¿EL SEXO: una
puerta al Cielo o al infierno?
Amadísimo y bienaventurado ser que
me agracias con tu visita: en el nombre de nuestro Divino Padre te saludo!. El tema de
esta semana quedó esbozado en varias conversaciones, y fue muy candente en el chat del
sábado pasado, donde había diversas opiniones. La palabra sexo no es de las que más
pasan desapercibidas en este mundo, ¿verdad?. Recuerdo que cuando yo estaba en el colegio
secundario (te aclaro que era una institución perteneciente a los sacerdotes salesianos,
de raíces muy católicas apostólicas romanas), cuando los alumnos comenzábamos a
adormecernos en medio de una tediosa clase de castellano, el profesor que la dictaba
pronunciaba en su disertación intempestivamente la palabra ¡SEXO!, y de golpe se
escuchaba ¿qué? ¿cómo? ¿qué dijo?... Lo que este docente había logrado era llamar
la atención con sólo una palabra pronunciada en medio de cientos de palabras. ¿Y por
qué sabía él eso?. Más allá de que éramos adolescentes de 16 años, donde ese tema
era algo que significaba la unión inevitable hacia el mundo adulto, este hombre
inconscientemente quizá apelaba a pinchar nuestra mente justo en medio de lo que los
sacerdotes del colegio nos habían inculcado como pecaminoso, y que trataban de evitarnos
en nuestros pensamientos.
Para la mayoría de las
instituciones religiosas y las doctrinas de todos los tiempos, el sexo era el sinónimo
más directamente asociado con el pecado. Las religiones le han enseñado pues al hombre
que el sexo es algo que mancha, que ensucia el alma, que nos mantiene separados de Dios,
que corrompe el sagrado templo de nuestro cuerpo y nos pervierte, pues es el medio para
zambullirnos en las ciénagas de la lujuria y el deseo.
Si me lo permites debo desengañarte. Por favor, ten piedad de mí
más allá de tus creencias, abre tu mente y escúchame cuidadosamente. Te está hablando
un hombre que también ha sufrido los conflictos de una educación moral marcada, seguida
de una formación religiosa católica (digo católica, y no cristiana, pues el
cristianismo es algo más profundo que lo que los sacerdotes, papas y obispos nos han
mostrado. El cristianismo es la forma de vida de Jesucristo, y dista mucho de estas
enseñanzas según siento humildemente), por lo que este ser que soy quiere contarte desde
su propia experiencia qué entiende por sexo.
El sexo es para la mente del hombre un conflicto. Pero hablo del
hombre civilizado, el hombre culturalmente educado, religiosamente normado. El sexo se ha
convertido en un obstáculo. Recuerdo que Osho (no tengo las palabras literales pero se
hallan en el libro del Sexo a la Superconsciencia) decía algo así:
Cuando te quieren enseñar a montar una bicicleta, tú lo haces temblando pues estás
muy pendiente de no equivocarte y hacerlo bien. La voz de quien te enseña te dice: ve
derecho, no te tuerzas en lo más mínimo o te caerás. De golpe tu ves frente a ti un
árbol, y no sabes qué hacer por ti mismo, y la voz de quien te guía te grita: cuidado
con el árbol! ten cuidado con el árbol o chocarás! esquiva ese árbol frente a ti o te
destrozarás! por Dios, evita ese árbol o vas a matarte!!! Y tanto te gritan que de golpe
te olvidas de la bicicleta, de que eres tú quien pedalea, del disfrute del paseo, y tu
único objeto de atención es el árbol, y sólo existe el árbol, y vas directo hacia
él. Por supuesto, como has olvidado lo demás, vas derecho hacia el árbol y te
estrellas, y te sientes tan culpable porque te han advertido tanto y tú fuiste derecho
hacia el árbol. Con el sexo es igual: los religiosos, los moralistas y los santones, te
enseñan como conducirte en la vida, y cuando el sexo aparece te gritan constantemente que
lo evites, o será la causa de tu perdición, y olvidas tu vida natural para temerle al
sexo como al árbol, y te estrellas contra él...
