Caminos a Dios 

 

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El Perdonar, y como limpiarnos ...

Hola bienamados de esta Tierra!!! Este hermano vuestro los saluda con amor. ¿Cómo han estado? Espero que muy bien. Me he sentido muy feliz de compartir con algunos hermanitos una conversación en tiempo real durante el sábado pasado. Si bien no estaré todos los sábados, es muy bueno ver cómo se comunican. Debo ser sincero: el Chat tiene una ventaja que es que no debes esperar por tu respuesta, pero esa también es su desventaja pues se impone un ritmo vertiginoso donde escasean los silencios que a veces también se necesitan. Es muy difícil hablar ordenadamente en un Chat, pero se da como en una charla amena. Algunos sábados, el maestro se hará presente (ya habréis visto su participación en el foro). A propósito de lo que escribió Lakshahara en el foro, los asiduos de este portal se habrán dado cuenta de que relata lo mismo que yo menciono en la reflexión semanal. Este viernes pasado que fui a llevarles los mails de las personas que le escriben, y habiendo pasado bastantes días sin verlo, le hice notar que era una repetición lo que él escribió respecto de lo que yo puse. Él me dijo: disculpa, pero yo no leí la reflexión semanal. Sólo escribí en el foro lo que fluyó en mí.

Quiero decirles que el maestro va a un sitio en un locutorio (en Argentina se le llama así al lugar donde hay cabinas telefónicas y acceso a Internet) para conectarse, y está dando sus primeros pasos en computación. Aquí es un tanto costoso hacer llamadas por teléfono o conectarse a Internet todavía , y él fue directo al foro del que siempre le hablo, y escribió lo que le surgió. Más allá del hecho "aparentemente" coincidente de que ambos escribimos sobre el suceso en que Lakshahara despertó y dijo "soy eterno", es bueno ver que la unión va más allá de la voluntad, y que sentimientos   y pensamientos de maestros y discípulos se sincronizan aún en el inconsciente, como sucede en las parejas que se aman, o en los hermanos muy unidos. No me es nada difícil sentir lo que siente mi esposa, aún cuando mis ojos no la ven. Es muy común que cuando yo le digo algo, ella mencione: estaba pensando justo en eso. Con el maestro, me sucede desde pequeño, que cuando no me he animado a contarle algo, él comienza a relatarme una enseñanza que está directamente ligada a mi conflicto. Cuando estaba yo por hablarle del dolor que estaba causando ver que debía separarme física e inexorablemente de mi primer esposa, pues sentía que no me amaba, él dijo con voz firme y alta: ¿sabes que ya hay una persona para ti, que compartirá una vida sencilla y con metas espirituales, y que ha llegado el tiempo en que dejes de experimentar el dolor kármico de esta pareja? Te lo digo hijo, porque ya ha sido suficiente el tiempo en que demostraste que amas incondicionalmente. Es tiempo de que ames, y seas amado... Yo me quedé perplejo, pero no era sólo porque él pareció adivinar lo que yo pensaba, sino que en ese instante en particular, venía a mi mente la imagen constante del rostro de la que hoy es mi amada compañera de vida. Yo no había tenido trato con ella, sólo sabía que era una chica buena que a veces me cruzaba en los pasillos de mi trabajo. Mi conflicto era muy grande, porque además de sentir el dolor de una separación inminente, mi cabeza estaba dibujando el rostro de una mujer casi desconocida, que hoy es mi amada esposa.

El sábado pasado hablamos en el Chat de la palabra REENCUENTRO. Así sentíamos los que allí estábamos: no que nos encontrábamos, sino que nos reencontrábamos. Es importante comprobar y confirmar estas cuestiones que parecen casuales, pero son causales. Y como nada es casual, hablábamos del DAR como acción.

Antes de proseguir con la reflexión semanal, permítanme hacer un alto para agradecer enormemente a ese puñado de personas que nos han hecho llegar su ayuda en este difícil momento de nuestros país, y también mi reconocimiento a quienes no por falta de voluntad, sino por imposibilidad, se han solidarizado. Este mes gracias a esta ayuda, pudimos seguir pagando el alquiler de la casa donde nos reunimos para recibir enseñanzas. Mil gracias de nuevo a los que se esfuerzan y desinteresadamente nos ayudan.

