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Que tengas un hermoso milenio, visitante del portal espiritual. Para
comenzar bien el año 2001, te daré un texto de Osho que habla de un controvertido tema:
la amistad entre el hombre y la mujer. Sí, se que tú que estás leyendo esto ahora has
tratado ya este tema con anterioridad en tus sinceras reflexiones. El Baghavan Sri Rajnesh
nos habla aquí de ese vínculo, de la necesidad o no del mismo, de cuando es honesto y
cuando es verdadero. Como es un tema que considero que trae muchas opiniones, sería más
que interesante que opines sobre lo que aquí se dice, haciendo click al final de la
página en el foro de opinión y
espiritualidad
Por lo tanto, amigos del portal espiritual, los dejo en compañía
de Osho, encargado de la primera reflexión de este milenio. Aquí va:
UNA NUEVA VISION SOBRE LA LIBERACION DE LA MUJER

Nietzsche dice en su libro «Así habló Zarathustra», que la mujer es incapaz de ser una
amiga. ¿Puedes comentarlo?
La amistad ha sido uno de los temas más ignorados por la mayoría de los
filósofos. Tal vez demos por sentado que entendemos su significado; de ahí que sigamos
ignorando su profundidad y sus posibilidades de crecimiento, sus diferentes matices y
distintos significados.
Lo más importante es recordar esto: uno necesita amigos porque somos incapaces de estar
solos. Y en tanto que uno necesite amigos no puede ser verdaderamente un amigo, porque la
necesidad reduce al otro a la condición de objeto. Sólo el hombre que es capaz de estar
solo, es capaz también de ser un amigo. Pero en ese caso, no es producto de su necesidad,
sino de la dicha; no surge del hambre, ni de la sed, sino de la abundancia de su amor que
quiere compartir.
Cuando existe una amistad así, no debería llamarse amistad, porque ha adquirido una
dimensión totalmente nueva: Yo la llamo «amigabilidad». Ha ido más allá de una
relación... porque todas las relaciones son, de una forma u otra, ligaduras. Te hacen
esclavo y esclavizan al otro. «Amigabilidad» es simplemente la dicha de compartir sin
ninguna condición, sin expectativas, sin desear nada a cambio, ni siquiera gratitud.
La «amigabilidad» es la forma más pura del amor.
No es una necesidad, no es una exigencia.
Es pura abundancia, es éxtasis desbordante.
Zarathustra dice: «Nuestra fe en los demás tan solo delata nuestro deseo de confiar en
nosotros mismos».
El hombre que cree en los demás es el hombre que tiene miedo de creer en sí mismo.
Cristianos, hindúes, musulmanes, comunistas, budistas,... nadie tiene suficiente coraje
como para confiar en su propio ser. El cree en los otros y cree en aquellos que creen en
él. Es realmente ridículo; tu amigo te necesita, teme su propia soledad; tú le
necesitas porque tienes miedo de tu soledad. Ambos tenéis miedo de la soledad. ¿Piensas
que estando juntos desaparecerá la soledad? Será simplemente redoblada, o quizás
multiplicada, de ahí que todas las relaciones te lleven a sufrir más, a tener más
angustia.
Nadie puede colmar tu vacío.
Tienes que enfrentar tu vacío.
Tienes que vivirlo, tienes que aceptarlo. Y en esta aceptación se esconde una gran
revolución, una gran revelación.
En el momento que aceptas tu soledad, tu vacío, su misma cualidad cambia. Se convierte
justamente en su opuesto, se vuelve abundancia, plenitud, un desbordamiento de energía y
dicha. Si tu confianza surge de este desbordamiento, tiene sentido; si tu «amigabilidad»
surge, será significativa; si tu amor surge ya no será solamente una palabra, sino tu
mismo corazón.
El deseo de tener fe en alguien sólo revela una cosa: eres demasiado pobre, estás
demasiado vacío, demasiado inconsciente. Y éste no es el modo de cambiar tu situación;
esto sólo lleva a falsos consuelos.
No es consuelo lo que te hace falta; necesitas una revolución, necesitas una
transformación de tu ser. Tienes que llegar a un acuerdo contigo mismo. Este es el primer
paso para tener la verdadera confianza, la verdadera amistad, el verdadero amor. De otro
modo tus relaciones afectivas, de amor, de amistad, de fe, no serán más que traiciones.
Estás demostrando y afirmando que estás vacío, que eres indigno, que no mereces nada.
Si no puedes amarte a ti mismo, ¿quién te amará?
Si no puedes ser tu propio amigo, ¿quién será tu amigo?
Si no puedes confiar en ti mismo, ¿quién confiará en ti?
Zarathustra dijo: «Tú mismo eres un esclavo, pero pretendes ser el salvador de tu
amigo». Y lo mismo es cierto acerca de tus mal llamados redentores. Ellos mismos no
están salvados y sin embargo están listos para redimir a todo el mundo... Aún a finales
del siglo veinte, millones de personas siguen creyendo que lo único que necesitan es
creer en Jesús, que él es el único hijo de Dios, y que pueden seguir haciendo lo que
quieran; serán salvados. ¡Demasiado fácil! Sólo necesitan creer.
