Caminos a Dios 

 

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¿Quién hace?

Hola ser nacido en esta Tierra. Soy tu hermano, Vivekamukti. Agradeciendo como siempre que vengas aquí, junto a mí, a reunirte para este diálogo íntimo entre tu esencia y la mía que son una, comenzaremos el tema de esta semana.

Algunos años atrás, caminaba yo por una calle, y veía como caían hojas cerca de mis pies. Reparé entonces en que mis pies caminaban. Era un tiempo en que hablaba mucho conmigo mismo, y algo así fue lo que puedo transcribir de ese momento:

- ¿Por qué caminas?

- Porque quiero

- ¿tú quieres caminar y es suficiente? Si así de sencillo fuese, todo lo que querrías se haría realidad, pero no es así.

- ¿por qué camino entonces?

- Porque tu alma te mueve

- Pero mi alma no podría hacerme caminar si yo no tuviese la decisión mental, y las piernas para ejecutar esa acción.

- Pero es Dios quien te mueve, pues sin Él, no existiría ni movimiento, ni piernas, ni alma, ni mente, ni voluntad.

- ¿Camino entonces porque Dios quiere?

- ERES porque Dios quiere. Y todo lo que haces, es porque tu alma te impele, mas ella no es sino reflejo de la Voluntad de la Gran Alma.

- ¿ Y cuando hago algo que no es bueno, Dios quiere que lo haga?

- Dios es el capitán, tú el navegante. Si eres buen navegante, escuchas la voz del capitán, y ejecutas su mandato. Si eres un navegante rebelde, corres tu propia suerte. El capitán siempre te llevará a buen puerto, y él conoce todos los mares y océanos. El navegante sólo puede navegar, pero no conoce las rutas, sólo sabe girar el timón a izquierda o derecha, decir sí o no...

Y seguí caminando, y por una vez sentí muy fuerte en mí que ERA MI ALMA quien HACÍA, quien me MOVÍA. Luego me dije: "respiro, y mi corazón se mueve porque tiene vida, y es el alma quien se la da. El día que muera, mi corazón ya no latirá, porque no tendrá un alma que lo mueva..."

Aquí en Argentina, la gente de los campos, no llama a los espíritus almas, sino ÁNIMAS. A veces son muy supersticiosos, y más allá de eso, esa palabra ÁNIMA encierra en sí una explicación: el alma es quien anima, quien hace...

Cierta vez hablamos en estas reflexiones semanales de quién era en verdad el hacedor. Sri Ramakrishna hablaba con Dios, diciéndole: Señor, haz de mí Tu Voluntad, eres el cochero y yo el carro que tú guías.

Ahora vayamos al punto que pone en conflicto esto que de por sí sería armonía perfecta: EL DESEO.

Sí mi amada alma amiga, ahora viene el punto donde trabajar. Siempre hacemos juntos eso ¿no?. He aquí las preguntas de esta semana (nuevamente veo que muy poquitos han respondido en el foro a las anteriores, pero respeto vuestros silencios siempre que no sean huecos sino acompañados de reflexión. Confío en ti.

Cuando deseas algo ¿quién desea?
¿por qué deseas?
¿qué es el deseo?
¿qué deseas?
¿es el deseo ilusorio, real o verdadero?
¿qué diferencia hay entre deseo y anhelo?
Cuando dices: "haré esto!" ¿está en el terreno de los deseos o de la realidad?
¿es necesario desear?
¿puede el hombre no tener deseos?
¿como sería un ser sin deseos?
¿el deseo involucra al pasado, al presente o al futuro?
¿es bueno, malo o neutro el desear?
Desear, ¿acarrea karma o consecuencias?
¿puede el deseo atar?
¿uno HACE porque DESEA?
¿QUIEN HACE, QUIEN ES EL HACEDOR?
¿DIOS DESEA?

Me gusta preguntarte, porque yo también me estoy preguntando. Quiero que medites en esto, que veas los actos que realizas a diario, que veas cuáles son productos del deseo, cuáles del deber, cuáles de tu propia naturaleza.

Creo que Confucio decía algo así como que el estado de perfecta realización era cuando el hombre lograba NO HACER ABSOLUTAMENTE NADA.  Parece sencillo ¿no es así? Pero es CASI imposible. Siempre estamos haciendo, pero vuelvo a la pregunta de nuestro tema ¿QUIÉN HACE?

Mucha gente es buena, porque ayuda según su naturaleza. Otra, en busca de esa realización, ayuda porque ESO la hace creerse buena. Un amigo de Sri Ramakrishna era muy acaudalado, y hacía enormes obras de beneficencia. El maestro le decía que eso era muy bueno. Y él rico y noble señor decía: sí, en verdad me esfuerzo mucho por ayudar a los demás. Él era el HACEDOR, él decía YO AYUDO A LOS DEMÁS....

Quien ayuda, hace. Pero ¿quién hace? ¿quién es el hacedor? ¿quién ayuda?.

El punto tal vez, y para que no todo sea conflicto, sea transitar por esta vida sin ser el hacedor, sin ser el protagonista (Tú Señor eres el COCHERO, yo sólo soy el CARRUAJE).