¡Cuán real es esta metáfora que nos
muestra Osho! Han logrado envenenarnos. Mira, yo no tengo secretos para contigo, y el
mundo se entera de mis pasos a través de esta página. Tú eres mi confesor aparte de mi
Padre, y cuando te escribo a ti, fluyo como cuando Le hablo a Él. No concibo este portal
de otra manera que no sea humana, imperfecta, pero sincera hasta el extremo. Cuando me
casé con mi primer esposa, la atracción física que sentíamos era muy potente, a tal
punto que el mejor lugar donde nos comunicábamos era en nuestro lecho matrimonial. Aún
así, yo no podía sentirme bien, sentía que aquellas relaciones me ponían en contacto
directo con el dolor y la culpa ¿por qué me sucede esto? me preguntaba yo en pleno
aprendizaje. Yo sentía que debía entregarme todo entero a mi esposa, y que ella era
Dios, así que le debía dar lo mejor de mí. Pero me costaba fluir, me costaba no
sentirme sucio, haciendo algo que durante años se me inculcó como malo. Por otra parte
me decía yo: así como me alimento, duermo, y defeco, también debo tener relaciones,
porque ciertamente el hombre cumple estas funciones tal cual un animal las cumple. ( No me
juzgues por favor, entiende que estoy mostrándote mi proceso tal cual sucedió). Mientras
tanto mi esposa no sentía ninguna culpa. Dábamos rienda suelta a nuestras fantasías. Y
en ese punto era donde me sentía peor: sentía que alimentábamos nuestras mentes,
nuestros deseos de deleite, sentía que esas fantasías eran la comida del ego, y que esas
relaciones no erna expresiones de un amor puro entre ambos. Por lo tanto, y ante esta
situación, el choque con el árbol parecía inevitable. Se agregaba que fundamentalmente,
también percibía yo que mi esposa no me amaba en forma pura, que en ese momento ambos
nos transformábamos en pedazos de carne y mente enredándose en un esfuerzo por alcanzar
algo parecido a la felicidad. y he aquí otro punto llamativo: en el momento del orgasmo,
toda esa tensión era retenida para que durante un instante sintiésemos una vibración
que al instante se diluía como un espejismo, dejando una sensación más de vacío que de
plenitud, más de incertidumbre que de dicha...
Sin embargo, cuando me preguntaban cómo eran mis relaciones,
socialmente yo atinaba a responder: buenas. Esa tibia respuesta no era más que un esbozo
de ese aspecto inconcluso, conflictivo, que yo no podía realizar tan naturalmente como
comer o dormir. ¿por qué era esto?. Tal vez porque mi mente había sido envenenada con
algo que debía evitar pero a la vez consumar. Yo no me sentía libre. Dicen que el estado
de SAMADHI, o NIRVANA, es similar al punto máximo del orgasmo, pero que la diferencia es
que no se diluye. La unión con lo supremo se hace constante. Osho también decía que los
hombres perseguíamos obsesivamente el sexo, porque era lo más parecido al samadhi,
y que queríamos alcanzar febrilmente ese punto, pero jamás nos saciaríamos, pues era
sólo un destello de la Luz Eterna.
A tal punto fue inconcluso mi aprendizaje, que más allá de mi
separación luego de 6 años de convivencia, este tema seguía siendo un obscuro misterio.
Nada se había resuelto, poco había aprendido, sólo a dar sin límite aunque no supiese
cómo hacerlo. Sabía que el sexo en sí no era malo, pero que el motor fundamental de
esta acción debía ser el Amor. Si esto sucedía, de golpe esos movimientos podían ser
similares a las palabras. Cuando un ser humano es alcanzado por la Gracia del Padre, sus
palabras son el Divino Nectar de Dios, como en el caso de Jesús, Juan, Krishna o el Buda.
Pero si estas palabras salen de la boca porque sí, movidas sólo por la mente, son
capaces de hacer mucho daño, o sencillamente de ser sólo palabras vanas. Con el sexo es
igual. Yo sentía que era así.
Al arribar mi actual compañera a mi vida, yo no quería cometer
los mismos errores. Y precisamente, por exceso de celo en ello, el árbol apareció de
nuevo en el camino, aunque esta vez no traté de esquivarlo: fui consciente de que era yo
quien movía los pedales de la bicicleta. Y me detuve...
