Caminos a Dios 

 

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Reflexión de esta semana: ¿VALE LA PENA?

Una vez más tu estás allí, viendo lo que escribo para ti durante esta semana de agosto. El tiempo pasa, ¿verdad? pero el tiempo es una gran y creíble ilusión. Así pues que, mientras transitamos este gran juego de la vida en la Tierra, juguemos juntos, a ver qué podemos sacar en claro. La semana anterior dejé unas preguntas flotando, y la mayoría de vosotros sois muy tímidos. Sólo uno las respondió en el foro, y a veces me pregunto el por qué. Les contaré algo: cuando en esta semana visité como de costumbre al maestro, él me dijo que quería que yo observase, que sea testigo de la belleza de la vida, que disfrute. Le dije que lo estaba intentando. Más tarde y muy sonriente me preguntó: ¿y qué pasó con lo que les ofrecí a tus hermanos sobre tomar una enseñanza espiritual seria y decidida? Por supuesto, él ya conocía la respuesta. ¿Sabes tú cual es esa respuesta? Te lo diré, no para que ejecutes una acción con tu mente luego de leerla, sino para que reflexionemos juntos como acostumbramos siempre, con sinceridad y lealtad, las mismas que yo intento volcar cada vez que actualizo esta página semana a semana pensando en ti.

La respuesta que debí darle es esta: hasta ahora, sólo dos personas  han respondido. El maestro me preguntó a qué se debía que casi nadie responda la oferta de un instructor. Con total sinceridad y tensión en mi rostro le respondí: sinceramente, creo que a casi nadie le importó tu oferta.  Y allí me quede en silencio, mientras el seguía sonriéndome, y acariciando mi cabeza con su mano, como un padre que calma a su hijo compungido. Me preguntó: ¿por qué te afliges tanto por tus hermanos de este mundo?,¿no te he pedido acaso que disfrutes?

El punto es algo real: en todo este tiempo que he estado con el maestro, he tenido hermanos contados con los dedos de mi mano que realmente han querido tomar el compromiso y mantenerlo. Y no es que se trate de que la vida espiritual es un sacrificio inimaginable que nadie puede realizar. Por el contrario: mucho más duro es mantenerse en la vida del mundo cotidiano sin abrazar de lleno a Dios. ¿O acaso por ventura crees que soy yo un superdotado? Siempre te lo diré, y no me cansaré: soy uno más como tú, con las mismas luchas y batallas, sólo que soy muy terco, y no me doy por vencido fácilmente. Cuando caigo ( y caigo muchas veces y de manera estrepitosa) gimoteo y me lamento un buen rato pidiendo a mi Padre que me ayude a levantar, mas mi Padre sabe que ya puedo levantarme si me esfuerzo, y una vez que Él ve que lucho por alzarme, me levanta aún más alto, y luego cura mis heridas, pero no las hace desaparecer, para que recuerde mi persona que caer es necesario para evolucionar. Pero, como decía la principio de este párrafo, sólo unos pocos se han mantenido junto al maestro. Sai Baba tiene millones de adeptos, y aún así es cuestionado en muchas cosas. Mi maestro se muestra pequeño y humilde, la mayoría de sus acciones por el hombre no son vistas, vive en sencillez, y habla con dureza y dulzura al mismo tiempo, cuando a veces mantiene silencios de semanas. No viste túnica ni hábitos. Los que han venido a verlo alguna vez, han estado un tiempo, hallaron consuelo y se marcharon, mas él sigue trabajando con ellos a la distancia.

De hecho, nunca lo verás ( a menos que por algo excepcional lo determine) materializando objetos, o hablando a multitudes. Eso es lo que mi alma ama de este ser. Y a veces, en medio de mi silencio, me hago la pregunta del título cuando veo que nosotros nos retiramos y él queda meditando en su aposento, enviando su prana a quienes lo necesitan. Pregunto: ¿vale la pena? y la respuesta por supuesto es SÍ, porque el ser espiritual no tiene elección, no puede negar su amor al hermano y a cada cosa, porque cada cosa se ha vuelto Dios.