Ahora sigamos: hablábamos la semana anterior de la mente y sus ciclos, y  cómo de a poco, fluctuamos menos y nos acercamos al equilibrio. Antes aún, hace dos semanas, hablábamos del dar. Y esta semana he elegido que mencionemos otra palabra conflictuante para nuestra mente: PERDÓN.

¿Qué es perdón? Tomemos primero el diccionario. Allí dice: excepción a una persona de una ley o regla, indulgencia, misericordia. Vayamos (como suele pasarnos con los diccionarios) a ver qué es una ley: regla obligatoria y/o necesaria. ¿Y misericordia qué es?: Virtud que nos hace tener compasión de los males ajenos, impulsándonos a perdonar. ¿Y compasión?: Movimiento del alma que nos hace sensibles al mal que padece alguna persona. Y por ahora nos detenemos con las definiciones. ¿Sabes por qué usé un diccionario esta vez? Porque el maestro, cuando era yo más pequeño, al preguntarle por algo que no entendía, me decía: toma el diccionario y fíjate qué quiere decir. Luego de que yo entendía, él volvía a decir: ¿ya entendiste? ahora practícalo...

Sea como sea, el diccionario nos ha enseñado que perdón sería algo así como exceptuar a una persona de una regla obligatoria y/o necesaria merced a una virtud de nuestra alma que nos hace sensibles al mal que padece esa persona.

Y aquí es donde se nos presenta el importante conflicto: LEY vs. PERDÓN. Hay muchas cosas interesantes implícitas en esta cuestión. Primero sabemos que una ley es algo que debe cumplirse. Aún así, una encarnación anterior del instructor decía: la ley (humana) no es sinónimo de justicia... Entonces el dilema es que existen leyes que son hechas para ser cumplidas, y para que todos vayamos de la mano del equilibrio, y alguien la infringe, perjudicándonos, allí vendrá el conflicto: ¿lo perdono o lo condeno? ...

Ahora tenemos otro dilema más: PERDONAR vs. CONDENAR, y ¿de quiénes provienen esas decisiones?, pues de un juez. El juez juzga. Él es quien decide si perdona o condena a quien quebrantó la ley establecida. Y entramos en un nuevo problema, pues bien dijo Jesús en el sermón del monte: No juzguéis, pues con la misma regla que midáis seráis medidos...

En que lío te he metido ¿no es así? Pues ahora tenemos todos estos elementos, que chocan entre sí y a su vez interactúan. Que quede claro que yo no hablo con la profundidad que el maestro explicó la expansión plenaria del perdón días atrás. Yo hablo del perdón cotidiano, de ese al que te enfrentas cuando tu jefe se comporta injustamente contigo en la oficina, o cuando un amigo al que le prestaste algo valioso, no te lo devuelve o lo rompe, pero no tiene intenciones de reparar el daño, o me refiero a eso que sucede cuando descubres que alguien amado te ha mentido. ¿qué harás ahora? Tienes un problema ¿verdad? y encierra a varios problemas a la vez.

¿Y quieres que yo te de una respuesta o una solución? Espera allí sentado siglos, pues no lo haré. No soy un maestro, sino tu compañero de camino. Yo también me enfrento con estas dualidades ¿o qué creías? Yo también me enojo cuando soy engañado, o regañado injustamente, o cuando se me hace daño. Luego la acción de perdonar no se desencadena automáticamente. Fíjate que el mismo y frío diccionario acude en un momento en que se acaban sus argumentos a la expresión MOVIMIENTO DEL ALMA , o a la palabra VIRTUD. Entonces hay dos niveles. Uno real donde suceden los hechos que nuestra mente ve. Y uno verdadero, donde se dan las virtudes que manan del alma, y estos movimiento generados en ella, que son la compasión o la misericordia, si llegan a través de una mente limpia, se traducirán en un efecto divino, llamado PERDÓN.

