Caminos a Dios 

 

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EL MIEDO A TRASCENDER EL MIEDO (2da. PARTE)

Queridos seres de Dios en esta Tierra:

Recordarán que la semana anterior expuse lo sucedido respecto a mi batalla personal contra el miedo , que es una de las tantas batallas que libramos casi todos nosotros cotidianamente. Los jiva-muktas ( o almas siempre libres), son unos de los seres que no deben trascender el miedo, pues ya lo han trascendido en anteriores encarnaciones, o vienen con ese don en sí mismos. Pero mi caso no es ese, así que querrán saber cómo me fue en la primer parte de la etapa decisiva de esta pelea. Les conté que tomaría un descanso en esta semana de vacaciones, y que justo antes de salir me enteré por un estudio que me realizaron, que hay una anomalía en mi tiroides, a la altura de la base del cuello, y que es una forma heterogénea. No se sabe qué es, pero no es normal. Aún así, mi mente especulativa comenzó a aguijonearme con el peor de los terrores. Todo el contenido de la charla con el maestro está en el enlace de la lectura anterior.

Veamos ahora qué pasó durante estos días, pues les repito que mi intención es que mis defectos y las virtudes sean vistas como reflejo de vuestras propias mentes, no porque les suceda necesariamente lo mismo, sino porque los mecanismos mentales de las personas son similares. Deben aprender de mis errores y aciertos, como de los vuestros. Mi maestro me dijo una vez: "Toda persona es un ejemplo: nacemos en un mundo donde hay otras personas, porque ver al otro nos ayuda a conocernos. Hay personas buenas, otras equivocadas, y unas pocas malas de raíz. Las personas malas de raíz son lacras, y existen como ejemplo de lo que jamás debemos hacer. Refléjate en las virtudes del otro, antes de criticar a alguien, examina tus errores propios. Antes de hablar mal de tu prójimo, será mejor que en silencio pidas a Dios por él, y por tu forma de juzgar. Sé piadoso con el otro como Dios es contigo, porque cuando oras a Dios, dices: y perdóname mis confesiones así como yo perdono a los que me deben... Y esto es lo que Dios hará: tal cual mides, serás medido, así que lo mejor que puede pasarte es que uses la regla del amor, la compasión y la misericordia, no sea que seas hallado en falta por tu forma de criticar a quien está caminando y yerra.

Fueron días de frío y de lluvias. Luego de la charla con el maestro, mi estado de ánimo estaba turbado, conmocionado. Mis defensas estaban bajas, así que casi de inmediato me resfrié. Tosía mucho, me costaba respirar. El lugar adonde fui tenía piletas de agua termal. La temperatura del ambiente era muy baja, a tal grado que salía mucho vapor de ellas. No me sentía nada bien, tenía escalofríos, y mi mente seguía trabajando con la posibilidad de una enfermedad terminal. Aún así estaba con mi esposa y una pareja de amigos, que me contenían mucho. Traté de disfrutar, a pesar del resfrío y del terror, pero uno no está separado: no es alegría o sufrimiento. Es todo, porque hasta ser uno en Dios por completo, se experimenta la dualidad: placer- dolor, agradable-desagradable, lindo-feo, etc. Llevé conmigo el Baghavad Gita (sí, el mismo que transcribí en estas páginas del portal) Leía sobre el discernimiento, pensaba sobre le significado de mi nombre sagrado, veía la manera en que mi mente hizo carne el terror que se alojaba en ella desde pequeño. Fue así que salía y entraba de las piletas calientes al clima frío. Si otros podían, también yo. Quienes lo hacían no eran monjes ni tenían en apariencia cualidades especiales. Sólo eran personas intentando disfrutar, eso que tanto nos cuesta cuando estamos asustados. Mi congestión nasal era grande, pero aún así me zambullía. Mi hermano Nirmala Shanti que estaba junto a mí, me decía: "me alegra mucho que dejes de lado el temor y hagas estas cosas. En otros tiempos no lo hubieses hecho. No estás peleando contra el frío, sino contra tu mente. Rescata lo bueno de tu paso en el camino, porque el maestro se alegrará cuando yo le cuente esto." Eso no significaba que mi miedo se hubiese ido mágicamente. La diferencia era que ahora convivía con otro inquilino, que era mi voluntad, y que de vez en vez era desplazado a la habitación de servicio del hogar que ocupa mi ser.

A mitad de semana, lo peor de mi mente atacó: mi garganta estaba inflamada, no me permitía respirar, y mi nariz estaba tapada por completo por el resfrío. Respirar se me hacía en verdad difícil: ese era el aspecto físico, veamos ahora el psicológico. Mi rostro en el espejo estaba más pálido que de costumbre, en mi lengua había aparecido un hematoma violáceo, y yo no sabía ya qué hacer para respirar. Mi esposa me dijo: "no temas, yo estoy aquí para cuidarte. Cuando estás mal es cuando vas a mejorar. El peor pico sucede justo antes de que venga el alivio". Yo le dije: "ojalá así sea, porque no sé cómo hacer para respirar". Sumado al problema físico, sobrevino un ataque de pánico. Lo único que se me ocurrió era repetirme las palabras del maestro: "no tienes porqué morir en estos días, ni en diez ni en veinte años. Aprende a apoyarte en los que te aman, porque debes aprender a dejar que te te sirvan". Y así fue que mi esposa me abrigó, y me abrazó como a un niño, y ahí fui consciente de la imagen del Gita: la del guerrero que debía crecer y pelear contra su mente ilusionante. Caminamos hasta el lugar donde estaban mis amigos. Se sorprendieron de verme, y notaron mi dificultad para respirar y mi miedo. Fue entonces que les dije: "vine aquí porque tengo miedo, y necesito de ustedes ahora". Acercaron una silla, hablaron conmigo para tranquilizarme, y me dieron de beber una bebida caliente. Los cuatro estábamos juntos, mi miedo también estaba allí. Nirmala Shanti me dijo: cuando atravieses este miedo, yo tendré la alegría de ser quien presenció tu liberación, y nos reiremos juntos de este momento." Yo le dije: "me alegraré cuando suceda, mas no me reiré, por respeto al hombre que soy, que lucha por discernir entre lo real y lo irreal."

Charlamos un buen rato. Antes de ese momento, quería que las vacaciones concluyesen, y volver a mi hogar lejano, pues cuando uno se aterra, cree que la casa es el único lugar seguro. Luego de ese momento, al otro día, sobrevino una gran calma, mi respiración estaba despejada, y del resfrío sólo quedó mi voz disfónica. Mi opresión en la garganta continúa hasta hoy en forma esporádica, pero yo no espero un milagro que haga desaparecer  esa cosa. Me pondré en manos de los médicos, y que ellos cumplan su misión para conmigo.

