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Madre
naturaleza, madre humana...
Hola amadísimos!!! ¿cómo se hallan hoy? Espero que muy bien.
Otra vez andamos por aquí escribiendo unas cosillas para sentir juntos, vivir nuestra
hermandad, caminar de la mano de la reflexión.
Nunca tengo idea llegado este punto sobre qué iré a escribir.
Sólo soy fiel a lo que se me indicó interna y externamente por mi maestro interior y
exterior: "tú escribe..., las palabras vendrán"
Así que con piedad y amor, sopórtame y acompáñame alma hermana
de este portal espiritual, pues siendo esta tu casa, y morando yo en ella, debemos
compartir lo que de alimento se nos ha ofrecido ¿no crees?. Comenzaré con unas palabras
de Gibrán, que me conmovieron mucho a mis 12 años, y dicen así:
| Sus hijos no son sus hijos.
Son los hijos e hijas de la vida
Añorándose a sí misma.
Vienen a través de ustedes, pero no de ustedes.
Ustedes podrán darles su amor, pero no sus pensamientos,
porque tienen sus propios pensamientos.
Podrán alojar sus cuerpos, pero no sus almas.
Porque sus almas moran en la casa del mañana,
Que ustedes no pueden visitar, ni siquiera en sueños.
Podrán esforzarse en ser como ellos,
Pero no traten de hacer que ellos sean como ustedes.
Ustedes son los arcos desde los cuales parten sus hijos como
flechas vivientes.
Que su flexibilidad en las manos del arquero sea de gozo.
Kahlil Gibran. El Profeta
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Bello ¿verdad?. Mi madre, cuando se lo leí, se emocionó hasta
las lágrimas, reconociendo la verdad en estos dichos, pero si hemos de ser rigurosos, el
arco quiere seguir tras la flecha...
Supongo que a todas las mamis del mundo les sucede esto por lo
general, les cuesta mucho dejar ir a sus niños, sus flechas. Saben que los han dirigido
lo mejor que podían, han apuntado al blanco más alto que su visión espiritual podía
contemplar, pero ¿como evitar estar intranquilas, sabiendo que la flecha ha de surcar
entre medio de lo desconocido? ¿llegará al blanco o se caerá a medio camino? ¿herirá
a alguien? ¿será la suficientemente fuerte para resistir y no partirse, o desviarse?
Miremos ahora a los hermanos animales, más precisamente a
sus madres. Piensa, por ejemplo, en la madre leona. Ella celosamente cuida a sus hijos.
Los traslada con su boca de un sitio a otro más seguro. Los alimenta, y entre juegos, les
enseña a cazar. Los leoncitos van aprendiendo entre mimos y batallas con sus hermanitos.
Reconocen el territorio, observan a su madre. Su madre está con ellos todo el tiempo.
Les trae el alimento, y a medida que crecen, se los va haciendo mermar, para que
ellos mismos comiencen a procurárselo. La madre naturaleza actúa sabiamente en la madre
leona: le hace ver que si sus hijos no despiertan al instinto natural, morirán. Entonces
les va quitando el cerco de cuidado muy de a poco. Ya no está todo el tiempo con ellos:
los deja aventurarse más allá, pero sin que lo noten los leoncitos, los observa. Los
pequeños crecen, entre juegos y búsquedas. Ya sienten el hambre y persiguen pequeñas
presas: se les desarrolla el instinto de la caza, el trabajo en equipo. Cuando se
extravían, llaman a su madre, quien con rugidos los guía hacia ella. Luego de algún
tiempo, la labor conjunta de la Madre Naturaleza y la madre leona ha dado su fruto: los
leones ya están listos. Saben mantenerse por sí mismos.
