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El cuerpo físico, el cuerpo mental... Mis saludos a tu ser, único sempiterno que mora en la transitoria casa de tu cuerpo. Si eres visitante de esta sección del portal, sabrás que tomé unos días de descanso, y me retiré lejos, a las montañas. Este viaje, no fue un viaje común de descanso. Yo en verdad quería vacaciones, pero no logré tenerlas. Mucho del título de esta reflexión semanal, tiene que ver con que compartiré, como siempre, mis vivencias contigo. Ese es el espíritu de este portal, mostrarte lo que un hombre común de la Tierra vive durante sus días. Estos archivos que tipeo, quedarán dando vueltas por el ciberespacio, alojados en algún servidor o varias PC, y tal vez en un futuro los encuentren, y los lean como una reliquia, tal como hoy hemos hallado fragmentos que nos sorprenden luego de milenios, porque sabido es que el hombre, más allá de su evolución, siempre será el hombre. Como hombre te escribo, como hombre comparto contigo mi todo, acierto y virtud, éxito y fracaso, días y noches. Lo cierto es que emprendí este viaje. No lo hice solo, siempre mi fiel compañera a mi lado junto a otra pareja de amados amigos. Ya desde el primer día, algo empezó a cambiar en mí. Te contaré la historia primero, y luego reflexionamos juntos ¿de acuerdo?. Esa primer noche, luego de horas de manejo en el automóvil y de estar exhausto, no lograba dormirme. Me sentía mal, e inclusive mi estómago se estrujaba. Mi mente quería descansar, pero su movimiento era inercial, y no me lo permitía. Con los ojos cerrados, no dormía. A causa de estados de pánico que atraviesa mi psiquis en condiciones de stress, un psiquiatra me ha medicado. Sus pastillas no surtían efecto, y el pánico nocturno acudió a mí. Mi compañera dulcemente trataba de tranquilizarme (ella sabe qué se siente, porque padece el mismo trastorno desde antes de conocernos). Luego de horas de nerviosismo, adrenalina liberada, descompostura estomacal, dormí unas 4 horas. Proseguimos con el viaje. Llegamos a un lugar muy bello, tranquilo, rodeado de cerros y plantas. Pajarillos que se acercaban, animales, cielos límpidos donde las estrellas se dejaban ver con extrema luz. Todo era perfecto... Fueron ocho días, de los cuales en un 70% atravesé por este estado de nerviosismo y pánico como hacía años no sentía. Me comuniqué telefónicamente con el maestro, quien me decía que la energía de ese lugar era muy fuerte para mí, que era demasiado sensible, y que más allá de eso, debía aprender a controlar mi mente. Me dijo que me ayudaría. Los trastornos siguieron en tal modo, que debieron contenerme mis compañeros de viaje. Era yo una pila de nervios, de miedos, de terrores. El lugar era perfecto, pero yo sólo quería estar en mi casa. No sabía a ciencia cierta porqué esa convulsión, porqué mi mente estaba tan alterada. Podía yo explicarme que fue un año muy difícil, que comenzó con mi problema en la tiroides, siguió con la 2da. operación de cáncer de mi madre, y que ella aún no sale de esto y no se sabe si saldrá sin sufrir, y un montón de razones más. Pero ¿por qué allí ese estallido? ¿por qué de esa manera, en ese momento de paz? Decía mi psiquiatra que las personas como yo poseen algo llamado el "síndrome del buque de guerra". Esto que suena hasta cómico, se trata de una reacción que se trata de lo que asemeja al buque de guerra que en medio del fragor de la batalla, dispara, tolera impactos de todo tipo y por todos los flancos, nadie se explica cómo se sostiene lleno de agujeros, con su metal tan derruido y sus defensas apenas en pié. Terminada la guerra, el buque vuelve al puerto milagrosamente, pero una vez allí, en la tranquilidad de su casa, se hunde. Cumple su misión estoicamente y al volver, se desintegra. Esto es así de seguro en mi mente, así es mi forma de ser en esta encarnación por ahora. Pero soy más que esa personalidad, que esa mente, que ese cuerpo lleno de embates, que esa psiquis tan sensible. Soy un alma envainada en estos componentes. ¿Porqué aún no lograba establecerme en esta Verdad Divina, y era zamarreado como una ola del mar por los vientos tempestuosos? Quizá sólo de trate de que estoy creciendo. Alguien decía que los malos momentos son oportunidades disfrazadas de fracasos...Pero sigamos. Esto patología (la de los pánicos y fobias, con ansiedad generalizada) es muy conocida por mí, pues la he padecido desde hace casi una década, sólo que había mermado en gran medida hasta el punto de ser perfectamente controlable HASTA AHORA... Al comunicarme con el psiquiatra, me pidió que aumente la dosis de medicación para calmarme. Aún así, cada tanto arremetían con todo mis nervios. Mi cuerpo parecía aguijoneado por descargas de adrenalina y angustia. Créeme, me sentía muy mal, con una mezcla de temor incontrolable y a la vez culpa. Sí, una culpa idiota porque no quería yo molestar a mis compañeros y que se