Caminos a Dios 

 

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Gracias amada Romi por este aporte!!!

 

EN VOS CONFIO...

(Revisado por Sri Ramatherio, de la orden Rosacruz)

LAS OBLIGACIONES DEL HOMBRE CONSIDERADO COMO INDIVIDUO

Capítulo I -Consideración

Entra en comunión contigo mismo, oh, hombre, y considera por qué fuiste hecho. Contempla tus poderes, contempla tus necesidades y tus relaciones; así descubrirás los deberes de la vida y obtendrás dirección en todos tus caminos. No procedas a hablar o actuar antes de haber pesado tus palabras y examinado la tendencia de cada paso que hayas de dar; así la desgracia volará lejos de ti y en tu casa será un extraño la vergüenza; el arrepentimiento no te visitará, ni el dolor marcará tu mejilla en esta ni en muchas vidas venideras. El hombre irreflexivo no frena su lengua; habla sin tino y se ve enredado en la demencia de sus propias palabras. Así como quien corre apresuradamente y salta por sobre una valla puede caer en algún hueco que hubiera al otro lado y que no puede ver, así sucede al hombre que se lanza bruscamente a la acción antes de haber considerado sus consecuencias y la compensación que la Ley exige. Escucha, por lo tanto, la voz de la Consideración; sus palabras están llenas de sabiduría y el sendero que te señale te conducirá al abrigo seguro y a la verdad.

 

 

Capítulo II - Modestia

 

Quién eres tú, oh, hombre, que presumes de tu propia sabiduría? ¿Por qué te jactas de lo que haz adquirido? El primer paso que conduce a la sabiduría consiste en conocer que has nacido mortalmente ignorante, y si no quieres ser tenido por necio según el juicio de los demás, desecha la insensatez de ser sabio en tu propia mortalidad. Así como un sencillo atavío adorna mejor a una mujer hermosa, así una conducta decente es el mayor adorno de la sabiduría interna. El habla del hombre modesto da lustre a la verdad, y la mansedumbre de sus palabras dispensa su error. No confía él en su sabiduría mortal; pesa bien el consejo de un amigo y recibe de él su beneficio. Aparta sus oídos de la propia alabanza y no cree en ella; es el último en descubrir sus propias perfecciones.. Sin embargo, así como un velo realza la hermosura, así sucede con sus virtudes a la sombra con que su modestia las cubre. Pero contempla al vanidoso y observa al arrogante; que se atavía con ricos trajes, desfila por las calles públicas, mira a su alrededor y atrae la observación de los demás. Yergue la cabeza y menosprecia al pobre; trata con insolencia a sus inferiores, mientras sus superiores, en cambio, ríen de su vanidad y locura. Desprecia el juicio de los demás; confía en su propia opinión y se confunde. Está lleno con la vanidad de su imaginación; se deleita en hablar y oír hablar de sí mismo todo el día. Engulle con avidez su propia alabanza, y el adulador, en cambio, se lo come a él.

 

 

Capítulo III- Diligencia

 