No creas que jamás discutí o dudé de mi maestro. En las historias que están el el portal, podrás ver los conflictos que me hizo atravesar para trascender mi error. En la vida espiritual nada es casual, y creo que a esta altura ya lo has comprobado. Pero nuestro trabajo es de hormigas, no hemos nacido iluminados. La hormiga camina kilómetros hasta que da con el rosal, y una vez que da con él, debe subir por tallos llenos de espinas hasta llegar al pétalo, y una vez que lo consigue, debe cargarlo, y encontrar el camino de retorno a su hogar, pudiendo ser aplastada en cualquier instante. Eso somos mi amado viajero interior, hormigas pequeñas en busca de la rosa más hermosa y suprema jamás concebida: Dios.

Claro que vale la pena trabajar por este mundo, y ayudar como se pueda y como se sepa. Amar sin dudas, creer aún a punto de morir, mirar a nuestro semejante, y ver que Dios habita en él más allá de su ego. Porque el otro no es más ni menos que nosotros mismo en algún punto de la evolución por delante o detrás del nuestro. El otro, mi amada alma, no es otra cosa que yo. Por lo tanto: VALE LA PENA.

Y otra cuestión que vale la pena, y que ha sido objeto de debate, y de preguntas interminables que me han llegado por email, es tratar de entender uno de nuestros principales conflictos. Es así que pasamos ahora a la lectura que he elegido para ti esta semana, porque sé que hay un elemento de discordia en la mente que debe ser trascendido y desmitificado. Se trata de la vida espiritual y el sexo. Sí, estas palabras que tantas veces nos traen conflcitos, porque creemos que la segunda va asociada al pecado por los cristianos, judíos, y otras religiones que han enfermado al hombre. Entiende bien: no he dicho que Cristo o Buda o Moisés han enfermado al hombre sino las religiones que las personas formaron para adorarles. Pero como sé que muchos no podemos fluir libre y naturalmente con este punto, que a veces es visto como algo sucio que nos aleja de Dios, decidí transcribir este párrafo de uno de mis libros más queridos. Así que los dejo en compañía del Baghavan Sri Rajnesh para que les enseñe cómo comprender este punto. En lo que a mí respecta, los abrazo fuertemente con todo mi amor, y quedo siempre a vuestros pies, deséandoles una hermosa e intensa semana, y que el Padre derrame su Luz en vuestro ser. Hasta la próxima !!!

 

DE LA REPRESION A LA LIBERACION (Extracto del libro "Del Sexo a la SuperConsciencia" de OSHO)

Una mañana temprano, antes de la salida del sol, un pescador fue al río. Cerca de la orilla sintió algo debajo de sus pies, y descubrió que era una pequeña bolsa de piedras. Recogió la bolsa y echando la red a un lado, se acuclilló a la orilla del agua, esperando la salida del sol. Estaba esperando la luz del día para iniciar su trabajo diario. Perezosamente cogió una piedra de la bolsa y la lanzó al agua. "Plop", se oyó en el agua. Entretenido con el sonido lanzó otra piedra. A1 no tener otra cosa que hacer, siguió lanzando las piedras, una por una... Poco a poco el sol se levantó. Llegó la luz. Ya para entonces había lanzado todas las piedras, excepto una. La última piedra estaba en su palma. Su corazón casi le falló cuando, a la luz del día, vio lo que tenía en la mano. ¡Era una piedra preciosa! En la oscuridad, había arrojado muchas de ellas. ¡Cuánto había perdido sin darse cuenta! Lleno de remordimientos, se maldijo a sí mismo, sollozó, lloró y casi enloqueció de pesar. Por accidente, se había encontrado con una gran riqueza que podría haberle proporcionado un extraordinario bienestar en su vida. Pero sin darse cuenta, la había perdido en medio de la oscuridad. Y sin embargo, era afortunado, pues aún le quedaba una gema : la luz había llegado antes que arrojara la última "piedra".

En general, la mayoría no es ni siquiera tan afortunada. La oscuridad te rodea por todos lados, eI tiempo se va consumiendo, el sol no se levanta y ya hemos desperdiciado todas las gemas de la vida. La vida es un gigantesco tesoro, y el hombre no hace otra cosa que desperdiciarla. Cuando llegamos a damos cuenta de la importancia de la vida, ya se nos ha escurrido entre los dedos. Los secretos, los misterios, la felicidad, la liberación, el paraíso: todo lo hemos perdido. Hemos malgastado la vida. En los próximos tres días, tengo la intención de hablar acerca de los Tesoros de la Vida. Es difícil instruir a la gente que trata la vida como a una bolsa de piedras. Esta gente se irritará si les señalas el hecho de que lo que están arrojando no son piedras, sino joyas. Se enfurecerán. No debido a que lo que se les dice sea falso, sino porque se les demuestra su insensatez. Se les recuerda lo que han perdido. El ego hace su aparición. Sin embargo, sin importar lo que se haya perdido hasta ahora, si aún queda un poco de vida, si sólo queda una "piedra", aún puede ser salvada. Nunca es demasiado tarde para aprender. Incluso uno podría beneficiarse. Y especialmente en la búsqueda de la Verdad de la Vida, nunca es tarde; no hay motivo para apocarse.