¡ Qué difícil nos es perdonar! ¡Qué difícil nos es perdonarnos! Sí, porque sucede que cuando no hemos perdonado a otros, somos incapaces de perdonarnos a nosotros mismos. Y no somos ecuánimes, ni podemos ser jueces. ¿sabes por qué? Por ejemplo, si un joven roba un auto y su dueña lo ve huir, probablemente llame a la policía denunciando al delincuente, enfurecida. ¿Qué sucedería si a la vez, la madre del joven contempla la escena y ve cómo su hijo roba el auto? ¿llamará a la policía para denunciar a su propio hijo, a su propia sangre, o sentirá el conflicto y se debatirá entre denunciarlo o hacer de cuenta que nada vieron sus ojos?

Te daré una pista: Perdona 70 veces 7 ¿Recuerdas esa frase del Cristo? o la que decía perdona a tu enemigo. ¿Por qué si hay una ley de lo que debe hacerse, el mismo que nos la ha hecho conocer, como Moisés a través de los mandamientos, envía a otro Maestro, y nos transmite que debemos perdonar a quien la quiebra?

No es tan complicado: es porque también existe una LEY DEL PERDÓN. El perdón, querida alma hermana, tiene un don y una recompensa en sí misma, que no debe ser buscada: NOS LIMPIA.

Quien perdona se vincula indefectiblemente al amor. Y quien se vincula al perdón y al amor, está haciendo que su alma surja por encima de sus conceptos y reglas mentales y morales, las traspase, y ejecute una acción divina. Pero he aquí otro problema: no sea cosa que mi ego diga YO PERDONÉ, porque ahí estaremos en un nuevo problema. Uno no debe ser el hacedor. Debe decir: Señor, que se haga TU VOLUNTAD y no la mía.

¿ O no dijo el mismo Jesús en la cruz donde agonizaba: PERDÓNALOS PADRE, PUES NO SABEN LO QUE HACEN...? Fíjate que dijo Perdónalos Padre y no dijo: YO LOS PERDONO...

Reflexiona en esto, medítalo mucho, porque bastante de tu camino tendrá que ver con el dar, y con el perdonar, sin que haya ninguna recompensa quizá por ello. Y ahora te diré como el maestro: ¿has entendido? ahora practícalo!

Aún así si te sirve de consuelo, lo practicaremos juntos, ¿quieres? Y también si quieres, hazme el favor de exponer tus vivencias respecto al perdón en el  foro . Por último te dejaré un pequeño cuento que quizá ya conoces, pero que tiene que ver con esto, y tal vez te ayude a comprender más y a perdonar más:

Había a orillas de un lago, un monje ermitaño caminando y recitando su mantra. Al posar su vista sobre el agua, vio muy cerca a un escorpión que había caído y se estaba ahogando. Extendió rápidamente su mano cerca del escorpión, y éste subió a ella, mientras el monje replegaba su brazo para ponerlo a salvo, en tierra firme. Una vez que el escorpión se veía seguro, rápidamente preparó su aguijón, y sin perder el tiempo lo clavó de lleno en la palma de la mano del monje. Éste, dolorido por la ponzoña, naturalmente sacudió la mano, con lo que el escorpión volvió a caer al agua. Ni bien el monje se vio un poco aliviado, observó que de nuevo el insecto nadaba infructuosamente tratando de salvarse. Nuevamente repitió el gesto, y extendiendo su mano lo sacaba. De nuevo el escorpión lo picó, y él lo volvió a soltar. Y así varias veces, mientras un hombre desde cerca miraba la escena. El hombre, extrañado y harto de ver esto, fue rápido hacia el monje y le dijo: Ya basta! ¿es usted idiota o qué? ¿no ve que cada vez que ayude al escorpión éste lo picará?. El joven monje, con una natural sonrisa y su mano hinchada por el veneno, le respondió: no puedo evitarlo señor, la naturaleza del escorpión es picar, y la mía es ayudar...

Tal vez, más allá de esta aleccionadora parábola que te dejo, habrá que buscar la forma en todo de lograr que si salvamos a un escorpión del agua, no lo hagamos con nuestra mano, sino con una rama. Esto significa, no ser protagonistas ni hacedores, sino utilizar nuestra mente como instrumento. Pero ese es otro tema. Agradezco tu amor y atención, y que opines luego en el foro ¿nos vemos la semana próxima? Gracias y a tus pies por siempre. Tu amigo, hermano y servidor, Vivekamukti

 

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