¿Qué es detenerse? ¿Eran mis pies los que realmente me
impulsaban?. Hablando con un amadísimo hermano de España mediante el foro, él contaba
de cómo a través de sus prácticas de meditación y yoga había logrado refrenar sus
impulsos, incluso hasta sus secreciones nocturnas habían desaparecido. A diferencia de mi
hermano y amigo, yo no hice ninguna práctica: simplemente sucedió, la bicicleta se
detuvo. Algo pasó para que este punto deje de ser un conflicto. Hace meses que no
mantengo relaciones, pero no sentimos perturbación por ello, al contrario. Hubo un clic,
un movimiento de energía. Algo está sucediendo y le pregunté al maestro por ello:
"nada malo te sucede, sólo se eleva tu energía, y se acomodará de manera limpia y
ordenada, así que tú no te preocupes, sólo ama a tu compañera. El resto sucederá por
sí sólo". Comenzamos a sentir que un nuevo proceso de crecimiento nos hace
transitar por una nueva sexualidad, por una nueva puerta, con una lujuria inexistente, y
con un amor muy pleno. Han quedado las caricias y los besos, el abrazo de los cuerpos, la
sonrisa y la mirada en el otro que refleja a un ser de Dios. El conflicto ha cesado. No
debe ser resuelto porque no existe. Ahora no hay hacedores de sexo, sólo seres que se
aman, y que pueden o no tener relaciones.
Pero esto es parte de la maduración del proceso. El sexo no es
algo malo. No nos hemos autimpuesto ninguna regla para restringirlo o controlarlo entre
nosotros dos como pareja. Surgió naturalmente, cuando menos lo esperábamos, y es parte
de la forma espiritual que va tomando una nueva dimensión en esta unión.
Ambos seguimos pensando que el sexo es una puerta maravillosa, una
puerta más de entrada a la morada del Amor. Hablábamos también con otra querida hermana
el sábado en el chat, que tal vez sea la puerta más llamativa, la que más deslumbra. Y
como es tan fascinante esa puerta, los seres humanos nos detenemos a mirarla, nos
obsesionamos con su forma y detalles, y olvidamos que esta allí para ser
traspasada, que es sólo eso: UNA PUERTA. A veces así sucede con los ritos religiosos:
uno se detiene tanto en la forma, en el rito en sí, que olvida que es sólo un simple
medio para comunicarse íntimamente con el Creador.
Cuando el maestro me decía: RENUNCIA AL MUNDO, yo le preguntaba:
¿debo dejar de tener relaciones sexuales también? Y él me contestaba: haz lo que debas
hacer sin apego, sólo cambia tu actitud, y cuando comas, duermas, te bañes o tengas
relaciones, que tu actitud sea el amor por Dios como una ofrenda. Renunciar no es otra
cosa que cambiar de actitud. Vive con sencillez y harás las mismas cosas que hoy, pero
con otra actitud. Podrías vivir en medio de un palacio, y ser a la vez el más humilde
siervo de Dios. Renuncia es desapego, es ausencia de conflicto. Un monje que vive
reprimiéndose respecto al sexo, no lo ha trascendido, sólo está obsesionado con no
incurrir en conflicto con el sexo. no seas un monje, sé un hombre. Ya has sido monje en
otras vidas.
Creo que esta es la llave. En ti está decidir ahora mirar sólo
el árbol o todo el paisaje. Puedes andar todo lo que quieras en tu bicicleta, también
puedes detenerte. Deja que sea Dios quien guíe tu senda, y no los dogmas moralinos que
gritan en tu mente y te asustan al punto de hacerte estrellar contra el árbol.
Disfruta el paseo, es parte del paisaje que Dios quiere que
conozcas.