Sin embargo, debido a nuestra ignorancia, en medio de la oscuridad , hemos dado por sentado que la bolsa de la vida no es otra cosa que una colección de piedras. Los caprichosos han aceptado la derrota antes de hacer un esfuerzo en la búsqueda de la verdad. Para empezar, deseo advertirles en contra de la trampa del fatalismo, la ilusión de este falso fracaso. La vida no es un montón de arena y piedras. Si tienes la actitud correcta para verlo, encontrarás muchas cosas buenas en la vida. Encontrarás en ella una escalera para llegar a Dios. En nuestro cuerpo hecho de sangre, carne y huesos, existe algo, alguien que se halla separado de estas cosas. No guarda ninguna relación con la sangre, la carne y los huesos. Está allí, aun en el cuerpo físico, que nace hoy y muere mañana. Es inmortal. No tiene ni principio ni fin. Esto, lo que no tiene forma, se encuentra aun en la misma muerte. Desde la oscuridad de la ignorancia anhela y busca esta llama imperecedera. La llama inmortal se halla oculta tras el humo mortal. No podemos ver la luz. Vemos el humo y retrocedemos. Algunos, los valerosos, buscan sólo en medio del humo, y es así que no pueden llegar a la llama, a la fuente de la iluminación.

¿Cómo realizar el viaje hacia esta llama oculta detrás del humo? ¿Al yo dentro del cuerpo? ¿Cómo podemos comprender cabalmente al Supremo, lo Universal, que se halla camuflado - oculto - en la naturaleza? Hablaré acerca de ello en tres etapas.

En primer lugar, nos hemos cubierto con tales prejuicios, ideas infiltradas y pseudo-filosofías, que nos hemos impedido ver la verdad desnuda. Ya tenemos hipótesis de lo que la vida es, sin saber, sin buscar, sin sentir curiosidad. Se nos ha enseñado durante miles de años que la vida no tiene sentido, que la vida es inútil, que la vida es sufrimiento. Se nos ha hipnotizado para que creamos que nuestra existencia es inútil, carente de propósito, pesarosa. La vida debiera ser despreciada, debiera ser pasada por alto. Se nos ha recitado esto una y otra vez, y es así que ahora sentimos que la vida es un gran caos: sólo es fuente de sufrimiento.

Es a causa de este menosprecio por lo que el hombre ha perdido todo encanto, alegría y amor. El hombre se ha transformado en un bulto informe. El hombre se ha convertido en un turbulento mar de pesadumbre. No es de asombrarse que, debido a estas ideas erróneas, el hombre haya dejado de intentar reflexionar sobre sí mismo. ¿Por qué deberíamos buscar la belleza en un bulto? Y cuando creemos firmemente que la vida es sólo para arrojarla - es sólo una aflicción - ¿qué sentido tiene aceptarla, purificarla y hacerla más hermosa? Creemos que el esfuerzo es inútil.

Nuestra actitud hacia la vida es similar a la del hombre que se instala en la sala de espera de una estación de ferrocarril, como la de un viajero que utiliza la sala de espera. Este hombre sabe que se ha detenido aquí sólo por un rato. Deberá irse pronto. Por tanto, ¿qué importancia tiene esta sala de espera? Ninguna en absoluto. No tiene significado. Tira diversos objetos al suelo, escupe, la ensucia. Es descuidado. No se halla interesado en ningún acto de decencia, después de todo, debe irse en un rato, al oír el TAÑIDO DE LA CAMPANA.

Del mismo modo consideramos la vida como una residencia temporal. La tendencia es: ¿por qué sería necesario buscar la verdad y la belleza en ella? Quisiera enfatizar que esta vida llegará a su fin en su momento, pero que no hay forma de huir de la "verdadera" vida. Podemos cambiar esta casa, este lugar; pero la esencia de la vida permanecerá con nosotros. Y éste es nuestro Yo, con una Y mayúscula. No existe forma alguna de deshacerse de él.