Los puntos sobre los que debo trabajar son el discernimiento y la fe. Se dice que el temor es el defecto contrapuesto a la virtud de la fe. Y uno siempre puede caer, pero siempre se debe levantar. Sé que es fácil decirlo y difícil realizarlo. Por eso he hablado de mis procesos abiertamente, porque no soy yo distinto a Uds., y como hermanos es bueno ver al semejante y los pasos que da en su camino por crecer.

Se trata de ser un alquimista. El alquimista TRANSFORMA. Y nosotros debemos aprender a transformar los defectos para que afloren las virtudes, sin ser taxativos, con dulzura y sencillez, pero a la vez con fe y firmeza. Para esta ocasión, quiero recordarles un extracto de Osho que habla de esta alquimia. Que tengan una hermosa semana, no dejen de luchar en pos de Dios, y que la Luz los inunde e ilumine. Hasta la próxima!!!!

 

 

LA ALQUIMIA SUPREMA (vol I)

 

El permanecer como testigo es la técnica para el centramiento. Ya discutimos el centramiento. Un hombre puede vivir de dos modos: puede vivir en su periferia o puede vivir en su centro. La periferia pertenece al ego y el centro pertenece al Ser. Si vives según el ego, estás siempre relacionado con el otro. La periferia se relaciona con el otro. Hagas lo que hagas no es una acción, es siempre una reacción. Lo haces como respuesta a algo que te han hecho. Desde la periferia no hay acción, todo es una reacción, nada proviene de tu centro. En cierto modo eres un esclavo de las circunstancias. No haces nada, más bien eres forzado a hacer. Desde el centro la situación cambia radicalmente: desde el centro comienzas a actuar. Por primera vez empiezas a existir sin depender; empiezas a existir por ti mismo.

Buda estaba cruzando un pueblo. Un grupo de gente estaba muy enojado, muy en contra de lo que enseñaba. Abusaban de él, le insultaban. El Buda les escucha en silencio y luego les dice, «Si habéis acabado dejadme ir. He de llegar al otro pueblo y me estarán esperando. Si en vuestras mentes os queda aún algo por decir, cuando pase de regreso por esta ruta podéis acabarlo».

Le dicen, «Hemos abusado de ti, te hemos insultado. ¿No vas a responder?»

Buda les dice, «Ahora nunca reacciono. Lo que hagáis es cosa vuestra. Yo, ahora, nunca reacciono. No podéis forzarme a que haga algo. Podéis abusar de mí: depende de vosotros. Yo no soy un esclavo. Me he vuelto un hombre libre. Actúo desde mi centro, no desde mi periferia, y vuestro abuso sólo alcanza mi periferia, no mi centro. Mi centro no es afectado».

Os sentís afectados, no porque vuestro centro sea afectado, sino únicamente porque carecéis de centro. Sois solamente periferia, identificados con la periferia. La periferia siempre será afectada por cualquier cosa, por cualquier cosa que suceda. Es vuestra frontera, así que cualquier cosa que suceda la va a afectar.

Y no tenéis centro alguno. En el momento en que tienes un centro, te distancias de ti mismo, estás distanciado de tu periferia. Alguien puede maltratar la periferia, pero no a ti. Tú permaneces distante, separado. Hay una distancia entre tú y tú mismo. Entre tú como periferia y tú como centro hay una distancia, y esa distancia no puede ser atravesada por nadie ajeno a ti, porque nadie puede penetrar hasta el centro. El mundo exterior puede afectarte únicamente en la periferia.

Por eso Buda dice, «Ahora tengo un centro. Hace diez años hubiera sido distinto. Si hubieras abusado de mí, hubiera reaccionado, pero ahora solo actúo».

Entiende claramente la distinción entre reacción y acción. Amas a alguien porque alguien te ama. Buda también te ama; no porque tú le ames, esto es irrelevante. Tanto si le amas como si no le amas es irrelevante. El te ama como acción, no como reacción. El acto proviene de ti y la reacción es forzada sobre ti. Estar centrado significa que has comenzado a actuar.

Hay que recordar otra cosa : cuando actúas, el acto es siempre total. Cuando reaccionas nunca puede ser total. Siempre es parcial, fragmentario, porque cuando actúo desde mi periferia, o sea, cuando reacciono, no puedo hacerlo con plenitud porque no estoy implicado en ello realmente. Sólo mi periferia está implicada, así que no puede ser total.

Si amas desde tu periferia, tu amor nunca será total, siempre será parcial. Y esto tiene gran importancia porque si el amor es parcial, el espacio sobrante se llenará con odio. Si tu amabilidad es parcial, el espacio restante se completará con la crueldad. Si tu bondad es parcial, ¿qué rellenará el hueco restante? Si tu Dios es parcial, necesitarás de un Demonio para llenar el espacio restante.

Eso significa que una acción parcial siempre será contradictoria, en conflicto consigo misma. La psicología moderna dice que amas y odias simultáneamente. Tu mente es ambigua, contradictoria. Te relacionas con el mismo objeto a través del amor y del odio. Y si el amor y el odio están ahí, va a haber confusión, y será una confusión venenosa. Tu amabilidad está mezclada con crueldad y tu caridad es hurto y tu rezo se torna violencia. Y aunque intentes ser un santo, en tu periferia, tu santidad va a tener tintes de pecado. En la periferia todo está obligado a ser contradictorio.

Unicamente cuando actúas desde tu centro tu acción es total. Y cuando esa acción es total, posee una belleza por sí misma. Cuando la acción es total, es del presente. Cuando la acción es total no cargas con la memoria, ¡no la necesitas! Cuando la acción es parcial, es una acción inacabada. Comes algo: si el comer es parcial, cuando terminas de comer lo que comes, continuarás comiendo mentalmente. Quedará inacabado. Solamente algo total puede tener un final y un principio. Una acción parcial es simplemente una serie continua sin comienzo ni final. Estás en tu casa y llevas contigo tu tienda y tu mercado. Estás en tu tienda y llevas contigo tu casa y los asuntos domésticos. No estás nunca, nunca puedes estar, ni un solo instante, totalmente en ello. Acarreas con muchas cosas de continuo. Esta es la carga, la tensa carga sobre la mente, sobre el corazón.

Una acción total tiene un comienzo y tiene un final. Es atómica, no es seriada. Está ahí y luego no está ahí. Estás absolutamente libre para ir hacia lo desconocido. Si no, uno se mueve en surcos, la mente se vuelve rutinaria. Continúas moviéndote en círculos, en un círculo vicioso. Te mueves continuamente en ellos.