Como los días que han pasado se fueron para siempre, y como los que están por venir pudieran no llegar a ti en el estado presente de tu ser, te es necesario, ¡oh, hombre! emplear el estado presente sin lamentar la pérdida de lo pasado, o sin contar demasiado con lo que ha de venir, porque de tu estado próximo nada puedes saber, excepto lo que tus acciones de ahora dispongan para él. Este instante es tuyo; el próximo está en el vientre de lo futuro y no sabe lo que podrá traer; la madurez de lo que no ha nacido está de acuerdo con la ley. Cada estado futuro es lo que tú has creado en el presente. Lo que resuelvas hacer, hazlo pronto. No dejes para la tarde lo que puedas hacer en la mañana. La ociosidad es madre de la carencia y del dolor; pero el trabajo del bien produce placer. La mano de la diligencia derrota a la necesidad; la prosperidad y el triunfo son los ayudantes del hombre industrioso. ¿Quién es aquel que ha adquirido fortuna, que se ha elevado al poder, que se ha abrigado en el honor, de quien se habla en la ciudad con alabanza y que se planta ante el rey en su consejo? es sólo aquel que ha desterrado la ociosidad de su casa y le ha dicho: "Pereza, eres mi enemiga" El se levanta temprano y se acuesta tarde; ejercita su mente en la contemplación y su cuerpo en la acción, y preserva la salud de ambos. El hombre perezoso es una carga para sí mismo, sus horas pesan sobre su cabeza; divaga, errabundo, y no sabe qué quisiera hacer. Sus días pasan como la sombra de una nube y no deja tras sí ningún signo al recuerdo. Su cuerpo está quebrantado por falta de ejercicio; desea acción, pero no tiene fuerzas para moverse; su mente está en tinieblas; sus pensamientos están confusos; anhela el conocimiento, pero no tiene diligencia. Quisiera comer la almendra, pero detesta el trabajo de romper su cáscara. Su casa está en desorden, sus sirvientes despilfarran y alborotan, y él corre hacia la ruina; lo ve con sus ojos, lo escucha con sus oídos, sacude su cabeza y desea, pero no tiene resolución; y así la ruina vendrá sobre el como un torbellino y la vergüenza y el arrepentimiento descenderán con él a la tumba. Sin embargo, vendrá un día en que desde los Cielos tu Alma regresará y reunirá el polvo y lo animará

 

 

Capítulo IV - Emulación

 

Si tu corazón está sediento de honores, si tu oído se regocija con la voz de la alabanza, eleva tu ser mortal desde el polvo de que fuiste hecho, y exalta su aspiración hacia algo digno de alabanza. La encina que ahora abre y extiende sus ramas hacia el cielo fue en un tiempo apenas una bellota en el seno de la tierra. Trata de ser el primero en tu vocación, sea la que fuere; no dejes que nadie te gane en hacer el bien; sin embargo, no envidies los méritos de otro, sino mejora tus propios talentos. Desdeña también el deprimir a tu competidor por cualquier medio deshonesto o indigno; trata de elevarte sobre él sólo excediéndolo; así tu lucha por la superioridad quedará coronada por el honor, si no por el triunfo. Por la emulación virtuosa, el espíritu del hombre se exalta dentro de él; anhela su fama y se regocija como el corcel que va a emprender su carrera. Se eleva como la palmera, a pesar de la opresión; y, como un águila en el alto firmamento, se eleva y fija su ojo en la gloria del sol. Por la noche, están ante su visión los ejemplos de los hombres eminentes; su delicia es seguirlos durante todo el día. El forma grandes proyectos, se regocija en llevarlos a cabo y su nombre vuela hasta el confín del mundo. Pero el corazón del envidioso es hiel y amargura; su lengua escupe veneno; el triunfo de su vecino le quebranta el descanso. Se sienta afligido en su cuarto, y el bien que acontece a otro es un mal para él. El odio y la malicia anidan en su corazón y para él no hay descanso. En su propio pecho no siente amor por el bien, y por lo tanto considera a su vecino semejante a él mismo. Trata él de rebajar a quienes lo exceden y achaca una mala interpretación a todo lo que hacen. El está vigilante y él queda aplastado como una araña en su propia tela.