Somos moldeados por lo que hacemos. En último término, nuestros actos nos moldean, para bien o para mal. Modifican y dan forma a la vida y moldean el alma. Lo que hagamos con nuestra vida y cómo lo hagamos indicará nuestro desarrollo futuro. Nuestra actitud hacia la vida guiará el camino de nuestra alma: cómo evolucionará, qué misterios hasta ahora inexplorados - descifrará. Si somos conscientes de que nuestra actitud hacia la vida nos moldeará en el futuro, podremos descartar de inmediato el pesimista punto de vista según el cual la vida es discordante, inútil, carente de significado. Entonces, puede que nos demos cuenta de la falsedad de la creencia de que la vida es pesarosa. Entonces no hay un esquema para las cosas. Entonces, puede que descubramos que todo lo que se opone a la vida es irreligioso.

Sin embargo, en nombre de la religión se nos ha enseñado la negación de la vida. La filosofía de la religión ha estado orientada hacia la muerte, no hacia la vida. Predica que aquello que se halla después de la vida es importante, mientras que aquello que se halla antes de la muerte no tiene significado. Hasta ahora, la religión ha adorado a la muerte, pero no ha mostrado respeto alguno por la vida. En ninguna parte de ella encontraremos la aceptación jubilosa de las flores y frutos de la vida, pero sí la hallaremos impregnada de una fe regida en las flores muertas. ¡Eso es cantar loas en la tumba de flores muertas! La especulación religiosa siempre se ha concentrado al otro lado de la muerte: en el paraíso, en la liberación (cielo-moksha-nirvana), como si no le interesara lo que ocurre antes de la muerte. Les quiero decir que si son incapaces de probar lo que hay antes de la muerte, ¿cómo podríamos arreglárnoslas con lo que hay después de la vida? ¡Casi imposible! Si no podemos beneficiamos con lo que hay antes de la muerte, no podremos preparamos o capacitamos para lo que vendrá después de ella. La preparación para la muerte también debe hacerse, en torno a la vida y durante ella. Si existe otro mundo después de la muerte, también allí nos veremos enfrentados a aquello que hemos experimentado en esta vida.

No existe forma de sustraerse a estos efectos, a pesar de lo que se proclama para descalificar esta existencia y renunciar a esta vida.

Yo afirmo que no hay ni podrá haber ningún Supremo ni Dios ajeno a esta vida. También afirmo que adorar la vida es sadhana (práctica espiritual). La verdadera religión consiste en aprovechar la vida misma. Comprender la verdad suprema de la vida es el primer paso prometedor para lograr la liberación. Aquel que se pierda la vida se perderá todo lo demás. Pero la tendencia ha sido exactamente la opuesta: abandonar la vida, renunciar al mundo. La religión no aconseja la contemplación de la vida, no prepara para dirigir la propia vida. No declara que lo único que determina tu vida es la forma en que la vivas. Si la vida parece desalentadora, es debido a que la percibes en forma errónea. La vida puede llenarte de felicidad si conoces la forma apropiada de vivir.

Yo llamo a la religión, EL ARTE DE VIVIR. La religión no es la disolución de la vida, sino un medio para explorar profundamente los misterios de la Existencia. La religión no consiste en volverle la espalda a la vida, sino en enfrentarla directamente. La religión no es escapismo, es abrazar la vida en forma total. Es una comprensión cabal de la vida. Como consecuencia directa del concepto erróneo fundamental de la religión, sólo los ancianos se interesan en ella. Sólo verás ancianos en los lugares de Dios: los templos, las iglesias, las gurudwaras, las mezquitas, etc. ¡No verás jóvenes en su mayoría allí! No verás niños allí. ¿Por qué?... Só1o existe una explicación. Nuestra religión ha sido la religión de las personas de edad avanzada. Teñida del miedo a la muerte, es para aquellos que se hallan al final de sus vidas. Están llenos de ansiedad: ¿Qué habrá después de la muerte? ¿Cómo puede iluminar la vida una religión que se basa en la filosofía de la muerte?