Te dejo ahora escrito de Osho, que como siempre usa un estilo muy
particular. Espero te guste y quedo con amor agradecido a tus pies. A leer juntos este
texto:
EL MAPA DEL TANTRA
Por el deleite de los besos el iluso implora
declarándolo lo definitivamente real; como un hombre que sale de su casa y en la
puerta le pide a una mujer relatos de deleites sensuales. La agitación de las
fuerzas bióticas en la casa de la nada ha aumentado artificialmente los placeres de
muchas maneras. Tales yoguis de la aflicción desfallecen porque han caído del
espacio celestial, imbuidos en el vicio. Como un brahmin, que con
arroz y mantequilla hace una ofrenda al fuego abrasador creando un canal para el néctar
desde el espacio celestial, toma esto, a través del pensamiento deseoso,
como lo supremo. Algunas personas, quienes han encendido el calor interior y
lo han elevado a la fontanela, golpean la úvula con la lengua en una suerte de
coito y confunden lo que encadena con lo que libera, orgullosos se llamarán a sí mismas
yoguis.
El Tantra es libertad (libertad de todas las construcciones mentales, de todos los
juegos mentales; libertad de todas las estructuras) libertad del otro. El Tantra es un
espacio en el que estar. El Tantra es liberación.
El Tantra no es una religión como normalmente se entiende. La religión también es un
juego mental, la religión te pone ciertos patrones. Un cristiano tiene ciertos patrones,
igual que un hindú o que un musulmán. La religión te da un cierto estilo, una
disciplina. El Tantra quita todas las disciplinas.
Cuando no hay una disciplina, cuando no hay un orden impuesto, un orden completamente
nuevo surge en ti. Lo que Lao Tzu llama Tao, lo que Budha llama dhamma: surge en ti. No es
algo que tú hagas, te ocurre; el Tantra solamente crea un espacio para que eso ocurra. Ni
siquiera invita, no espera; simplemente crea un espacio. Y cuando el espacio está
preparado, el todo fluye adentro.
He oído una historia muy hermosa, es muy antigua...
En una provincia no había caído ninguna lluvia desde hacía mucho tiempo. Todo estaba
seco; al final los ciudadanos decidieron llamar al hechicero de la lluvia. Se mandó una
delegación para que fuera a buscarle a la lejana ciudad en la que vivía con la urgente
demanda de que viniera lo antes posible e hiciera que lloviese sobre los campos secos.
El hechicero, un viejo hombre sabio, prometió hacerlo con la condición de que se le
proveyese con una pequeña y solitaria cabaña en campo abierto donde se pudiera retirar a
solas durante tres días; no requirió ni comida ni agua. Luego vería lo que se podría
hacer. Se lo concedieron.
La tarde del tercer día cayo abundante lluvia, una gran multitud llena de agradecimiento
subió en peregrinación hasta su casa y preguntaron: «¿Cómo lo has hecho? Dinos».
«Ha sido muy fácil contestó el hechicero. Durante tres días lo único que
he hecho ha sido ponerme a mí mismo en orden. Porque sé que una vez que yo esté en
orden, el mundo estará en orden, y que la sequía debe dar paso a la lluvia».
El Tantra dice: Si tú estás en orden, entonces el mundo entero estará en orden para
ti. Cuando tú estás en armonía, toda la existencia está en armonía para ti. Cuando
tú estás en desorden, el mundo entero está desordenado. Pero ese orden no tiene que ser
un orden falso, no tiene que ser impuesto. Cuando te impones a ti mismo algún orden,
simplemente te divides; en el fondo el desorden continúa.
Puedes observarlo: si eres una persona iracunda puedes forzar tu ira, puedes reprimirla
profundamente en el inconsciente; pero no va a desaparecer. Puede que tú no la notes en
absoluto, pero está ahí; y tú sabes que está ahí. Está funcionando debajo de ti,
está en el oscuro sótano de tu ser, pero está ahí. Te puedes sentar sobre ella
sonriendo, pero tú sabes que puede entrar en erupción en cualquier momento. Pero tu
sonrisa no puede ser muy profunda, tu sonrisa no puede ser verdadera, tu sonrisa tan sólo
será un esfuerzo que estarás haciendo en contra de ti mismo. Un hombre que impone un
orden desde el exterior permanece en desorden.
El Tantra dice: Hay otra clase de orden. Tú no impones ningún orden, tú no impones
ninguna disciplina; tú simplemente abandonas todas las estructuras, tú simplemente te
vuelves natural y espontáneo. Es el mayor de los pasos que se le puede pedir dar a un
hombre. Necesitará un gran valor porque a la sociedad no le agradará, la sociedad
estará en contra a muerte. La sociedad quiere cierto orden. Si sigues a la sociedad, la
sociedad está contenta contigo. Si te separas un poquito de vez en cuando, la sociedad se
enfada mucho. Y la masa está loca.
