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SOBRE EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO... Mi saludo fraterno para ti, que estás leyendo esta sección semanal de reflexiones. Es bueno saber que estás ahí, del otro lado de una pantalla de ordenador, mientras miles de datos viajan por el ciberespacio y se traducen en palabras. Yo agradezco desde mi corazón que te tomes este tiempo para leer lo que tengo para compartir contigo. Lo que tengo no es mío, sino nuestro. En esta ocasión, y como hago de vez en vez, he optado por escribir y no transcribir. Has visto que en estas semanas anteriores hemos leído sobre Krishnamurti, alguna nueva versión de los evangelios, algo sobre Osho, y hemos ido transitando por diversos autores. Pero cada tanto elijo hablarte desde mi ser, porque creo que bueno es también esto. Esta semana he estado visitando un hospital, y he podido ver algunas cosas que creo deben ser comentadas. He visto diferentes clases de dolor: en los pacientes dolor físico y psíquico, en los parientes que van a visitarles, el dolor de la impotencia en muchos casos, de la angustia, de la desesperación, y otros. También he visto maravillas, personas que son curadas o que dejan de padecer, algunas a punto de morir que de golpe sanan, o que luego de un tiempo de inexplicable mejoría, desencarnan. Como sea, el dolor es algo que siempre está de manifiesto en este planeta. No me malentiendas, no es que no se manifiesten otras cosas, sólo que he querido hablarte esta vez sobre EL DOLOR. Cómo el dolor es algo tan contundente e ineludible, lo he mirado, observado, confrontado e intentado aprender de él. He llegado a concluir que el dolor es un gran maestro. Cuando el dolor llega, los más firmes y racionales argumentos que hemos sostenido durante años, las más inflexibles posturas, se someten a gran prueba. Es así que llegado el dolor, sólo lo verdadero permanece, y lo demás cae o se debilita grandemente. Este maestro es mal visto, y nadie quiere aprender de él. En los diálogos que mantengo con Juan y con mi maestro, hemos aprendido a diferenciar el dolor del sufrimiento. Por supuesto, como es mi intención que tú reflexiones, quiero preguntarte a ti si ves diferencia entre ambos. Miremos por ejemplo al Cristo, clavado al madero, agonizante, contemplando al mundo de los hombres desde allí arriba: ¿dolor? ¿sufrimiento? Claro está que mucho más que eso, pero deténte en ese aspecto tan sólo. Yo creo que se deben diferenciar. De ninguna manera son lo mismo. Algunos de los enfermos que he visto, tienen a su lado imágenes (de la Virgen, de Jesús, de algún santo...) a las que miran sobretodo cuando padecen. Y esto es hermoso, porque cuando el dolor viene, difícilmente uno no recuerde a Dios. Algunos caen en cuenta de que mucho tiempo lo habían olvidado, otros le reclaman la responsabilidad de su dolor, otros en cambio creen que esto es un castigo por algo, otros piden alivio, otros lloran desesperadamente como un niño que necesita de su madre porque se lastimó. El dolor obliga a una transformación, es una especie de puerta. Como tú imaginarás o habrás experimentado hay diferentes formas de atravesarla: con fe, discernimiento, valentía, voluntad, esperanza, aceptación, y por qué no con lo opuesto: descreimiento, ignorancia, cobardía, desgano, desesperación o negación, o con la combinación de varias de estas formas. Lo indiscutible es que esta puerta deberá ser atravesada, y si te detienes a ver la forma de este mundo, es más que evidente que no una vez, sino muchas. Tomando pues al dolor como maestro, debemos ver qué podemos aprender de él, qué enseñanza tiene para brindarnos. Si no aceptamos su enseñanza, viene ahí la consecuencia llamada SUFRIMIENTO. Este elemento es totalmente distinto al dolor. Reflexiona tú mismo ahora sobre su diferencia. Tú no sufres de inmediato: primero aparece el dolor, y de acuerdo a tu reacción y estado humano, aparece o no el sufrimiento. En verdad creo (y como siempre puedes o no estar de acuerdo, porque este sólo es mi íntimo sentir) que el Cristo en la cruz estuvo frente a frente con el más grande dolor: no sólo físico, él vio desde allí arriba al mundo. Piensa en esta imagen, y no importa si eres o no cristiano: sólo piensa en este hombre que no se defiende en un juicio donde es acusado, porque acepta el dolor y lo debe atravesar como portal, en beneficio de toda la humanidad: los que le conocían y los que no, los que creían o creerán con los siglos en él, y los que no. Medita en el por qué, medita en su dolor, pero no sólo en el de los claves que atravesaban sus muñecas y pies, ni en los espinos clavados en su cráneo, ni en las flagelaciones que padeció horas antes, ni en su agonía en los maderos elegido por los romanos para escarmentar a los que juzgaban delincuentes, ni en las burlas y escupitajos de muchos los que se divertían con este dramático escenario. Piensa en el dolor que atravesaba su ser, y en su elección, su sacrificio. Si no eres cristiano, aún así debes admitir que este no era un hombre común. Yo amo al Cristo, como amo a Buda y a las encarnaciones de Dios. Pero si quieres otro ejemplo, mira al Buda, observa como negó toda posibilidad de deleite mundano, para sumergirse en todos sus estratos interiores, para realizar el viaje más doloroso y maravilloso hacia La Verdad. Cuando una terrible enfermedad te sorprende, o a uno de los que amas, el dolor se presenta ante ti como maestro, y tú eliges si querrás aprender o no. Antes del dolor hay otros maestros, pero generalmente no les prestamos atención. Por eso viene el maestro severo, no como castigo, sino porque posee una voz que es tan poderosa, que aunque tapes tus oídos no podrás evitar oír. Sé que es difícil, pero cuando el dolor aparezca ( y aparecerá por más que ni yo ni tú lo queramos, porque este mundo tiene dolor) enfréntalo, pregúntale qué tiene para enseñarte, y con tus posibilidades, aprende, sin sufrir o sufriendo lo menos posible. Porque puedo decirte que el dolor no es malo, pero el sufrimiento carcome, viene de no entender o no escuchar la enseñanza del dolor. Cuando somos desbordados viene el sufrimiento. No sé si llego a transmitirte la diferencia esencial. Creo que debemos todos trabajar en comprender esa abismal diferencia para que la puerta sea atravesada, pues luego de hacerlo te elevas, aunque no haya sido tu objetivo. Te pido entonces que pienses en los dolores que te han aparecido en la vida, y piensa si has sufrido. Mira la realidad del por qué del sufrimiento. El dolor es existencial y el sufrimiento tan sólo real. El dolor es mucho más profundo que el sufrimiento. En el hospital he visto mucho dolor y mucho sufrimiento. He visto la puerta que se les presenta a todos. Pero no es necesario internarse allí para verlo. Mira al mundo, y verás al dolor y al sufrimiento. Te ruego que reflexiones sobre esto, y estoy seguro que aprenderás la mejor forma de atravesar el portal. Eso es todo por esta semana: trataremos más temas, otros libros y autores la semana próxima. No dejes de visitarme.
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