Capítulo_V-_Prudencia

Escucha las palabras de la prudencia, atiende a sus consejos y guárdalos en tu corazón; sus máximas son universales y todas las virtudes se apoyan en ella; ella es la guía y la dueña de la vida humana. Pon un freno a tu lengua; pon una guarda ante tus labios, no sea que las palabras de tu propia boca destruyan tu paz. Que aquel que se burle del cojo tenga cuidado de no empezar a cojear; quienquiera que hable con gusto de las faltas de otro, escuchará sus propias palabras con amargura en el corazón. Del mucho hablar viene el arrepentimiento, pero en el silencio está la seguridad. El hablador es un perjuicio para la sociedad, el oído está harto de su murmuración, el torrente de sus palabras acaba con toda conversación. No te vanaglories de tí mismo, porque eso traerá desprecio sobre tí; tampoco desprecies a otro, porque es peligroso. Una chanza amarga es el veneno de la amistad, y el que no pueda refrenar su lengua se verá en dificultades. Provéete de todo lo necesario que cuadre a tu condición; sin embargo, no gastes todo lo más que puedas; que la previsión durante tu juventud puede ser la consolación de tu vejez. Que tus propios quehaceres ocupen tu atención; deja el cuidado del estado a quienes lo gobiernan. Que tu recreación no sea costosa, para que el dolor de comprarla no exceda al placer de gozarla. Que la prosperidad no saque los ojos a la circunspección, ni la abundancia corte las manos a la frugalidad; quien se entrega demasiado a lo superfluo de la vida, vivirá para lamentar la falta de todo lo necesario. En la experiencia de los demás adquiere tu sabiduría, y por los sentimientos de ellos corrige tus propias faltas. No confíes en ningún hombre antes de haberlo probado; sin embargo, no desconfíes sin razón, eso es falta de caridad. Pero cuando hayas probado que un hombre es honesto, enciérralo en tu corazón como un tesoro, y considéralo como una joya de inestimable precio. Rehúsa los servicios del mercenario; pudieran ser para tí una celada; jamás te verías libre de obligación. No uses hoy lo que mañana podrías necesitar, ni dejes tampoco al azar lo que la previsión pudiera darte, o lo que el cuidado pudiera prevenir. Sin embargo, ni aun de la prudencia esperes un triunfo infalible, porque el hombre no sabe lo que pueda traer la noche. No siempre el tonto es desgraciado, ni siempre afortunado el sabio; sin embargo, jamás gozó completamente el tonto, ni el sabio fué jamás del todo desgraciado.

 

Capítulo VI- Fortaleza

Peligros, infortunio, necesidades, dolores, padecimientos, es lo que con más o menos seguridad aguarda a todo hombre que viene a este mundo. Por lo tanto, ¡oh, hijo de la calamidad! desde temprano debes fortalecer tu mente con valor y paciencia para que puedas soportar, con apropiada resolución, lo que te espera de los males humanos.
Así como el camello soporta los trabajos y el calor y el hambre y la sed por los arenosos desiertos y no se desmaya, así la fortaleza de un hombre debe de acompañarlo a través de todos los peligros.
Un espíritu noble desdeña las adversidades de la fortuna; la grandeza de su Alma no le permite desfallecer.
Él no cifra su felicidad en las sonrisas, y por lo tanto los ceños fruncidos no le hacen desmayar.
Como la roca en la playa, él permanece firme y el embate de las olas no lo perturba.
Eleva él su cabeza como una torre en una colina, y las flechas de la fortuna caen a sus pies.

Capítulo VII- Contento

No olvides ¡oh, hombre! Que tu estada presente sobre la tierra fue decretada por la sabidurìa del Eterno, que conoce tu corazòn, que mira la vanidad de todos tus deseos, y que muchas veces, por misericordia, niega tus sùplicas.
Sin embargo, para todos tus deseos razonables, para todas tus empresas honestas, Su benevolencia ha dispuesto en la naturaleza de las cosas, una probabilidad de buenos resultados.
A la tranquilidad que sientes, a las desgracias que deploras, busca la raìz de donde proceden; tu propia locura, tu propia vanidad, tu propia desbocada fantasìa.
No murmures, por lo tanto, contra lo que Dios depara, sino corrige tu propio corazòn; tampoco digas en ti mismo, si tuviera forma, o poder, u holganza, serìa feliz; porque debes saber que todas estas cosas traen a quienes las poseen sus inconvenientes caracterìsticos.
El pobre no conoce las vejaciones y ansiedades del rico, no siente las dificultades y perplejidades del poder, ni conoce el hastìo de la holganza, por esto es que se lamenta de su propia suerte.
Pero no envidies la apariencia de felicidad de cualquier hombre, porque no conoces sus secretos dolores.
La gran sabidurìa està en sentirse sastisfecho con poca cosa; quien aumenta sus riquezas aumenta sus cuidados; pero una mente contenta es un tesoro oculto a quien no alcanzan las calamidades.
Sin embargo, si no consientes en que las seducciones de la fortuna te roben la justicia, o la templanza, o la caridad, o la modestia, ni siquiera las mismas riquezas te harian infeliz.
Con esto comprenderàs que la copa de la felicidad, pura y sin mezcla, no es en manera alguna la bebida que cuadra al hombre mortal.
El bien es la carrera que Dios le ha trazado y la felicidad es la meta, la cual nadie podrà alcanzar mientras no haya terminado su carrera, para recibir la corona en las mansiones de la eternidad.