Debido a que el pasado nunca se ha acabado, se entromete en el presente, continua aún más y penetra en el futuro. Por eso, en realidad, una mente parcial, una mente periférica, acarrea con su pasado, y el pasado es una gran carga. Aunque no tomes en consideración las vidas pasadas, incluso entonces el pasado es una gran carga. Cincuenta años de experiencias, hermosas y desagradables, pero inacabadas, con todo sin acabar. Continúas acarreando un extenso pasado de cincuenta años, que está muerto.

Este pasado muerto se desplomará sobre un único instante del presente. Lo va a aplastar, de modo que así no puedes vivir, es imposible. Con este pasado sobre ti, en ti, no puedes vivir. Cada instante es tan fresco y tan delicado que este peso muerto lo aplastará. ¡Lo está aplastando! Tu pasado continúa matando tu presente y cuando el presente fallece se convierte en parte de él. Cuando está vivo, no forma parte de ti. Cuando se muere, cuando ha sido aplastado por tu pasado muerto, se vuelve tuyo, entonces es parte de ti. Esta es la situación.

En el instante en que empiezas a actuar desde el centro, toda acción es total, atómica. Está ahí y luego desaparece. Te liberas completamente de ella. Entonces puedes moverte sin carga, liberado. Y solamente entonces puedes vivir el nuevo instante que siempre está ahí, accediendo a él con frescura.

Pero únicamente puedes acceder a él con frescura cuando no hay un pasado con el que cargar. Y tendrás que acarrear con el pasado si está inacabado. La mente tiene una tendencia a finalizarlo todo. Si no ha finalizado, entonces tienes que acarrear con ello. Si algo queda inacabado durante el día, entonces soñarás con ello por la noche, porque la mente tiene la tendencia a completar todo. En el instante en que finaliza, la mente se libera de ello. A menos que finalice, la mente volverá sobre ello una y otra vez.

Hagas lo que hagas, tu amor, tu sexualidad, tu amistad, todo está sin acabar. Y no puedes hacerlo total si te mantienes en la periferia. Así que, ¿cómo centrarse en uno mismo? ¿Cómo alcanzar ese centramiento de modo que no estés en la periferia? El ser un testigo es la técnica.

Esta expresión ser un testigo (*), es una palabra altamente significativa. Hay cientos de técnicas para alcanzar un centra-miento, pero ser un testigo siempre forma parte, una parte fundamental, en todas ellas. Cualquiera que sea la técnica, ser un testigo será una parte esencial en ella. Por eso es mejor denominarlo «la técnica de todas las técnicas». No es una técnica sencilla. El proceso de ser un testigo es la parte esencial de todas las técnicas.

Uno puede hablar sobre el ser un testigo como de una técnica pura. Por ejemplo, J. Krishnamurti. El habla sobre ser un testigo como de una pura técnica. Pero ese hablar es como hablar del espíritu sin hablar del cuerpo. No puedes percibirlo, no puedes verlo. Siempre el espíritu siempre está presente en el cuerpo, puedes percibir el espíritu a través del cuerpo. Desde luego, el espíritu no es el cuerpo, pero puedes percibirlo gracias al cuerpo.

Cada técnica es simplemente un cuerpo y «el ser un testigo es el alma. Puedes hablar del ser un testigo independientemente de cualquier cuerpo, de cualquier asunto, entonces se vuelve algo abstracto, totalmente abstracto. Por eso Krishnamurti ha estado hablando continuamente durante medio siglo, pero todo lo que dice (* N. del T.- En inglés, en el original, «witnessing») es tan puro, sin cuerpo, que uno cree que comprende, pero esa comprensión queda meramente como un concepto.

En este mundo no hay nada que sea un espíritu puro. Todo existe en un cuerpo. Así que el ser un testigo es el espíritu de todas las técnicas espirituales y todas las técnicas son cuerpos, cuerpos distintos. Debemos pues entender primero lo que es el ser un testigo y luego podremos comprender el ser un testigo en las diferentes técnicas, de los diferentes cuerpos.

Conocemos el pensar y uno ha de comenzar desde el pensamiento para averiguar lo que ser un testigo significa, porque uno ha de empezar desde lo que se conoce. Conocemos el pensar. Pensar significa enjuiciar: ves algo y lo juzgas. Ves una flor y juzgas si es bella o no es bella. Escuchas una canción y la aprecias o no la aprecias. Aprecias algo o lo condenas.

El pensar es juzgar. En el instante en que piensas has empezado a juzgar. El pensar es evaluar. No eres capaz de pensar sin evaluar. ¿Cómo vas a pensar en una flor sin evaluarla? En el instante en que comiences a pensar dirás que es bella o que no es bella. Tendrás que emplear alguna clasificación porque el pensar es clasificar. En el instante en que has clasificado una cosa, que la has etiquetado, que le has puesto un nombre, has pensado sobre ella. El pensar es imposible si no juzgas. Si no juzgas, entonces permaneces simplemente consciente, pero no puedes pensar.

Una flor está ahí y yo te digo, «Obsérvala, pero no pienses. Mírala, pero no pienses». ¿Qué vas ha hacer? Si no se te permite el pensar, ¿qué harás? Solamente puedes permanecer como testigo, solamente puedes permanecer atento, solamente puedes ser consciente de la flor. Puedes encarar el hecho. La flor está ahí. Ahora puedes encararla. Si el pensar no está permitido no puedes decir, «Es hermosa. No es hermosa. Lo sé». o «Es rara, nunca la había visto». No puedes decir nada. Las palabras no pueden ser utilizadas porque cada palabra tiene un valor en sí misma. Toda palabra es un juicio.

El lenguaje está cargado de juicios, el lenguaje nunca puede ser imparcial. En el instante en que utilizas una palabra, has juzgado. De modo que, si no puedes utilizar el lenguaje, no puedes verbalizar. Si digo, «Esto es una flor, mírala, pero no pienses» entonces no se te permite la verbalización. ¿Qué puedes hacer entonces? Solamente puedes ser un testigo. Si estás ahí sin pensar, simplemente encarando algo, esto es ser un testigo. Entonces ser un testigo quiere decir atención pasiva. Recuerda: pasiva. El pensar es activo, estás haciendo algo. Sea lo que sea lo que estés viendo, estás haciendo algo con ello. No eres pasivo, no eres simplemente un espejo. Estás haciendo algo. Y en el instante en que haces algo, ya has cambiado el hecho.

Veo una flor y digo, «Es bella». La he cambiado. Ahora he impuesto algo a la flor. Ahora, sea lo que sea la flor, para mí es una flor más el sentimiento de que es bella. Ahora la flor está muy lejos. Entre la flor y yo hay un juicio, mi evaluación de que es bella. Ahora la flor no es la misma para mí. La cualidad ha cambiado. Yo me he entrometido. Mi juicio ha penetrado en el hecho. Ahora es más una ficción y menos un hecho.