Aun con las enseñanzas religiosas de cinco mil años, esta tierra va de mal en peor. Aun cuando a este planeta no le faltan templos, mezquitas, iglesias, sacerdotes, maestros, ascetas, etc., la gente aún no se vuelve religiosa. Esto se debe a que la religión tiene una base falsa. La vida no se halla en los cimientos de la religión. La religión está concebida en torno a la muerte. No es un símbolo metafórico, sino la lápida de un cementerio. Esta religión torcida no puede vitalizar la vida... ¿Cuál es el motivo de todo esto?

En estos tres días hablaré acerca de la religión de la vida - la realidad viva - y de un principio elemental que de allí se desprende. Al hombre común no se le inspira para descubrir o conocer este principio. En el pasado se ha hecho todo lo posible para ahogar esta ley básica de la vida, para acallar esta verdad. Y el efecto de este grave error se ha convertido en una enfermedad universal.

¿Cuál es el elemento central en la vida común del hombre? ¿Dios? no. ¿El alma? no ¿La verdad? no. ¿Qué hay en el núcleo del hombre? ¿Qué es lo que más estimula al hombre común, desde su "psicología profunda", un hombre promedio que nunca medita, nunca busca el alma, nunca realiza un peregrinaje? ¿La devoción?...no. ¿La oración?...no. ¿La liberación?...no. ¿El nirvana?...no, en absoluto. Si intentamos descubrir el impulso más fuerte del hombre común, si buscamos la fuente de la fuerza vital en el hombre, no encontraremos ni a la devoción ni a Dios: ni la oración ni la sed por conocer. Encontraremos allí algo diferente, algo que está siendo olvidado, que no es enfrentado conscientemente, que nunca es evaluado. ¿Qué es ese algo? ¿Qué encontrarás si dìsectas, analizas el fundamento del hombre, ese "algo" que resplandece en el interior del hombre?

Dejando de lado al hombre y concentrándonos en el reino animal o en el reino vegetal, ¿qué encontraríamos en el núcleo de todo? Observando las actividades de una planta, ¿qué encontramos allí? ¿a dónde conduce su crecimiento? Toda su energía se dirige a producir una nueva semilla. ¡Todo su ser está ocupado en producir una nueva semilla! ¿Qué está haciendo un pájaro? ¿Qué está haciendo un animal? Si observamos en profundidad las actividades de la Naturaleza entera, encontraremos un solo proceso ocurriendo en forma entusiasta, y éste es, una "creación continua" - el proceso de procrear, de crear nuevamente diferentes formas de ser. Las flores tienen polen - semillas -; los frutos tienen semillas. ¿Cuál es el propósito de la semilla? La semilla crecerá y se volverá una planta, una flor, fruto, semilla y así sucesivamente, y el ciclo se repetirá.... El proceso de procreación en el "mundo vivo" es eterno. La vida es una fuerza que está ocupada continuamente en regenerarse a sí misma. La vida es creatividad, es un proceso de autocreación.

Lo mismo es válido en el caso del hombre. A esta pasión, a este proceso, lo hemos bautizado con el nombre de "sexo". También se le llama lujuria. De allí han surgido otros nombres. Se ha transformado en un insulto. Y el acto mismo de desacreditarlo ha contaminado el ambiente.

Y entonces, ¿qué es esta lujuria, pasión? ¿Cuál es el poder del sexo? Desde tiempos inmemoriales, las olas del mar vienen, una tras otra, y se estrellan contra la playa. Las olas vienen, se rompen y regresan. Nuevamente vienen, empujan, luchan, se dispersan y regresan. La vida tiene una necesidad interna de progresar, de ir hacia adelante. Estas olas del mar, estas olas de la vida, tienen en sí una inquietud: existe un esfuerzo continuo por lograr algo. ¿Cuál es este propósito? Es un deseo intenso por lograr una mejor posición. Es una pasión por lograr alturas más elevadas. Detrás de esta energía interminable, la vida lucha por alcanzar una vida grandiosa, una vida mejor.

No hace mucho - sólo unos pocos miles de años - que el hombre apareció en la tierra. Antes de eso, sólo había animales en ella. No hace tanto tiempo que los animales comenzaron a existir. Antes de eso, hubo un tiempo en el cual no había animales - sólo plantas. Y tampoco las plantas han estado en este planeta desde hace mucho. Antes que ellas aparecieran, sólo había rocas, montañas, ríos y océanos.