En este punto quiero detenerme, pues he aquí la diferencia entre
la madre leona y la madre humana. La madre humana experimenta muy fuertemente algo que
sobrepasa a la naturaleza, y es propio de su mente: el apego. Ese signo puede durar toda
una vida. Hay en el apego, claro está, un rasgo de amor, pero se ha desbalanceado. La
madre leona, seguramente con cierta tristeza, ve que sus hijos tienen todo lo necesario, y
ella prosigue su vida, y ellos la propia. Ella seguirá siendo su madre y ellos sus hijos,
pero ahora cada quien debe seguir su camino. ¿Cuántas veces pasa esto en la madre y el
hijo de la raza humana?. Sólo lo he contemplado en un caso (por supuesto que debe haber
miles) que me sirvió para reflexionar: María y Jesús. Ella desde el principio sentía
que su hijo estaba llamado a grandes cosas. Lo crió, y siendo humana, debió haber
sentido dolor muchas veces porque sabía que su hijo era distinto a los seres de este
mundo, y tales seres conmocionan a tal grado a la humanidad que difícilmente sus días
terminen bien. Ella lo acompañó. siendo incluso su gran discípula. Era la cómplice,
como lo son muchas mamis, ante su José cuando el pequeño mostraba su naturaleza y
desbordaba al padre (recuerden que las familias judías siempre fueron muy esquematizadas
frente a esa imagen del padre). Luego vio cómo crecía, cómo el Espíritu de Dios tomaba
fuerza en él, cada vez más día a día. De seguro no le fue desconocido el final físico
de su hijo. Esa madre contempló la muerte de su hijo, y estuvo a su lado tal como la
leona: observándolo a la distancia para no invadirlo, pero cuidándolo a través de su
inmenso amor. ¿Entiendes lo que digo? Es muy inmensa la tarea de ser madre, realmente lo
es...
Una mujer tiene en sí una posibilidad increíble, que creo ya
hemos hablado alguna vez en estas páginas: puede experimentar la comunión, ser dos seres
en uno! Es maravilloso realmente. También el aprendizaje que le toca a una mujer es muy
alto. Debe hacer que la vida de su hijo SEA, y darle todo de sí. Tal como la leona,
primero le da el alimento, pero luego debe enseñarle a procurárselo. Hasta aquí no
hablamos de nada espiritual, sino bien básico. Toda madre vive una especie de romance con
su hijo. ¿sabes que creo que sucede en el fondo de esta cuestión? La madre realmente ve
en su hijo lo más preciado, lo más alto, lo más bello, lo mejor que le pudo pasar en la
vida. ¿Qué diferencia este sentir hacia el hijo del sentir hacia Dios?. Realmente la
madre ve en su hijo a Dios, y es más: durante un tiempo ha sido UNO con ella!. ¿Cómo no
querrá la madre que esa unión continúe por siempre?. Aquí viene el gran conflicto de
la madre humana, donde entra a jugar ese componente que creará el ego, llamado APEGO.
Este componente es el mayor peligro para la madre y el hijo. La madre, si pone en
práctica el apego, comenzará a transformar el cuidado en celo. Se volverá posesiva.
Imaginen a la leona madre, cuidando de su hijo león ya crecido, sin dejarlo avanzar en la
manada, sin dejarlo procurar su sustento, su pareja, o sencillamente, SIN DEJARLO SER
LIBRE! La madre leona es fiel a su hijo, fiel a sí misma, pero por sobre todo fiel a la
Naturaleza. ¿Cómo lo logra? ¿Por qué no surge en ella el apego? No es muy difícil la
respuesta.
Como ven, es tan complicado el ser humano, debe evolucionar tanto
para ser fiel a su naturaleza... Tanto hay que aprender de nuestros hermanos animales, tan
simples, sencillos, despojados de ego. Parece increíble que ellos deben evolucionar, tal
como nosotros. Y nosotros tenemos más herramientas, y más complicaciones por ello. Ellos
tienen un martillo y un clavo por decirlo de alguna manera. Nosotros un taller completo
lleno de instrumental, herramientas, accesorios. Aún ni siquiera sabemos qué debemos
arreglar y cómo ¿o quizás sí lo sabemos?...
Quiero que todas las mamis que visiten este portal piensen
piadosamente en estas palabras, que han salido de mi ser jamás con el ánimo de
criticarlas, sino reconociendo la inmensa labor que les ha dado el Padre a realizar. Es
tan hermosa...y tan ardua!!! Gracias por intentar cumplirla como pueden, o como saben.
Pero también pido que cuando surja el apego, recuerden a la madre leona... y a María,
una de las grandes madres de esta humanidad. Que ambas sean su Norte, por favor.
