Estamos hablando puntualmente, de llevar al ego a
su purificación total.
A esto le llamamos La naturaleza esencial o La
verdadera naturaleza de la mente.
Por esto sabemos que nuestra naturaleza
esclarecida siempre está presente y siempre es perfecta.
Decimos, que ni siquiera los seres iluminados en
su infinita sabiduría, pueden perfeccionarla; ni
los seres concientes estropearla en su aparente
confusión.
Nuestra verdadera naturaleza podría compararse
con el cielo, y la confusión de la mente ordinaria
podría compararse con las nubes.
Cuando estamos en tierra, mirando hacia lo alto,
se nos hace muy difícil creer que haya algo más
que nubes.
Sin embargo, sólo hemos de remontarnos en un
avión para descubrir sobre ellas una extensión
ilimitada de transparente cielo azul.
Desde allí arriba, las nubes que suponíamos lo
eran todo parecen minúsculas y remotas.
Debemos tratar siempre de tener presente, que las
nubes no son el cielo y que no le pertenecen;
sólo están ahí suspendidas, desplazándose a su
manera y no dependiente, y nunca pueden manchar el
cielo ni dejar huella en él, de modo alguno.
Entonces ¿Dónde se encuentra esta naturaleza
esclarecida?
Está en la naturaleza de nuestra mente, semejante
al cielo; absolutamente abierta, libre e
ilimitada.
Es en su fundamento, tan sencilla y natural, que
nunca puede complicarse, corromperse ni
mancharse; tan pura, que se encuentra más allá, incluso,
de los mismos conceptos de pureza e impureza.
Decir que esta naturaleza se asemeja al cielo, es
por supuesto, una metáfora que nos ayuda a
comprender su carácter ilimitado, que todo lo abarca,
puesto que la naturaleza esclarecida tiene una
característica que el cielo no puede poseer, y esta
característica es la de la claridad radiante de
la conciencia.
Con amor: Lakshahara
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