Hemos venido a esta Tierra, y desde que nacemos, HACEMOS. ¿recuerdas el Baghavad Guita ? Está en este portal completo para que lo leas, pero allí Sri Krishna habla del KARMA YOGA, el sendero de la acción correcta. Ya que es inevitable HACER, hagamos la acción correcta, desinteresada, sin esperar obtener nada a cambio, sin esperar el fruto de la acción. Es como dar de comer a quien tiene hambre sin esperar que te lo agradezca. LA recompensa es la acción en sí misma. Si esperamos el agradecimiento ¿quién hizo la acción?. Si ayudamos sin esperar nada ¿quién hizo la acción?

¿Lo has visto? últimamente mis reflexiones son más preguntas que respuestas ¿quién hace las preguntas? ¿quién hace las respuestas?. Amado espíritu hermano de camino: te he lanzado a una nueva aventura de exploración interior. Contigo recorreré la senda, pero camina, tal como mis pies caminaban, cuando yo me preguntaba ¿QUIÉN HACE ESTO?...  

Por último, dejaré para tu reflexión un escrito para que atesores, de Swami Vijoyananda, llamado MAYA E ILUSIÓN. Buena semana para ti mi amada alma!!!!

 

 

MAYA E ILUSION

Swami Vivekananda

(Conferencia pronunciada en Londres)

 

Casi todos habéis oído ya la palabra "maya" . Por lo general se la emplea, aunque incorrectamente, como ilusión o alucinación, o algo por el estilo. Pero la teoría de maya forma uno de los pilares sobre los que se apoya el Vedanta, de modo que es necesario comprenderla bien. Os pediré un poco de paciencia, puesto que es grande el riesgo de equivocarse. La más antigua idea de maya que encontramos en la literatura védica, tiene el sentido de ilusión; pero en esa época no se había llegado aún a la verdadera teoría. Encontramos pasajes como éste: "Indra, por su maya, asumió diversas formas." Es cierto que aquí la palabra maya designa algo como magia, y hallamos varios otros pasajes donde tiene siempre la misma acepción. Después, el término maya fue perdido de vista por completo; pero durante ese tiempo, la idea se desarrollaba. Más tarde, se planteó la siguiente pregunta: "¿ Por qué no podemos conocer este secreto del universo?" Y la respuesta dada fue muy significa. tiva: "Porque hablamos en vano, porque estamos satisfechos con las cosas de los sentidos, y porque estamos corriendo tras nuestros de. seos; por lo tanto cubrimos, por así decir, la Realidad con bruma." Aquí, la palabra maya no es empleada en absoluto, pero se nos da la idea de que la causa de nuestra ignorancia es una especie de bruma que ha venido a interponerse entre nosotros y la Verdad. Mucho más tarde, en uno de los últimos Upanishads, vemos reaparecer la palabra maya, pero en ese momento ya se había operado una transformación, y múltiples significados nuevos se habían agregado a ese término. Algunas teorías habían sido propuestas y otras repetidas; algunas sólo habían sido esbozadas, hasta que, finalmente, la idea acerca de maya se fijó. En el Shvetáshvatara Upanishad leemos: "Sabe que la naturaleza es maya, y que el que gobierna esta maya es el Señor Mismo". Pasando a nuestros filósofos, vemos que el término maya ha sido manipulado por ellos en varias formas, hasta que llegamos al gran Shankaracharya. Los buddhistas también han manejado un poco la teoría de maya, pero entre sus manos se ha vuelto muy semejante a lo que se llama Idealismo, y tal es el sen-tido que, en general, se da actualmente a esta palabra. Cuando el hindú dice que el mundo es maya, inmediatamente la gente tiene la idea de que el mundo es una ilusión. Esta interpretación no dej a de estar un poco justificada, puesto que proviene de los filósofos buddhistas, entre los que había un grupo que no creía, absolutamente, en el mundo exterior. Pero en el Vedanta tal como se desarrolló finalmente, maya no es ni Idealismo, ni Realismo, ni es una teoría. Es una simple aserción de los hechos: lo que somos y lo que vemos a nuestro alrededor.

Como ya os he dicho, quienes nos han transmitido los Vedas aplicaban su mente en seguir los principios, en descubrirlos. No tenían tiempo de elaborar los detalles ni de esperarlos; querían penetrar profundamente en el corazón mismo de las cosas. Algo que hay más allá los llamaba, por así decir, y no podían esperar. Es. parcidos en los Upanishads, encontramos que los detalles de temas que al presente llamamos ciencias modernas, son a menudo muy erróneos, pero al mismo tiempo vemos que los principios son correctos. Por ejemplo, la idea del éter, que es una de las teorías más recientes de la ciencia moderna, se encuentra en nuestra literatura antigua en forma mucho más desarrollada que en la actualidad, pero allí estaba como principio. Cuando ellos intentaron demostrar cómo funcionaba ese principio, cometieron muchos errores. La teoría del principio vital que penetra todo, y del cual toda vida en este universo no es más que una manifestación diferenciada, era comprendida en la época védica; se la encuentra en los Brahmanas. En los Samhitas hay un largo himno a la gloria del prana, del cual toda vida es sólo una manifestación. Y a este respecto, algunos de vosotros se enterarán tal vez con interés de que en la filosofía védica hay teorías relativas al origen de la vida sobre nuestra tierra, que se asemejan mucho a las que han sido formuladas por algunos sabios europeos modernos. Todos vosotros sabéis, desde luego, que hay una teoría según la cual la vida ha venido de otros planetas. Algunos filósofos védicos establecieron una doctrina según la cual la vida viene en esa forma de la luna.

