Caminos a Dios 

 

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Pedid y recibiréis...¿es cierto?

Dijo Jesús: "De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiéreis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre: pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo..."

Pero también dijo al llegar su hora:"Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora. Mas por esto he venido en esta hora. Padre, glorifica tu nombre!" (Del evangelio de Juan)

Y es así como comienzo, con estas contundentes palabras, la reflexión semanal para vosotros amadísimos míos. ¿Quien de nosotros puede decir: yo jamás me he desesperado?. Creo que nadie, excepto los nacidos libres en conciencia. Desde que nacemos, cuando algo nos sobrepasa o excede, PEDIMOS. Solemos pedir ayuda, auxilio, alivio, curación, solución, y muchas cosas más. A la primera que le pedimos cuando ni sabemos articular palabra es a nuestra madre: es la única que conocemos, la que está con nosotros abrazándonos, la que nos da todo cuanto le pedimos. Con los meses, sabemos que el padre está allí, velando por nosotros, y aprendemos a pedirle a él también.   Luego crecemos,  y aprendemos a pedir a otros. Después de más tiempo, aprendemos a no pedir, y a obtener. Aún después de más tiempo, cuando han pasado los años, somos conscientes de nuestra condición humana y sus limitaciones, y ¿qué volvemos a hacer si estamos necesitados? Pedimos, porque sabemos que hay cosas que no podemos obtener según nuestra voluntad. Pedir es natural en el hombre ¿por qué avergonzarse de ello?.

Ahora bien: también se nos ha dicho que Dios conoce nuestras necesidades antes de que se las pidamos. ¿Para qué pedir entonces? ¿Como nuestro Padre-Madre puede hacernos faltar lo necesario? Sin embargo, muchas veces nos falta lo que creemos necesitar. Y acá empiezan ahora los problemas en la reflexión (esta es la parte que me gusta, porque ahora mis queridos entran en el bosque en llamas junto a mí, y eso se verá luego en el foro, donde todo aflora!). ¿Qué hace un bebé cuando tiene hambre?. Primero articula sonidos suaves, luego mira el pecho de su madre. La madre sigue ahí sin alimentarlo. El pequeño ya comienza a emitir sonidos más fuertes, creyendo que su madre lo entiende. Cuando la madre sigue sin responder a su necesidad, el niño GRITA. Allí, la madre escucha, no tiene más remedio que prestar atención, aunque todavía no ha identificado con claridad la necesidad de su hijo. Como el niño desespera, su grito se transforma en llanto desesperado. La madre no puede ver al niño sufrir: LE DARÁ TODO.  

¿Saben que este proceso sucede en forma similar cuando uno ora? Esto quiero que vean. Yo sé que muchos de vosotros oran, cada cual a su manera, y que otros no creen demasiado en la oración. Algunos otros creen más en la forma de Saint Germain de los DECRETOS. El decreto es en sí, sabernos poseedores de lo que nos pertenece de por sí, y con autoridad manifestarlo.

Recuerdo algo muy bello de Sri Ramakrishna, que yo repetía en mis momentos de desesperación, y que decía: ¡Padre, bueno o malo soy Tu hijo; haz brotar en mí Tu recuerdo!. Esto es una mezcla de oración y decreto.

El punto al que nos enfrentamos ahora es el siguiente: ¿Qué nos dará Dios: lo que pedimos o lo que necesitamos?. Porque necio sería negar que quien pide, espera recibir. Pero pocos son los que dicen como Jesús al concluir su pedido: Mas hágase Tu Voluntad y no la mía.

Pero fíjense bien esto: Jesús como hijo, pidió a su Padre. Pero también como hijo, confió en que la sabia voluntad de Su Padre, era lo mejor para él. Una madre sabe que no todo lo que el niño demanda le es bueno, así que sabiamente y con el menor conflicto posible, le da al niño lo que éste necesita. A veces coincide lo que el pequeño pide con lo que el padre considera que le hace bien. Pero cuando no es así, el pequeño se enoja, y vuelve a llorar a gritos. El padre tiene ahora dos opciones: o cede a este nuevo comportamiento del niño (llamado comúnmente capricho) o se mantiene ecuánime hasta que el niño con el tiempo o el resultado, aprenda que lo que le fue dado era en verdad lo que él necesitaba.

