Caminos a Dios 

 

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Te saludo alma amiga con todo amor y reverencia! cómo estás hoy? cómo te ha ido esta semana? Espero que muy bien. Antes que nada, para todos aquellos quienes se han preocupado tanto por mi salud y a quienes agradezco las oraciones, intenciones y amorosos deseos que me hicieron llegar, les comento que por el momento la formación tiroides es interna y está en observación. Los médicos dicen que harán cada tanto estudios para cuidar que su tamaño no se altere, pues de ser así , deben operar. Por el momento, y gracias a Dios y a vosotros, está detenido y conservado su tamaño, así que gracias una vez más por todo, absolutamente por todo.

En segundo término, a aquellos que con amor y buena intención creen que Dios habita en mí, pero también lo hacen espíritus y fuerzas impuras y malignas que me confunden la razón y me alejan del Dios verdadero, sólo les digo que los amo, y que me está prohibido dar cualquier contestación. El maestro confía en que el Espíritu de verdad los guiará por el sendero del discernimiento y de la Luz para arribar a la Verdad más allá de las creencias individuales, así que aún así, agradezco su preocupación, pero no estoy poseído. No temáis aquellos que esto piensan, y por favor no aseveren sin conocerme, pues el Cielo me ha mandado un guardián para que no haya ser maligno que se cruce ni en mis cercanías. Por supuesto, la función de este guardián es otra más importante, pero entre algunas de sus misiones se halla mi protección.

En tercer lugar, y bajo un pedido que hice al maestro, el accedió a publicar un pequeño texto una o dos veces al mes en la sección que hallaréis bajo el título Mensaje del maestro, en este link: maestro.htm , así que miren de vez en cuando, porque dará enseñanza por este medio.

Se contestarán esta semana los pedidos de enseñanza que realizaron algunos de vosotros, y quedan por este tiempo y hasta nuevo aviso suspendidos los nuevos pedidos, porque él quiere abocarse al trabajo de los que han tomado por ahora esta decisión trascendental. Más adelante veremos. Comprendan que la mayoría de vosotros no vive cerca de nuestro humilde hogar, y es más difícil comunicarnos e impartir enseñanza vía email. Algún día Internet nos dará posibilidades más concretas.

Nadie me ha dicho nada del chat. Han podido charlar en tiempo real? Alguien sabe cómo mejorar esto? Por favor, coméntenlo pues es un servicio para que todos nos acerquemos y compartamos.

Me siento muy satisfecho con las participaciones que he visto en los últimos días en el foro. Es muy bueno ver confrontados vuestros diálogos. He decidido mantenerme al margen de ellos, pues quiero que sean vosotros los que construyan este espacio. No quiero ser aquel que diga: esto es así o asá, y debes hacer tal cosa. Para mí es hermoso que sean Uds. los que caminen y recorran errores y aciertos, con el afán verdadero de crecer y reencontrarse con la Verdad, más allá de los puntos de vista que limitan.

Por último, he querido acercar un texto de un hombre muy especial de quien cierta vez les presenté unas páginas, llamado Eugenio Siragusa. Esto pertenece a su libro El Anunciador, y si bien es un hombre que afirma haber tenido encuentros cercanos con seres de otros mundos, tiene también cosas más trascendentes que trasmitir, así que despidiéndome con una gran abrazo y esperando el eco que siempre me dan por el foro y los email, los dejo con el escrito. Hasta pronto y sean benditos en vuestro Padre...

 