La primera noche que fui encarcelado en América... el otro prisionero de mi celda, debía
de ser un cristiano muy piadoso. Tenía la Biblia en su cama y se arrodillaba muy
devotamente en el suelo poniendo la cabeza sobre ella. Y un poco más arriba había toda
clase de fotografías pornográficas, recortadas de revistas; había empapelado con ellas
toda la pared. Yo miraba todo esto y cuando terminó sus oraciones, le pregunté:
«¿Quién puso ahí todas estas fotos? ¡Son realmente bonitas!».
«Lo hice yo. ¿Te gustan?», me contestó.
Le dije: «Son preciosas. Yo también soy un hombre piadoso».
Sospechó un poco cuando le dije: «Yo también soy un hombre piadoso».
Y preguntó: «¿Qué quieres decir con eso?»
Le dije: «¿Puedes ver la contradicción? Estás rezando a Dios, con la cabeza en la
Biblia, arrodillado en el suelo y esperando la salvación...»
«Por supuesto que seré salvado. Soy creyente, creo en Dios y creo en Jesucristo»,
contestó.
Y le dije: «¿Y estas fotos pornográficas?»
«No importa», dijo, «Cuando crees en Jesús, tú estás salvado».
Yo le dije: «¡Ah! quizás es por eso... ¿Cuántas veces has estado en la cárcel?».
«Esta es sólo la cuarta vez», me contestó.
Y «¿qué clase de delitos has cometido?»
«De todo tipo, pero siempre rezo por la mañana, y por la noche, cárcel o no cárcel. Lo
demás no tiene importancia; mi fe en Jesús es absoluta y El no puede ir en contra de su
promesa».
Le dije: «¿Tienes alguna garantía? Porque si no aparece el día del Juicio Final, lo
vas a pasar fatal. Si aparecen todas estas chicas desnudas y dicen: es nuestro seguidor.
Todos los días, mañana y noche se arrodillaba frente a nosotras...».
Me miró. Estaba enojado y dijo: «¡Parece que tú no eres cristiano!».
«Yo soy cristiano; ¿por qué sino iba a preocuparme por ti? Pero tú estás postrándote
frente a estas chicas desnudas, fotografiadas en posturas obscenas y pornográficas. Todas
estas chicas se te aparecerán en el día del Juicio Final y yo estaré ahí como testigo,
recuérdalo».
El dijo: «¡Dios mío! He oído hablar de tí. Te vi en televisión, y dicen, quizás con
razón, que eres un hombre peligroso. Perdóname pero no menciones estas fotografías en
el día del Juicio Final».
«Entonces, quítalas» le dije.
«Esto es más difícil. No puedo estar rezando las veinticuatro horas del día y esta es
mi única diversión, recortarlas de las revistas y pegarlas en la pared... Además, yo no
soy el único que lo hace, todas las celdas en la cárcel están llenas de fotos
pornográficas. La cárcel provee todas estas revistas a los presos y al mismo tiempo nos
dan Biblias».
Al día siguiente cuando vino el carcelero, le pregunté: «Les dáis a estos pobres
internos, ambas cosas, Biblias y pornografía. ¿No veis en eso una contradicción?»
El respondió: «Nadie nos había hecho notar esta contradicción antes».
«¿Necesitáis que alguien os la muestre?», le dije. «¿No podéis verla solos?».
Me respondió: «Venga conmigo a mi oficina. Allí podemos discutirlo, no frente a los
presos; usted puede provocarlos».
«Yo no les estoy sublevando contra la Biblia, les estoy provocando contra estas horribles
fotografías pegadas en las paredes. Y usted que ronda diariamente y ve lo que pasa, se
queda callado. A usted también le denunciaré a la prensa cuando salga de aquí»:
«¡No haga esto!» contestó él.
Respondí: «Es lo mismo que me dijo el preso, `No hagas esto en el Juicio Final´».
Hay gente que no es consciente de su profunda tendencia a ser esclavos. Quieren ser
esclavizados porque mientras son esclavos toda la responsabilidad pasa a ser de quienes
los esclavizan. A menos que estés listo para asumir toda la responsabilidad de tu vida,
algo en ti siempre querrá la esclavitud, porque sólo el esclavo está libre de toda
responsabilidad. Pero, un esclavo no puede ser un amigo; él está buscando un amo, no un
amigo. Y lo mismo es cierto por parte del otro... porque lo que estás buscando son
esclavos, no estás buscando amigos. Y nadie que tenga dignidad aceptará ser esclavizado
en nombre de la amistad.
Zarathustra dice: «En la mujer hay siempre escondidas una esclava y una tirana».
Toda responsabilidad recae sobre el hombre. Esto no lo menciona Zarathustra. Tal vez
todavía él piensa en sí mismo, como si fuera un hombre nada más; no ha trascendido la
dualidad de hombre y mujer. Habla de la mujer desde el punto de vista del hombre; por lo
tanto, no se hace responsable.