Este sentimiento de que la flor es hermosa no pertenece a la flor, me pertenece a mí. Yo he entrado en el hecho. Ahora el hecho no es virgen. Lo he corrompido. Ahora mi mente se ha vuelto parte de él. En realidad, el decir que mi mente ha entrado a formar parte de él quiere decir: mi pasado a entrado a formar parte, porque cuando digo, «Esta flor es hermosa», significa que la he juzgado según mi saber anterior. ¿Cómo puedo afirmar que esa flor es hermosa? Tus experiencias del pasado, tus concepciones anteriores, el que algo como esto es hermoso. La has juzgado de acuerdo con tu pasado.

La mente significa tu pasado, tus recuerdos. El pasado ha interferido con el presente. Has destruido un hecho virginal; ahora está distorsionado. Ahora ya no es una flor. La flor, como una realidad en sí misma, ya no está ahí. Ha sido corrompida por ti, destruida por ti. Tu pasado se ha interpuesto. Has interpretado. Esto es pensar. Pensar significa traer el pasado a un hecho del presente. Por eso es que el pasado nunca puede conducirte a la Verdad, porque la Verdad es virgen y tiene que ser encarada en su total virginidad. En el instante en que entremezclas tu pasado, la estás destruyendo. Entonces es una interpretación, no una vivencia del hecho. Lo has hecho pedazos. Se ha perdido su pureza.

Pensar significa traer el pasado al presente. Ser un testigo quiere decir que no existe el pasado, solamente el presente. No hay que introducir el pasado. Ser un testigo es algo pasivo. No estás haciendo nada, ¡sólo eres! Simplemente estás ahí. Simplemente estás presente. La flor está ahí, tú estás ahí, entonces se establece una relación mediante el ser testigo. Cuando la flor está presente y todo tu pasado está presente, no tú, entonces se establece una relación mediante el pensamiento.

Empieza pues desde el pensar. ¿Qué es el pensar? Es traer la mente al presente. Entonces te has perdido el presente, lo has perdido por completo. En el instante en que el pasado penetra en el presente, te lo has perdido. Cuando dices, «Esta flor es hermosa», en realidad se ha convertido ya en pasado. Cuando afirmas, «Esta flor es hermosa», es una experiencia pasada. La has conocido, la has juzgado. Cuando la flor está ahí y tú estás ahí, no es posible decir ni siquiera que la flor es bella. No eres capaz de establecer juicio alguno estando en el presente. Cualquier juicio, cualquier afirmación pertenece al pasado. Si digo, «Te amo», se ha vuelto pasado. Si digo, «Esta flor es hermosa», ya he sentido, ya he juzgado: se ha vuelto pasado.

Ser un testigo es siempre el presente, nunca el pasado. El pensar siempre es el pasado. El pensar es algo muerto; ser un testigo es algo vivo. La siguiente distinción es pues: primero, el pensar es activo, es hacer algo. Ser un testigo es ser pasivo, es no-hacer, solamente ser. Pensar siempre está en el pasado, lo muerto que ya se ha ido, lo que ya no existe. Ser un testigo es siempre el presente, lo que es. De modo que si continuas pensando nunca conocerás lo que es ser u testigo.

El final, el acabar con el pensar se convierte en un comienzo del ser un testigo. El dejar de pensar es ser un testigo. ¿Qué hacer pues? Porque el pensar es un hábito profundamente arraigado en nosotros. Se ha convertido en algo mecánico, robótico. No es que tú pienses; ya no es tu decisión ahora. Es un hábito mecánico, no eres capaz de hacer otra cosa. En el instante en que una flor está ahí, el pensar ha empezado. No tenemos experiencias no verbales; solamente los niños pequeños las tienen. La experiencia no verbal es una auténtica experiencia. La verbalización es un escapar de la experiencia.

Cuando digo, «La flor es hermosa», la flor se ha desvanecido. Ahora es con mi mente, no con la flor, con lo que estoy ocupado. Ahora es la imagen de la flor en mi mente, no la flor en sí misma. La flor misma es ahora una imagen mental, una idea en la mente y ahora puedo compararla con mis pasadas experiencias y juzgar. Pero la flor ya no está ahí. Cuando verbalizas estás cerrado a la experiencia.

Cuando estás atento sin verbalizar, estás abierto, vulnerable. El ser un testigo significa una constante apertura a la experiencia, sin cerrarse. ¿Qué hay que hacer? este hábito mecánico, mal llamado «pensar», ha de ser roto. Por eso, hagas lo que hagas, hazlo sin verbalizar. Es difícil, arduo y al principio parece absolutamente imposible, pero no lo es. No es imposible, es difícil. Caminas por la calle: hazlo sin verbalizar, simplemente camina, aunque sea durante unos pocos segundos, y tendrás un destello de un mundo distinto, de un mundo no verbal, del mundo real, no del mundo mental que el hombre ha creado en sí mismo.

Estás comiendo: come sin verbalizar.

Alguien le pidió a Bokuju - Bokuju era un gran Maestro zen - «¿Cuál es tu sadhana

A lo que Bokuju replicó, «Mi sadhana es muy simple: cuando estoy hambriento, como; cuando tengo sueño, duermo. Eso es todo».

El hombre se quedó asombrado. Dijo, «¿Qué estás diciendo? Yo también como y duermo y todo el mundo hace lo mismo. ¿Qué tiene esto de particular para que lo llames sadhana

Bokuju le dijo, «Cuando estás comiendo estás haciendo muchas cosas, no solamente comes. Cuando estás durmiendo estás haciendo de todo excepto dormir. Pero cuando yo como, simple-mente como; cuando duermo, simplemente duermo. ¡Toda acción es total!»

Toda acción se convierte en total si la haces sin verbalizar. Intenta comer sin verbalización alguna en la mente, sin pensamientos en la mente. Sencillamente come y entonces el comer se convertirá en meditación, porque si no verbalizas te vuelves un testigo. Si verbalizas, te volverás un pensador. Si no verbalizas te volverás, automáticamente, un testigo, no podrás remediarlo, no podrás evitarlo. Intenta pues hacer algo sin verbalizar: camina, anda, báñate o simplemente siéntate en silencio. Simplemente siéntate, ¡qué sea sólo un «sentarse»! No pienses. Entonces, simplemente sentarse puede convertirse en meditación, simplemente el caminar puede convertirse en meditación.

Alguien le pidió a Bokuju, «Dame una técnica para meditar».

Bokuju le dijo, «Te puedo dar una técnica, pero serás incapaz de meditar, porque se puede practicar una técnica con una mente que verbalice».

Tus dedos pueden deslizarse por un rosario y puedes seguir pensando. Si tus dedos simplemente se deslizan por un rosario sin estar pensando, se convierte en una meditación. Entonces no se requiere de técnica alguna. Toda la vida es una técnica. Por eso Bokuju dijo, «Sería mejor que te quedarás conmigo y me observaras. No preguntes por un método. Simplemente obsérvame y llegarás a conocer».

