Te saludo alma nacida en esta Tierra y lo hago con todo mi
amor. Te contaré algo: hace unos pocos años decidí compartir mi espiritualidad con el
mundo, pero no sabia cómo hacerlo. Internet me pareció un buen medio, así que construí
unas páginas pequeñas al principio, pero luego, durante el 2000, concebí este portal.
Mucha de esa concepción tuvo que ver con mi búsqueda anterior. Yo pasaba mucho tiempo
buscando escritos sagrados, pues mucho quería conocer yo de Jesús y otras encarnaciones
divinas. Cierto día, mi maestro me dio unos manuscritos etíopes donde Jesús revelaba
algunas cosas a sus discípulos. Luego me enteré del evangelio de Tomás y otros
apócrifos. No entendía por qué las personas no los conocían. Una tarde que fuimos al
cine con mi esposa y vimos la película "Estigma", más allá de la ficción, se
confirmaron mis sospechas. Evidentemente no convenía que tal escrito se hiciese conocido,
pues anulaba la autoridad de la Iglesia.
Muchos de mis amigos me decían que era una locura creer que
tal escrito era cierto. Todos me hablaban de los cuatro evangelios de Juan, Mateo, Lucas y
Marcos. Pero fue durante ese año 2000 que mi maestro me había anunciado la gracia de una
comunicación divina, y fue así que, más allá del entendimiento de mi mente, Jesús y
su primo Juan me susurraban palabras. Más tarde, Juan se declaró como mi maestro
interior, y transcribí sus palabras (que encontrarás en http://juanelbautista.8m.com). Pregunté muchas
cosas a él y a Jesús: si has leído ese libro te habrás topado con testimonios muy
reveladores. Yo fui educado en colegios católicos, y si bien mi instructor me había
puesto en conflicto a causa de revelarme palabras no contenidas en las escrituras, Juan y
Jesús precipitaron aún más este sentir.
Los evangelios apócrifos que seleccioné para el portal
espiritual, fueron los que sentía yo como más cercanos a la Verdad. Si bien hay muchos
que aún dan vueltas por allí, yo sólo he reconocido estos, y un par más que me fueron
dados y aún no puedo enviar a la luz de mi conciencia. Mas creo que bastante hay con el
de Tomás. Por eso es que esta semana, y pese a que muchos de vosotros ya lo conocen, les
pido una vez más que lo lean, y que de cada frase conversemos, pues mucho hay de qué
nutrirse. Dichos maravillosos se marcaron a fuego en mí, como por ejemplo: ***Sus discípulos le dicen: ¿Cuándo vendrá el
Reino? Ieoshúa dice: No vendrá por expectativa. No dirán, "¡Mirad aquí!" o
"¡Mirad allá!". Sino que el Reino del Padre se extiende sobre la tierra y los
humanos no lo ven***.Por sobre todo una frase que me
pareció esencial, y que deben sentir en vuestros corazones:*** Levantad la piedra y allí me encontraréis, partid
la madera y allí estoy.*** Él declaró con esto
algo maravilloso, que produce gran alivio cuando estamos turbados. Significa que su
Espíritu yace en TODO, en una piedra, en un árbol, y por sobre todo: EN NOSOTROS.
Siempre esperamos la salvación proveniente de los cielos, apariciones milagrosas,
visiones reveladoras, soluciones inmediatas y mágicas. Pero se ha dicho que esto no es
así, pues ya está ese Reino entre nosotros, sólo que no lo vemos. Si pudiésemos mirar
directamente al alma, todo ese mundo sería revelado a nuestra conciencia. Lo tenemos,
está en nosotros, mas no lo vemos. Preferimos escuchar las promesas de los sacerdotes,
diciendo que si no pecamos, iremos al cielo, y si lo hacemos, iremos al infierno. Puedo
decirte que esta vida se transforma en un infierno si pasamos nuestro tiempo cuidándonos
de no incurrir en pecado y prestándole tanta atención a lo malo, que se logra que
olvidemos nuestro amor por Dios como mayor meta en la vida. Si amamos a Dios, todo lo
demás tomará su lugar de a poco. No hay cuestiones inmediatas, ni tampoco juicios
terribles de Dios que nos quiere ver ardiendo en los avernos. Vivimos tan ilusionados y
expectantes del más allá, que olvidamos el "más acá", porque es aquí y
ahora donde está Dios. AQUÍ Y AHORA, recuerda la lectura de la semana anterior.