preocupasen por mí, no quería arruinar este paseo tan bello. Aún así, pude ver más su amor hacia mí, su incondicionalidad. Pero en el fuero íntimo, me hallaba sólo con este terror, y mi estado no era nada bueno. Había perdido casi totalmente el apetito, mi estómago estaba cerrado. Una noche que ni mi compañera podía consolarme, asustado como un chiquillo, fuimos a buscar a nuestros amigos, quienes hicieron guardia con mucho amor, sirviendo té, conversando y haciendo lo posible para que aquel estado pase. Duraba horas, hasta que luego la mente, exhausta, comenzaba a mermar sus descargas eléctricas. Al volver hacia casa, comencé a sentir alivio. Ya en la ruta, manejando a medio camino del hogar, me sentía mejor. Me decía a mí mismo: has dejado que esto te domine una vez más, otra vez te ha ganado la batalla. Aunque mis amigos decían que no, que lo había enfrentado, que lo había podido compartir con ellos abiertamente, que confié y delegué las cargas que siempre cargo solo. Al estar aquí, me fui normalizando. El psiquiatra le dio a mi esposa una explicación fisio-neurológica, muy lógica por cierto. Teniendo mi cuerpo una anemia congénita (talasemia o anemia del Mediterráneo), la sangre debe realizar mucho esfuerzo para transportar el oxígeno a cada sitio del organismo. Al subir en altura (por las montañas) ese esfuerzo del organismo se duplicó o triplicó, lo que me hacía sentir agitado y en estado de turbación. Sumado eso al pánico de base que mencioné, y pese a que él no quiso advertírmelo para no preocuparme por anticipado (porque este hombre de poca fe que soy se asusta muy fácilmente, debes saberlo) sucedió este hecho. Dijo que volvería poco a poco a sentirme bien. Y así fue. Mi maestro en cambio habló de energías muy poderosas en el lugar (esto es reconocido por mucha gente de esa zona, que siente una sensación muy particular) y de mi sensibilidad para con ellas, como una gran antena que capta absolutamente toda vibración, pero también habló de una mente que yo debía aprender a dominar. Vayamos ahora al tema de la reflexión: mi cuerpo físico padecía evidentemente trastornos, y mi mente estaba alterada ¿cuál originaba el problema primero? ¿la mente o el cuerpo?. Tal vez ambos, pues están unidos. Lakshahara me decía que mente y cuerpo son como dos amigos compinches que sólo quieren disfrutar y olvidan al alma. Pero el alma, cuando clama a gritos por su liberación y por el encuentro con la verdad, estremece a estos dos compinches. Me preguntaba entonces si yo había olvidado a mi alma, si tratando de ser sencillo y disfrutar había relegado el cuidado de mi espíritu y mi relación con Dios. Eso me sonaba a culpa, y yo no quería boicotearme con culpas que a ningún crecimiento llevarían. No quería entrar en ninguno de los juegos del ego. Buscaba el punto medio de la reflexión natural y sencilla, sin autocríticas o autojustificaciones excesivas. Estoy creciendo, y eso da miedo. Estoy cambiando, me estoy descubriendo, comienzo a ver mis límites, pero también sé que soy eterno. Todo eso, la dualidad, causa realmente cortocircuitos en mentes como la mía. Tal vez para muchos de vosotros, afortunados en lo sencillo, esto suene muy complicado, aunque sé que hay muchos amigos del portal que se sentirán identificados con esta locura aparente. Muchos me han escrito a mi e-mail, hablando de estados de pánico de la mente, y esto no es casual. Porque en realidad, este estado es tal al haber terror, que parece que se raya el límite con la locura. Ya no se tiene CONTROL. Esto me lo manifestaba mi amiga, que me decía: es muy duro para nuestras mentes cuando NO TENEMOS EL CONTROL. Aceptar eso no es fácil, es desesperante. Dicen que mal de muchos, consuelo de tontos, así que me consolé! Cuando hablábamos semanas anteriores de la energía en este mismo portal (ver la lectura de Mantak Chia) , comentábamos sobre el equilibrio de los cuerpos. Y el bloqueo de energía causaba un desequilibrio. Créeme que sentía yo que la energía circulaba mal, yendo adonde no debía, descentrada, arrítmica e inarmónica. ¿Por qué te cuento esto? Porque tú eres mi alma hermana, porque todos somos uno. Y entre todos debemos equilibrarnos y evolucionar, aprendiendo mutuamente. ¿De qué sirve que te cuente sobre el final del camino, si no te muestro todo el recorrido? Aún yo, con un maestro que me ha sido enviado para llegar más eficazmente a la liberación y la Verdad, tropiezo con miles de escollos. Esto servirá de consuelo a quienes no lo tienen, o a quienes creen que el tener un instructor te preserva de toda dificultad a través de un sendero mágico e inmaculado. A veces, el costo de despertar es muy alto. Yo le decía a Lakshahara cuando era más pequeño: no quiero esperar cientos de vidas para despertar a Dios, quiero en esta misma vida... Él sonreía...En estos días, he visto esa sonrisa, la he comprendido...Todo debe ser atravesado, todo lo que falta extinguir.