El pobre individuo observó durante siete días. Se empezó a sentir más confuso. Después de siete días dijo, «Cuando llegué estaba menos confundido. Ahora estoy más confuso. Te he observado durante siete días continuamente, ¿qué es lo que hay que ver?»

Bokuju le dijo, «Entonces no has observado. ¿Te has fijado cuando camino? Sencillamente camino. Cuando me traes el té por la mañana, ¿te has fijado? Simplemente tomo el té y lo bebo; simplemente lo bebo. No hay un Bokuju; tan sólo existe el beber. Ningún Bokuju, solamente el beber el té. ¿Te has fijado? Si te has fijado debes de haber sentido que Bokuju ya no existe».

Esto es algo muy sutil puesto que si el que piensa está presente, entonces hay ego, entonces eres Bokuju o cualquier otro. Pero si solamente hay la acción sin verbalización alguna, sin pensamientos, no hay ego. Por eso Bokuju dice, «¿Te has fijado? Allí no estaba Bokuju, solamente había el beber el té, el caminar por el jardín, el cavar un hoyo».

Buda, debido a esto, dijo, «No existe el alma». Porque no has estado observando continuamente te crees que tienes un alma. ¡No la tienes! Si eres un testigo, entonces no existes. El «yo» se forma a sí mismo con los pensamientos. Y una cosa más: los pensamientos acumulados, los recuerdos apilados, crean el sentimiento del ego, de que tú eres.

Intenta este experimento: destierra totalmente tu pasado, quédate sin recuerdos. Olvídate de quienes son tus padres, a quien perteneces, a qué país, a qué religión, a qué raza. Si has sido educado, o si fuiste educado o si no lo fuiste. Corta con el pasado, y acuérdate de quién eres. No eres capaz de recordar quién eres. Tú eres, obviamente. Tú existes, pero ¿quién eres tú? En este instante no puedes percibir un «yo». El ego es simplemente el pasado acumulado. El ego son tus pensamientos, condensados, acumulados.

Por eso Bokuju dice, «Si me has observado, habrás visto que yo no estaba. Había un beber el té, pero no un bebedor. Había un caminar en el jardín, pero no un caminante. Había una acción, pero no un ejecutante».

En el ser un testigo no existe un sentido del yo; en el pensar, está ahí. No es una coincidencia que los mal llamados pensadores estén tan profundamente asentados en sus egos. Los artistas, los filósofos, los literatos, no es una coincidencia que sean tan egoístas. Cuantos más pensamientos albergas, mayor ego tienes. En el ser un testigo no hay ego, pero esto únicamente se alcanza trascendiendo el lenguaje. El lenguaje es la barrera. El lenguaje se necesita para comunicarte con los demás; no es necesario para comunicarse con uno mismo. Es un instrumento útil; más bien el instrumento más útil. El hombre pudo crear una sociedad, un mundo, debido únicamente al lenguaje, pero debido al lenguaje el hombre se ha olvidado de sí mismo.

El lenguaje es nuestro mundo. Si durante un sólo instante el hombre se olvida de su lenguaje, ¿qué es lo que queda? La cultura, la sociedad, el hinduismo, el cristianismo, el comunismo, ¿qué queda? Nada queda. Si el lenguaje es erradicado de la existencia, toda la Humanidad con su cultura, su civilización, su ciencia, su religión, su filosofía, desaparece.

El lenguaje es una comunicación con los demás; es la única comunicación. Es útil, pero es peligroso. Y siempre que un instrumento es útil, en la misma proporción también es peligroso. El peligro es éste: cuanto más se adentra la mente en el lenguaje, más se aleja del centro. Uno requiere pues un sutil equilibrio y un sutil dominio para ser capaz de moverse en el lenguaje y también para ser capaz de abandonar el lenguaje, de salirse del lenguaje, de escaparse del lenguaje.

El ser un testigo significa salirse del lenguaje, de la verbalización, de la mente. El ser un testigo significa un estado de no-mente, de ausencia de pensamientos. ¡Inténtalo! Es un gran esfuerzo y no se puede predecir nada, pero inténtalo y mediante el esfuerzo alcanzarás algunos instantes en los que, repentinamente, el lenguaje desaparece. Y entonces una nueva dimensión se abre. Te vuelves consciente de un nuevo mundo, del mundo de la simultaneidad, del mundo del aquí y del ahora, el muno de la no-mente, el mundo de la realidad.

El lenguaje tiene que evaporarse. Intenta realizar las acciones cotidianas, los movimientos corporales, sin lenguaje. Buda utilizaba esta técnica para observar la respiración. Solía decir a sus bikkus, «Seguid observando vuestra respiración. No hagáis nada, solamente observad como entra el aliento, como sale; el aliento entrando, el aliento saliendo». No es decirlo así; es sentirlo, ¿mmm? El aliento entrando, sin palabras. Siente el aliento penetrando, muévete con la respiración, deja que tu consciencia ahonde con el aire entrante. Luego deja que salga. Continúa yendo con tu respiración. ¡Mantente alerta!

Se dice que Buda dijo, «No paséis por alto ni un solo aliento. Si fisiológicamente se obvia un solo aliento, te mueres; si un solo aliento se pasa por alto al permanecer consciente, estarás pasando por alto al centro, estarás muerto por dentro». Por eso Buda dijo, «La respiración es esencial para la vida del cuerpo, y la cons-ciencia de la respiración es esencial para la vida del centro interno».

Respira, mantente consciente. Y si estás intentando mantenerte consciente internamente de tu respiración, eres incapaz de pensar, porque la mente no puede hacer dos cosas simultánea-mente: pensar y ser un testigo. El mismo fenómeno de ser un testigo es diametral, absolutamente opuesto al pensar, de modo que no puedes efectuar ambos. Del mismo modo que no puedes estar vivo y muerto simultáneamente, del mismo modo que no puedes estar dormido y despierto, no puedes estar pensando y manteniéndote como un testigo. Sé testigo de algo y el pensar desaparecerá. Deja que entre el pensar y el ser un testigo desaparecerá. El ser un testigo es una consciencia pasiva sin contener ninguna acción. La consciencia misma no es una acción.

Un día, Mulla Nasrudin estaba muy preocupado, cavilando. Cualquiera que observara su cara podía ver que estaba sumido en pensamientos; muy tenso, angustiado. Su esposa se llegó a alar-mar. Le preguntó, «¿Qué es lo que pasa, Nasrudin? ¿En qué estás pensando? ¿Cuál es el problema? ¿Por qué estás tan preocupado?»