Por eso te pido que reflexiones
conmigo, mira este evangelio, y más que leerlo, imagina a Jesús hablando a sus
discípulos, como Él me lo mostró: todos reunidos en torno a una fogata en la playa, los
alumnos esperando las palabras del maestro, y Él dibujando signos en la arena. Algún
día os hablaré de esto. Muchas de estas palabras contenidas en el evangelio de Tomás
hallado en vasijas en el Mar Muerto (Nag Hamadi) han perdido su fuerza original, porque
están traducidas del arameo al inglés y luego al español, pero aún así, son duras,
dulces, bellas y altas. También son conflictivas, porque los verdaderos maestros enseñan
muchas veces a través del conflicto, para forzar a la mente a que deje su actitud
adormilada, y que así el alma salga a la luz. Te pido una vez más tu sentir en el foro.
Aquí va el evangelio de Tomás, y me despido hasta la semana próxima. A tus pies
Al evangelio de Tomás( en línea, y
completo) Haz clic aquí
¿Cómo has estado?
¿Cómo estás? Te doy mi saludo fraterno, te doy también mi agradecimiento por tu amable
visita, y con las preguntas que te he dicho al comiento de este párrafo, hablaremos de
algo muy cotidiano. Se trata de la mente y su tiempo.
Cualquiera de
nosotros expresa muy a menudo pensamientos tales como: " me gustaría que suceda tal
cosa" ó "qué bueno hubiese sido si no habría hecho yo esto" ó
"como querría que esta persona estuviese de nuevo aquí" ó " si yo
tuviese mucho dinero haría...", y la lista sigue. Quizá ya hayas observado esta
forma de la mente: ella se mueve en los humanos fundamentalmente en dos tiempos: pasado y
futuro. Esto que digo no es caprichoso. Si vieses el caudal de tus pensamientos, y
quedasen anotados, verías que muchas veces te quedas pensando en situaciones que ya no
existen sino que existieron hace unos instantes, o días, o años, y también verías
anhelos que se lanzan hacia el devenir, cosas que aún no ocurrieron pero que ya nuestra
imaginación se encarga de que ocurran al menos a nivel mental.
Por supuesto, esto
deja entrever una cuestión un tanto inquietante. Con muchos de vosotros he hablado sobre
ello, y el punto central es que a nuestra mente le cuesta situarse de forma constante en
el AQUÍ y AHORA. El presente actual, inmediato, no es un terreno muy agradable para
los juegos que realiza nuestra mente-materia.
Dejemos por un
momento a nuestra mente, y abstrayéndonos, veamos que nos dice esta palabra: ETERNIDAD.
¿sabes lo que es la eternidad? Probablemente tienes el concepto, pero yo lo reforzaré
con otros con los que puedes estar o no de acuerdo. El juego que jugaremos trata de que tu
mente que habitualmente juego con lo temporal, se ponga un poco "molesta". ¿Me
permites entonces que te de conceptos o ideas referentes a la eternidad? Aquí van (trata
de no opinar por el momento, sólo léelos). ETERNIDAD ES:
Te he mostrado diez
conceptos distintos, a la vez similares, paradójicos y con otras características.
Este juego que estamos jugando debe tener un resultado, que es poner en mayor actividad la
cualidad de reflexionar que tú tienes. Quiero que veamos cómo nuestra mente ocupa el
tiempo con la parte ilusoria del tiempo. Esto es, como tu cabeza piensa en lo que no es y
en lo que todavía no es, pasado y futuro.
Otra pregunta
importante es: ¿tienes idea de por qué en general la mente no gusta de concentrarse
siempre sólo en el presente, en el aquí y ahora? Yo no pido discursos intelectuales,
porque de seguro no faltara quien diga: Si yo no aprendiese de mi pasado, cometería
errores en el presente y en el futuro.... Yo hablo de algo más profundo, y te daré una
pista importante: lo que la mente persigue con esta forma de oscilar entre tiempos
inexistentes, que dentro del mundo real no están vivos, es el DESEO. Piensa por un
momento en esto. Si has leído el Baghavad Gita que es uno de los escritos, que considero,
trata con buena profundidad el tema, verás cómo la mente lanza pensamientos hacia lo que
desea. El deseo es quien genera este vaivén entre pasado y futuro.