¿Y con qué motivo se hallaba inquieto este mundo de rocas, montañas, ríos y océanos? Estaba luchando por producir plantas. Poco a poco, las plantas aparecieron en la existencia. La fuerza vital se manifestó en una nueva forma. La tierra se cubrió de vegetación. Siguió produciendo vida, procreó. Surgieron las flores, las frutas. Pero las plantas se sentían intranquilas. No se hallaban satisfechas consigo mismas. El impulso interno las llevaba a algo más elevado. Estaban ansiosas de producir al animal... y al ave. Entonces comenzaron a existir los animales y las aves. Ellos ocuparon este planeta por muchísimo tiempo, pero no había ningún hombre a la vista. El hombre estuvo siempre allí, inherente en los animales, esforzándose por romper la barrera para nacer... Y entonces, en su momento, el hombre apareció.

Y ahora, ¿en qué situación se encuentra el hombre? El hombre está esforzándose incesantemente para crear nueva vida. A esta tendencia la hemos llamado sexo; la llamamos "la pasión de la lujuria." ¿Cuál es la dimensión, el significado de esta "lujuria"? Este impulso básico se dirige a crear, a producir nueva vida. No desea terminar consigo misma... Pero, ¿para qué? ¿Es acaso cierto que desde adentro el hombre está intentando crear un hombre mejor? ¿Una forma de vida más elevada que él mismo? ¿Es acaso cierto que la fuerza de la vida se halla a la expectativa de un ser que es mucho mejor que el hombre mismo? Sabios, desde Nietzche hasta Aurobindo, de Patanjali a Bertrand Russell, han alimentado un sueño en lo más profundo de sus corazones, un sueño en el cual aparece un hombre superior a sí mismo. ¡Un superhombre! ¿Cómo puede surgir un hombre mejor que el Hombre?

Sin embargo, desde hace miles de años hemos condenado deliberadamente a este impulso de procrear. En vez de aceptarle, le hemos maltratado. Le hemos desacreditado hasta hacerle caer al punto más bajo. Le hemos ocultado y hemos simulado que no está allí, como si no hubiera espacio para él en la vida, en la disposición de las cosas. Siendo que la verdad del asunto es que no existe nada tan vital como este impulso, al que debiera adjudicársele el lugar que legítimamente le corresponde. Con ocultarle y pisotearle, el hombre no se ha liberado. Al contrario: el hombre se halla ahora en una situación más enredada y peor que antes. La represión ha producido el resultado opuesto.

Alguien está aprendiendo a andar en bicicleta. El camino es grande y ancho. Hay una pequeña roca a un costado del camino. El hombre teme, estrellarse contra la roca. Existe una posibilidad en cien de que choque contra esa piedra. Aun un ciego tiene las probabilidades totalmente a su favor en cuanto a pasar sano y salvo. Sin embargo, debido al temor a la roca, el hombre se concentra solamente en ella. La roca cobra demasiada importancia en su conciencia. El camino se desvanece de su visión. Se halla hipnotizado, y es atraído por esa roca; y finalmente se estrella contra ella. Un novato choca contra aquello -una roca o un poste de energía eléctrica- de lo cual intenta, por todos los medios, salvarse. Y sin embargo, el camino era grande y amplio, ¿cómo se las arregló este hombre para accidentarse?

Según el psicólogo Kouye, una mente promedio se halla gobernada por la "ley del Efecto Contrario". Nos estrellamos contra aquello que deseamos evitar, pues el objeto del miedo se transforma en el centro de la conciencia: una precaución. Del mismo modo, el hombre ha estado intentando, durante los últimos cinco mil años, salvarse del sexo, y la consecuencia de ello es que se enfrenta con el sexo, en todas sus formas, en todos los rincones de su vida. La ley del efecto contrario ha capturado el alma del hombre.

¿No te has dado cuenta de que la mente es atraída, es hipnotizada por aquello que intenta eludir? La gente que enseñó al hombre a estar en contra del sexo es totalmente responsable del hecho de que la mente humana esté llena de sexo. La sexualidad exacerbada del hombre se debe a enseñanzas pervertidas. Hoy en día, nos sentimos temerosos de hablar acerca del sexo. ¿Por qué sentimos un "temor moral" frente a este tema? Eso se debe a la suposición de que el hombre se volverá más sexual si habla de sexo. Esta idea es totalmente errónea; después de todo, existe una amplia diferencia entre "sexo" y "sexualidad". Nuestra sociedad sólo se verá liberada del fantasma del sexo si desarrollamos el valor necesario para hablar acerca del sexo en forma racional y sana. No podremos trascender el sexo si no  lo comprendemos en todos sus aspectos.