Mulla abrió sus ojos y dijo, «Este es el problema más grande. Estoy reflexionando en cómo ha de saber uno que uno mismo está muerto. ¿Cómo saber uno que uno mismo está muerto? Si me fuera a morir, ¿cómo iba a reconocer que estaba muerto? Porque yo no he conocido la muerte. El reconocimiento significa que has conocido algo antes».

«Te veo y reconozco que eres A, o B o C porque te conocía de antes. A la muerte no la he conocido». dijo el Mulla. Y cuando se presente, ¿cómo la voy a reconocer? Este es el problema y estoy muy preocupado. Y cuando esté muerto y no pueda preguntar a nadie, esta puerta estará también cerrada. No puedo consultar ninguna escritura, ni ningún profesor puede ser de ayuda».

Su esposa se rió y le dijo, «Te estás preocupando innecesaria-mente. Cuando la muerte llega uno lo sabe inmediatamente. Cuando la muerte se te presente lo sabrás porque te pondrás frío, frío como el hielo». El Mulla se sintió aliviado. En sus manos tenía la clave, una señal.

Al cabo de dos o tres meses, se encontraba cortando leña en el bosque. Era una fría mañana de invierno y todo estaba helado. De repente se acordó y se palpó las manos: estaban heladas. Dijo, «De acuerdo. La muerte se está acercando y estoy tan lejos de casa que no puedo decírselo a nadie, ¿qué voy ha hacer? Me olvidé de preguntárselo a mi mujer. Me dijo como se debía de sentir uno, pero ¿qué se supone que se ha de hacer cuando llega la muerte? Ahora no hay nadie aquí y todo se está helando».

Entonces recordó. Había visto muchas personas muertas, de modo que pensó, «Es adecuado el tumbarse». Así era como había visto a las personas fallecidas, de modo que se tumbó. Por supuesto se fue sintiendo más y más frío, con la muerte cerniéndose sobre él. Dos lobos, creyendo que el Mulla estaba muerto, atacaron a su burro. El Mulla abrió los ojos y viéndolo, pensó «Los muertos no pueden hacer nada. Si hubiera estado vivo, lobos, no os habríais tomado esas libertades con mi burro. Pero ahora no puedo hacer nada. Nunca se ha sabido de muertos que hicieran algo. Sólo puedo permanecer como espectador».

Si estás muerto para todo tu pasado, absolutamente muerto, entonces únicamente puedes ser un testigo. ¿Qué otra cosa puedes hacer? Ser un testigo quiere decir morir a tu pasado, a tus recuerdos, a tus ideas, a todo. Entonces, en el momento presente, ¿qué puedes hacer? Solamente puedes permanecer como observador. No es posible juicio alguno. El juzgar sólo es posible en referencia a experiencias pasadas. No hay evaluación posible; la evaluación es posible solamente con referencia a acciones pasadas. No es posible el pensar; el pensar solamente es posible si el pasado está allí, de vuelta al presente. Así qué, ¿que puedes hacer? Puedes ser un testigo.

En la antigua literatura sánscrita, el Maestro es definido como la muerte, Acharya Mrityuh. ¡El Maestro es definido como la muerte! En el Katha Upanishad, Nachiketa es enviado a Yama, el dios de la muerte, para ser instruido. Y cuando Yama, el dios de la muerte, ofrece muchos regalos a Nachiketa. «Toma esto, toma el reino, toma estas riquezas, esos caballos, esos elefantes, esto y esto otro»; una larga lista de cosas. Nachiketa le dice, «He venido a aprender lo que es la muerte porque a menos que sepa lo que es la muerte, no puedo saber lo que es la vida».

Por eso un Maestro era conocido en los tiempos antiguos como una persona que podía convertir en un muerto a su discípulo. El que te puede dar muerte, el que te puede ayudar a morir para que puedas renacer.

Nicodemo le preguntó a Jesús, «¿Cómo puedo alcanzar el reino de Dios?»

Jesús le dijo, «A menos que primero mueras, no podrás lograr nada. A menos que renazcas, no podrás lograr nada».

Y este renacer no es un suceso aislado, es un proceso continuo. Uno ha de renacer a cada momento. No es que renazcas una vez y se acabó. La vida es un renacer continuo y la muerte también es continua. Has de morir una vez porque no has vivido en absoluto. Si vives, tendrás que morir a cada instante. Muere al pasado a cada instante, haya sido cual haya sido, cielo o infierno. Sea lo que sea, muere para él y mantente fresco y joven y renace en el momento. ¡Sé un testigo ahora! Solamente puedes ser un testigo ahora, si estás fresco.

Este sutra dice, Establecerse uno en la propia naturaleza de espectador es akshat, el arroz entero y sin descascarillar utilizado para el culto.

Este Upanishad otorga un significado más profundo a cada uno de los símbolos del rendir culto. Akshat, el arroz entero, es empleado al rendir culto. ¿Qué es el akshat? La palabra es muy significativa, pero traducida al castellano (*) se vuelve ordinaria. Akshat significa «Eso que no ha sido penetrado». Akshat significa «virgen». Nosotros decimos akshatkanya, virgen. Akshat significa virgen, no penetrado, y el arroz entero es utilizado.

¿Qué es lo que es akshat en ti, qué es lo que no ha sido nunca penetrado? Eso es tu naturaleza de testigo. Todo ha sido corrompido, solamente en ti hay una cosa incorrupta. Tu cuerpo está corrompido, tu mente está corrompida, tus pensamientos, tus emociones, todo está corrompido. Todo ha sido influenciad, impresionado por el exterior. En ti solamente una cosa permanece totalmente incorrupta, intocada, -akshat- y esa es tu naturaleza de testigo. El mundo no puede alcanzarlo. Tus pensamientos pueden ser influidos, manipulados, pero tu consciencia de testigo no puede serlo.

Tus pensamientos pueden ser cambiados, tú puedes ser cambiado, eres cambiado a cada momento. Toda influencia es una influencia transformadora, porque, a favor o en contra, reaccionas. Y aunque reacciones a una influencia determinada, has sido cambiado, has sido manipulado. En todo momento eres manipulado por las situaciones externas, por las impresiones, por las influencias, pero una cosa permanece sin ser alcanzada, y ésta es tu naturaleza de testigo.

El sutra dice, «Es tu naturaleza, eres tú». No es algo que se enseñe, no es algo que se construya, no es algo que se dé. ¡Eres tú! Cuando decimos naturaleza, quiere decir que eres tú. Tú y ella no podéis ser separados. De modo que la última observación es: la naturaleza de testigo, la consciencia de testigo, no es algo que tenga que alcanzarse. Ya la posees, si no, no se podría decir que es tu naturaleza.