Si puedes
reflexionar sobre esto, y escribirlo en el foro de
opinión y espiritualidad, creo que todos podremos sacar muy importantes conclusiones.
Esta es una forma de aprendizaje mutua e interactiva, así que creo muy bueno que pongamos
manos a la obra con este ejercicio.
Por último, y
despidiéndome hasta el mes próximo, quiero acercarte el texto de un maestro vedantista
muy amado, llamado Swami Vijoyananda. Este hombre, discípulo de Sri Ramakrishna, era muy
amante de Jesús. Quiero que leas estas palabras de un libro de él, sobre una conferencia
que dio hace bastantes años, pero con una terrible vigencia. La paz te inunde siempre. A
tus pies.
¿DONDE HALLAR A DIOS?
Swami Vijoyananda
Ha transcurrido más de un año desde la última vez en que os
saludé públicamente por radio. Durante este tiempo he estado lo mismo con vosotros, pero
a mi modo, el modo de un vedantista.
Quienes hayan escuchado mis conferencias por radio habrán observado
que siempre os saludo según mi modo peculiar y propio: os llamo siempre mis hermanas y
hermanos. Pues bien, mis queridos hermanos y hermanas, aquí me tenéis de nuevo; vuelvo a
hablar, vuelvo a oir y vuelvo a aprender.
Otro aspecto singular de mi naturaleza es que aprendo mientras enseño;
por eso he aprendido con vosotros y aprovecho ahora una nueva oportunidad de aprender.
Pasemos al tema de nuestra conferencia de hoy: ¿ Dónde hallar a Dios?
Doy por demostrado que estáis todos impacientes por hallarlo, que estáis ansiando
conocerlo, que estáis esforzándoos por aproximaros más y más a ese objeto que tan
distante se hallaba. Ambicionáis hallar al amigo más querido, al padre más cariñoso, a
la más bondadosa de las madres; tratáis de encontrar, en resumen, al objeto de vuestra
adoración. ¿Pero lo habéis perdido acaso? Puede surgir tal pregunta, pregunta por
cierto muy justificada. ¿Lo hemos perdido jamás? ¿Es cierto que estaba Él lejos de
nosotros? ¿Es cierto que resultaba imposible aproximársele? ¿Es cierto que seguía
siendo siempre el Ser Incondicional? ¿Es cierto que después de la creación Él lavó
sus manos y dijo "ya no tengo nada que hacer"? ¿O existe otro modo de pensar?
Y surge otra pregunta potente: ¿Es cierto que Él existe y que debemos
buscarlo? ¿ Vale la pena añadir este complicado problema a los muchos de nuestra vida?
¿Quién es Él? ¿Qué es Él? ¿Cómo existe y dónde? Por encima de todo, ¿por qué ha
de preocuparnos Su existencia?
Este mundo está lleno de sufrimiento. No es necesario observarlo
durante mucho tiempo para convencerse de la terrible existencia del dolor. Hay hambre, hay
miseria, hay enfermedades, vejez, destrucción y muerte; existen el odio, la envidia, los
amigos falsos, los malos guías, los maestros indignos y los predicadores ignorantes. Los
amantes no consiguen el objeto de su amor, y cuando lo logran se les aparece como tan
transitorio, tan efímero, tan desprovisto de valor, que todo verdadero amante se vuelve
pesimista. En este mundo nuestro de hoy en día, marchan abiertamente la rapiña, la
codicia, la lujuria, y sobre todo el demonio de la destrucción. Sabemos todo ésto y
sabemos algo más: que aunque la montaña del dolor crece y crece; aunque el hambre nos
desgarra tratando de matarnos; aunque la ignorancia, disfrazada de maestro y predicador,
trata de hipnotizarnos; aunque la luz de la vida se nos aparece como muy distante, a pesar
de todo no hemos abandonado la búsqueda y seguimos tratando de aprender y amar,
esforzándonos por ser felices y dichosos.