Así nos sucede cuando demandamos de Dios cosas, cuando le pedimos a nuestro Padre-Madre según consideramos en ese momento que ello es lo mejor para nosotros. Cuando Él no nos da lo que hemos pedido, o nos da otra cosa, comenzamos a gritar de nuevo.

En todo ello hay enseñanza hermanos míos, y supremo bien más allá de lo que entiende nuestra cabeza. Recordad que el Buen Padre, en VERDAD todo lo sabe antes de que se lo pidamos. Aún así debemos pedir, porque somos hijos.

Quiero que me habléis de esto en el foro, de qué esperáis cuando pedís, de qué sucede cuando recibís o no recibís lo que habéis pedido.

Y por último, y ante una hermosa conversación que han tenido algunos de vosotros, sumado a conflictos que han  tenido otros, y a conflictos que vendrán, mi amada compañera me acercó esta nota que habla exactamente de un tema que produjo muchos cambios de palabras en el foro. He decidido incorporarla, para que veáis más de lleno aquello que nos pone en conflicto. A ver qué os parece:

EXTRACTO DE UNA CHARLA ENTRE ANDREW COHEN Y EL YOGUI AMRIT DESAI

(En azul, lo escrito por el Andrew Cohen>>)

 

Cuando en 1960 Amrit Desai llegó a Estados Unidos, su propósito era estudiar bellas artes y diseño en Filadelfia. Mientras seguía sus estudios trabajó en varias empresas textiles y de diseño. AI poco tiempo, sin embargo, comenzó a enseñar en su nuevo hogar de Filadelfia otro arte, por entonces bastante desconocido en América: el del hatha yoga. En su juventud había sido fiel discípulo del Swami Shri Kripalvanandji; luego lo fue de Bapuji. La escuela de yoga que Desai creó tuvo tanto éxito que a la postrer abandonó su carrera de diseñador artístico y se dedicó por entero a la enseñanza. Recibió su shaktipat o iniciación formal de su gurú en 1969 y a principios de la década del setenta ya se había acreditado como maestro del kundalini yoga con todo derecho, capaz de despertar en los demás la energía suprema, kundalini-shakti. Fueron muchos los que experimentaron en su presencia un asombroso despertar.

Desai fundó un ashram en la localidad de Sumneytown, Pensilvania, y a medida que se divulgaban sus espectaculares efectos sobre la gente, fue invitado a enseñar en todo Estados Unidos y Canadá. Después de algunos años, dejó de centrarse en la experiencia de la shakti y comenzó a poner mayor énfasis en los principios de una vida holística. Creó un nuevo estilo de yoga basado en la práctica suave de las asanas en un flujo ininterrumpido, con el soporte de la respiración. Más que el perfeccionamiento de las posturas o de las técnicas respiratorias, su objetivo era el cultivo del percatamiento consciente y desapegado del proceso.

En 1979 fundó en Lenox, Massachusetts, el Centro Kripalu de Salud Holística. Incorporó el hatha yoga y el raja yoga adaptados al enfoque moderno de una vida sana. El centro pronto se convirtió en un éxito fenomenal, albergando a más de mil visitantes por mes en instalaciones atendidas por un plantel de casi trescientos yoguis que residían allí en forma permanente.

Pero un día se rompió el encanto. El yogui Desai era casado, pero fomentaba en sus discípulos un celibato estricto. En I 994 se descubrió que el maestro no vivía a la altura de sus enseñanzas y que había cohabitado en secreto con varias de sus alumnas. Esto desató un escándalo; la comunidad quedó desgarrada y a él se lo echó, literalmente, de su propio ashram, dejando tras de sí una oleada de intensa ira y profunda desilusión.

Mientras las repercusiones de esta conmoción penetraban en toda la comunidad norteamericana del yoga, recuerdo mi propia decepción. En efecto, para mí el yogui Desai era el último de los pioneros modernos del yoga en Occidente, y, al menos hasta ese momento, estaba libre de toda maledicente sospecha. Uno podía suponer que la poderosa combinación de una autodisciplina magistral, la capacidad de concentración y el éxtasis espiritual forzosamente debían dar por resultado un enorme autocontrol y desapego de las pasiones mundanas, así como un alto grado de' conciencia moral. Sin embargo, la norma parecía ser que estos maestros estaban muy lejos de ese nivel.