No podrás liberarte si cierras los ojos frente a un problema. Aquel que cree que el enemigo desaparecerá si cierra los ojos, está loco. En el desierto, el avestruz piensa de la misma manera. Entierra su cabeza en la arena y cree que, puesto que no puede ver al enemigo, el enemigo no está allí. Este tipo de lógica es perdonable en el caso de un avestruz, pero en el caso del hombre, resulta imperdonable. El hombre no se ha comportado mejor que un avestruz en el caso del sexo. Cree que el sexo se desvanecerá si lo ignora, si cierra sus ojos. Si milagros como ésos ocurrieran, la vida sería fácil, sería muy fácil vivir en el mundo. Sin embargo, desgraciadamente, nada desaparece con sólo cerrar los postigos. AI contrario: ésta es una prueba de que le tememos, de que su atracción es más poderosa de lo que podemos resistir. Cerramos nuestros ojos porque nos damos cuenta de que no podemos reprimirlo. Cerrar los ojos es señal de debilidad, y la humanidad entera es la culpable.

El hombre no sólo ha cerrado abiertamente los ojos frente al sexo, sino que además, con ello se ha involucrado en una cantidad de conflictos internos. Las devastadoras consecuencias de esto son demasiado bien conocidas como para enumerarlas. El noventa y ocho por ciento de los enfermos mentales -los neuróticos- lo están debido a la represión del sexo. La causa del noventa y nueve por ciento de las histerias y enfermedades similares que sufre la mujer, son desórdenes sexuales. La causa principal del miedo, la duda y la ansiedad -la tensión del hombre contemporáneo- es la presión de la pasión, la lujuria. El hombre le ha dado la espalda a una marejada intrínsecamente poderosa. Sin intentar comprenderla, nuestros ojos están cerrados debido al miedo, y las consecuencias de esto han sido demoledoras.

Para comprender esto, el hombre debiera revisar su literatura, el espejo de su mente. Si un hombre de la Luna o Marte viniera aquí y revisara nuestra literatura, leyera nuestros libros y poesía, viera nuestras pinturas... se sorprendería. Se preguntaría por qué todas nuestras artes y literatura giran sólo en torno al sexo. ¿Por qué todas las poesías, novelas, revistas e historias del hombre se hallan saturadas de sexo? ¿Por qué hay una fotografía de una mujer semidesnuda en todas las revistas? ¿Cómo es que todas las películas hechas por el hombre están hiladas en tomo a la lujuria y la pasión? Estaría perplejo. ¡Este visitante extraterrestre se preguntaría por qué el hombre sólo piensa en sexo!. Se vería doblemente confundido si se encuentra con un hombre y habla con él, pues éste se esforzará mucho por darle la impresión de que no tiene nada que ver con la existencia del sexo.

Y viceversa: el hombre hablará acerca de Dios, el paraíso, la liberación, etc. No dirá una palabra acerca del sexo, aun cuando todo su ser se halla infectado de ideas respecto al sexo. El extraterrestre quedaría estupefacto al darse cuenta de que el hombre inventa innumerables artificios para satisfacer ese deseo del cual no articula una palabra.

La religión orientada hacia la muerte ha llenado de sexo la mente del hombre.

También hemos pervertido al hombre desde otro ángulo. ¡Y eso en nombre de elevados ideales! Le mostramos el pináculo dorado del celibato - brahmacharya - pero no se entrega ninguna indicación para colocar el pie en el primer peldaño, para comprender la base. En primer lugar, debiéramos aceptar y comprender al sexo, el impulso fundamental, y sólo entonces podríamos esforzarnos por trascenderlo, por sublimarlo, que es el modo para alcanzar la etapa del celibato. Sin comprender esta fuerza de vida fundamental en todas sus formas y facetas, todos los esfuerzos por restringirla o suprimirla tomarán al hombre en un loco enfermo e incoherente. No nos concentramos en esta enfermedad principal y hablamos de los altos ideales del celibato. El hombre nunca ha estado tan enfermo, tan neurótico, tan infeliz, tan desgraciado. El hombre está pervertido. Está envenenado desde sus mismas raíces...

FIN DEL EXTRACTO

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