Pasando a los principios, hallamos que estos pensadores védicos eran intrépidos y maravillosamente amplios, al proponer teorías grandes y generalizadas. La solución que ellos han dado respecto del misterio del Universo del punto de vista del mundo exterior, era tan satisfactoria como puede serlo. Los trabajos en detalle de la ciencia moderna no han hecho avanzar un sólo paso hacia una solución, por cuanto los principios han fallado. Si la teoría del éter no ha logrado en la antigüedad dar una solución al misterio del Universo, la elaboración de los detalles de esta teoría no nos acercaría mucho a la verdad. Si la teoría de un principio vital que penetra en el mundo entero, ha fracasado como teoría de nuestro universo, no habrá adelantado en ese sentido cuando se la haya elaborado en detalle, puesto que los detalles no cambian el principio del universo. Lo que quiero decir es que en su indagación sobre el principio, los pensadores hindúes eran tan audaces, y en algunos casos más audaces que los pensadores modernos. Han hecho algunas de las generalizaciones más grandiosas que jamás hayan sido logradas; algunas de ellas subsisten todavía, como teorías, aún no alcanzadas por la ciencia moderna, ni siquiera en teoría. Por ejemplo, no solamente llegaron a la teoría del éter, sino que fueron más allá, clasificando a la mente como un éter todavía más sutil. Avanzando más, encontraron otro éter aun más sutil. Y sin embargo, ésta no era una solución, no resolvía el problema. Un conocimiento del mundo exterior, por más completo que fuera, no podía resolver el problema. "Pero, dice el sabio científico, estamos comenzando a conocer un poco; esperad unos pocos millares de años y encontraremos la solución." "No", responde el vedantista, pues él ha encontrado la prueba absolutamente indubitable de que la mente está limitada, que no puede traspasar ciertos límites; no puede ir más allá del tiempo, el espacio y la causalidad. Así como ningún hombre puede saltar fuera de sí mismo, tampoco ninguno puede ir más allá de los límites que le han sido fijados por las leyes del tiempo y del espacio. Todo intento de desenlazar las leyes del tiempo, del espacio y de la causalidad, seria vano, dado que el mero intento implicaría admitir la existencia de esos tres. Entonces, ¿ qué se quiere decir cuando se declara que el mundo existe? "Este mundo no tiene existencia." ¿ Qué significa esto? Quiere decir que el mundo no tiene una existencia absoluta. No existe más que con relación a mi mente, a vuestra mente, a la mente de cada uno. Vemos este mundo con nuestros cinco sentidos, pero si tuviéramos seis, veríamos en él algo más. Si tuviéramos dos sentidos más, se nos aparecería diferente en alguna otra cosa todavía. Por consiguiente, no tiene existencia real; no tiene existencia incambiable, inmutable, infinita. Tampoco se le puede llamar no existente, puesto que vemos que existe y nosotros debemos trabajar en él y a través de él. Es una mezcla de existencia e inexistencia.

Pasando de las abstracciones a los detalles ordinarios de nuestra vida cotidiana, vemos que toda nuestra vida es una contradicción, una mezcla de existencia e inexistencia. Hay esta contradicción en el conocimiento. Parece que el hombre puede saber todo con tal que lo desee; pero apenas ha dado algunos pasos, choca contra un muro adamantino que no puede franquear. Todo su trabajo está encerrado en un circulo, y no puede ir más allá de él. Los problemas que están más cerca de él y más le atraen, reclaman su solución día y noche, pero no puede dársela porque le es imposible ir más allá de su intelecto. Y sin embargo, el deseo de hacerlo está en él profundamente arraigado. No obstante, sabemos que el único bien sólo se obtiene limitando y conteniendo ese deseo. Con cada movimiento que hacemos para respirar, cada impulso de nuestro corazón nos mueve a ser egoístas y, al mismo tiempo, hay algún poder detrás nuestro que nos dice que sólo el inegoismo es bueno. Todo niño nace optimista, tiene sueños dorados. Durante su juventud se vuelve más optimista todavía. Le es difícil a un joven creer que existe una cosa que se llama muerte, otra que se llama derrota o degradación. La vejez llega y la vida es un montón de ruinas. Los sueños se han desvanecido en el aire y el hombre se vuelve pesimista. Así vamos de un extremo a otro, bajo los golpes de la naturaleza, sin saber adónde vamos. Esto me recuerda un canto célebre del Lalita Vistara, la biografía de Buddha. Buddha —nos dice el libro—, nació como salvador de la humanidad, pero en el lujo de su palacio olvidó quién era. Para despertarlo, algunos ángeles fueron a cantar en torno de él. Y el estribillo de toda la canción es que nosotros flotamos en el río de la vida llevados por su corriente, que cambia continuamente, sin tregua ni descanso. Así sucede con nuestras vidas, que se deslizan siempre, sin conceder ningún descanso. ¿ Qué debemos hacer? El hombre que tiene suficiente para comer y beber es optimista; evita todo lo que le haga pensar en la miseria, pues ésta lo espanta. No le habléis de los dolores y sufrimientos del mundo; decidle que todo está bien. "Sí —dirá-----, yo estoy seguro; miradme. Tengo una casa hermosa; no temo al frío ni al hambre; por consiguiente, no pongáis ante mis ojos esos cuadros horribles". En cambio, por otro lado hay hombres que mueren de frío y de hambre. Si vais a enseñarles a ellos que todo está bien, no os escucharán. ¿Cómo podrán ver con agrado la felicidad de los otros, cuando ellos son desgraciados? De este modo oscilamos entre el optimismo y el pesimismo.

