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EL DISCERNIMIENTO Y LA BUSQUEDA DEL MAESTRO Finalizando el primer mes del año 2002, te saludo con amor y gratitud. Antes que nada, permíteme agradecer todo lo que haces por mí: estar allí cada semana, transmitir tu amor, continuar tu búsqueda interior, y ayudarme de todas las formas en que lo haces. Quiero también agradecer a aquellos que nos han ayudado en estos difíciles momentos con la manutención de la casa del maestro, como a todos los seres que con amor se unen en oración o sentimiento por quienes lo necesitan. Estamos disfrutando cada sábado de una unión muy hermosa en el Chat. Todo hoy es para dar gracias. Y es así que estando a punto de que me realicen una pequeña intervención este lunes próximo, ha venido a mi mente un gran tumulto, y he querido demostrar una vez más cuán errados están aquellos que por amor me llaman maestro. Este ser pequeño que soy se sigue enfrentando a su miedo, y al gran desafío de DISCERNIR. Esta tarea me sería en verdad prácticamente inalcanzable sin la guía del maestro. Por eso, esta vez hablaré poco, pues no es sensato que hable de esto quien aún tiene grandes dificultades para ponerlo en práctica. Uno puede darse cuenta de los mecanismos de la mente, saber cómo actúa y cuáles son sus trampas. Pero la mente no debe ser nuestra enemiga, ésa a la que nos pasamos temiéndoles. Debería ser nuestra aliada y compañera para obtener el discernimiento. Tú conoces mi nombre sagrado, que en sánscrito significa "Quien se libera por el discernimiento" ...Y aunque este es el nombre que me ha sido dado en esta encarnación, me es muy difícil llevar a la práctica la esencia de este significado. Siempre me he desnudado ante ti. Te he dicho todo lo que me acontece. Me han sido concedidas muchas gracias, entre ellas la intuición. Mi intuición siempre me ha dicho que no tengo nada malo en mi cuerpo, pero a la vez mi mente ha logrado desequilibrarme muchas veces. Esto ha sido así a tal punto que he debido acudir a un psiquiatra para que me ayude a bajar la química neuronal. Cuando la mente me ataca con todos sus demonios, he conocido la horrible sensación del terror. El terror te paraliza, quedas inmóvil, y acudes al discernimiento. Éste te dice qué es real y qué no lo es. Pero la ilusión es tan poderosa, que tal como un mago te hace entrar en su mundo, puede hacerte creer en algo que no sucede. Es hora de bajar a ese mago del escenario, y conversar con él como una persona más, hacernos amigos de él para que nos revele sus trucos. La mente es ese mago, no lo olvides y que yo tampoco lo olvide. Por eso te traigo hoy este escrito sagrado, llamado Vivekachudamani, o Diadema del Discernimiento. Es un libro que recomiendo para tu biblioteca espiritual, pues contestará a muchas de tus preguntas, no permitirá que tu ego se engañe, y ayudará a lo que muchos me preguntan cuando me escribe: ¿cómo reconozco a un maestro verdadero?. Así es pues que este extracto hablará por sí mismo. Léelo, imprímelo y guárdalo. Hay mucho néctar en él del que puedes tomar nutrientes. Yo quedo en silencio a partir de aquí, leyendo esto junto a ti, porque ambos debemos aprender esta lección. Una vez más gracias por estar conmigo, y ahora a leer:INVOCACION Me inclino ante Aquél que es el fin de toda sabiduría, la meta de toda realización, Señor invisible del rebaño, suprema bendición: el Buen Maestro. Para los seres humanos es difícil nacer y difícil alcanzar la virilidad y la santidad, pero más difícil todavía, es lograr la perfección en el camino de la ley de la sabiduría. Pero lo más difícil de obtener entre todas estas cosas es la iluminación. El Discernimiento entre el Yo Divino y lo que no es el Yo; la realización de la unión plena con el Yo eterno - la liberación- no se pueden alcanzar sin una santidad perfeccionada a través de un millón de vidas. La calidad humana, el deseo de liberación, el poder acercarse a los Maestros. Esas tres cosas, difíciles de conquistar, sólo nos son dadas por la Gracia Divina. Quien ha obtenido, por fin, la forma humana, difícil de subyugar, como así también la calidad humana y la comprensión de las enseñanzas reveladas y no se esfuerza en el camino de la liberación del Yo Divino, se está matando a sí mismo al aferrarse a lo irreal, en un proceso de autodestrucción. ¿Quién es, entonces, la propia esencia de la locura, sino aquél que, ilusionado, corre tras finalidades egoístas, luego de haber obtenido la forma y la calidad humanas, difíciles de subyugar? Aunque reciten las Escrituras, sacrifiquen a los dioses, ejecuten todos los trabajos, adoren a las divinidades, no podrán alcanzar la liberación, ni en un centenar de eones, si no despertaran a la unidad con el Yo Divino. Dicen las Escrituras