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¿EL SEXO: una puerta al Cielo o al infierno? Amadísimo y bienaventurado ser que me agracias con tu visita: en el nombre de nuestro Divino Padre te saludo!. El tema de esta semana quedó esbozado en varias conversaciones, y fue muy candente en el chat del sábado pasado, donde había diversas opiniones. La palabra sexo no es de las que más pasan desapercibidas en este mundo, ¿verdad?. Recuerdo que cuando yo estaba en el colegio secundario (te aclaro que era una institución perteneciente a los sacerdotes salesianos, de raíces muy católicas apostólicas romanas), cuando los alumnos comenzábamos a adormecernos en medio de una tediosa clase de castellano, el profesor que la dictaba pronunciaba en su disertación intempestivamente la palabra ¡SEXO!, y de golpe se escuchaba ¿qué? ¿cómo? ¿qué dijo?... Lo que este docente había logrado era llamar la atención con sólo una palabra pronunciada en medio de cientos de palabras. ¿Y por qué sabía él eso?. Más allá de que éramos adolescentes de 16 años, donde ese tema era algo que significaba la unión inevitable hacia el mundo adulto, este hombre inconscientemente quizá apelaba a pinchar nuestra mente justo en medio de lo que los sacerdotes del colegio nos habían inculcado como pecaminoso, y que trataban de evitarnos en nuestros pensamientos. Para la mayoría de las instituciones religiosas y las doctrinas de todos los tiempos, el sexo era el sinónimo más directamente asociado con el pecado. Las religiones le han enseñado pues al hombre que el sexo es algo que mancha, que ensucia el alma, que nos mantiene separados de Dios, que corrompe el sagrado templo de nuestro cuerpo y nos pervierte, pues es el medio para zambullirnos en las ciénagas de la lujuria y el deseo. Si me lo permites debo desengañarte. Por favor, ten piedad de mí más allá de tus creencias, abre tu mente y escúchame cuidadosamente. Te está hablando un hombre que también ha sufrido los conflictos de una educación moral marcada, seguida de una formación religiosa católica (digo católica, y no cristiana, pues el cristianismo es algo más profundo que lo que los sacerdotes, papas y obispos nos han mostrado. El cristianismo es la forma de vida de Jesucristo, y dista mucho de estas enseñanzas según siento humildemente), por lo que este ser que soy quiere contarte desde su propia experiencia qué entiende por sexo. El sexo es para la mente del hombre un conflicto. Pero hablo del hombre civilizado, el hombre culturalmente educado, religiosamente normado. El sexo se ha convertido en un obstáculo. Recuerdo que Osho (no tengo las palabras literales pero se hallan en el libro del Sexo a la Superconsciencia) decía algo así: Cuando te quieren enseñar a montar una bicicleta, tú lo haces temblando pues estás muy pendiente de no equivocarte y hacerlo bien. La voz de quien te enseña te dice: ve derecho, no te tuerzas en lo más mínimo o te caerás. De golpe tu ves frente a ti un árbol, y no sabes qué hacer por ti mismo, y la voz de quien te guía te grita: cuidado con el árbol! ten cuidado con el árbol o chocarás! esquiva ese árbol frente a ti o te destrozarás! por Dios, evita ese árbol o vas a matarte!!! Y tanto te gritan que de golpe te olvidas de la bicicleta, de que eres tú quien pedalea, del disfrute del paseo, y tu único objeto de atención es el árbol, y sólo existe el árbol, y vas directo hacia él. Por supuesto, como has olvidado lo demás, vas derecho hacia el árbol y te estrellas, y te sientes tan culpable porque te han advertido tanto y tú fuiste derecho hacia el árbol. Con el sexo es igual: los religiosos, los moralistas y los santones, te enseñan como conducirte en la vida, y cuando el sexo aparece te gritan constantemente que lo evites, o será la causa de tu perdición, y olvidas tu vida natural para temerle al sexo como al árbol, y te estrellas contra él... ¡Cuán real es esta metáfora que nos muestra Osho! Han logrado envenenarnos. Mira, yo no tengo secretos para contigo, y el mundo se entera de mis pasos a través de esta página. Tú eres mi confesor aparte de mi Padre, y cuando te escribo a ti, fluyo como cuando Le hablo a Él. No concibo este portal de otra manera que no sea humana, imperfecta, pero sincera hasta el extremo. Cuando me casé con mi primer esposa, la atracción física que sentíamos era muy potente, a tal punto que el mejor lugar donde nos comunicábamos era en nuestro lecho matrimonial. Aún así, yo no