Luego está ese hecho tremendo que es la muerte. El mundo entero va hacia la muerte; todo muere. Todo nuestro progreso, nuestras vanidades, nuestras reformas, nuestros lujos, nuestra riqueza, nuestro saber, todo tiene este único desenlace: la muerte. Es la úni-ca cosa cierta. Las ciudades aparecen y desaparecen, los imperios se levantan y caen, los planetas se rompen en pedazos y se reducen a polvo, para ser diluidos en la atmósfera de otros planetas. Así ha ocurrido siempre desde un tiempo que no ha tenido comienzo. La muerte es el fin de todo. La muerte es el fin de la vida, de la belleza, de la riqueza, del poder y también de la virtud. Los santos mueren, y también los pecadores; mueren los reyes y los mendigos. Todos van hacia la muerte, y sin embargo, existe un tremendo apego a la vida. De alguna manera, no sabemos por qué, nos aferramos a la vida y no podemos renunciar a ella. Y esto es maya.

La madre cría a su hijo rodeándolo de cuidados; toda su alma, toda su vida, están en ese niño. Este crece y se hace hombre; puede ser un canalla y un bruto, que todos los días golpee a su madre a puntapiés y puñetazos. Sin embargo, la madre se aferra siempre a su hijo, y si su razón se despierta, la cubre con la idea de amor. No piensa casi en que eso no es amor, que es algo que se ha apoderado de sus nervios y de lo que no puede desembarazarse; por más que trate de librarse de la esclavitud en que vive, no puede. Y esto es maya.

Todos estamos buscando el vellocino de oro; cada uno piensa que será suyo. Todo hombre razonable ve que su chance es quizás una sobre veinte millones, y sin embargo, todos luchan para conseguirlo. Y esto es maya.

La muerte está al acecho de su presa noche y día en esta nuestra tierra y al mismo tiempo pensamos que vamos a vivir eternamente. Un día le hicieron esta pregunta al rey Yudhishthira (El hermano mayor de Aryuna): "¿Cuál es la cosa más maravillosa de esta tierra?" Y el rey respondió: "Diariamente vemos a la gente morir a nuestro alrededor, y sin embargo los hombres creen que no morirán jamás". Y esto es maya.

Estas terribles contradicciones en nuestro intelecto, en nuestro conocimiento, y hasta en todos los hechos de nuestra vida, nos enfrentan por todos lados. Aparece un reformador que quiere remediar los males que sufre una determinada nación, y aun antes de que lo haya conseguido, se declaran otros mil males en otra parte. Es como una casa vieja que se está cayendo: reparáis una parte y amenaza derrumbarse otra. En la India, nuestros reformadores protestan y predican contra la prohibición del casamiento de las viudas, y contra los males que de ello resultan. En Occidente, el gran mal es que la gente no se casa. Por un lado, ayudad a los célibes; pero siguen sufriendo. Por el otro, ayudad a las viudas; están sufriendo. Es como un reumatismo crónico; lo sacáis de la cabeza, y pasa al tronco; lo sacáis del tronco y pasa a los pies. Aparecen reformadores que predican que la enseñanza, la riqueza y la cultura no deben ser el patrimonio de unos pocos elegidos, y hacen todo lo que pueden a fin de que sean accesibles a todos. De eso puede resultar más felicidad para algunos, pero también puede ser que al llegar la cultura, disminuya la felicidad física. El conocimiento de la felicidad trae consigo el conocimiento de la infelicidad. Entonces, ¿ qué camino debemos seguir? La más pequeña cantidad de prosperidad material que gocemos, es causa de la misma cantidad de miseria por otro lado. Tal es la ley. Los jóvenes tal vez no lo vean claramente, pero los que han vivido bastante tiempo, los que hayan luchado lo suficiente, lo comprenderán. Y esto es maya. Estas cosas ocurren día y noche; encontrar una solución a este problema es imposible. ¿ Por qué tiene que ser así? No es posible responder a esta pregunta, porque la pregunta no puede ser lógicamente formulada. De hecho, no hay ni cómo ni por qué; sólo sabemos que esto es así y no podemos evitarlo. Aun comprenderlo, trazar de ello un cuadro exacto en nuestra propia mente, está más allá de nuestras fuerzas. Entonces, ¿cómo podemos resolverlo?

 

Maya es una aserción del hecho de este universo; de la forma cómo marcha. Generalmente la gente se asusta cuando se le dicen estas cosas. Pero nos hace falta osadía. Ocultar los hechos no es el medio de hallarles solución. Como todos sabéis, una liebre perseguida por los perros oculta su cabeza y se cree a salvo; cuando nos precipitamos en el optimismo, hacemos exactamente como la liebre, pero esto no es un remedio. Hay objeciones contra eso, pero notaréis que ellas vienen generalmente de la gente colmada con las cosas buenas de la vida. En este país (Inglaterra), es muy difícil volverse pesimista. De qué manera admirable, me dicen todos, con qué progresos, el mundo va adelante; pero, lo que cada uno es en sí mismo, es su propio mundo. Viej os problemas surgen, ¡ el cristianismo debe ser la única religión verdadera en el mundo, puesto que las naciones cristianas son prósperas! Pero esta aserción se contradice a sí misma, porque la prosperidad de las naciones cristianas depende del infortunio de las no cristianas. Debe haber alguien que sirva de presa. Suponed que el mundo entero se vuelva cristiano; entonces, las naciones cristianas se volverían pobres, por cuanto no tendrían más naciones no cristianas que despojar. Así, el argumento se destruye a si mismo. Los animales viven a expensas de las plantas, los hombres a expensas de los animales, y, lo que es peor, a expensas unos de otros; el fuerte a expensas del débil. Esto pasa en todas par. tes, y esto es ma ya. ¿ Qué solución véis? Cada día oímos muchas explicaciones, y se nos dice que al final todo estará bien. Admitiendo que esto sea posible, ¿por qué esta manera satánica de hacer el bien? ¿Por qué no se puede hacer el bien por medio del bien y no con estos métodos infernales? Los descendientes de los seres humanos actuales serán dichosos, pero, ¿por qué tiene que haber, ahora, todo este sufrimiento? No hay solución. Esto es maya.