El Tantra es una rebelión. No digo que sea revolucionario, porque en él no hay
política. No digo que sea revolucionario, porque no tiene planes para cambiar el mundo,
no tiene planes para cambiar el estado y la sociedad. Es rebelde, es una rebelión
individual. Es un individuo deslizándose fuera de las estructuras y de la esclavitud.
Pero en cuanto te deslizas fuera de la esclavitud empiezas a sentir otra clase de
existencia a tu alrededor que nunca antes habías sentido; como si hubieras estado
viviendo con una venda en los ojos y de repente la venda se hubiera aflojado, tus ojos se
hubieran abierto y pudieras ver un mundo completamente diferente.
Esta venda es lo que tú llamas tu mente: tu pensamiento, tus prejuicios, tus
conocimientos, tus escrituras; todos juntos forman la densa capa de una venda. Ellos te
mantienen ciego, te mantienen embotado, te mantienen apagado.
El Tantra quieres que estés vivo; tan vivo como los árboles, tan vivo como los ríos,
tan vivo como el sol y la luna. Ese es tu derecho por nacimiento. Perdiéndolo no ganas
nada; lo pierdes todo. Y si al ganarlo lo pierdes todo, no se ha perdido nada. Un sólo
momento de libertad total es suficiente para satisfacer. Pero una larga vida de cien
años, bajo el yugo de la esclavitud, no tiene ningún sentido.
Estar en el mundo del Tantra requiere un gran valor, es aventurado. Hasta ahora sólo unas
cuantas personas han sido capaces de seguir ese camino. Pero el futuro es muy
esperanzador. El Tantra se irá haciendo cada vez más importante. El hombre cada vez va
comprendiendo mejor qué es la esclavitud, y también va comprendiendo que ninguna
revolución política ha demostrado ser revolucionaria. Todas las revoluciones políticas
al final acaban siendo antirrevolucionarias. En cuento llegan al poder se vuelven
antirrevolucionarias. El poder es antirrevolucionario. Hay un mecanismo inherente en el
poder: dale poder a cualquiera y se volverá antirrevolucionario. El poder crea su propio
mundo. Por eso hasta ahora ha habido muchas revoluciones en el mundo y todas han
fracasado, fracasado por completo; ninguna revolución ha ayudado. El hombre se está
dando cuenta de ello ahora.
El Tantra da una perspectiva diferente. No es revolucionario, es rebelde. Rebelión
significa individual. Para rebelarte no necesitas organizar un partido, puedes hacerlo
solo. Te puedes rebelar solo, por ti mismo. No se trata de una lucha contra la sociedad,
recuerda; se trata simplemente ir más allá de la sociedad. No es antisocial es asocial;
no tiene nada que ver con la sociedad. No es en contra de la esclavitud, es a favor de la
libertad; libertad para ser.
Fíjate en tu vida sin ir más lejos. ¿Eres un hombre libre? No lo eres: hay mil y una
fronteras que te rodean. Puede que no las quieras mirar, resultan muy embarazosas; puede
que no las quieras reconocer, duelen. Pero eso no cambia la situación: tú eres un
esclavo. Para moverte en la dimensión del Tantra tendrás que reconocer tu esclavitud.
Está muy profundamente arraigada; hay que abandonarla, y ser consciente de ella te ayuda
a abandonarla.
No sigas calmándote a ti mismo, no sigas consolándote a ti mismo, no sigas diciendo:
«Todo está bien». No lo está; no está bien, toda tu vida no es más que una
pesadilla. ¡Te has dado cuenta de ello! No hay poesía, ni canción, ni danza, ni amor,
ni oración. No hay celebración. ¿Alegría?: es sólo una palabra en el diccionario.
¿Bendición?: sí, has oído hablar de ello, pero no lo has conocido. ¿Dios?: en los
templos, en las iglesias. Sí, la gente habla de él. Los que hablan, no saben; los que
escuchan, no saben. Todo lo que es hermoso parece no tener sentido, y todo lo que no tiene
sentido parece ser muy, muy importante.
