia exterior.

"La densidad de las acumulaciones es muy variable, pues pueden ser tan duras como piedra berroqueña, resistentes al cuchillo, y confundirse con cálculos biliares, de suerte que aun los médicos expertos corren el riesgo de equivocarse en el diagnóstico.

"Por su tamaño llegan a veces al extremo de oprimir los órganos abdominales y perturbar sus funciones, de suerte que se toma por trastornos hepáticos y renales lo que en realidad no es más que el resultado de la opresión ejercida en el hígado o en los riñones por las heces intestinales.

"Se han observado algunos casos increíbles de acumulación intestinal, tanto que la cantidad dé heces aglomera. das en el colon y el recto hubiera bastado para llenar un cubo de mediana capacidad.

"Desde luego que tan enormes acumulaciones son excepcionales, y precisamente por su mucho volumen puede, cualquier médico darse cuenta de ellas por medio del tacto.

"Si los excrementos son negruzcos o de color verde oscuro será indicio de que han estado acumulados desde tiempo atrás en el intestino.

"La absorción de las heces por la mucosa del intestino grueso ocasiona diversas enfermedades, entre ellas la anemia, fetidez de aliento, erupciones cutáneas, trastornos cardíacos, fiebres palúdicas y tifoideas, vértigos, jaquecas, etcétera.

"La excesiva distensión del intestino ciego y del asa sigmoidea del colon amenaza ocasionar la hidropesía y el entumecimiento de las piernas y calambres."

De este modo la fisiología occidental corrobora las enseñanzas índicas del Yoga Hatha.

Se infiere de todo lo expuesto que la necesidad del baño interno deriva del incumplimiento de las leyes fundamentales de la Naturaleza en lo relacionado con las evacuaciones intestinales.

Los hábitos viciosos de la vida seudocivilizada son causa de tal quebrantamiento, pues el hombre primitivo vivía en contacto con la Naturaleza, del mismo modo que los animales salvajes, y los trastornos derivados de la acumulación de heces en el intestino grueso no lo afectaban.

Pero, como nos encontramos en presencia de las condiciones establecidas por la errada civilización, es imprescindible que la ciencia proporcione una terapéutica capaz de curar la obstrucción intestinal e impedir que se reproduzca.

"Pero las acumulaciones más peligrosas son las de menor tamaño, pues por de pronto, no molestan y pasan inadvertidas, de suerte que muchísimas personas las tienen sin sospecharlo, hasta que cualquier incidente acelera sus morbosos efectos.

"Dichas personas se satisfacen con evacuar diariamente; pero su color cetrino, su lengua sucia y sobre todo el aspecto de sus deposiciones bastan para afirmar que son víctimas del estreñimiento.

"La evacuación diaria no prueba que el intestino grueso esté libre de acumulaciones fecales, pues precisamente los casos más graves de estreñimiento que hemos tenido fueron aquellos en 'que el sujeto evacuaba diariamente.

"El color de las. deposiciones facilita el diagnóstico de la acumulación intestinal.

La peor característica de un intestino grueso obstruido es quizá que se convierte en semillero de innumerables gérmenes patógenos que, introducidos en la sangre por absorción,, emponzoñan todos los órganos del cuerpo.

Investigadores eminentes, dedicados a esta importantísima cuestión, descubrieron que la mayor parte de las morbosas condiciones del organismo humano, que degeneran en las distintas enfermedades, son síntomas de una sola causa básica y tienen origen en los gérmenes patógenos que se desarrollan en las pútridas acumulaciones fecales del intestino grueso.

Se han generado estos gérmenes en las hediondas acumulaciones intestinales, y absorbidos por la mucosa del colon, pasaron a la sangre, que con ellos contaminó todos los órganos del cuerpo, en donde dejó semillas de enfermedad, dolor, muerte y destrucción.

Por eso, mucho más cuerdo que entretenerse sin combatir los síntomas es atacar el mal de raíz, resueltamente, y conjurar las condiciones que ocasionaron el trastorno.

No es posible que goce de salud cabal quien tiene en el organismo una oculta y hedionda cloaca propagadora de malsanas emanaciones que afectan a todo el cuerpo.

¿Qué diríamos de una ciudad en la cual su red de cloacas desparramara sus pútridas emanaciones, atentando contra la salud del vecindario?

¿Por qué no aplicar a la higiene privada las prácticas de la pública y desinfectar oportunamente la cloaca intestinal que llevan consigo la mayor parte de las gentes?

La causa radica, por lo regular, en el desconocimiento de la condición verdadera de las cosas, y conviene por eso esclarecer este punto enigmático, a fin de que todos cuantos lo necesiten puedan remediar sus morbosas condiciones y restituirse el estado normal de salud.

Algo más que los ordinarios síntomas de estreñimiento es preciso combatir.

Debemos evitar la contaminación de la sangre, el encenagamiento de la fuente de la vida fisiológica.

La acumulación de desechos en el intestino grueso repercute en el estómago y en el intestino delgado, y provoca la indigestión y la dispepsia a causa de impedir el paso natural de los alimentos por el tubo digestivo.

Es así porque, retenidas más tiempo del necesario en el estómago y en el intestino delgado, porque el grueso les impide el paso, las materias alimenticias están expuestas a fermentar y acedarse, produciendo flatulencias molestas, hiperclorhidria y otros trastornos digestivos.

Además, se perjudican el hígado y los riñones, cuyo funcionamiento es entorpecido.

La fiebre no tarda en aparecer y el organismo sucumbe a las condiciones morbosas.

La Naturaleza se vale de los riñones y de la piel para eliminar del organismo muchos desechos; pero ambos órganos excretores concluyen por rendirse y fatigarse.

La piel se llena de granos, costras, verrugas y otras erupciones más o menos herpéticas.

Todo esto y mucho más procede de la suciedad intestinal, pues en tales circunstancias el colon es como una cloaca que nunca se atiende debidamente.

Para que los síntomas morbosos desaparezcan basta con desinfectar la cloaca.

En conclusión, podemos decir que el embozado intestino grueso produce la septicemia o envenenamiento de la sangre.

Y como la sangre es la fuente de que se nutre todo el organismo, el manantial de vida fisiológica, por así decirlo, se comprende fácilmente que si conseguimos eliminar del manantial de vida el tóxico que lo contamina, el fluido vital circulará libre y puro, llevando en sí fuerza, salud y vigor, en vez de enfermedad, dolor y muerte.

Este asunto nos parece de sobra importante para merecer la atención de cuantos consideren la salud como el mayor bien de la vida física.

La corriente medicina alopática acierta por una parte cuando aconseja mantener el "vientre libre"; pero se equivoca, a nuestro modo de ver, en la exposición de los medios para lograr el expedito funcionamiento del tubo digestivo y el de los intestinos en particular.

Una vez explicadas las condiciones del mal, veamos cuáles pueden ser sus remedios.

 

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