A menudo se nos dice, también, que uno de los caracteres de la evolución es que ella elimina el mal, y que siendo este mal continuainente eliminado del mundo, al final no quedará más que el bien. Esta es una cosa muy agradable de oír; es confortable para la vanidad de los que poseen bastante de los bienes de este mundo; que no tienen que librar una ruda batalla todos los días; que no son aplastados bajo las ruedas de esa llamada evolución. Esto por cierto es muy bueno y reconfortante para los afortunados. La masa vulgar puede sufrir, pero a ellos no les interesa; ¡ que mueran, eso no tiene importancia! Muy bien, pero este argumento es falaz del principio al fin. En primer lugar, admite como evidente que el bien y el mal que se manifiestan en este mundo, son dos realidades absolutas. En segundo lugar, admite una suposición aun peor: que la cantidad de bien está en vías de crecimiento y la cantidad de mal, en vías de disminución. De modo que, si el mal está en tren de ser eliminado en esa forma, por la llamada evolución, llegará un momento en que todo el mal habrá sido eliminado y todo lo que quedará será el bien. Esto es fácil de decir, pero, ¿puede probarse que la cantidad de mal esté en vías de disminuir? Tomad, por ejemplo, el hombre que vive en un bosque, que no sabe cómo cultivar su mente, que no puede leer un libro, que jamás ha oído hablar de lo que se llama escritura. Si es herido de gravedad, cura rápidamente, mientras que nosotros nos morimos si se nos rasguña. Las máquinas; haciendo que las cosas sean baratas, contribuyen al progreso y a la evolución, pero millones de hombres son aplastados para que uno solo pueda enriquecer; mientras que uno enriquece, millares empobrecen más y más, y masas de seres humanos son reducidas a la esclavitud. Es así como las cosas pasan. El hombre animal vive en los sentidos. Si no tiene suficiente para comer, se siente miserable; o si algo le sucede a su cuerpo, se siente desgraciado. En los sentidos comienzan y terminan su felicidad y su desgracia. Desde el momento que este hombre progresa, desde que el horizonte de su dicha se ensancha, el horizonte de su desgracia se agranda en la misma proporción. El hombre que vive en los bosques no sabe lo que es ser celoso, ni comparecer ante los tribunales, ni pagar impuestos, ni ser criticado por la sociedad, ni estar sometido día y noche a la tiranía más espantosa que el satanismo humano haya jamás inventado y que es esa indiscreción que no respeta ningún secreto del corazón. No sabe cómo el hombre, con todo su vano saber, con todo su orgullo, se vuelve mil veces más satánico que cual-quier otro animal. Y es así como a medida que emergemos de nuestros sentidos, desarrollamos una capacidad más grande de alegría y a la vez tenemos que desarrollar también una mayor capacidad de sufrimiento. Los nervios se afinan y se vuelven capaces de sufrir más. A menudo comprobamos, cualquiera sea la sociedad, que el ignorante, el hombre común, no es muy sensible a los insultos, pero siente un buen golpe. Pero el hombre culto no puede soportar un solo insulto, tan sensibles se han vuelto sus nervios. Su desdicha ha aumentado con la susceptibilidad de ser feliz. Y esto no viene a confirmar en nada la tesis de los evolucionistas. Al aumentar nuestro poder de ser felices, aumentamos también nuestra facultad de sufrir, y a veces me inclino a creer que si aumentamos nuestro poder de ser felices en progresión aritmética, aumentamos, en cambio, nuestro poder de sentirnos miserables en progresión geométrica. Nosotros, que estamos progresando, sabemos que mientras más adelantamos, más caminos se abren para el dolor como para el placer. Y esto es maya.

Vemos así que maya no es una teoría para explicar al mundo: simplemente, es una exposición de los hechos, tales como ellos existen; la base misma de nuestro ser es contradicción; por doquier tenemos que atravesar esa tremenda contradicción; por todas partes donde hay el bien, debe haber también el mal; y por todas partes donde hay el mal, debe haber algún bien; donde haya vida, la muerte debe seguirla como su sombra; todo el que sonría, habrá de llorar, y lo contrario también es cierto. No se puede remediar ese estado de cosas. Podemos imaginar muy bien que habrá un sitio donde no existirá más que el bien, y no el mal, donde no haremos más que sonreir y no lloraremos nunca. Pero esto es imposible, de acuerdo con la naturaleza misma de las cosas, puesto que las condiciones serán siempre las mismas. Donde exista el poder de hacer nacer en nosotros una sonrisa, se oculta el poder de hacer brotar lágrimas. Donde exista el poder de producir la felicidad, acecha también, en alguna parte, el poder de volvernos desdichados.