La iniciación de Eugenio Siragusa en la isla Poseidón, se llevó a cabo a temprana edad. En aquel entonces se llamaba Barath. En su actual vida recibió el conocimiento al cumplir los 33 años. Parte del proceso de iniciación es la historia que narra la mutación del Planeta y el desplazamiento del iniciado estudiante desde Poseidón a Egipto, donde fue reconocido como el «Tres Veces Grande». Hoy han cambiado el escenario, los decorados, los vestidos; pero el personaje es el mismo. Ayer Barath, hoy Siragusa, pero el relato es idéntico.
El discípulo Barath se vio trasladado a un paraje de construcciones megalíticas, con enormes jardines, en una ciudad alta sobre el nivel del mar: La antigua Poseidón.
Un día de sol, llegó a la ciudad un anciano viejo y barbudo que reunió a las gentes en torno suyo, delante de la gran superficie ajardinada del templo y dijo:
­ Así fue, así será, hasta la séptima generación, y ésta es la quinta generación.
El estudiante le escuchaba con ojos abiertos y mente despierta. El anciano añadió:
­ Pasará el tiempo y pasará desgraciado hasta que el hombre Eterno venga del cielo, como ya sucedió antes de que los padres de vuestros padres naciesen, para juzgar las culpas cometidas por ellos. Lo que entonces sucedió, sucederá dos veces más sobre la tierra. La última será la séptima.
El estudiante se sentía atraído por el discurso del anciano. Comprendía que decía verdad y le produjo una profunda admiración.
­ Siete veces todo hombre vendrá sobre la Tierra. Ninguno recordará haber nacido antes de ahora. Siete son las generaciones que durará. Después deberá acabar sobre esta Tierra y vosotros sois la quinta generación. Siete son la escrituras del cielo y toda generación no tiene más que una por voluntad de Dios. Esta vuestra es la quinta. La séptima será la última prueba. Después vendrá el juicio final.
La muchedumbre se iba aglomerando en torno al anciano y a medida que le iban escuchando iban perdiendo la paz. Pero él, impasible, continuó hablando con voz poderosa:
­ Vosotros sois la quinta generación y la semilla de la sexta nacerá de vuestro final. Así está escrito en el gran libro del cielo. Y entonces sucederá que el Hombre eterno, Dios, vendrá sobre la Tierra como sol esplendoroso del cielo, para mostraros su gloria y el poder de su reino, que es reino del espíritu Eterno. Muchos de vosotros se convertirán en fuerzas del mal, sentirán terror, pero no se modificarán, no se apartarán de sus propósitos. Ni siquiera se arrepentirán los nacidos, porque el maléfico arte de los padres, permanecerá fuera de la furia de las aguas, inmune al desastre.
Las turbas, por momentos fueron inquietándose y se oía su murmullo subir. El estudiante escuchaba también lo que las turbas decían del anciano. Al fin y al cabo el anciano era de aspecto físico como ellos. Así que no le creyeron. En secreto, por corros, comenzaron a sentenciarle, juzgarle y formar un plan para eliminarlo puesto que les había profetizado tan fatal destino.
Mientras hablaba, las turbas, animadas de malvados propositos, lo apresaron y lo llevaron a otra parte de viva fuerza.
El estudiante era demasiado joven, recién salido de la adolescencia, estaba solo y no hubiera podido hacer gesto alguno útil al anciano. Siguió a la gente que se llevaba al anciano.
Lo llevaron a un campo lleno de flores abiertas al sol y comenzaron a practicar con él lo que habían sentenciado en su corazón. El anciano no dio signos de impaciencia ni los maldijo. Se sumió en la sabiduría de su alma y de su corazon y no hizo signo alguno de rebelión, ni sus ojos se dilataron por el miedo. Sin embargo siguió hablando con voz poderosa, que se escuchaba desde todos los parajes de la ciudad:
­ Vendrá el tiempo en que yo me sentaré entre los Siete Jueces del cielo, por voluntad de Dios, y os leeré, una por una vuestras culpas. Y tal será el juicio que vuestra raíz permanecerá en la Tierra y quien hubiera pensado hacer mal en mi cuerpo, lo verá practicado en su raíz ante la faz del mundo, hasta que Dios quiera, con igual fuerza y medida. Arrepentíos porque todavía es tiempo.
Las turbas se enfurecieron con el eco de su voz y no pudieron ni siquiera frenar su instinto. Los hombres, enloquecidos, hurgaron en el cerebro del anciano, buscando a quien había hablado en su nombre. Pero buscaron en vano. Y el hombre sabio, con la cabeza desprendida del cuerpo, permanecía como al principio, más vivo en apariencia que los que se hallaban en torno suyo cometiendo el delito. Los que habían actuado primero, se volvieron irreconocibles y ya no hablaban como humanos, privados de toda conciencia. Sus ojos giraban en sus órbitas como el viento, alucinados.
El hombre sabio, su voz, volvió a hablar:
­ Habéis visto lo que no es dado ver a los mortales en vida. En el futuro del tiempo, obrará Dios en vostros, y en aquellos que germinarán de vuestra raíz, la misma acción, pero vosotros no lo podréis saber porque así será querido por Dios.
Después de haber dicho esto, sin la cabeza y a la vista de todos, comenzó a caminar. A la vista del hecho, la multitud se turbó y huyó despavorida en dirección contraria a la que había traído. El estudiante también se sintió conturbado con lo que veía, pero al mismo tiempo sentía una gran emoción al comprobar en su interior que cuanto decía era verdad. Así que se quedó solo a su lado cuando todos hubieron huido.
El anciano, al ver al joven, se detuvo delante de él y con un acento amoroso en su voz le dijo:
­ Ven, pequeño mío, porque en ti vive lo que vive en mí.