Volviendo a nuestro tema principal, no debemos olvidar que el cuerpo nos es muy querido. Vida tras vida, y sobre todo en los comienzos de nuestras evoluciones humanas, tendemos a satisfacerlo, a darle placer, a cultivarlo con sus sentidos sensóreos. Vida tras vida, encarnamos en un cuerpo. Cuando uno comienza a transitar por las diferentes encarnaciones, va descubriendo su mente, y más tarde, bastante más tarde, recuerda su alma. Cuando este punto comienza a llegar, el cuerpo y la mente van ocupando el real lugar, la dimensión transitoria de traje que recubre la esencia, EL ALMA. Y ahí viene el temor, porque ese cuerpo y alma tan queridos, comienzan a desaparecer, a diluirse, a esfumarse, a enfermarse. No siempre enfermar es un síntoma de no comprensión o desconocimiento de lo REAL, sino de un alma que quiere liberarse "de este poste de carnes, vísceras y huesos..." (como decía Paramahansa Yogananda). Muchos hombres santos (por favor no me malentiendas, pues lejos estoy de ese inmaculado estado) desaparecen físicamente muy jóvenes, y su alma abandona el cuerpo (prefiero utilizar esta frase en vez de la palabra MUERTE). Es que la muerte es un ESTADO, como la VIDA. El alma anhela ser libre de ataduras, y sopla como un viento poderoso, para elevarse y dejar el cuerpo. NO SE MUERE, SE DEJA EL CUERPO... Y eso sentía yo en mi pánico: que IBA A MORIR. ¿Y qué crees? ¿Qué eso no me llenaba de pavor? Eso me muestra cuan atado sigo, cuanto miedo tengo de trascender, de dejar a este cuerpo. ¿Y qué cuerpo tememos dejar? ¿El físico o el mental? ¿Por qué tememos que algo nos pase? ¿Qué puede pasarnos? ¿Morir? ¿Sufrir? ¿Enloquecer?. Qui´za La Verdad es tan Infinita y Divina, que nos sentimos incapaces de soportar tal dimensión, y nuestra mente y cuerpo se comportan como los chicos aterrados que lloran y patalean, y enrojecen hasta afiebrarse y caer enfermos por el temor. En un punto somos como niños asustados que tememos crecer, tememos atravesar la puerta. Pero la vida nos empuja, tarde o temprano sucederá, es inexorable. La naturaleza nos llevará al cauce de la esencia universal. Uno puede explicarlo, pero en medio de las ráfagas, empalidecemos interiormente, y parecería que todo lo aprendido no nos sirve ni para alivio. De golpe tenemos una presunción: no sabemos nada, y somos una partícula ínfima arrastrada de aquí para allá...¿o será una ilusión muy creíble?. Quizá no podemos recordar claramente que sí somos una efímera partícula, pero de DIOS. Y si somos en esencia DIOS, ¿porqué caemos en este espejismo?. Ser hermano, te he llenado de preguntas, de sensaciones, traté de mostrarte mis sensaciones físicas y mentales, pero tú sabrás ver lo que en esos días yo no pude hacer consciente: mi divinidad, que no es otra que la tuya. Aquí termina esta reflexión semanal, pero comienza otra parte de nuestro camino, esa lucha constante por despertar a lo que NO PERECE, a la ETERNIDAD DICHOSA... |
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