De manera que la filosofía vedanta no es ni optimista ni pesimista. Expresa ambos puntos de vista y toma las cosas como son. Admite que este mundo es una mezcla de bien y de mal, de felicidad y de infortunio; y que para aumentar lo uno, forzosamente tenemos que aumentar lo otro. Jamás habrá un mundo absolutamente bueno o malo, por cuanto la idea misma constituye una contradicción en sí. El gran secreto que nos revela este análisis, es que el bien y el mal no son dos entidades separadas, rigurosamente distintas. En este mundo en que vivimos, no hay una sola cosa a la que podamos poner la etiqueta de buena, únicamente buena, y tampoco hay nada en el universo, a lo que podamos poner la etiqueta de malo, únicamente malo. El mismo fenómeno que parece bueno hoy, puede parecer malo mañana. La misma cosa que apena a uno, puede regocijar a otro. El fuego que quema a un niño, puede cocinar una buena comida para un hambriento. Los mismos nervios que nos traen las sensaciones de malestar también nos traen las sensaciones placenteras. Por consiguiente, el único remedio para poner fin al mal, es poner fin también al bien; no hay otro medio. Para poner fin a la muerte, habrá que poner fin también a la vida. La vida sin la muerte, la felicidad sin la desdicha son contradicciones; no se pueden encontrar solas, ni una ni otra, por cuanto cada una de ellas no es sino una manifestación diferente de la misma cosa. Lo que yo encontraba bueno ayer, no lo encuentro bueno hoy. Cuando rememoro mi vida y veo cuáles han sido mis ideales en diferentes épocas, me doy cuenta de que es así. En cierta época, tenía por ideal conducir un tiro de buenos caballos; en otra, pensaba que si conseguía hacer cierta especie de bombones, sería perfectamente feliz; más tarde imaginaba que estaría completamente satisfecho teniendo mujer, hijos y mucho dinero. Hoy me río de todos estos ideales como de meros disparates pueriles.

El Vedanta nos dice: debe llegar un momento en que al mirar hacia atrás, nos reiremos de los ideales que nos hacían temer el renunciar a nuestra individualidad. Cada uno de nosotros quiere conservar su cuerpo durante un tiempo indefinido, y cree poder ser así muy feliz, pero llegará un momento en que reiremos de esta idea. Ahora bien, si tal es la verdad, nos hallamos en un estado de irremediable contradicción: ni existencia, ni inexistencia; ni felicidad, ni desdicha, sino una mezcla de ambas. ¿Para qué sirven, entonces, el Vedanta y todas las otras filosofías y religiones? Y, sobre todo, ¿ para qué sirve hacer el bien? He aquí la pregunta que se presenta a nuestra mente. Si es verdad que no podéis hacer el bien sin hacer el mal; que todas las veces que tratáis de crear la dicha habrá, también, indefectiblemente, miseria, la gente os preguntará:

"¿Para qué sirve hacer el bien?" La respuesta es que, ante todo, debemos trabajar para hacer decrecer la desdicha, pues es la única forma de volvemos dichosos nosotros mismos. Tarde o temprano, cada uno de nosotros descubre esto en su vida. Aquellos que tienen la mente despierta, lo descubren un poco más pronto, y los torpes un poco más tarde; estos últimos pagan el descubrimiento muy caro; los primeros menos caro. En segundo lugar, es necesario que cada uno de nosotros haga lo que le corresponde, pues éste es el único medio de salir de esta vida de contradicción. Las fuerzas del bien y del mal mantendrán este universo en acción para nosotros hasta que despertemos de nuestros sueños y renunciemos a hacer tortas de barro. Es necesario que aprendamos esta lección, y ello nos llevará un tiempo largo, muy largo.

En Alemania se ha tratado de construir un sistema de filosofía sobre la base de que lo Infinito se ha vuelto finito; tentativas del mismo género se hacen en Inglaterra. Si analizamos la doctrina de estos filósofos, vemos que en ella lo Infinito estaría tratando de expresarse en este universo, y que llegaría un tiempo en que logrará hacerlo. Todo esto es muy bueno; hemos utilizado las palabras Infinito, manifestación, expresión y otras por el estilo, pero los filósofos piden, naturalmente, una base fundamental lógica, a la proposición de que lo finito puede expresar plenamente lo Infinito. Lo Absoluto y lo Infinito sólo pueden llegar a ser este universo limitándose. Todo lo que nos llega por los sentidos, por la mente, o por el intelecto, es por fuerza limitado; que lo limitado es ilimitado es simplemente un absurdo; jamás podrá ser así. El Vedanta, por su parte, dice que es verdad que lo Absoluto o lo Infinito trata de expresarse a sí mismo en lo finito, pero que llegará un momento en que se verá que ello es imposible; y entonces deberá batirse en retirada, y esta retirada significa renunciación, que es el verdadero comienzo de la religión. Hoy en día es muy difícil aún hablar de renunciación. Se ha dicho de mí en América, que yo era un hombre que venía de un país muerto y enterrado cinco mil años ha, y que hablaba de renunciación. El filósofo inglés tal vez diga lo mismo. Y sin embargo, en verdad es el Único camino que conduce a la religión. Renunciad y abandonad. ¿Qué decía Cristo? "Quien pierda su vida por mí, la encontrará". Una y otra vez predicó la renunciación como el único camino hacia la perfección. Llega un momento en que la mente despierta de ese largo y pesado sueño; en que el niño abandona su juego y desea volver a su madre. Entonces descubre la verdad de estas palabras: "El deseo nunca se satisface con el goce, que no hace más que aumentarlo, así como se aviva el fuego al echarle manteca .