En los libros antiguos y en los modernos hallamos variadas sugestiones,
toda una larga lista de consejos pronunciados por maestros y predicadores, diciéndonos
que debemos trascender el sufrimiento, que debemos trascender la oscuridad, que debemos
conquistar la ignorancia y ser dichosos. Citaremos hoy algunos de ellos y los
examinaremos.
Y a propósito: quiero recordaros que sois vosotros quienes me
atribuís esas singularidades de mi carácter. Yo me siento muy natural; sois vosotros,
queridos hermanos y hermanas, quienes me habéis dicho públicamente y en privado que soy
un hombre peculiar porque hablo de Cristo sin ser cristiano. Soy un monje y sin embargo no
vivo en un convento. No os lo explicáis y llamáis a estas cosas
"peculiaridades". He dicho por radio, en conferencias dadas en salas públicas,
y en privado, que el hombre no puede no ser religioso. Vuestro concepto de religión es,
antes que nada, el de una iglesia establecida y sus doctrinas. Pero aunque conozco
perfectamente las buenas obras de las distintas iglesias, aunque conozco personalmente
numerosos excelentes sacerdotes de las diversas religiones, no me he vendido a, ni soy
esclavo de, ninguna iglesia, ningún hombre, ningún santo, ni siquiera de Dios. ¡ No soy
un esclavo! No soy un esclavo, lo repito, y siento profunda compasión por los esclavos de
toda clase. Los esclavos políticos deben ser liberados; dad-les libertad política. Los
esclavos mentales deben ser liberados; dadies libertad de pensamien to. ¿Pero cómo
podremos liberar a aquellos esclavos religiosos que no sólo han vendido su cuerpo y
entregado su mente a las distintas ideas de debilidad, sino que han abdicado hasta su
alma?
Mis queridos hermanos y hermanas, me habéis perdonado tantas veces en
el pasado las duras verdades que os he dicho, me habéis tra tado con tanto cariño
considerándome como uno de los vuestros, que se ha vuelto para mí una segunda naturaleza
el repetiros de continuo que debéis ser libres. Libertad al principio, libertad en el
medio y libertad al final; absoluta libertad en la elección del ideal; absoluta libertad
para seguirlo y alcanzarlo. Ni mi Dios ni el vuestro debe pasar de mis hombros a los
vuestros o viceversa, como un fardo cualquiera. Ni debo yo arrojaros a la cabeza mi Dios
ni debo aceptar que vosotros, con vuestra vehemencia, inyectéis vuestro Dios en mí. En
realidad, sólo existe UN Dios que aparece como múltiple. Desde Dios el Creador hasta el
más insignificante átomo de Su creación, todo es Él. En el pasado era Él, Él es en
el presente, y Él será en el futuro. Él es la Existencia, Él es la vida que vivimos y
es la muerte que produce los cambios y se presenta cual heraldo de una vida nueva.
Hablemos ahora de las panaceas. Una de ellas, muy frecuentemente oída
pero dificilisima de practicar; es: "Renuncia al mundo". Es un mundo lleno de
miserias, no existe en él la verdad; y resulta tarea en verdad ardua e inútil buscar
algo permanente, algo que dé vida, algún presagio de paz y bendición. Ya no nacen
santos; las Encarnaciones se han vuelto seres mitológicos; nadie hay que pueda mostrarnos
el camino. ¿Qué hacer? Todo nos parece tan lúgubre y oscuro... ¿Constituiremos una
sociedad de suicidas y nos pondremos a beber cianuro o a hacernos saltar la tapa de los
sesos? Cada uno de los que parecen saber algo nos dice: "Renuncia al mundo".
¡Cómo si fuera cosa fácil el abandonar al mundo! Lo que nos estáis sugeriendo,
queridos amigos, es una cura radical, una cura tan radical que muy bien puede matar al
paciente.
Y sin embargo... Si pensamos prof undamente; si discutimos,
reflexionamos, razonamos; si empleamos a fondo nuestro cerebro para resolver este
embrollado problema, descubriremos nosotros mismos que no existe más camino que el del
renunciamiento. Si queréis la verdad debéis renunciar a todo lo falso; si queréis a
Dios debéis renunciar a todo cuanto no es Dios; si queréis ser grandes debéis renunciar
a todo lo que humilla y rebaja. "Debéis' es el término exacto, amigos
míos. No podemos transigir; debemos renunciar. Y creedme, estamos renunciando.