Al oír estas palabras, los ojos, el corazón, el alma y todo el cuerpo del joven se encendieron. El anciano añadió:
­ No te inquietes por lo que has visto, ni te indignes, porque lo que sientes en tu alma ya lo ha sentido Dios, mucho tiempo antes, y El dará el mismo dolor.
El estudiante, entonces, se atrevió a preguntar:
­ ¿Quién eres tú que siembras tanto dolor y tanta tristeza en mi alma?
Y el respondió:
­ Yo he venido a la Tierra como Enlace de Dios, por voluntad suya. Yo no tengo nombre y no soy como tú. También tú posees aquel que yo poseo por voluntad del Espíritu Santo. Aquel que tú sientes en tu frágil pero gran conciencia, es el que reina eternamente en el cielo, donde tus ojos no podrán ver.
Después añadió:
­ Ahora yo te dejaré y pasará mucho tiempo antes de que tú puedas sentir el calor de tal verdad en tu alma. Pero te digo que en el tiempo en que hayas retornado entre los hombres de la séptima generación y cuando hayas cumplido los 33 años, yo estaré en tu alma y en tus pensamientos, y te daré pruebas de que ha llegado aquel tiempo, porque querré hablarte de tantas cosas... Es también oportuno que sepas lo que deberá suceder en breve tiempo, a fin de que reconozcas el camino justo y puedas aconsejarlo. Sucederá que el sol se volverá más grande y mucho más resplandeciente de como ahora lo ves. Peró que esto no te turbe el alma, porque nada arderá con fuego ardiente. Cuando observes esto, tu muévete en dirección a Oriente. Paso a paso, tu alma será dirigida por los largos senderos verdes que en el tiempo deberás recorrer. El camino será largo, guiado y aconsejado. Al final del camino encontrarás a aquellos que sobre la frente llevan el Sol. Allí te afianzarás. Allí pasarás el tiempo restante de tu vida. Acabarás tus días sin padecer dolor en el cuerpo ni mano humana lo tocará hasta el fin. Y cuando dejes tu cuerpo de hombre y vengas al reino de los cielos, desde este reino te haré ver lo que sucederá en la Tierra por culpa de la quinta generación.
Cuando el anciano dejó de hablar, el joven Barath sintió un profundo sueño y apoyando la cabeza sobre las rodillas del anciano se durmió. A la mañana siguiente, cuando se abrieron sus ojos, vio, en el lugar que ocupaban las rodillas del anciano, una abundancia de flores perfumadas todavía. El joven lo buscó por los alrededores, anduvo inquieto durante horas, por el campo. Repentinamente, sintió en su interior una voz que le decía:
­ No te fatigues buscando con tanto amor. Ya no soy como tú, porque el Padre me ha llamado hacia sí. Estoy dentro de ti para que tu alma hable y diga lo que yo quiero decir.
El joven estudiante creció y donde quiera que iba, le acompañaba en su corazón el recuerdo y la voz del anciano maestro. Cuando cumplió los 25 años y el sol estuvo en el signo de la Sabiduría, que es el signo del espíritu y también el de la quinta generación, sucedió lo que había sido profetizado por el anciano.
El cielo se aproximó a la Tierra como una amenaza mortal. Las turbas, el rey y los sacerdotes tuvieron un terror infinito y todos gritaron como seres sin sentido. Corrían enloquecidos buscando refugio en el vientre de los montes. Entonces los ojos del estudiante, según le había sido ordenado, se fijaron en el sol. Se había hecho diez veces mayor que su volumen normal. Mientras lo contemplaba, la voz le habló en su interior:
­ Es el momento de que emprendas el camino hacia Oriente. Lo que debía suceder, sucederá pronto por voluntad de Dios.
Mientras el estudiante se movía en dirección a Oriente, el sol comenzó a girar como una rueda de carro sobre la tierra seca, y sin que mediara catástrofe alguna, volvió a su órbita y se hizo diez veces más pequeño. El rey, la turba y los sacerdotes no se atrevían a salir de sus escondrijos, por temor a que el sol volviese a salir de su lugar.
Después de muchos días de camino, el estudiante llegó a un bosque. Se dejó caer en reposo, agotado. Y mientras dormía vio a un anciano curarle las heridas con aceite oloroso. En su interior la voz le despertó:
­ Hijo, levántate, porque la hora está próxima y este bosque será reducido a cenizas y ninguna cosa volverá a tener vida.
El joven volvió a tomar su camino y todavía transcurrió mucho tiempo antes de que encontrase a persona alguna. Pero un día, al amanecer, vio una gente que venía corriendo a su encuentro desde un monte. La palabra en su interior volvió a cobrar vida y le dijo:
­ Mira su frente y tranquilízate, porque ellos son los que Dios librará de la dura suerte. Ellos son la semilla de la sexta generación. Te amarán porque reforzarás en su corazón la verdad del espíritu, que es el reino de Dios.
Cuando las personas estuvieron próximas, el estudiante vio que llevaban en su frente el signo del Sol. Le dijeron:
­ Sabemos que llevas en tu alma el Templo de la Sabiduría. Ven, quédate con nosotros y regocija con tu sabiduría espiritual nuestras conciencias.
El estudiante, que esperaba sus palabras como contraseña, les respondió:
­ Llevadme al Templo elevado a la gloria del Espíritu porque en verdad que allí iré a albergarme hasta el día en que Dios quiera.
De este modo el estudiante se convirtió en el maestro. Entró en el templo, adoró la gloria del Espíritu Santo y enseñó el benigno valor de su sabiduría al pueblo de aquel lugar.
El estudiante de entonces se llamaba Barath, pero en Egipto fue llamado para las generaciones venideras, Hermes Trismegisto, el «Tres Veces Grande».
Hoy la historia se repite, con otras vestiduras en otra tierra, según le fue prometido, al llegar la séptima generación. El espíritu sigue siendo el mismo.