que no existen esperanzas de inmortalidad para quien transita el camino de la acumulación de riquezas, y es claro, además, que las obras rituales no producen liberación. Esfuércese, entonces, el hombre sabio por obtener la liberación a través de la renuncia al engaño de la felicidad que ofrecen los objetos exteriores. Que él se aproxime al Bueno y Gran Maestro, empeñando toda su alma en seguir sus enseñanzas. Que a través del Yo Divino, él eleve su yo individual sumergido en la sucesión de vidas y muertes, para buscar la unión con el UNO. Habiendo escuchado la voz que lo impele hacia el Yo Divino, esfuércese el sabio por renunciar al fruto de todas las obras, buscando liberarse, con esa renuncia, de la esclavitud del mundo. Las obras purifican el corazón, pero no llevan a alcanzar lo Real; lo Real se alcanza por el discernimiento y no por las obras, por más numerosas que ellas sean. Por el discernimiento de lo Real, se comienza a percibir que la serpiente imaginaria es, apenas una cuerda y, así, es destruido el miedo a la gran serpiente creada por el encantamiento de la ilusión. El conocimiento cierto de la meta llega a través del discernimiento despertado por la enseñanza correcta y no a través de abluciones o dádivas, o millares de retenciones de la respiración. Obtiene el fruto, como recompensa, aquél que posee las debidas calificaciones; las circunstancias, tales como tiempo y espacio, apenas ayudan al resultado. Por lo tanto, aquél que quiera conocer lo Real, que r practique el discernimiento, buscando un Maestro que sea como un río de compasión y excelente conocedor de lo Eterno. Aquél que tuviera inteligencia y hubiera alcanzado la iluminación; que tuviera conocimiento y sabiduría, ése será apto para enseñar la sabiduría del Yo Divino, pues lleva la marca inmemorial de lo Divino. Aquél que tiene discernimiento, que se liberó del egoísmo, que conquistó la serenidad y otras virtudes en su ardiente deseo de liberación, ése, está capacitado para buscar lo Eterno.
LAS CUATRO CALIFICACIONES Seguidamente se enumeran cuatro calificaciones que poseen aquéllos que alcanzaron la sabiduría. Cuando ellas están presentes, se está firmemente asentado en lo Real. Cuando ellas están ausentes, se ha fracasado. En primer lugar, está el Discernimiento entre lo Eterno y lo no eterno. Sigue, después, la superación de la auto-indulgencia y de los frutos de la acción. Y, enseguida, seis virtudes, comenzando por la Quietud y terminando por el Ardiente Deseo de Liberación. Lo Divino Eterno es real; el mundo es ilusión. La total certidumbre de esa verdad es lo que se llama Discernimiento entre lo Eterno y lo no - eterno. La Superación de la auto-indulgencia es la renuncia a lo que es atractivo para los ojos, para los oídos y para todos los sentidos; la renuncia a los atractivos de todas las cosas no eternas, desde el cuerpo hasta el Poder Formador, continuamente realizada a través de la comprensión de la vanidad de todos los objetos exteriores es la fijación de la mente y el corazón en la meta a alcanzar. Control es el dominio de los poderes de la percepción y la acción; es detener el fluir de su curso. La excelencia de la Cesación consiste en rechazar el apoyarse en los objetos exteriores. La Resistencia es la capacidad de soportar, sin preocupaciones ni lamentos, todos los dolores, sin rebelarse contra ellos. La Fe es la firme convicción de que las palabras y las Enseñanzas del Maestro son verdaderas. El justo dice que lo Real fue conquistado por esta Fe. La Concentración es la permanencia continua del alma en lo Puro Eterno sin alimentar imaginaciones. El Ardiente deseo de Liberación es el anhelo de liberarnos de todas las cadenas forjadas por la ignorancia, comenzando por el yo personal y terminando por el cuerpo, a través del Discernimiento de la naturaleza real del Yo Divino. Cuando dicho anhelo estuviera presente, reforzado por la Cesación, La Superación de la auto-indulgencia, la Quietud y las otras virtudes e, igualmente, por la gracia del Maestro, entonces surgirán los resultados. En aquél que conquistó la auto-indulgencia, en el que el deseo de liberación está pleno de entusiasmo, en él florecen la quietud y las otras virtudes, alcanzando la meta. Cuando la auto-indulgencia no fue dominada y el deseo de liberación es débil, entonces, la quietud y las otras virtudes son una ilusión, como el espejismo en el desierto. De entre todos los medios de liberación, la devoción es, en verdad, el más poderoso. Se afirma que la devoción es fijarse en el corazón del verdadero ser del Yo Divino. Otros dicen que la devoción consiste en fijar el corazón en el Yo Real de cada uno. Aquél que conquistó las calificaciones antes descriptas está apto para discernir el verdadero ser del Yo.