Bajo distintos aspectos, estamos renunciando a todo cuanto no somos para ser lo
qne somos. No resulta pues, a pesar de todo, tarea demasiado difícil la de renunciar
a lo que nos parece no-divino para ser nosotros, el Ser Divino. ¿Acaso no
renunció Jesús, no renunciaron los Apóstoles, no renunciaron los santos del pasado? ¿Y
por qué entonces, nosotros, en cada uno de los cuales viven juntos el Cristo, sus
apóstoles y sus santos, por qué nosotros no hemos de renunciar también?
Surge aquí otra pregunta. ¿Creemos que el Cristo, sus apóstoles y
sus santos viven en nosotros? ¿Lo creéis vosotros? Contestad con la mano sobre el
corazón; emplead todas vuestras fuerzas para descubrir la verdad, siempre evidente pero
por completo escondida bajo capas de distintas clases de ignorancia; responded vosotros
mismos a mi pregunta. ¿Creéis que el Padre Divino vive en el corazón de Sus hijos? ¿Lo
creéis? Cristo lo creyó, Cristo lo sabia, y se portó como el hijo unigénito de Dios.
Os dejo libres de creer o no creer; pero una cosa quiero deciros, algo muy fácil de
comprobar: si creéis sinceramente, mis queridas hermanas y hermanos, que sois hijas e
hijos de Dios, lo seréis y viviréis como tales.
La segunda en la lista de las panaceas es la máxima "Buscar a
Dios". Él es misericordioso, Él perdona nuestras faltas, Él es un cariñoso padre;
Él nos arrancará de todo este sufrimiento, Él alimentará los estómagos hambrientos,
Él vestirá los cuerpos desnudos, Él nos dará todo cuanto necesitemos y al último nos
liberará y acogerá en su seno. Pero ¿quién es Dios? Tal es la pregunta que lanzo hoy
por radio a todos, desde los eminentes Padres de la Iglesia Cristiana hasta el más
humilde de los labradores. Recordad que he venido hacia vosotros como un hermano que
quiere ser enseñado, un hermano que ansía aprender y saber; y también como un hermano
feliz de poder dar, feliz de intercambiar con vosotros sus opiniones, mis queridos
hermanos y hermanas.
Os vuelvo a preguntar ¿ quién es Dios? ¿ Sabéis realmente quién
es? ¿Lo habéis sentido en vuestro interior, o en el exterior, o en ambos lados? ¿
Habéis visto Su rostro? ¿Tiene Él forma humana? ¿Se le puede hablar? ¿Nos oye? ¿Nos
contesta?
¿Podéis responder a todas estas preguntas de acuerdo a vuestra
experiencia personal? He leído libros; he leído una y otra vez el Antiguo y el Nuevo
Testamento; he leído múltiplés veces la Biblia; he leído el Corán, los Puranas, los
Tantras; he leído traducciones de Tao, la doctrina de Lao-Tsé; conozco el confucismo, el
sintoismo, algo de teosofía y espiritismo, y hasta ciertos cultos de los negros. Conque
ya véis; siempre he mantenido mi actitud de estudiante, y como estudiante me presento
ante vosotros. Decidme, basándoos en vuestra propia experiencia, quien es Dios. Quedo
esperando vuestras contestaciones.
Os diré ahora lo que yo sé acerca de Él, yo que Lo anduve buscando
durante veinte años, leyendo libros, rozándome con santos, conversando con sacerdotes
cristianos, lamas budistas, maestros de espiritismo, miembros del círculo esotérico de
la teosofía, clarividentes y todos, todos aquellos que pensaban en Él. A tanta
sabiduría prestada añadí mi propio conocimiento, y aquí tenéis mi respuesta a la
pregunta:
Dios es el bien-amado, es el tesoro, el querido, el ideal, el camino,
la meta; Él es el principio, como Ser Incondicional; en el medio Él es este universo
condicionado nuestro; y al final vuelve a ser el Incondicional. Pero todos estos términos
son adjetivos que Le aplicamos, lo mismo que cuando Le decimos misericordioso, clemente,
salvador, padre o madre. Pero Él es el bien-amado. Mi Vedanta me ha enseñado a
designarlo según la lógica diciendo "Él es Aquello"; pero mi naturaleza
humana me impele a expresarlo como mi amado. Es, sí, el Bien-amado; nadie puede negarlo.