Un día, los que le seguían, reunidos en torno a él, le pidieron: «Háblanos de la reencarnación.» Entonces Eugenio Siragusa se quedó en silencio, les fue mirando uno a uno y dijo:
­ ¿Acaso tú no recuerdas tus lejanos días de Egipto, y tú el tiempo en que fuiste mujer drúida, y tú uno de los Jefes de tribu de los Mayas, y tú un lama tibetano y más tarde un romano?
Los que había señalado no respondieron. Uno de los que le escuchaban, afirmó:
­ Eugenio, yo sí recuerdo lo que fui. Estoy seguro.
­ ¿Quién fuiste en el pasado?
­ Viví en tiempo de Jesús y conocí a Pilatos. Era soldado romano.
­ ¿Qué soldado romano? Te lo diré yó. Tú eras centurión y tu hijo vive ahora contigo. ¿Recuerdas ahora? Muchos de los que estáis aquí, ahora, vivisteis en tiempo del Maestro y otros en la época próxima.
Los que estaban sentados en el suelo o de pie por la estancia, guardaron silencio. Eugenio continuó:
­ ¿Sabéis por qué se arriesgaron José de Arimatea y Nicodemos una noche para ir en busca de Jesús? Para preguntarle por la reencarnación. Porque a pesar de formar parte de los Sabios de Israel no lo podían comprender. Le preguntaron: «¿Cómo puede un hombre nacer, siendo viejo?» A lo que el Maestro respondió: «En verdad te digo que si alguno no ha nacido del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que ha nacido de la carne es carne; pero lo que ha nacido del Espíritu es espíritu. No te maravilles si te he dicho que os conviene nacer de nuevo.» (Un niño al nacer tiene un cuerpo material constituido en un 97,3 por ciento de agua).
Os recordaré otra escena que recuerdo muy bien. Pasando el Maestro un día por las calles, vio a un ciego de nacimiento y sus discípulos le preguntaron: «Rabí, ¿quién pecó?, ¿éste o sus padres?» Y Jesús les dijo: «Ni pecó éste ni sus padres, sino para que se manifestase en él la gloria de Dios.» Los discípulos conocían la reencarnación. Tenían de ella plena consciencia y conocimiento; por eso preguntaron al Maestro si la ceguera era una consecuencia del Karma. Jesús les explica que no. El ciego, en el intervalo entre esta vida y su vida anterior, cuando todavía se encontraba en el reino del Espíritu, consciente de la meta que quería alcanzar, había escogido sufrir la privación de la vista para acelerar en la vida presente su evolución espiritual.
¿Qué pensáis que se quiso decir en el libro de Jeremías con estas palabras?: «Yo te he conocido antes de que te formaras en el vientre, y antes de que salieras de la matriz, yo te he consagrado, te he instituido como profeta entre los pueblos.»
Cinco siglos antes de la venida de Cristo, Malaquías anunció a las gentes que Dios enviaría a la Tierra al profeta Elías, que en realidad había vivido cuatro siglos antes que él. ¿Qué quiso decir? Lucas, luego, escribió: «El Angel anunció a Zacarías: Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, que pondrás por nombre Juan y caminará en el espíritu y el poder de Elias.»
Por tanto Juan nacerá y tendrá el espíritu de Elías. Nacerá y precederá a Jesús. Y cuando Elías, reencarnado en Juan Bautista, se encontró con Jesús en el desierto, mientras predicaba, el propio Jesús imprecó a las gentes por no haber comprendido: «¿Qué habéis ido a ver en el desierto, una caña movida por el viento, un profeta? Yo os digo que más que a un profeta. En verdad os digo que entre los nacidos de mujer, no ha aparecido uno más grande que Juan el Bautista; él es Elías que había de venir.» Los discípulos siguieron preguntando a Jesús por qué las Escrituras decían que Elías debía venir primero y Jesús les contestó: «Elías, en verdad, debe venir primero y restablecerá todo. Sin embargo yo os digo: Elías ha venido ya y no lo reconocieron... » Entonces y sólo entonces, los discípulos comprendieron que hablaba de Juan Bautista. Juan Bautista era Elías, el que debía venir antes que el Maestro para preparar sus caminos. Pero no lo reconocieron. De modo que el Profeta Elías había vuelto en Juan, se había reencarnado después de nueve siglos, y había cumplido la profecía.
Permitidme que siga recordándoos ­ Continuó Eugenio Siragusa ­, porque veo que lo habéis olvidado. Estaba un día el Señor orando a solas con sus discípulos y cuando hubo terminado se volvió a ellos y les preguntó:
«¿Quién dicen que soy yo»? Y sus discípulos le contestaron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que alguno de los antiguos profetas.» El pueblo de Israel también conocía la reencarnación y cuando vieron las obras de Jesús, pensaron que sería o Juan Bautista o Elías, o un Profeta «resucitado», «renacido», «reencarnado». El propio Herodes, cuando le llegó la noticia de las obras de Jesús, pensó para sí: «Este es Juan el Bautista que ha resucitado de entre los muertos.» Los de su corte pretendían calmarle sugiriéndole que no era Juan, que se decía que era Elías o alguno de los antiguos Profetas, pero Herodes estaba obsesionado y repetía una y otra vez: «Es Juan, a quien yo degollé, que ha vuelto.» Yo os digo: si hubieran creído, si Herodes hubiera creído que Juan había resucitado, le hubiera reconocido porque hubiera tenido las mismas facciones. Sin embargo, Herodes admite que ha resucitado con otro cuerpo..., estaba convencido de que se había reencarnado como Jesús y que había vuelto en otro cuerpo...
Para quienes no recuerdan el pasado, yo os digo que en los tiempos actuales, investigadores de diferentes países han tenido la ocasión de examinar «casos» de individuos que aseguran acordarse de sus vidas precedentes. Después de haberlos examinado con escrupuloso rigor científico, han tenido que concluir que los recuerdos de estas gentes correspondían a la realidad del pasado. Este estudio de casos probados se extiende cada día más, y ha llegado a los Centros Universitarios de Investigación de todo el mundo. En la Universidad de Jaipur, en la India, un equipo de seis Decanos tiene recogidos y comprobados en sus archivos más de 80 casos probados de reencarnación. El profesor Denys Keisey, miembro del Colegio Real Inglés de Medicina, y su esposa Joan Grant, han investigado, en un exhaustivo volumen, 10 casos de reencarnación. Os recordaré un versículo del Corán; se refiere a la reencarnación: «Dios crea los seres y los envía miles de veces para que ellos vuelvan a él.»
Entonces los que le rodeaban hablaron:
­ ¿Es verdad que todos los que estamos aquí ya hemos vivido antes, que conocimos a Jesús?
­ Cierto que todos habéis vivido antes. Algunos en el tiempo de Jesús, otros después: Os diré, hoy están en el mundo varios de sus discípulos y apóstoles operando según la superior voluntad.
Una mujer se levantó y le hizo esta pregunta:
­ ¿Cómo podría yo acordarme de mis reencarnaciones? ¿Me podría usted decir alguna de mis vidas precedentes?
Y él respondió:
­ En ti está la sabiduría y tienes la respuesta. ¿De qué te serviría que yo te dijese un nombre de tu pasado, si hoy no has alcanzado el nivel evolutivo para poder asimilar? Predisponte para recibir tu verdad y cuando eso suceda, automáticamente se hará en tu mente la luz. Todo conocimiento tiene su tiempo.
Otra mujer le preguntó:
­ El alma, cuando abandona el habitáculo humano por la muerte y vaga en el cosmos esperando reencarnarse, ¿está sometida a leyes precisas o se reencarna a su elección y juicio?
Su respuesta fue:
­ La energía vital o alma también debe someterse a las leyes precisas que rigen el Cosmos. El alma no hace nada sin un orden preciso de sucesión. Toda alma, sin embargo, que consigue remontar lo más rápidamente posible los estados purificadores, se reencarna más pronto para poder anticipar su último estado de purificación. El vagar de las almas por el espacio, no es otra cosa que el castigo en espera de otro juicio, y cuanto más duro haya sido el juicio, más será necesario esperar para poder alcanzar una última reencarnación. Cada alma recibirá según lo que haya dado sobre la Tierra y a lo largo de todas sus vidas. Esto, que pensamos se cumple en poco tiempo, necesita, sin embargo, de mucho tiempo en la Tierra, que está regulada por leyes de devenir más cortas según los cálculos hechos por el hombre. No está dicho, sin embargo, que cada alma vuelva y se reencarne sobre el Planeta de su última procedencia. Puede reencarnarse, según su grado de evolución, en otro mundo habitado y continuar allí su purificación y su ascensión espiritual. La energía que encierra cada ser viviente, forma como una red de comunicación a través del Cosmos. Nosotros estamos todos unidos, mediante esta red infinita con la fuente de energía vital creadora de toda cosa. He aquí el gran misterio que no todos llegan a comprender, pero que cuando comprendamos perfectamente, habremos entendido verdaderamente, nuestra esencia y origen divino.