podía sentirme bien, sentía que aquellas relaciones me ponían en contacto directo con el dolor y la culpa ¿por qué me sucede esto? me preguntaba yo en pleno aprendizaje. Yo sentía que debía entregarme todo entero a mi esposa, y que ella era Dios, así que le debía dar lo mejor de mí. Pero me costaba fluir, me costaba no sentirme sucio, haciendo algo que durante años se me inculcó como malo. Por otra parte me decía yo: así como me alimento, duermo, y defeco, también debo tener relaciones, porque ciertamente el hombre cumple estas funciones tal cual un animal las cumple. ( No me juzgues por favor, entiende que estoy mostrándote mi proceso tal cual sucedió). Mientras tanto mi esposa no sentía ninguna culpa. Dábamos rienda suelta a nuestras fantasías. Y en ese punto era donde me sentía peor: sentía que alimentábamos nuestras mentes, nuestros deseos de deleite, sentía que esas fantasías eran la comida del ego, y que esas relaciones no erna expresiones de un amor puro entre ambos. Por lo tanto, y ante esta situación, el choque con el árbol parecía inevitable. Se agregaba que fundamentalmente, también percibía yo que mi esposa no me amaba en forma pura, que en ese momento ambos nos transformábamos en pedazos de carne y mente enredándose en un esfuerzo por alcanzar algo parecido a la felicidad. y he aquí otro punto llamativo: en el momento del orgasmo, toda esa tensión era retenida para que durante un instante sintiésemos una vibración que al instante se diluía como un espejismo, dejando una sensación más de vacío que de plenitud, más de incertidumbre que de dicha... Sin embargo, cuando me preguntaban cómo eran mis relaciones, socialmente yo atinaba a responder: buenas. Esa tibia respuesta no era más que un esbozo de ese aspecto inconcluso, conflictivo, que yo no podía realizar tan naturalmente como comer o dormir. ¿por qué era esto?. Tal vez porque mi mente había sido envenenada con algo que debía evitar pero a la vez consumar. Yo no me sentía libre. Dicen que el estado de SAMADHI, o NIRVANA, es similar al punto máximo del orgasmo, pero que la diferencia es que no se diluye. La unión con lo supremo se hace constante. Osho también decía que los hombres perseguíamos obsesivamente el sexo, porque era lo más parecido al samadhi, y que queríamos alcanzar febrilmente ese punto, pero jamás nos saciaríamos, pues era sólo un destello de la Luz Eterna. A tal punto fue inconcluso mi aprendizaje, que más allá de mi separación luego de 6 años de convivencia, este tema seguía siendo un obscuro misterio. Nada se había resuelto, poco había aprendido, sólo a dar sin límite aunque no supiese cómo hacerlo. Sabía que el sexo en sí no era malo, pero que el motor fundamental de esta acción debía ser el Amor. Si esto sucedía, de golpe esos movimientos podían ser similares a las palabras. Cuando un ser humano es alcanzado por la Gracia del Padre, sus palabras son el Divino Nectar de Dios, como en el caso de Jesús, Juan, Krishna o el Buda. Pero si estas palabras salen de la boca porque sí, movidas sólo por la mente, son capaces de hacer mucho daño, o sencillamente de ser sólo palabras vanas. Con el sexo es igual. Yo sentía que era así. Al arribar mi actual compañera a mi vida, yo no quería cometer los mismos errores. Y precisamente, por exceso de celo en ello, el árbol apareció de nuevo en el camino, aunque esta vez no traté de esquivarlo: fui consciente de que era yo quien movía los pedales de la bicicleta. Y me detuve... ¿Qué es detenerse? ¿Eran mis pies los que realmente me impulsaban?. Hablando con un amadísimo hermano de España mediante el foro, él contaba de cómo a través de sus prácticas de meditación y yoga había logrado refrenar sus impulsos, incluso hasta sus secreciones nocturnas habían desaparecido. A diferencia de mi hermano y amigo, yo no hice ninguna práctica: simplemente sucedió, la bicicleta se detuvo. Algo pasó para que este punto deje de ser un conflicto. Hace meses que no mantengo relaciones, pero no sentimos perturbación por ello, al contrario. Hubo un clic, un movimiento de energía. Algo está sucediendo y le pregunté al maestro por ello: "nada malo te sucede, sólo se eleva tu energía, y se acomodará de manera limpia y ordenada, así que tú no te preocupes, sólo ama a tu compañera. El resto sucederá por sí sólo". Comenzamos a sentir que un nuevo proceso de crecimiento nos hace transitar por una nueva sexualidad, por una nueva puerta, con una lujuria inexistente, y