Pude haber dicho que es el más amado, pero tenía una razón para no hacerlo, y es
que a nadie más, sino a Él, podemos amar. Jamás hemos amado persona o cosa alguna que
no fuese Él. Como cientista Lo amé llamándole Lo Desconocido; como matemático Lo amé
llamándole "Equis"; como hijo Lo amé llamándole madre; como amigo Lo amé en
todos mis amigos; sufría cuando me sentía separado de Él, pero era por ignorancia, pues
Él siempre estuvo conmigo; yo cerraba mis ojos y decía "Dios no existe". Es Su
presencia la que me ha enseñado a llamaros hermanas y hermanos. ¿No lo entendéis? Si no
fuese que Lo veo a Él cada día, a cada segundo, en cada rostro que encuentro, ¿por qué
habría de amaros? ¿ Qué sois vosotros para mí, hombres y mujeres de la Argentina? Es
Él, Él siempre, a quien veo. Y por eso yo, un extranjero, un extraño que no domina
vuestro idioma, he hallado aquí amigos, he hallado hermanas y hermanos, os he hallado a
vosotros y Lo he hallado en vosotros. Tal es la verdad. Pero, ¿por qué? ¿Acaso traté
de encontrarlo en vosotros? No pude remediarlo. Ante todo, no pude negar mi propia
existencia, mi naturaleza; y luego, cosa más importante aun, jamás se me ocurrió
insultar a mi Amado, jamás quise cerrar los ojos para no veros, bajo pretexto de que
pertenecéis a una raza distinta y de que algunos de vosotros habéis injuriado, con
infantil ignorancia, y seguís injuriando a mi Amado, el de millones de nombres y millones
de formas, bajo su aspecto de dios hindú y deidades hindúes. Jamás se me ocurrió
llamaros otra cosa que mis queridos hermanos y hermanas, divinas manifestaciones en forma
humana de mi propio Bien-Amado.
Os estaba hablando acerca de mi propia experiencia, mi experiencia
acerca de Dios, acerca de quien es y dónde hallarlo. Prosiguiendo con mi tema os diré
que no creo en la eficacia del ataque. ¿Cómo puedo atacar a mi Amado? ¿ Me creéis tan
necio que no he de reconocerlo si se deja crecer la barba, o si toma cuerpo femenino, o
cambia el color de Su cuerpo, de Sus ojos y Su cabello? ¿Creéis posible que Lo confunda
si habla en otro idioma y viste de modo distinto? Si creéis eso, mis buenos amigos, no me
queréis, ni sois sinceros, ¡ ni sabéis lo que es el amor!
Sin embargo, oímos gente que Le aplican muchos términos inadecuados..
Lo llaman hereje, ateo, extranjero; le dicen el invitado indeseable. ¿ Reiremos de las
personas que emplean tales términos? ¡Cuán poco saben! Reflexionad un poquito, haced
una breve introspección, introducir una ligera pausa en vuestra vida, y pensad: ¿Dónde
no está Él? ¿Acaso no Lo llamamos Omnipresente? ¿No es acaso el Ser Omnipotente? ¿No
es este universo su propio campo de deportes? Y Él ¿no es vosotros, y yo, y el santo, y
el pecador, el átomo, la planta, los gusanos, las bestias, los ángeles y arcángeles, y
por sobre todo NO ES EL HOMBRE? Entonces, ¿por qué criticarlo, por qué insultarlo?
¿Quién es ateo, aquel que Lo ve en todo y lo reconoce como El Todo, o aquel que
neciamente Lo echa afuera, Lo limita, y afirma que Él no puede hacer tal o cual cosa?
Es gran lástima, queridos amigos, que seamos incapaces de elevarnos
por encima de todo lo que se nos ha adherido, de nuestras miserables limitaciones, de las
tradiciones, y principalmente de la opinión pública. ¡Sed hombres, lo mejor que existe
en la creación del Señor! ¡Olvidad que sois animales humanos; sois el HOMBRE, lo
último que Él creó, haciéndolo a su propia imagen y reuniendo a Sus ángeles para que
lo contemplaran!