Esto es cierto para todos los goces de los sentidos, para todos los goces intelectuales, para todos los goces que la mente humana es capaz de dar. Ellos no son nada; están dentro de maya, dentro de esa red de donde no podemos escapar. Allí podemos correr durante un tiempo infinito, sin llegar jamás a la meta; y todas las veces que luchamos por conseguir un poco de placer, nos cae encima una montaña de desdicha. ¡ Todo esto es espantoso! Y cuando pienso en ello, no puedo menos que creer que esta teoría de maya. esta idea de que todo esto es maya, es la mejor explicación y la única. ¡Cuánta miseria hay en el mundo! Si viajáis por pueblos diferentes, veréis que unos tratan de curar sus males por un medio, otros de distinto modo. Es exactamente el mismo mal contra el cual luchan las diferentes razas. Se han ensayado diversos procedimientos para detenerlo, pero ningún pueblo lo ha logrado. Si el mal ha sido atenuado en un punto, se ha acumulado en otro. Así marchan las cosas. Los hindúes, para conservar en su raza un alto nivel de castidad, adoptaron la práctica de los casamientos entre niños, práctica que, con el tiempo, ha deteriorado la raza. Al mismo tiempo, no puedo negar que esos casamientos de niños hacen a la raza más casta. Vosotros, ¿por qué optaríais? Si queréis que el pueblo sea más casto, debilitáis físicamente a hombres y mujeres con casamientos entre niños. Por otro lado, ¿estáis vosotros en Inglaterra, colocados en mejor situación? No; puesto que la castidad es la vida de un pueblo. ¿No véis en la historia, que el primer signo anunciador de la muerte de un pueblo ha sido la ausencia de castidad? Una vez aparecido este signo, el fin de la raza no se halla lejano. Entonces, ¿dónde encontraremos una solución a estas miserias? Si los padres eligen maridos y esposas para sus hijos, este mal disminuirá. Las muchachas de la India son más prácticas que sentimentales. Pero en sus vidas subsiste muy poca poesía. Por otro lado si la gente elige por sí misma marido o esposa, no parece que resulte de ello mucha dicha. Generalmente, la mujer en la India es muy dichosa; no hay muchos ejemplos de discordia entre cónyuges. En cambio, en los Estados Unidos, donde reina la libertad más grande, el número de hogares infelices, de matrimonios desdichados, es elevado. La desgracia se encuentra aquí, allá, en todas partes. ¿Qué nos demuestra esto? Que después de todo, no se ha ganado mucha felicidad con todos esos ideales. Todos luchamos para asir la felicidad y en cuanto obtenemos un poco por un lado, la desgracia llega por el otro.

Entonces, ¿no debemos trabajar para hacer el bien? Si; con más ardor que nunca. El efecto que este conocimiento tendrá sobre nosotros, será el de destruir nuestro fanatismo. El inglés no será más fanático y no maldecirá más al hindú; aprenderá a respetar las costumbres de los diferentes pueblos. Habrá menos fanatismo y más obras verdaderas. Los fanáticos no pueden trabajar, porque desperdician las tres cuartas partes de su energía. El que trabaja es el hombre equilibrado, calmo, práctico. En esta forma, esta idea producirá un aumento de la capacidad de trabajo. Sabiendo que las cosas son así, seremos más pacientes. La vista del mal o de la miseria no podrá destruir más nuestro equilibrio y hacernos correr detrás de sombras. Y por consiguiente, adquiriremos paciencia, pues sabremos que el mundo debe seguir su propio ritmo. Si, por ejem. pío, todos los hombres llegan a ser buenos, durante ese tiempo los animales habrán evolucionado y se habrán vuelto hombres; deberán pasar por el mismo estado, y sucederá igual con las plantas. Pero una sola cosa es cierta: el caudaloso río corre hacia el océano, y todas las gotas de agua que constituyen la corriente, llegado el momento, serán absorbidas por ese océano sin orillas. Del mismo modo, en nuestra vida, con todas sus miserias y sus penas, sus goces, sus risas y sus lágrimas, un solo hecho es cierto, y es que todas las cosas se precipitan hacia su meta, y que no es sino cuestión de tiempo para que vosotros y yo, y las plantas y los animales, y cada partícula de vida que existe, debamos alcanzar el Océano Infinito de la Perfección, la Libertad, Dios.