BUSCANDO AL MAESTRO Que él se aproxime a un Maestro que conquistó la sabiduría y de quien pueda ser aprendida la liberación de la esclavitud, que conozca las sagradas enseñanzas, que sea perfecta pureza, que no sea movido por el deseo y que sea sabio en la sabiduría de lo Eterno. Un Maestro que haya penetrado en la paz de lo Eterno, conquistándola como la llama cuando se consume el combustible, que sea un océano de compasión que no busca retribución y que sea amigo de todos los que claman por auxilio. Aproximándose al Maestro con reverente devoción, con la amorosa disposición de aquél que busca lo Eterno, conquiste el discípulo su buena voluntad y pregúntele lo que desea saber con relación al verdadero Yo. Te reverencio a ti, Maestro; amigo del mundo oprimido, océano de compasión; sálvame a mí, que estoy sumergido en el mar de la vida; dirige hacia mí tus ojos de firme mirada irradiando compasión y rectitud. Estoy siendo quemado par el ardiente fuego de la vida pasional difícil de extinguir; soy empujado de aquí para allá por el destino adverso y me encuentro lleno de miedo. Vengo a ti, en busca de refugio, sálvame de la muerte porque no conozco salvación alguna. Los poderosos seres que alcanzaron la paz y viven rectamente, traen la vida al mundo como una primavera que se aproxima; ellos, que a su tiempo, atravesaron el terrible mar de la vida pasional, auxilian a otros a transponerlo con una compasión que no pide retribución. Desde su esencia, esos seres de alma poderosa, se esfuerzan por curar las tristezas ajenas como la luna de rayos nacarados refresca la tierra abrasada por el fuego terrible del sol. Derrama sobre mí tus palabras de vida inmortal, aquéllas que traen la felicidad de las sagradas enseñanzas a medida que brotan de la copa de tu voz clara, estimulante y purificadora, inspirada en tu propia experiencia de la esencia gozosa de lo Eterno. Maestro, estoy siendo consumido por las llamas ardientes, por el calor abrasador de esta vida pasional. Felices de aquéllos sobre quienes descansa, siquiera un instante tu bondadoso mirar; ellos se transforman y son aceptados y pasan a pertenecerte. ¿Cómo podré atravesar este océano de la vida pasional? ¿Cuál es mi camino? ¿Cuál es el medio para mi salvación? No conozco ninguno. Cúbreme, oh Maestro, con tu compasión. Sálvame del dolor y de la destrucción, en esta vida, asediada por la muerte.
RESPUESTA DEL MAESTRO El alma poderosa, con los ojos humedecidos por la compasión al oír el llamado que le hace el discípulo abrasado por el calor ardiente del fuego de esta vida, asediada por la muerte, inmediatamente lo libera del miedo. El Maestro, pleno de sabiduría, compasivamente, comienza a enseñar la verdad al discípulo que vino a él con reverente actitud en busca de la liberación; que conquistó las calificaciones exigidas, y cuyo corazón, ganó tranquilidad y alcanzó la quietud. ¡No temas, oh, hombre prudente! No estás en peligro; existe una forma de atravesar el océano de esta vida asediada por la muerte, un camino por el cual los santos alcanzaron la otra margen. Y yo te revelaré ese camino. Hay un camino de poder que destruye el terror de esta vida asediada por la muerte; recorriéndolo, a través del ancho mar de este mundo, conquistarás la suprema alegría. Por la correcta comprensión de la esencia de las enseñanzas de la sabiduría, surge la iluminación que destruye el inconmensurable dolor de la vida asediada por la muerte. Las enseñanzas sagradas afirman, claramente, que los medios de liberación, para aquél que la busca, son Fe, devoto amor, meditación y unión. Aquél que permanece firme en esas virtudes, obtiene la liberación de las cadenas del cuerpo forjadas por la ignorancia. Esta vida, asediada por la muerte es fruto de la esclavitud a aquello que no es tu Yo verdadero, dado que no conoces tu verdadera identidad que es el Yo Supremo. La llama de la iluminación, alimentada por el correcto discernimiento entre el Yo verdadero y el falso, destruirá las obras de la ignorancia, desde la raíz hasta las ramas.