Muchos errores cometiste, oh hombre, pero el mayor de todos fué el de
llamarte a ti mismo hijo del pecado. ¡Renuncia a ese error! Repite de hoy en adelante que
eres la Divinidad Misma. ¿Y por qué has de decir eso de hoy en adelante? Simplemente
para recordar que siempre fuiste divino, que ya lo eras antes de venir aquí; ¿qué
razón hay, pues, para creer que perdiste tu propia naturaleza por el sólo hecho del
contacto con este mundo? No la has perdido; la tienes escondida bajo una capa de
ignorancia; quitala y conócete a ti mismo.
Es en verdad cierto que todo es divino. Descendiendo desde Dios el
Padre hasta el más ínfimo átomo de Su creación, todo es divino; subiendo desde lo
aparentemente inanimado, desde los objetos inertes e insensibles, hasta la vida misma,
todo es divino. Pero como somos seres humanos, la divinidad más próxima a nosotros, la
que más se manifiesta ante nuestros ojos, aquella a la cual nos es más fácil
acercarnos, es la forma humana. Cierto es que debemos amar y que amamos cuantas cosas
fueron creadas; amamos los átomos, las plantas, los gusanos, los pájaros; amamos a veces
un ideal bajo, aunque somos nobles por naturaleza; pero lo que realmente amamos más, lo
que realmente comprendemos mejor, es el hombre-Dios.
¿No habéis oído o visto alguna vez, y por cierto que resulta
bastante cómico, a un hombre consultando a otro hombre acerca de la existencia de Dios,
discutiendo si Sus acciones son justas o injustas, solicitando la opinión de sus amigos y
mayores acerca de Su forma, Sus usos y costumbres, Su residencia y Sus actos diarios? ¿No
os parece todo ésto muy divertido? Pero es muy humano, ¿No podemos ser de
otro modo; mientras seamos hombres sólo podremos comprenderle a través del hombre y por
intermedio de un hombre. Por eso necesitamos del sacerdote, del maestro, del predicador,
del santo y de la Encarnación, para conocerlo a Él.
Si me permitís que os diga la verdad, mis queridos hermanos y
hermanas, como siempre me lo habéis permitido, os diré hoy una verdad terrible: amamos
al hombre más que a Dios. Y es tan natural... Porque amamos a quien o a aquello que
podemos comprender. Y el hombre es el ideal más próximo, la forma que nos representa a
Él, nuestro Bien-Amado; por eso amamos al hombre. Comprendemos el idioma humano mejor que
los demás idiomas; rezamos a nuestro Amado en lenguaje humano y esperamos que Su
respuesta venga también en lenguaje humano. Lo llamamos según las costumbres humanas,
diciéndole padre, madre o amigo; Lo amamos humanamente, Lo abrazamos y besamos. Y así
debe ser.
Amigos, Lo estamos buscando. Nuestro tema de hoy fué acerca de dónde
hallarlo. ¿Estáis listos para la contestación? ¿ Surge ella en vuestro corazón, acude
ya a vuestros labios, debo yo articularía, debo unir la mía a la vuestra? ¿Dónde
hallar a Dios? ¡ EN EL HOMBRE!
¡Oh mi Bien-Amado, oh mi querido, mi tesoro! Sé que múltiples son
Tus formas, variados Tus nombres; sé que todos los colores y formas son Tuyos, que
Tu residencia se halla en todas partes; como me creaste ser humano Te llamo hombre.
¡Hombre, hombre que sufres, hombre ignorante, hombre rico y hombre
pobre, hombre sano y hombre enfermo, tú, pecador o santo, juez o criminal, tú, cristiano
o hereje, hindú o mahometano, seas quien seas. sea tu cuerpo masculino o femenino, sea tu
aspecto el de un recién nacido o el del anciano que se encamina hacia la tumba, tú eres
EL, tú eres mi Bien-Amado; y porque Lo amo a EL te amo a ti y soy dichoso.
del libro VEDANTA PRACTICA, Swami
Vijoyananda, Editorial Kier, Buenos Aires.