Otro de los motivos de mi frustración es que con el escándalo que provocó, Desai había proporcionado a los escépticos una nueva razón para tener poca fe en nuestra capacidad de trascender los instintos inferiores y de convertirnos, en este mundo oscuro y cínico, en encarnaciones vivientes de una radiante pureza espiritual.

 

Durante años, en mi propia tarea como maestro, recibí mucha publicidad negativa por atreverme a sostener que incluso en este mundo tan dividido era posible volverse un ejemplo de absoluta sencillez; hechos como éste me dejaban cada vez más solo.

Después de un tiempo de retiro, Desai retomó su carrera docente; hoy su popularidad ha vuelto a crecer y es nuevamente reconocido como un gran maestro. Sigue viajando por el mundo como antes y fue recientemente invitado por Deepak Chopra a una presentación con motivo de las celebraciones del nuevo milenio. Además, Chopra le ha encomendado ser el principal maestro espiritual del nuevo,ashram que planea fundar.

Cuando se me presentó la oportunidad de conversar con el yogui Desai, me pregunté: ¿Qué podría decir este maestro en torno del tema del ego, teniendo en cuenta lo que le había pasado? ¿Acaso su experiencia no venía a confirmar mis sospechas de que la maestría en el yoga no debe equipararse con la muerte del ego, el eterno enemigo de la iluminación?

 

La fe absoluta que se deposita en el papel del gurú o maestro como ejemplo y modelo de rol me lleva a replantearme la enorme carga que asume automáticamente cualquiera que se atreva a mostrar el camino a los demás. En estos tiempos prevalece un gran escepticismo en cuanto a lo que es posible lograr mediante la práctica espiritual, y uno de los principales motivos es la desilusión que sufrieron muchos como consecuencia de las muy publicitadas falencias de numerosos gurúes y maestros de nuestros días. Si no tiene ante sí el ejemplo de una vida libre de contradicciones fundamentales, ¿cómo podría alguien creer que le es posible liberarse en esta vida, y por ende estar dispuesto a correr el riesgo de someter su yo?
Un maestro iluminado sigue viviendo como ser humano. Si se pretende que el maestro sea total, que haya puesto fin a todo su karma, que sea ciento por ciento puro y lo haya superado todo, el sistema no funciona. Existe una falsa idea de lo que son los; maestros iluminados. En la medida en que estén encarnados en un cuerpo no hayan alcanzado aún el nirvikalpa samodhi (el estadio más alto), manifestarán todo el ego humano, las tentaciones, las preferencias y rechazos, sólo que en un plano mucho más refinado: consciente. El ego seguirá ahí. La teoría de que hay que encontrar un maestro perfecto es problemática, porque siempre se le descubrirá alguna falla.
Sin embargo, se dice que toda práctica espiritual que tienda a la liberación tiene como único propósito matar al ego. Desde su perspectiva como maestro de yoga, ¿podría definir qué es el ego?
En rigor, el ego es nuestro sentido interno del "Yo soy", y es algo que nadie puede evitar. Este sentido del «Yo soy» es una identificación que posee distintas expresiones en las diversas etapas de la evolución. Nuestra primera experiencia v de «Yo soy» nos hace identificarnos directamente con el cuerpo y se vincula con su supervivencia. Luego nos damos cuenta de que tenemos un cuerpo, pero no somos el cuerpo.A continuación advertimos que tenemos una mente, pero no somos la mente. Tengo mis emociones, pero no soy mis . emociones. Tengo opiniones, pero no soy mis opiniones. Tengo un cierto concepto de mí mismo, pero no soy ese concepto. El yo no es una entidad inútil o de la que haya que desembarazarse. Debe ser purificado tomando clara conciencia de quién soy realmente.
¿Puede describir cómo se produce esa purificación ' en el camino del yoga?
En el ashtanga yoga, o yoga de las ocho ramas, tenemos la práctica de los códigos éticos y morales de conducta (los yamos y niyamas), de las posturas (asanas), del control de la respiración (pranayama) y de un estilo de vida apropiado, simple, equilibrado y eficiente. Esto crea las condiciones adecuadas para purificar el medio interno y para que uno pueda comenzar a vibrar naturalmente a frecuencias cada vez más sutiles. Y a su vez hace que queden a nuestro alcance ciertos estratos de la vida que pertenecen a un nivel mucho más sutil aún, al que no puede captárselo mediante la biología ; o el intelecto. Es, pues, una purificación del cuerpo, la mente y el corazón.