Por lo demás, mucho de lo que hay de malo en la mujer es por culpa del hombre... El
hombre la ha obligado. Ha hecho de ella casi una muñeca, un objeto de adorno. No la ha
respetado con el mismo respeto que pide para él. La ha obligado a ser espiritualmente una
esclava y, naturalmente, ha existido en la mujer, durante miles de años, un ardiente
deseo de venganza.
Este deseo se manifiesta en pequeños detalles: tortura al marido, se queja y refunfuña
continuamente. Pero quiero que recordéis que la responsabilidad es del hombre. A la mujer
no se le ha dado libertad. Se ha hecho de ella una esclava y ella quiere liberarse de esa
esclavitud, pero se han cortado todos los puentes a su alrededor.
No le has permitido que se eduque, no le has dejado desenvolverse libremente en la
sociedad, no le has permitido tener independencia económica... y la has mantenido
constantemente embarazada.
La has usado. No la has respetado como un ser humano merece. Naturalmente, hay deseos de
venganza.
Ella se venga a su manera: te tortura y te hace la vida imposible, un infierno. Tú has
hecho de su vida un infierno; ella hace de la tuya un infierno. Tu estilo y el suyo son
diferentes, pero el resultado final es que ambos vivíis en un infierno.
La mujer no está capacitada para la amistad, porque no es libre; su individualidad no es
reconocida, su independencia no es respetada. ¿Cómo puede ser una amiga?
Y si ni siquiera conoce la amistad. ¿Cómo puede conocer el amor? Sólo conoce la
injuria. Y odia al hombre por eso mismo, porque conoce perfectamente el sentido de esas
dulces palabras, «amorcito», «cariño» y «te quiero», que no son otra cosa que
preámbulos de la lujuria. Y naturalmente ella reacciona a su manera, le duele la cabeza.
Tú la estás llamado «amorcito» y «cariñito» y ella te está diciendo que tiene
dolor de cabeza.
Tiene su propio estilo para torturarte; tú la has torturado demasiado.
Así y todo, el amor de la mujer es lo más receptivo en ella. Su lógica ha sido
destruida por el hombre; su inteligencia ha sido dañada por el hombre, sólo su amor... A
pesar de que durante siglos se han hecho todos los esfuerzos imaginables para que ella
siga siendo solamente un instrumento útil para satisfacer la sexualidad del hombre, su
amor permanece intacto.
Pero el problema es éste: es muy difícil, incluso para hombres como Gautama Buda y
Zarathustra, elevarse más allá de su género masculino. La mujer continúa siendo
inferior, ajena a las alturas del hombre... Ella sigue abajo, en alguna zona oscura de los
valles.
Si algo vivo queda en la mujer, a pesar de la continua violencia del hombre contra ella,
es su amor. Su amor está en sus ojos, su amor está en todo su ser.
Y ésta es la única esperanza para la liberación de la mujer. Esa es la única esperanza
para que la mujer logre, por primera vez en la historia, su dignidad, su singularidad, su
crecimiento espiritual. No son en absoluto diferentes a los hombres. Zarathustra dice:
«Y, en el luminoso amor de la mujer, también existen el ataque inesperado y el rayo; la
noche junto a la luz».
Nuevamente, la responsabilidad es del hombre. Un hombre y una mujer pueden estar en paz
sólo cuando su igualdad y su singularidad se convierten en un fenómeno reconocido y
aceptado. Sólo entonces puede florecer la amistad. Entonces la noche y el ataque
inesperado desaparecen.
El hombre casi ha vuelto loca a la mujer. Es un gran milagro que sobreviva inmersa en una
sociedad en la que las religiones han sido creadas por los hombres, en la que los
gobiernos han sido creados por hombres; todas las leyes fueron hechas por los
hombres,todas las sociedades fueron concebidas por y para hombres, así como los
sistemas educativos. ¿Cómo ha sobrevivido la mujer? Es un milagro.
A mi entender, este milagro ha sido posible gracias a su amor. A pesar de que el hombre la
ha maltratado, le ha seguido amando. A pesar de haber sido encadenada y esclavizada, ha
continuado siendo madre, hermana, amante e hija.
Su supervivencia frente a tantos atropellos de su personalidad, sólo es posible porque la
Existencia la necesita más que al hombre. La Existencia ha protegido a la mujer porque la
mujer es la madre de donde toda la vida fluye. A través de su amor la vida aún sigue
cantando, sigue bailando aún y todavía queda algo de belleza y algo de gracia en el
mundo.
Las mujeres constituyen la mitad de la población. Si son liberadas, si se les devuelven
sus derechos básicos, finalmente ocurrirá la tremenda metamorfosis que es absolutamente
necesaria.
A la mujer no se le ha permitido contribuir en otra forma más que con niños. Sin embargo
puede contribuir en mucho y la calidad de su contribución será totalmente diferente.
Tendrá más belleza, será más vital, tendrá más amor, será más jugosa.
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