Otra gran madre fue Sri Sarada Devi, esposa de Sri Ramakrishna,
quien llegó a convertirse incluso en la madre de su propio esposo, pues éste se había
vuelto como un niño, y también en la de sus miles de devotos. Les dejo, despidiéndome
con amor y reverencia a todas las madres e hijos que son mis hermanos en esta morada, este
texto de Swami Vijoyananda sobre esta Santa Mujer:
| En esa época, más o menos en
el año 1871, Sri Sárada Devi, la Santa Madre, fue a Dakshíneswara, unos seis meses
después de la muerte del señor Mathur, el yerno de la Rani Rashmoni. Mathur, desde el
primer día de la llegada de Thakur, durante dieciséis años, le a la servido con
dedicada atención y profundo cariño.

Antes de la llegada a Dakshineswara la Santa
Madre habla visto a Thakur en Su pueblo natal, Kamarpukur, cuando ella tenía sólo
catorce años. Era casi una niña, con sentimientos puros, muy nobles e inegoístas. De
sus experiencias en compaflía de Thakur, habla contado a sus amigas Intimas, grandes
devotas de Thakur, lo siguiente: "En aquel entonces, dia y noche sentla que en mi
corazón había un cáliz lleno de dicha". Pasaron cuatro años más. La gente de
Yairambati, el pueblo natal de la Santa Madre, decía que Thakur se había vuelto loco,
que andaba desnudo repitiendo el Nombre de Dios, y otras cosas más. La menospreciaban
diciendo que era la mujer de un loco. La Santa Madre, por el recuerdo de su experiencia
anterior, aunque no quería creer en aquellas opiniones, sufría mucho, calladamente. Así
es que decidió visitar a su esposo para comprobar la realidad personalmente, y caminando
en compañía de su padre llegó a Dakshineswara. M primer día se dio cuenta y sintió
íntimamente que su esposo, lejos de ser un loco, era un ser divino, lleno de amor puro y
de todas las otras buenas y nobles cualidades que muchos aspiran tener.
Desde el primer día Thakur empezó a educar a
la Santa Madre, preparándola como la madre, protectora y refugio espiritual de Sus
apóstoles y miles de hijos devotos que irían a refugiarse a los benditos pies de ella,
considerándola como la Divinay Salvadora Madre de todos los seres humanos Sobre la pureza
de la Santa Madre, decía Thakur a Sus íntimos discípulos: "Si ella no hubiera sido
tan buena, si perdiendo su control me hubiera provocado, entonces, ¿quién sabe si mi
mente, perdiendo el control no hubiera bajado al plao corpóreo? Después del casamiento
pedí fervorosamente a la Divina Madre: "Madre, por favor, destruye completamente el
concepto del sexo en mi esposa". Conviviendo con ella sentí en esa época que la
Madre realmente había escuchado aquel pedido mío".
En las primeras noches la Santa Madre dormía en
la misma habitación con Thakur. Casi todas las noches Thakur permanecía en estado de
samadhi. Ella todavía no tenía ni noción de aquel estado superior; a veces, asustada,
salía afuera y llamaba al sobrino de Thakur, que conocía el modo de hacer bajar la mente
al plano físico repitiendo fórmulas sagradas a Su oído. Viéndola tan desconcertada,
Thakur le enseñó diversos mantrams que ella debía repetir según la clase de samadhi.
Poco más tarde, Thakur arregló todo para que ella pudiera habitar y dormir en una
habitación cercana a la suya. Arriba de esa habitación, la anciana madre de Thakur
había vivido durante varios años.
En esta pequeña pieza, la Santa Madre, con dos
intervalos de casi dos años cada uno, pasó casi catorce años atendiendo personalmente
la comida y otras necesidades de Thakur; ah mismo tiempo aprendía y practicó varias
sádhanas.

Pasaron cerca de dos años y Thakur pudo notar
que en la compañía de la Santa Madre ni por un sólo momento surgían las ideas
corpóreas; más bien consideraba a ella como una parte de la Divina Madre o como la
manifestación pura de lo Supremo, lo Absoluto (Existencia-Conciencia-Dicha). Entonces
sintió que Su mente ya se había establecido naturalmente en el plano Divino y que,
realmente. Él era la Encarnación Divina y que Sus anteriores prácticas habían sido
hechas para que sirvieran de ayuda a los aspirantes espirituales de todas las religiones.