Un niño nace. Si no se le enseña ningún lenguaje, el niño será incapaz de conocer lenguaje alguno. No es su naturaleza, no es su condición. Si a un niño no se le enseña nada, no sabrá nada. Si se le enseña hinduismo, será un hindú; si se le educa en el comunismo, será un comunista. Cualquier cosa que se le enseñe, eso no será su naturaleza. Nadie nace hindú, nadie nace musulmán. Estas no son tu naturaleza, eso son condicionamientos. Eres forzado a acomodarte a un modelo particular. De modo que el hinduismo es un hábito, no es esencia. El ser musulmán es un hábito, no es esencia. Por «hábito» me refiero a algo que es enseñado, algo que se aprende. No naces con él.

Esto no ocurre con el ser un testigo. Naces con ello. Desde luego, está escondido. La semilla está en lo más hondo de tu ser. Todo es enseñado excepto la naturaleza del ser testigo. El conocimiento es enseñado, pero no el saber. Un niño nace ya con el saber, no con el conocimiento. Posee la capacidad de conocer, por eso es por lo que le enseñas, pero esa capacidad le pertenece. Tú le vas condicionando. Se le enseñarán muchas cosas y él aprenderá muchas cosas: lenguas, religiones, ideologías. Se irá cargando y cuanto más se cargue, cuanta más experiencia adquiera, más estará en posesión de una mente. Y la sociedad lo apreciará, lo respetará.

La mente es respetada en la sociedad porque es un producto social. En dondequiera que haya una mente brillante, o cuando uno sea eficiente en el acumular, la sociedad le aprecia, le respeta. Está mente creada por la sociedad estará allí y esta mente irá creciendo. Y puedes morir con esta mente, cargado con esta mente, sin saber de la naturaleza interior con la que naciste.

El ser un testigo, el esfuerzo para obtener esta condición implica destruir la mente, crear una brecha en esa mente, echar una ojeada, indagar en la esencia, en tu naturaleza. Has nacido como una desconocida energía de testigo. Luego la sociedad te petrifica, te envuelve. Esta envoltura es tu mente y si te identificas con esa envoltura nunca serás capaz de conocer aquello que eres, eso que siempre has sido. Y uno puede morir sin haberse conocido a sí mismo. La capacidad está ahí, en cierto modo posee una belleza que le es propia.

Uno tiene que desembarazarse de la sociedad interiormente, uno ha de liberarse de la sociedad. Y cuando digo que uno se ha de liberar de la sociedad, no me refiero a liberarse de la sociedad exterior. No puedes hacerlo. Te muevas donde te muevas, la sociedad estará presente. Aunque te vayas a un bosque, los árboles y los animales se convertirán en tu sociedad. Y cuando un monje, un ermitaño se retira al bosque y empieza a vivir con los animales, dice, «¡Qué hermoso!», pero él está creando de nuevo otra sociedad. Cuando un ermitaño vive en el bosque y comienza a hablar a los árboles, dices, «¡Qué hombre tan religioso!», pero en realidad, él está creando una sociedad.

No eres capaz de vivir sin una sociedad por lo que concierne al mundo exterior. ¡Existes en sociedad! Pero puedes desembarazarte de la sociedad interiormente, puedes liberarte de la sociedad en tu interior. Y esos que tratan de liberase de la sociedad exterior se empeñan en un esfuerzo inútil. Se enfrascan en un esfuerzo inútil, no podrán lograrlo. Y se están engañando a sí mismos porque el verdadero problema no es como alejarse de la sociedad que existe en el exterior; el verdadero problema es cómo no sentirse agobiado por la sociedad.

Si no hay pensamientos, si no hay recuerdos, si no hay cargas de pasadas experiencias, estás libre de la sociedad interiormente. Te vuelves virgen, puro, inocente. Has renacido. Y entonces conoces lo que es tu esencia, lo que es tu Tao, lo que es tu Dharma. Dharma es traducido una y otra vez como «religión». No lo es; no es religión. Dharma significa naturaleza; Dharma significa aquello que ya eres, tu esencia.

Hay dos palabras que ayudarán a entenderlo. Gurdjieff utiliza las dos palabras: esencia y personalidad. Esencia es tu naturaleza y personalidad es lo que has edificado, la estructura social que te es dada. Todos somos personalidades, inconscientes, completamente inconscientes de la esencia. Al decir este sutra, «naturaleza de ser un testigo» significa esencia, lo esencial en ti. Por eso ser un testigo no es algo que tengas que lograr, no es algo como una meta. Más bien es un descubrimiento, un desvelar. Hay algo ahí de lo cual te has olvidado; lo descubres. Por eso Gurdjieff nunca emplea la expresión ser un testigo, en cambio emplea el «recuerdo de sí».

Kabir, Nanak, también emplean «recuerdo de sí»- surati. Surati significa recordarse. Surati es smriti, recordarse a sí mismo. Nanak, Kabir, Gurdjieff, emplean la expresión «recuerdo de sí» solamente porque, en realidad, tu esencia no es algo nuevo que se haya de obtener, sino que ya existe. Solamente has de recordarte, te has de dar cuenta de algo que ya está presente. Pero no puedes darte cuenta si estás repleto de pensamientos, si estás perdido en la multitud de pensamientos.

El cielo está ahí, pero cuando hay nubes, oscuras nubes por todas partes, no puedes ver el cielo. Las nubes son sólo ocasionales. Solamente existen ahora, no estaban antes ni volverán de nuevo. Vienen y se van y el cielo permanece el mismo. Y el cielo es akshat; no hay nube que pueda corromperlo. El cielo permanece puro, virgen, inocente. Ninguna nube puede corromperlo. Las nubes vienen y se van, pero el cielo es lo que existe siempre, imperturbado, impoluto, simplemente un espacio interior, un cielo interior que está ahí. Esa es la llamada tu naturaleza.

Las sociedades vendrán y desaparecerán. Tú nacerás y morirás y se sucederán incontables vidas y muchas, muchas nubes pasarán a través de ti. Pero el cielo interior -akshat- permanece incorrupto, virgen. Pero te puedes identificar con las nubes. Puedes empezar a sentir que «soy las nubes».

Todo el mundo se identifica con sus propios pensamientos que no son nada más que nubes. Si dices, «Mis ideas» y alguien ataca tus ideas, nunca sentirás que son tus ideas las atacadas, sentirás que tú eres el que está siendo atacado. El cielo está luchando, luchando por las nubes porque alguna ha sido atacada. El cielo siente, «¡Soy atacado!» El cielo estaba allí cuando no había nubes; el cielo estará allí cuando no haya nubes. Las nubes no añaden nada al cielo. Y cuando no hay nubes, con ello no se pierde nada. El cielo queda en su totalidad.

Esta es la naturaleza, el cielo interior, el espacio interior. Uno lo descubre, lo desvela al ser un testigo. El ser un testigo es la base, lo esencial. Puede ser empleado en numerosas, en muchas técnicas.