Otra persona preguntó:
­ ¿Cómo se produce la reencarnación? ¿Qué parte de nosotros se reencarna?
­ Nosotros, con nuestro cuerpo físico, no somos los que nos reencarnamos, porque físicamente hablando no somos nada más que instrumentos del valor real que se reencarna: el espíritu. Y el espíritu no tiene nombre, ni reposa jamás, pero actúa sin parar por el devenir de el que es, con quien tiende a reunirse.
­ ¿Cuántas veces se reencarna cada entidad?
­ Los ciclos principales de reencarnación en el hombre son siete. Pero éstos pueden interrumpirse por muerte violenta, para ser inmediatamente reiniciados. Por ejemplo, si un hombre destinado a vivir 90 años cesa su vida por muerte violenta a la edad de 50 (muerte por defecto), este hombre volverá a reencarnarse inmediatamente para completar el proceso y vivirá, por tanto, solamente cuarenta años hasta completar el ciclo. Es la ley.
­ ¿Puede variarse esta ley, haciendo que uno supere la edad que tenía prevista?
­ Sólo quien ha hecho la ley puede variar la ley. No está en el hombre variarla. El hombre, por su evolución positiva, puede conseguir evitar las interrupciones de sus ciclos de reencarnación y acortar los lapsus de tiempo intermedio. Pero sólo por una intervención directa del Legislador, y para un programa específico, se puede variar su ciclo programado de tiempo de experimentación en la materia, en un tiempo determinado.
Un joven le preguntó:
­ ¿Puede un espíritu negarse a reencarnar?
­ Cuando las almas se separan de los cuerpos, permanecen cierto tiempo en un estado de reposo (que se puede parangonar con la concepción), en espera de un nuevo destino sobre el plano tridimensional o sobre el cuatridimendional. Un alma no puede negarse a reencarnar en cuanto que, transcurrido el período de reposo, entra en un estado de conciencia que le da la medida de la necesidad de perfeccionarse a través de una nueva reencarnación.
­ ¿Por qué en nuestro Planeta siguen aumentando los nacimientos ininterrumpidamente? ¿Se pueden entender estos nacimientos como un mecanismo de la reencarnación de las almas con vistas al juicio final?
­ La reencarnación de las almas con vistas al juicio final entra, efectivamente, dentro del concepto global de la resurrección de los vivos y los muertos. Sin embargo, el problema de los nacimientos, es también una cuestión que concierne a la conciencia moral y espiritual de los hombres.
Una joven le hizo esta pregunta:
­ ¿Es posible, como me he sucedido en un sueño, que lejanos antepasados busquen, a través del tiempo, un ser que ellos perdieron en su pasado mientras vivieron sobre la Tierra?
­ Ciertamente. Esto es lo que sucede con la reencarnación de numerosos seres que buscan en el seno de su propia familia el cuerpo apto para contener su identidad. Es así como muchos seres se reencarnan en el seno del mismo núcleo familiar al que en un pasado pertenecieron, reencontrando experiencias ya vividas, pero todavía por completar.
­ ¿Qué es la muerte en función de la reencarnación?
­ La vida va hacia la muerte, la muerte va hacia la vida. Todo cambia, salvo la ley que instruye la eternidad de lo creado, a través del cambio que determina la evolución de todo aquello que sirve a la inmortalidad del espíritu creativo. Todo es hoy, todo será mañana. El mañana será diferente, pero será siempre el todo de ayer, con nuevas formas, nuevos colores, nueva linfa, nueva conciencia, nueva vida y nueva obra. La muerte empuja a la vida hacia nuevos senderos más luminosos. La verdadera vida emerge de la muerte. Despojándola de los hábitos materiales, deviene real y existente, sabedora de ser una sola cosa con la vida del Cosmos. La muerte es una amiga generosa. La muerte es la generadora de la verdadera vida.