EL DISCIPULO HABLA ¡Maestro, óyeme en tu compasión! Estas preguntas las hago para que, oyendo las respuestas de labios del Maestro, pueda yo alcanzar mi objetivo: ¿Qué es en verdad la esclavitud? ¿Cómo se origina? ¿En qué se apoya? ¿Cómo nos liberamos de ella? ¿Y, qué es aquello que no es el Yo verdadero? ¿Qué es el discernimiento entre lo verdadero y lo falso? ¿Quieres esclarecerme eso?
EL MAESTRO RESPONDE Feliz de ti, que alcanzarás la meta. A través tuyo, tu familia será bendita, porque, libre de la ignorancia, serás uno con lo Eterno. Los hijos y los parientes podrán librar al hombre de sus deudas, pero nadie, sino él mismo, podrá liberarlo de la esclavitud. El dolor causado por una pesada carga sobre la cabeza de un hombre podrá ser aliviado por otros, pero el sufrimiento causado por el hambre y la sed, no puede ser asumido por nadie, sino por el hombre que come y bebe. El enfermo no recupera la salud por la correcta acción de otras personas sino por el uso adecuado de los remedios. La verdadera esencia de lo Real debe ser contemplada por nuestros propios ojos iluminados por la sabiduría: no es suficiente que lo vea el Maestro. La verdadera forma de la luna debe ser percibida por nuestros propios ojos y no por los ojos de otros seres. ¿Cómo podría alguien, a no ser nosotros mismos, quebrar las cadenas que nos atan a la ignorancia de aferrarnos a los frutos de la acción? La liberación no es obtenida a través del Yoga o de Sankya, o cualquier otro medio, sino, tan solo, por la percepción de la unidad de nuestro Yo real con lo Eterno. La forma y la belleza del laúd, así como la habilidad para tañer sus cuerdas, podrán encantar a la multitud, más no podrán establecer el poder de un monarca. Un bello discurso, un juego de palabras, la habilidad en la exposición de los textos sagrados, podrán encantar a los eruditos, mas no traen la liberación. Cuando no se conoce la realidad, inútil es la lectura de los textos sagrados, aun cuando esa realidad sea conocida por la mente. Una red de palabras es como un denso bosque que conduce a la mente hacia la confusión; por lo tanto, la realidad del Yo Divino debe ser buscada, con seriedad, junto a quien ya haya tenido contacto con lo Real. A no ser que aquél que fue mordido por la serpiente de la ignorancia, sea curado por el conocimiento de lo Real, ningún provecho podrá extraer ya sea de los Vedas y escrituras, ya sea de hierbas y encantamientos. La enfermedad desaparece cuando tomamos el reme- dio adecuado y no, cuando solamente hablamos respecto de él; así también, la liberación no se obtiene por la simple alusión a lo Eterno, sino por la experiencia inmediata de El. Si no apartamos nuestra mente del mundo visible; si no conocemos la realidad del Yo Divino, ¿qué especie de liberación podremos obtener de meras palabras cuyos resultados son sones vacíos? Nadie podrá transformarse en rey sólo por repetir la palabra "soy rey" sin haber destruido al enemigo y conquistado las riquezas del reino. Si quisiéramos desenterrar un tesoro, no lo haríamos pronunciado la palabra "aparece", sino siguiendo las instrucciones correctas para quitar la tierra y las piedras que lo cubren. Así, también, la verdad límpida del Yo Divino, velado por la fascinación de este mundo podrá obtenerse por las enseñanzas de aquél que conoce lo Eterno. A través de un pensamiento y una meditación cuidadosos y no a través de un sutil raciocinio. Siendo así, deberán esforzarse los hombres prudentes por liberarse de la esclavitud de este mundo asediado por la muerte, tal como se esforzarían en tomar los remedios que curarían su enfermedad. La importante pregunta que hoy hiciste, de acuerdo con las sagradas enseñanzas, deberá ser hecha por todos aquéllos que buscan la liberación. Presta mucha atención, oh, hombre prudente, a lo que he expresado; oyendo quedarás, en verdad, libre de la esclavitud del mundo, allí donde eres mortal
LOS MEDIOS DE LA LIBERACIÓN Se afirma que el primer paso para la liberación es el completo desapego de todas las cosas que están fuera de lo Eterno; luego, la serenidad, el autodominio y la paciencia y, seguidamente, la total renuncia a las obras motivadas por el deseo personal. Sigue luego, el estudio de las escrituras y la reflexión sobre su significado, con meditaciones continuas y prolongadas sobre lo Real. Entonces, liberándose de las cadenas del pensamiento mal orientado, el hombre sabio alcanza, en este mundo, la felicidad del Nirvana.
Fin del extracto
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