Por la Gracia de la Divina Madre, Thakur sintió
íntimamente que Su sádhana había terminado y que la unión con la Madre era tan
completa, que cualquier idea o deseo que surgía en Su mente era la Divina Voluntad. Por
dicha Voluntad en Su mente surgió un deseo extraordinario y sin vacilación le dio el
curso debido. Thakur quiso adorar a la Madre del universo en una noche auspiciosa, pero de
una manera excepcional. No lo hizo en el templo ni públicamente en la santa imagen de la
Madre Kali. Esa significativa adoración fue la más mística de toda Su vida. Pidió a su
sobrino Hridaia que dejara bien arregladas todas las cosas necesarias en Su habitación, y
ya de antemano había avisado a la Santa Madre para que estuviera presente allí, cerca de
las nueve de la noche. La Santa Madre llegó a la hora indicada y se sentó cerca de
Thakur, mirando todos los preparativos del culto. Thakur se sentó para la adoración e
indicó a la Santa Madre que lo hiciera sobre el asiento especialmente decorado. La Santa
Madre, que mientras observaba el comienzo del culto se sentía transportada a un estado de
conciencia superior, tomó el asiento indicado. Entonces, Thakur roció el cuerpo de ella
con el agua previamente bendecida y pronunció la siguiente oración en sánscrito: «¡Oh
Madre, oh Dueña de la omnipotencia, abre la puerta de Tu misericordia! Purifica su cuerpo
y su mente y, revelándote en ella, comienza Tu extraordinaria obra de misericordia a
través de ella.» Luego siguió el culto durante cierto tiempo y pronto la Santa Madre
entró en el dichoso samadhi. Durante algunos minutos, en un estado elevado, Thakur
continuó Su culto, pronunciando mantrams muy sagrados. Inmediatamente, también Él se
surmergió en profundo samadhi. Los dos quedaron en ese estado durante varias horas. Cerca
de la madrugada fue Thakur quien descendió al estado semiconsciente y con la siguiente
fórmula muy sagrada, saludó a la humana-divina forma de la Santa Madre, con quien se
había unido en el muy elevado plano de la espiritualidad. Recitó Thakur: "Te
saludo, ¡Oh Madre!, viva figura de la esencia de la suprema bondad y la omnipotencia
activa. Tú eres la Suprema Divinidad manifestada, ¡oh Madre! Te saludo repetidas
veces." Terminada la oración, Thakur ofreció a los benditos pies de la deificada
Santa Madre Su rosario santificado con más de doce años de diversas pr ácticas
espirituales de hinduismo, islamismo y cristianismo.
Esta suprema adoración mística la hizo Thakur
en 1873 La eterna compañera de lo Supremo, la Divina Voluntad, fue despertada. Poco a
poco, ella también sintió sí' particular divina misión de dar protección a las
personas que tomarían refugio a sus pies. Más adelante, en una ocasión, en
Dakshineswara mismo, Thakur advirtió a la Santa Madre que no debería recibir a cierta
mujer de mala fama que habla llevado una vida inmoral. La Santa Madre le contestó
dulcemente: "Sé todo al respecto de ella, pero no puedo abandonarla; ella me ha
llamado 'Madre'; a cualquiera que me llame 'Madre', yo le daré refugio y lo
salvaré." ()yendo esto, en silencio, Thakur regresó a Su habitación. Seguramente
quedó muy complacido sabiendo que la Santa Madre era plenamente consciente y activa de su
misericordiosa Divinidad.
Más adelante, después de la desaparición
física de Thakur. vivió y actuó como la verdadera madre espiritual de todos los monjes
hijos de Thakur, y de los devotos y devotas de Él. Algunos de ellos recibieron la muy
mística y sagrada iniciación de ella. Años después, miles de devotos y devotas de
todas partes de la India y algunos del occidente tomaron refugio en ella, y todos fueron
asegurados de su salvación. Unos días antes de dejar el cuerpo, Thakur llamó a Su
habitación a la Santa Madre y a solas le dijo: "Ya me voy, dejo todo en tus manos;
tú tienes que protegerlos y guiarlos". La Santa Madre dijo llorando: "Me iré
contigo". Entonces, Thakur le contestó con cierta firmeza: "No, tú tienes que
quedarte; hay mucho que hacer. La gente está sumergida profundamente en el materialismo;
tienes que levantarlos de esa ciénaga del «oro y sexo" y del tan nocivo egoísmo.