Capítulo VIII- Templanza

Como màs puedes acercarte a la felicidad es gozando los dones celestiales de la comprensiòn y la salud.
Si posees estas bendiciones y quieres conservarlas hasta la vejez, evita la seducciòn de la Voluptuosidad y huye de las tentaciones.
Cuando la Voluptuosidad exhibe sus delicadezas ante ti, cuando su vino brille en la copa, cuando ella te sonrìa y te persuada a que seas feliz y alegre, entonces es la hora del peligro y debes permitir que tu Razòn estè firme y en guardia.
Porque si escuchas las palabras del Adversario, quedaràs engañado y traicionado.
La alegrìa que te promete se cambia en locuras y sus placeres conducen a la enfermedad y la muerte.
Mira en torno de ella, dirige tu vista hacia sus compañeros y observa a los que han atendido a sus sonrisas, a los que han escuchado sus tentaciones.
¿No estàn enflaquecidos? ¿No estàn enfermos? ¿No estàn sin ànimo?  A sus breves horas de alegrìa y francachelas siguieron dìas de hastìo, de dolor y desencanto. Ella ha corrompido y visitado sus apetitos, y ahora no pueden gozar de sus mejores atractivos; sus partidiarios se han convertido en sus vìctimas; son èstas las consecuenciaas justas y naturales que Dios ha dispuesto, en la constituciòn de las cosas, para castigo de quienes abusan de sus dones.
¿Pero quièn es aquella de paso airoso, de aire gracioso, que cruza la llanura?
La rosa se ruboriza en sus mejillas, la dulzura de la mañana alienta en sus labios, la alegrìa, templada por la inocencia y la modestia, brilla en sus ojos, mientras canta con el jùbilo de su corazòn al caminar.
Su nombre es la Salud; es hija del Ejercicio que la engendrò en la Templanza; sus hijos habitan las montañas que se yerguen en las regiones septentrionales del San Tom Hoe.
Ellos son gallardos, activos y vivaces, y comparten todas las bellezas y virtudes de su hermana. El vigor circula por sus nervios, la fortaleza està en sus huesos, y ellos gozan con su trabajo durante todo el dìa.
Las actividades de su padre excitan sus apetitos y el alimento de su madre los refresca.
Se complacen en combatir las pasiones, y es su gloria conquistar los malos hàbitos.
Sus placeres son moderados, y por eso perduran; su reposo es breve, pero profundo y sin perturbaciones.
Su sangre es pura, sus mentes serenas, y el mèdico ignora el camino de sus casas.
Pero la seguridad no habita junto con los hijos del hombre, ni se la encuentra puertas adentro.
Mira como estàn expuestos a nuevos peligros desde afuera, mientras que un traidor, dentro, procura perderlos.
Su salud, su fortaleza, su belleza y su actividad han despertado el deseo en el seno del Amor lascivo.
Esa Pasiòn lasciva està en su jardin, los enamora con su mirada, despliega sus tentaciones.
Sus miembros son suaves y delicados, su traje suelto y atractivo, su mirada es impùdica y en su pecho anida la Tentaciòn. Ella los llama con la mano, los seduce con sus miradas, los trata de engañar con la suavidad de su lengua.
¡Huye de las seducciones, cierra tus oìdos a sus palabras encantadoras! Si acatas la languidez de sus ojos, si prestas oìdos a la suavidad de su voz, si ella te echa los brazos al cuello, te atarà en sus cadenas para siempre.
A ellas siguen la vergüenza y la enfermedad y las necesidades y las preocupaciones y el arrepentimiento.
Debilitado por los entretenimientos, aplastado por la voluptuosidad, agotado por la pereza, huirà la fortaleza de tus miembros y la salud abandonarà tu cuerpo. Seràn pocos tus dìas y sin gloria; tus tristezas seràn muchas, y no hallaràs compasiòn.

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