Un hombre preguntó:
­ ¿Los extraterrestres se reencarnan, son conscientes? ¿Por qué nosotros no podemos saber?
­ Los seres de cuarta dimensión, viven una edad media de 1.200 años y se reencarnan conscientemente. Para ellos cambiar de cuerpo es como para nosotros cambiar un vestido. En el momento de reencarnarse, incorporan valores de su pasado, de la experiencia de sus padres... El hombre debe volver siete veces, al menos, por ley, sin que pueda tener conciencia de ello, y si fuera preciso, deberá repetir las veces que fuera necesario. Es la ley que rige la economía de la causa y el efecto, la ley que instruye los mecanismos del juicio personal y la justicia. Vosotros sois los jueces de vosotros mismos. ¿Sabéis qué es la ley del Karma? Os leeré el contenido de una reciente comunicación, recibida en diciembre de 1977:
«No penséis que podréis huir a la ley de causa y efecto. No os podréis librar del guardián que vigila vuestro Karma. Lo que sembréis, recogeréis. Y lo que recojáis ahora, marcará el destino de vuestro mañana. Lo que hagáis hoy a los otros, mañana los otros os lo harán; estad seguros de ello. No penséis que podréis huir a esta ley. Pensad y meditad. Seréis vosotros los jueces de vuestras acciones. Seréis vosotros los que elegiréis las pruebas para purgar vuestras culpas. No todos los que padecen tribulaciones las sufren por casualidad. No existe la casualidad. Sabedlo. Quien mata no puede impedir que le maten. Quien roba, no puede impedir ser robado. Quien odia, será odiado. Una vida vivida justamente no dejará de tener el premio de la felicidad y de la paz de Dios. Si trabajáis para los otros, mañana los otros trabajarán para vosotros, y si aliviáis a los otros, es inevitable que los otros mañana os alivien. Es la ley de causa y efecto. Es la ley de la justicia de Dios
Una voz que procedía del fondo dijo:
­ Tú has dicho en numerosas ocasiones que recordabas tus vidas precedentes. Se ha dicho que fuiste Cagliostro y el Apóstol Juan. ¿Podrías hacemos una demostración, hablando en el idioma de los Atiantes, por ejemplo?
­ ¿De qué te serviría, si tú no lo puedes comprender? Si recuerdo algunas de mis vidas precedentes no es por merito mío, sino porque fui redimensionado por los extraterrestres para poder recordar. Hace 12.000 años fui Barath, estudiante, en la isla de Posidón, posteriormente reconocido en Egipto como Hermes Trimegisto. En otra vida fui uno de los Apóstoles de Jesús. También fui Giordano Bruno, quemado vivo por la Inquisición, Cagliostro y Rasputín. Para tu conocimiento te diré que el Conde de Cagliostro fue y es la sabiduría reencarnada de uno de los más grandes genios que la humanidad ha tenido: Hermes Trimegisto. Fue y es dispensador del Amor y del Bien, y Maestro insigne de los valores alquímicos espirituales, astrales y físicos. El Conde de Cagliostro fue y es un gran Maestro de la Atlántida, que trepó al último escalón de la escuela de Poseidón, donde obtuvo la sabiduría universal de los Hijos de Dios, venidos sobre la Tierra para ayudar a los hombres en el conocimiento de la verdad­una. Hoy hereda el secreto de la mutación con el fin de estar disponible siempre para servir a la ley inmutable del genio solar al cual está irreductiblemente consagrado y del que recibe el bien que él da y ha dado. Los impíos sienten terror de su personalidad espiritul y, como en el pasado, se unen para intentar detener su obra, aunque saben que no podrán hacer nada, ya que Cagliostro posee la gnosis. El sabe lo que quiere y lo que desea obtener y esto con el fin muy preciso que concierne a los designios del Gran Maestro, Espíritu patronímico del Sistema Solar. No tengo más que añadir.
Una voz más cercana preguntó:
­ ¿Por qué si venimos al menos siete veces, repetimos siempre las mismas cosas, nos encontramos con la misma gente, cometemos siempre los mismos errores?
­ Os contaré una historia. Un niño fue por primera vez a la escuela. Era muy pequeno y sus conocimientos no pasaban de la experiencia infantil. Su maestro (que era Dios) le puso en la primera.clase y le pidió que aprendiera las siguientes lecciones:

No matarás
No harás daño a ningún ser viviente
No robarás

El niño no mató, pero era cruel y robaba. Al fin del día, le había salido barba y era de color gris; entonces su Maestro le dijo: «Has aprendido a no matar, pero no has aprendido las otras lecciones. Vuelve mañana.» Al día siguiente volvió. Nuevamente era un niño. Y su Maestro (que era Dios) lo puso en una clase un poco más adelantada y le dio estas lecciones para aprender:

No debes hacer daño a ningún ser viviente
No debes robar
No debes mentir

Luego el hombre dejó de ser cruel, pero seguía robando y mentía. Al final del día, su Maestro le dijo: «Has aprendido a no ser cruel con tus semejantes, pero no has aprendido las otras lecciones. ¡Vuelve mañana!» Al día siguiente volvió de nuevo y seguía siendo niño. Su Maestro le puso en una clase un poco más adelantada y le dio estas lecciones para aprender.

No robarás
No mentirás
No debes desear lo que pertenece a los otros

Luego, el hombre, dejó de robar, pero mentía y deseaba los bienes de los otros. Al final del día, su Maestro le dijo: «Has aprendido a no robar, pero las otras lecciones no las has aprendido. Vuelve, pequeño mío. Vuelve mañana.»
He aquí lo que yo he leído en el rostro de los hombres, en el libro del mundo y en las estrellas del firmamento.
Los presentes guardaron silencio, pero él continuó:
­ Vosotros sois los artífices de vuestro destino. Sea para bien o para mal, vosotros trazáis el sendero que recorreréis mañana. En esta existencia edificáis la próxima. El yo superior sobrevivirá siempre en la eternidad. No os hagáis la ilusión de poder escapar a los efectos de la causa que habéis provocado, ya sea negativa o positiva. Los efectos serán más duros si las causas que los hayan producido se repiten, desobedeciendo a la conciencia iluminada por la consciencia. Errar es imprescindible para conocer. Perseverar en el error significa ir al encuentro de pruebas durísimas, cargadas de dolor y de sufrimientos difícilmente evitables. El mal que es consecuencia de la repetición de las causas negativas, no es perdonable por quien preside la ley evolutiva de las cosas creadas por el espíritu Creador. Es necesario conocer esta verdad eterna si queréis ascender hacia la real felicidad del sublime bien. Recordad: la vida de hoy la habéis edificado ayer, y la vida de mañana la edificáis hoy. Tened plena conciencia de esto.
Y habiendo hablado así, mientras los que le rodeaban reflexionaban en silencio sobre cuanto habían oído, él se levantó y partió hacia otro lugar.

Fin del extracto

Halla el resto del relato en el enlace: http://www.videosoft.it/nonsoloufo/an_cap00.htm

Camino a Dios

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