Todas las veces que tuve que encarnarme tú me acompañaste, pero hasta ahora no hablas
asumido una actitud activa. Esta vez tú tienes que manifestar tu real naturaleza de
destruir la ignorancia, iluminar a la gente, darle la verdadera devoción y, por último,
salvarla." Oyendo esto, la Santa Madre guardó silencio. Más adelante, contó todo
eso a Su muy devota compañera Yoguin-Ma y a Swami Saradananda. Ninguno de los apóstoles
de Thakur hacía diferencia alguna entre ella y Thakur. Más aún, los más grandes entre
ellos, muchas veces, maravillados de su superior control del poder divino, decían que la
Santa Madre vivía constantemente en el elevadísimo estado del samadhi, pero que como era
todopoderosa, bajando un poco a la conciencia normal, vivía como una mujer común
limpiando verduras y haciendo los quehaceres de la modesta casa. La gente no se daba
cuenta que ella era la Madre del universo. La Santa Madre al igual que Thakur, sigue
iluminando a los que invocan su gracia, y aparece ante ellos, les aconseja y les da la
iniciación salvadora con sagrados mantrams. Así como nadie conoció ni conocerá
intelectualmente a Dios o a Sus Encarnaciones, pero muchos fueron, son y serán salvados
de la terrible ronda de "nacimiento y muerte", así nadie conoció ni conocerá
la verdadera realidad de la Santa Madre; pero todos aquellos que tomaron y toman refugio a
sus benditos pies, fueron y serán liberados por su misericordia.

Aquí tengo que hacer un resumen de la
experiencia ínfima de Thakur después de deificar a la Santa Madre, Su Shakti, Su
constante compañera en todas las Encarnaciones y Su elegida consorte, figura de pureza,
amor y renunciamiento. Decía Thakur: "Como nadie puede separar la leche de su
blancura, así nadie puede separar a Brahman de Su Shakti. Son tan sólo dos aspectos,
nunca dos entidades diferentes."
Después de realizar al Único Dios por todas
las religiones existentes en Su tiempo, aunque posteriormente vivió a veces como gñani
(conocedor), bhakta (devoto) y yogui, para que la gente pudiera acercarse, ser aconsejada
en temas espirituales (y varias personas fueron salvadas), Thakur sintió en adelante Su
completa unión con la Suprema Divinidad y que Él era una Encarnación especial. A veces,
muy íntimamente, decía a algunos de Sus jóvenes discípulos: "Un dedicado devoto o
aspirante espiritual, ya sea siguiendo el sendero del gñana (conocimiento) o del yoga,
por las largas y continuadas prácticas que ocupan la vida entera, al lograr la visión
divina, por Su misericordia realiza la Paz Suprema. Pero aquí (indicando Su propia
persona; porque en esta época muy rara vez decía yo hice tal o cual práctica,
etcétera) todos los senderos han sido recorridos, y el ishtam (ideal) ha sido realizado,
y cada aspecto y forma de la única Divinidad está presente aquí. Todos están
aquí." Tres grandes maestros con su realización particular y profunda erudición de
los sagrados textos correspondientes a su escuela, opinaron lo siguiente durante Su vida:
Dijo el Pandit Padmalochan, que lo conoció después de Su sádhana del Tantra: "No
veo ninguna diferencia entre Tú y la Madre. En Ti veo el advenimiento de Dios y Su
Voluntad." El realizado gran devoto de la escuela vaishnávica, el santo
Vaishnavacharan, componiendo un himno en sánscrito, le adoró delante de todos como
Encarnación Divina. Y el gran sabio espiritual Pandit Gourikanta también declaró ante
muchos visitantes: "Veo en Ti manifestados perfectamente todos aquellos estados
mencionados en las sagradas escrituras; más aún, en Ti se han manifestado otros diversos
estados que no son mencionados en aquellos libros sagrados; tu estado ha sobrepasado todo
lo que se dice en los Vedas y el Vedanta. Tú no eres un simple hombre; en Ti está
presente Aquello de donde proceden los Avataras (Encarnaciones Divinas)." (Todo esto
que estoy citando sobre la gran vida de Thakur, fue escrito por el Swami Saradananda. Digo
con toda franqueza que no me atrevo a dar una explicación. Mi posición es la de un
servidor muy humilde que lo ama).
Del libro "Sri Ramakrishna - Dios
Hombre", Swami Vijoyananda, Kier S.A., 1976, Buenos Aires, Argentina |
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