con un amor muy pleno. Han quedado las caricias y los besos, el abrazo de los cuerpos, la sonrisa y la mirada en el otro que refleja a un ser de Dios. El conflicto ha cesado. No debe ser resuelto porque no existe. Ahora no hay hacedores de sexo, sólo seres que se aman, y que pueden o no tener relaciones. Pero esto es parte de la maduración del proceso. El sexo no es algo malo. No nos hemos autimpuesto ninguna regla para restringirlo o controlarlo entre nosotros dos como pareja. Surgió naturalmente, cuando menos lo esperábamos, y es parte de la forma espiritual que va tomando una nueva dimensión en esta unión. Ambos seguimos pensando que el sexo es una puerta maravillosa, una puerta más de entrada a la morada del Amor. Hablábamos también con otra querida hermana el sábado en el chat, que tal vez sea la puerta más llamativa, la que más deslumbra. Y como es tan fascinante esa puerta, los seres humanos nos detenemos a mirarla, nos obsesionamos con su forma y detalles, y olvidamos que esta allí para ser traspasada, que es sólo eso: UNA PUERTA. A veces así sucede con los ritos religiosos: uno se detiene tanto en la forma, en el rito en sí, que olvida que es sólo un simple medio para comunicarse íntimamente con el Creador. Cuando el maestro me decía: RENUNCIA AL MUNDO, yo le preguntaba: ¿debo dejar de tener relaciones sexuales también? Y él me contestaba: haz lo que debas hacer sin apego, sólo cambia tu actitud, y cuando comas, duermas, te bañes o tengas relaciones, que tu actitud sea el amor por Dios como una ofrenda. Renunciar no es otra cosa que cambiar de actitud. Vive con sencillez y harás las mismas cosas que hoy, pero con otra actitud. Podrías vivir en medio de un palacio, y ser a la vez el más humilde siervo de Dios. Renuncia es desapego, es ausencia de conflicto. Un monje que vive reprimiéndose respecto al sexo, no lo ha trascendido, sólo está obsesionado con no incurrir en conflicto con el sexo. no seas un monje, sé un hombre. Ya has sido monje en otras vidas. Creo que esta es la llave. En ti está decidir ahora mirar sólo el árbol o todo el paisaje. Puedes andar todo lo que quieras en tu bicicleta, también puedes detenerte. Deja que sea Dios quien guíe tu senda, y no los dogmas moralinos que gritan en tu mente y te asustan al punto de hacerte estrellar contra el árbol. Disfruta el paseo, es parte del paisaje que Dios quiere que conozcas. Te dejo ahora escrito de Osho, que como siempre usa un estilo muy particular. Espero te guste y quedo con amor agradecido a tus pies. A leer juntos este texto:
EL MAPA DEL TANTRA Por el deleite de los besos el iluso implora declarándolo lo definitivamente real; como un hombre que sale de su casa y en la puerta le pide a una mujer relatos de deleites sensuales. La agitación de las fuerzas bióticas en la casa de la nada ha aumentado artificialmente los placeres de muchas maneras. Tales yoguis de la aflicción desfallecen porque han caído del espacio celestial, imbuidos en el vicio. Como un brahmin, que con arroz y mantequilla hace una ofrenda al fuego abrasador creando un canal para el néctar desde el espacio celestial, toma esto, a través del pensamiento deseoso, como lo supremo. Algunas personas, quienes han encendido el calor interior y lo han elevado a la fontanela, golpean la úvula con la lengua en una suerte de coito y confunden lo que encadena con lo que libera, orgullosos se llamarán a sí mismas yoguis. El Tantra es libertad (libertad de todas las construcciones mentales, de todos los
juegos mentales; libertad de todas las estructuras) libertad del otro. El Tantra es un
espacio en el que estar. El Tantra es liberación. En una provincia no había caído ninguna lluvia desde hacía mucho tiempo. Todo estaba
seco; al final los ciudadanos decidieron llamar al hechicero de la lluvia. Se mandó una
delegación para que fuera a buscarle a la lejana ciudad en la que vivía con la urgente
demanda de que viniera lo antes posible e hiciera que lloviese sobre los campos secos. El Tantra dice: Si tú estás en orden, entonces el mundo entero estará en orden para
ti. Cuando tú estás en armonía, toda la existencia está en armonía para ti. Cuando
tú estás en desorden, el mundo entero está desordenado. Pero ese orden no tiene que ser
un orden falso, no tiene que ser impuesto. Cuando te impones a ti mismo algún orden,
simplemente te divides; en el fondo el desorden continúa.
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