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Usted tuvo fe absoluta en su gurú. Estoy seguro de que si hubiese comprobado que había una discrepancia entre las palabras y los hechos de su maestro, eso le habría inoculado alguna duda en su propia fe y en su capacidad para hacer la tarea que llevó a cabo en estos años. ¿No es así?
Es así en cierta etapa, pero luego vienen otras etapas de crecimiento en las que más que la perfección del maestro lo que importa es la fe del discípulo. Y esta fe puede operar en un plano más profundo, incluso que aquel en que opera el maestro. Lo que un discípulo obtiene de un maestro se relaciona más con su propia fe y confianza que con lo que el maestro haya podido lograr en alguna ocasión. La mayoría de las personas necesita ejemplos vivientes. La fe en un ejemplo viviente es lo que le permite confiar al buscador espiritual. Es como tirarse de un acantilado o de un avión sin paracaídas. Sin esa confianza, toda duda básica sobre el maestro hará que el corazón se cierre. La función del gurú consiste en ayudar al discípulo a enfrentar todos sus temores e inseguridades, sin eso no hay avance alguno. Pero cuando el gurú inicia este movimiento, es seguro que el discípulo manifestará temor y resistencia. Si uno cree que la base de la relación maestro - discípulo es la confianza, o piensa que el gurú debe brindar un ejemplo de perfección, el asunto no camina. El gurú hará que salgan a relucir tantos temores en el discípulo, que éste se verá tentado de empezar a ver los puntos flacos del maestro.
Yo me refiero a la capacidad de vivir libre de contradicciones fundamentales.
Tal vez el tema se aclararía un poco si dijeras cuáles son esas contradicciones que estimas fundamentales.
Bueno, por ejemplo, que no haya contradicción entre las enseñanzas del maestro y su modo de vivir.
Esa es una cuestión de interpretación
¿Le parece?
Sí. Un hecho muy conocido es que cuando un terapeuta lleva al paciente a cierto grado de conexión con sus traumas del pasado, hay cosas que éste no quiere enfrentar como debería hacerlo para romper sus bloqueos, y entonces comienza a dudar del terapeuta. Lo mismo sucede entre el gurú y el discípulo. Por esa razón, ciertos gurúes son una verdadera prueba para sus discípulos. Había uno que iba a visitar a una prostituta pero antes se aseguraba de que todos sus discípulos lo vieran. Pasaba la noche con ella, y al día siguiente salía de la casa y preguntaba quién quería ser todavía su discípulo. En la India suelen someterte a estas pruebas; algunos de los más grandes maestros lo han hecho. La función del discípulo es... ellos lo dicen con un refrán: "Hay que saber separar la leche del agua como lo hace el cisne".
Sin duda, saber discriminar. El discípulo no debe actuar ciegamente llevado por sus groseros juicios morales, que están condicionados por la cultura en la que vive. Debe cultivar una mayor comprensión. ¿Es eso lo que quiere decir?
Claro, una mayor comprensión. En Estados Unidos algunos dicen: «Si es como Nityananda, con ese cuerpo pesado y ese vientre enorme, ¿cómo puede ser un gurú?" Si alguien adhiere a ese concepto, nunca encontrará el maestro adecuado.
No, pero imagino que si Nityananda dijese que para emprender seriamente una vida espiritual no hay que comer más que una manzana por día, y luego se lo viera a ese panzón engullir diariamente cualquier cantidad de comida, habría algún problema. Ese sería un ejemplo de una contradicción fundamental. A eso me refiero.
Siempre tiene que haber un cierto grado de integridad.
Lo que yo quería decir es que si se está hablando de la iluminación y de una verdadera transformación espiritual, el discípulo, para dar ese salto que le haga trascender su mente, debe poder confiar en la integridad del gurú como ser humano.
Y lo que yo quiero decir es que la duda no la crea el gurú, la crea el discípulo.

 De "Uno mismo", Junio del 2000

¿Qué me dices? Creo que se puede seguir con el tema de la duda entre el maestro y el discípulo, en relación al tema que desarrollamos: pedid y se os dará (pero no necesariamente lo que pidáis!!!)

 

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