En la tradición taoísta china poseen un método conocido como TaiChi. Es un método de centramiento, un método para mantenerse como testigo. Dicen, haz lo que quieras, pero permanece consciente del centro en el ombligo. Camina, sé consciente del centro en el ombligo. Come, sé consciente del centro en el ombligo. Pelea, sé consciente del centro en el ombligo. Haz lo que quieras, pero permanece consciente de una cosa: de que estás centrado en el ombligo. Y de nuevo, si eres consciente del ombligo, eres incapaz de pensar. En el instante en que comienzas a pensar, dejas de ser consciente del ombligo.

Está es una técnica corporal. Buda utilizaba la respiración, el aliento; los taoístas emplean el hara. Ellos denominan al centro del ombligo, hara. Por eso es por lo que la técnica suicida japonesa es conocida como hara-kiri. Significa cometer suicidio estando centrado en el hara, de forma que no es suicidio, no es simplemente un suicidio. Lo llaman hara-kiri únicamente si una persona comete suicidio estando continuamente consciente del centro del hara. En este caso no es en absoluto un suicidio; lo está haciendo conscientemente. Tú no puedes suicidarte de una forma tan consciente. Tú solamente cometes suicidio cuando están tan alterado que te has vuelto absolutamente inconsciente.

Tanto si empleas el hara como si empleas la respiración, debes permanecer consciente. Krishnamurti dice, «Permanece consciente del proceso de tus pensamientos». Tanto si es del proceso del respirar como de la palpitación del hara, como del proceso del pensamiento, da lo mismo. Lo básico es lo mismo.

Permanece consciente del proceso de tus pensamientos. Surge un pensamiento; date cuenta de que ha surgido. Un pensamiento está ahí; date cuenta de que el pensamiento está ahí. Cuando el pensamiento desaparezca y pierda su existencia, date cuenta, observa que ha desaparecido. Cuando un pensamiento se va y otro viene, hay una separación entre ellos. Sé consciente de esta separación. Permanece consciente del proceso mental, un pensamiento moviéndose, una pausa, de nuevo otro pensamiento. ¡Sé consciente!

Utiliza los pensamientos como objetos para tu observación. No importa: puedes emplear la respiración, puedes emplear los pensamientos, puedes emplear el hara, puedes emplear lo que sea. Hay muchos métodos y cada país ha desarrollado el suyo. Y a veces surgen contradicciones entre los métodos, pero si profundizas hay una cosa que es esencial, sea cual sea el método, y es el permanecer como testigo. La diferencia estriba solamente en el cuerpo.

Y Krishnamurti dice, «No tengo método», pero lo tiene. Este permanecer como testigo del proceso de los pensamientos es un método del mismo modo que lo es el ser testigo de la respiración. Puedes observar el aliento, puedes observar el proceso mental. Y entonces puedes entender que si alguien emplea el rosario, puede permanecer como testigo de ello. Entonces no hay diferencia entre ser testigo del movimiento del rosario o ser testigo del respirar o del proceso mental.

Los sufíes emplean la danza derviche. Emplean la danza como método. Puede que hayas oído el nombre de «los derviches giradores» (*) . Giran sobre sus talones como lo hacen a veces los niños. Si lo haces, te marearás. Simplemente rotando sobre tus talones, girando. Y dicen, «Sigue girando, date cuenta de que el cuerpo está girando y permanece consciente. Por dentro, ¡permanece consciente! No te identifiques con el girar del cuerpo. El cuerpo está girando; no te identifiques, permanece consciente.

Y creo que el método sufí es el más repentino que hay, porque permanecer como testigo del proceso mental es muy difícil, es muy sutil. Observar la respiración también es difícil porque el respirar es un proceso involuntario. Pero el girar lo estás practicando voluntariamente. Al bailar, al girar una y otra vez, la mente se marea. Si permaneces atento de repente descubrirás un centro. En este instante el cuerpo se convierte en la rueda y tú en el buje, y el cuerpo sigue girando y el centro permanece impasible, solitario, -akshat- incorrupto. Hay pues cientos y cientos de métodos, pero el alma, lo significativo, lo esencial de todos ellos es el permanecer como testigo.

Este sutra dice que a menos que acudas a rendir culto con una naturaleza interior de testigo, el hacerlo es en vano. El arroz entero, sin descascarillar no valdrá para nada. Puede ser comprado, es solamente un símbolo, algo simbólico. A menos que aportes algo impoluto, no mancillado por la sociedad, que no haya sido creado, que provenga de tu propia naturaleza, tu veneración es simplemente una tontería, es una estupidez. Y eres capaz de seguir empleando símbolos, de seguir rindiendo culto sin saber lo que significa.

Acuérdate de esta palabra, akshat: incorrupto, fresco, virgen. ¿Qué hay que sea virgen en ti? Descúbrelo y ofrécelo a los pies de lo Divino. Únicamente esta virginidad puede ser usada, única-mente esa virginidad, esa frescura, esa constante juventud puede ser empleada para el culto.

A este ser un testigo lo puedes entender intelectualmente. No es difícil. ¡Pero esa es la dificultad! Si lo comprendes intelectual-mente y crees que todo el trabajo ya está hecho, ahí está la dificultad. Eres capaz de entenderlo. Luego, de nuevo, esto se convierte en una teoría mental; luego, de nuevo, se convierte en un pensamiento en la mente; luego, otra vez, lo has vuelto parte de lo acumulado. Entonces puedes discutir sobre ello, puedes filosofar sobre ello, pero sigue siendo aún parte de la mente, no es virgen.

Si afirmo algo sobre el ser un testigo, eso penetra en tu mente, se convierte en parte de tu mente, pero no proviene de ti, proviene del exterior. Si lees este Upanishad y luego te sientes impresionado, convencido y dices en tu interior, «Cierto, ésta es la clave», eso se convierte en una teoría. No proviene de ti, ha llegado desde el exterior. No es akshat, no es virgen. Ninguna teoría puede ser virgen. Ningún pensamiento puede ser virginal. Todo pensamiento es prestado. El pensar nunca puede ser original, ¡nunca! Su misma naturaleza es prestada. Nunca es original el pensamiento de nadie. No puede serlo porque el lenguaje no es original, los conceptos no son originales. Los aprendes.

Akshat significa «lo original», aquello que no has aprendido, el descubrimiento de algo en tu interior que te pertenece, que es único para ti, que forma parte de tu individualidad, que no te ha sido dado.

De modo que la comprensión intelectual no valdrá para nada. ¡Practícalo! Solamente entonces, algún día, algo explota en ti y te haces consciente de un reino diferente de pureza, de inocencia, de gozo.
 

Fin del extracto

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