Un hombre que va acumulando dinero piensa que está haciendo algo muy importante. La
estupidez humana es infinita. Se consciente de ella, destruirá toda tu vida; a través de
los siglos ha destruido las vidas de millones de personas. Agárrate a tu consciencia; es
la única posibilidad de deshacerse de la estupidez.
Antes de entrar en el sutra de hoy, hay que entender algo acerca del mapa del Tantra de la
consciencia interior. Ya os he hablado un poco acerca de ello; hay que decir unas cuantas
cosas más.
Primero: el Tantra dice que ningún hombre es solamente hombre y que ninguna mujer es
solamente mujer. Cada hombre es las dos cosas, hombre y mujer, lo mismo que cada mujer es
mujer y hombre. En Adán hay Eva, y en Eva hay Adán. De hecho nadie es solamente Adán y
nadie es solamente Eva, somos Adán-Evas. Esta es una de las mayores revelaciones que se
hayan alcanzado jamás.
La psicología profunda moderna se ha dado cuenta de ello, lo llama bisexualidad. Pero el
Tantra lo ha conocido y predicado durante por lo menos cinco mil años. Y es uno de los
mayores descubrimientos del mundo, porque con esta comprensión puedes moverte en
dirección a tu interior. ¿Por qué se enamora un hombre de una mujer?: porque él lleva
una mujer dentro de sí, de no ser así no se enamoraría. ¿Y por qué te enamoras de una
determinada mujer? Hay miles de mujeres, ¿pero por qué, de repente, una determinada
mujer se vuelve más importante para ti?, como si todas las mujeres hubieran desaparecido
y esa fuera la única mujer en el mundo ¿Por qué? ¿Por qué te atrae un determinado
hombre? ¿Por qué a primera vista de repente algo hace tilín? El Tantra dice: Tú llevas
una imagen de una mujer dentro de ti, una imagen de un hombre dentro de ti. Cada hombre
lleva una mujer y cada mujer lleva un hombre. Cuando alguien en el exterior encaja con tu
imagen interior, te enamoras; ese es el significado de enamorarse.
Tú no lo comprendes, tú simplemente te encoges de hombros y dices: «ha ocurrido». Pero
hay un mecanismo sutil en ello. ¿Por qué ocurrió con una determinada mujer?, ¿por qué
no con otras? De alguna manera encaja con tu imagen interior, de alguna forma la mujer
exterior es similar. Algo golpea de lleno en tu imagen interna. Sientes: «Esta es mi
mujer», o «Este es mi hombre»; este sentimiento es el amor. Pero la mujer exterior no
va a satisfacer, porque ninguna mujer exterior va a encajar completamente con tu mujer
interior. La realidad no es así para nada. Puede que ella encaje un poco; existe una
atracción, un magnetismo, pero tarde o temprano se desgastará. Pronto reconocerás que
hay mil y una cosas de esa mujer que no te gustan. Para llegar a darse cuenta de esas
cosas se necesita un poco de tiempo.
Al principio estarás encaprichado. Al principio habrá una gran similitud, te
desbordará. Pero poco a poco irás viendo que hay mil y una cosas, detalles de la vida,
que no encajan; irás viendo que sois extraños, desconocidos. Sí, todavía la amarás,
pero el amor ya no tendrá tanta intensidad, la visión romántica desaparece. Y también
ella reconocerá que hay algo en ti que la atrae, pero que tu totalidad ya no la atrae. Es
por eso que cada marido trata de hacer cambiar a su esposa y cada esposa trata de hacer
cambiar a su marido. ¿Qué están tratando de hacer? ¿Por qué? ¿Por qué una mujer
trata de hacer cambiar constantemente a su marido? ¿Para qué? Ella se ha enamorado de
ese hombre, ¿por qué inmediatamente empieza a hacer cambiar a ese hombre? Ahora se ha
dado cuenta de las diferencias; ella quiere tomar sólo algunas partes de ese hombre para
que encaje completamente con su idea de un hombre. Y el marido también lo intenta; no
tanto, no tan testarudamente como la mujer, porque el marido se cansa muy pronto; la mujer
mantiene más tiempo la esperanza.