Permitidme repetiros, una vez más, que la posición vedántica no es ni pesimista ni optimista. No dice que este mundo sea todo bueno o todo malo. Afirma que nuestro mal no es de menor valor que nuestro bien, y que nuestro bien no es de más valor que nuestro mal. Están ligados entre sí. El mundo está hecho así, y si lo sabéis, trabajais con paciencia. ¿Para qué? ¿Para qué debemos trabajar? Si tal es el estado de las cosas, ¿qué haremos? ¿Por qué no volvernos agnósticos? Los agnósticos modernos también saben que este problema no admite solución, no se puede escapar de ese mal de maya, como decimos en nuestro lenguaje. Por lo tanto, nos dicen que debemos sentirnos satisfechos y disfrutar de la vida. Pero en eso, a su vez, hay error, un tremendo error, un error enteramente ilógico. Helo aquí: ¿Qué entendéis vosotros por vida? ¿Entendéis sólo la vida de los sentidos? En esto, cada uno de nosotros no difiere sino ligeramente del bruto. Estoy seguro de que no hay aquí nadie cuya vida esté por entero en los sentidos. Entonces, esta vida que llevamos significa algo más. Nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestras aspiraciones forman parte integrante de nuestra vida. Luego, esta lucha por acercarnos al gran ideal de la perfección, ¿no es uno de los elementos más importantes que componen lo que llamamos vida? Según los agnósticos, tenemos que disfrutar de la vida tal como es. Pero esta vida significa, por sobre todo, la persecución del ideal; la esencia misma de la vida es la marcha hacia la perfección. Esto es lo que necesitamos, y por consiguiente, no podemos ser agnósticos, no podemos tomar el mundo como parece ser. El punto de vista agnóstico considera que esta vida, menos el elemento "ideal", es todo lo que existe, y pretende que este elemento no puede ser alcanzado, de modo que debe abandonarse su búsqueda. He aquí lo que se llama maya: es esta naturaleza, es este universo.

Todas las religiones son, más o menos, tentativas por ir más allá de la naturaleza. Ya sea las más rudimentarias o más evolucionadas, que se expresen por mitología o por simbología; por historias de deidades, de ángeles, de demonios, o por historias de santos, de videntes, de grandes hombres, de profetas, o por abstracciones de orden filosófico— todas tienen el mismo objetivo, todas se esfuerzan por ir más allá de estas limitaciones. En una palabra, todas están luchando por llegar a la libertad. Consciente o inconscientemente, el hombre siente que está ligado; que no es lo que quiere ser. Esto le fue enseñado desde el instante en que comenzó a mirar a su alrededor. En ese instante supo que estaba encadenado, y también descubrió que había algo en él que quería volar más allá, allá donde el cuerpo no podría seguir, pero por el momento, estaba encadenado por esas limitaciones. Aun en las ideas religiosas más bajas, en las que se adora a los antepasados y otros espíritus, casi siempre violentos y crueles, que merodean alrededor de las casas de sus amigos y son sedientos de sangre y de bebidas fuertes, aun en esos casos encontramos el factor común, que es la libertad. El hombre que desea adorar a los dioses, ve en ellos, por sobre todo, una libertad más grande que la que él mismo tiene. Si una puerta está cerrada, piensa que los dioses pueden pasar a traves de ella, y que las paredes no los detienen. Esta idea de libertad aumenta hasta llegar ‘al ideal de un Dios Personal, siendo el concepto central que Él es un Ser que está más allá de las limitaciones de la Naturaleza, de maya. Veo ante mí, por así decir, en uno de esos apartados retiros que habían en los bosques, aquellos antiguos sabios de la India discutiendo esta cuestión; y en uno de esos lugares, donde los más ancianos y más santos aun no han hallado la solución, un joven se levanta en medio de ellos y dice: "Escuchad, ¡ oh hijos de la inmortalidad!; ¡ escuchad, oh vosotros que vivís en los lugares más elevados!; yo he hallado el camino. ¡ Conociendo a Aquel que está más allá de la oscuridad, podemos ir más allá de la muerte ! ".

Esta maya está en todas partes; es terrible. Y sin embargo, a través de ella debemos trabajar. El hombre que dice: "Yo trabajaré cuando el mundo se haya vuelto todo bueno, entonces gozaré d.e la felicidad", tiene tantas probabilidades de éxito como el que está sentado al borde del río Gangá y dice: "Vadearé el río cuando toda el agua se haya volcado en el océano". El camino no es seguir maya, sino ir contra ella. Este es otro hecho que debemos aprender. No hemos nacido para secundar a la naturaleza, sino para competir con ella. Somos los amos que ella debe servir, y somos quienes nos cubrimos de cadenas. ¿Por qué está aquí esta casa? No es la naturaleza que la ha edificado. La naturaleza nos dice: id a vivir al bosque. El hombre replica: voy a edificar una casa y a luchar contra la naturaleza; y esto es lo que hace. Toda la historia de la humanidad es una lucha continua contra las llamadas leyes de la naturaleza, y es el hombre quien finalmente vence. Pasando al mundo interior, también allí se libra la misma lucha, esa lucha entre el hombre animal y el hombre espiritual, entre la luz y las tinieblas, y allí también el hombre resulta victorioso. Él desbroza su camino, por así decir, fuera de la naturaleza, hacia la libertad.

Así vemos que los filósofos vedantistas encuentran, más allá de esta maya, algo que no está ligado por ella, y si podemos llegar hasta allá, no estaremos ligados a maya. Esta idea, bajo una u otra forma, es propiedad común de todas las religiones; pero para el Vedanta no es más que el comienzo de la religión, y no su término. La idea de un Dios Personal, Creador y Señor del Universo, como se Le ha llamado, que gobierna esta maya, esta naturaleza, no es el punto final de este pensamiento vedántico, sino el comienzo. La idea se desarrolla más y más, hasta que el vedantista descubre que Aquel que creía lejos de él, no es otro que él mismo, y en realidad, está en su interior. Él es quien es libre, pero que por limitación se creía ligado.

 

Del Libro Gñana Yoga, Swami Vivekananda, Editorial Kier S.A., Buenos Aires.

MAS INFORMAION SOBRE ESTOS TEXTOS EN EL ENLACE http://www.ramakrishna.org.ar

 

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