La mujer piensa: «Hoy, mañana o pasado mañana; algún día le haré cambiar...». Lleva
casi veinte, veinticinco años reconocer el hecho de que no puedes hacer cambiar al otro.
A los cincuenta, cuando la mujer ya ha pasado su menopausia y el hombre también, cuando
se están haciendo viejos, entonces, poco a poco, se van dando cuenta de que nada ha
cambiado. Lo han intentado duramente, lo han intentado de todas las formas posibles... la
mujer sigue igual y el hombre sigue igual. Nadie puede cambiar a nadie. Esta es una gran
experiencia a la que hay que llegar, una gran comprensión.
Por eso las personas maduras se vuelven más tolerantes: saben que no se puede hacer nada.
Por eso adquieren más gracia: saben que las cosas son como son. Por eso las personas
mayores adquieren más aceptación. Las personas jóvenes viven muy enfadadas, sin
aceptación; quieren cambiarlo todo, quisieran hacer el mundo como les gustaría que
fuera. Luchan duramente, pero nunca ha ocurrido. No pude ocurrir, no está en la
naturaleza de las cosas. El hombre exterior no puede encajar nunca con tu hombre interior
y la mujer exterior no puede ser nunca en absoluto igual que tu mujer interior. Por eso el
amor da placer y también dolor, el amor da felicidad y también infelicidad. Y la
infelicidad es mucho mayor que la felicidad.
¿Qué propone el Tantra acerca de esto? ¿Qué hay que hacer entonces? El Tantra dice: No
hay forma de ser satisfecho por lo exterior; tendrás que entrar hacia adentro. Tendrás
que encontrar a tu mujer interior y a tu hombre interior, tendrás que llegar a una
relación sexual interior. Esa es una gran contribución.
¿Cómo puede ser? Intenta comprender este mapa. He hablado de los siete chakras, de la
fisiología del Yoga-Tantra. En el hombre, el muladhar es masculino y el swadhishthan es
femenino. En las mujeres el muladhar es femenino y el swadhishthan es masculino, y así
sucesivamente. En los siete chakras, hasta el sexto, la dualidad se mantiene; el séptimo
es no-dual.
Dentro de ti hay tres pares: muladhar-swadhishthan tienen que casarse. Manipura-anahata
tienen que casarse. Vishuddha-agya tienen que casarse.
Cuando la energía se mueve en el exterior, necesitas una mujer en el exterior. Tienes un
corto vislumbre durante un momento, porque el coito con una mujer exterior no puede ser
permanente, sólo puede ser momentáneo. Por un simple instante podéis perderos el uno en
el otro. De nuevo sois arrojados a vosotros mismos, y arrojados con una venganza. Por eso
cada vez que hacéis el amor después viene una cierta frustración: has fracasado de
nuevo, no ha ocurrido como a ti te hubiera gustado que ocurriera. Sí, has llegado a una
cumbre, pero incluso antes de que te hayas dado cuenta empieza el declive, la caída.
Antes de alcanzar la cumbre, el valle. Antes de encontrarte con la mujer o el hombre... la
separación. El divorcio viene tan pronto con el matrimonio que es frustrante. Todos los
amantes son gente frustrada: tienen muchas esperanzas, tienen esperanzas en contra de sus
experiencias, esperan una y otra vez; pero no se puede hacer nada. No se pueden destruir
las leyes de la realidad. Tienes que comprender esas leyes.
El encuentro exterior sólo puede ser momentáneo, pero el encuentro interior puede
volverse eterno. Y cuanto más alto llegues más eterno se puede volver. El primer chakra,
el muladhar, en el hombre es masculino. El Tantra dice: incluso mientras estés haciendo
el amor con una mujer en el exterior recuerda el interior. Haz el amor con la mujer
exterior, pero recuerda el interior. Deja que tu consciencia se mueva al interior.
Olvídate por completo de la mujer exterior. En el momento del orgasmo olvida por completo
a la mujer o al hombre. Cierra los ojos y permanece en el interior, y deja que sea una
meditación. No pierdas la ocasión cada vez que se remueva la energía. Ese es el momento
en el que puedes tener un contacto; un viaje interior.