| tomado del libro
EL GRAN LIBRO
DE
LOS CHAKRAS
Conocimiento y técnicas para
despertar la energía interior
SHALIIA SHAR&DOM Y BODO J. BAGINSKI
Este libro fue pasado a formato Word para
facilitar la difusión, y con el propósito de que así como usted lo recibió lo pueda
hacer llegar a alguien más. HERNÁN
Para descargar de Internet: Biblioteca Nueva
Era
Rosario Argentina
Adherida a PROMINEO
(Directorio de Bibliotecas Virtuales y Recursos)http://www.promineo.gq.nu

El sistema energético y los cuerpos
no materiales del hombre
LA mayoría de las personas consideran el mundo de la materia y, por
tanto, también el cuerpo físico como la única realidad, pues es el único que pueden
percibir a través de los sentidos físicos y captar con el raciocinio. Sin embargo, al
ojo clarividente que mira a una persona se le abre un sinfín de estructuras energéticas,
movimientos energéticos, formas y colores, que se hacen visibles dentro y alrededor del
cuerpo físico.
Si tú te encuentras entre esas personas que sólo pueden aceptar como
realidad el cuerpo material, piensa en todo lo que sucede con la energía, con la fuerza
vital que da vida a un cuerpo físico y que le proporciona sensaciones y capacidad de
expresión, cuando ese cuerpo muere. Una ley física afirma que, en el universo, la
energía no se destruye, sino que únicamente puede transformarse en otras formas de
energía. La energía que actúa detrás de la manifestación material del cuerpo y sus
funciones y capacidades está compuesta por un sistema energético complejo sin el cual no
podría existir el cuerpo físico. Este sistema energético está formado por tres
componentes fundamentales:
1 ) Los cuerpos no materiales o cuerpos energéticos.
2) Los chakras o centros energéticos.
3) Los nadis o canales energéticos.
En este sistema los nadis constituyen una especie de arterias
intangibles. La palabra «nadi» procede del sánscrito y significa aproximadamente
«tubo», «vaso» o «arteria». Su función consiste en conducir el «prana» o energía
vital a través del sistema energético no material.
La palabra sánscrita «prana» puede traducirse por «energía
absoluta». En el ámbito cultural chino y japonés esta fuerza vital universal se
denomina «chi» o «ki». Representa la fuente original de todas las formas energéticas
y se manifiesta en diferentes áreas existenciales mediante frecuencias distintas. Una de
sus manifestaciones es la respiración, una de las formas por las que podemos absorber
«prana» dentro de nosotros.

El plano de la consciencia de toda forma viva depende de las
frecuencias del «prana» que puede absorber y almacenar. Así, por ejemplo, en los
animales encontramos gamas de frecuencia más bajas que en el hombre, y en los hombres
desarrollados hallamos frecuencias superiores a las que encontramos en personas que se
encuentran al principio de su desarrollo.
A través de los chakras, los nadis de un cuerpo energético están
unidos con los nadis del cuerpo energético vecino. Algunos textos indios y tibetanos
antiguos mencionan el número de 72.000 nadis; otros escritos históricos hablan de
350.000 nadis. Los canales energéticos más importantes son: «sushumna», «ida» y
«pingala», sobre los que profundizaremos en el capítulo siguiente. Los chinos y
japoneses conocen un sistema similar de canales energéticos que denominan meridianos (del
conocimiento de estos meridianos se desarrolló la acupuntura).
En el sistema energético del hombre los chakras sirven de estaciones
receptoras, transformadoras y distribuidoras de las diferentes frecuencias del «prana».
Absorben, directamente o a través de los nadis, las energías vitales de los cuerpos
energéticos no materiales del hombre, de su entorno, del cosmos y de las fuentes que son
el fundamento de cualquier manifestación, la transforman en las frecuencias que necesitan
las diferentes áreas del cuerpo físico o de los cuerpos inmateriales para su
conservación y desarrollo, y la retransmiten a través de los canales energéticos.
Además, irradian energías al entorno. Mediante este sistema energético, el hombre
efectúa un intercambio con las fuerzas que actúan en los diferentes planos del ser en su
entorno, en el universo y en la base de la creación.
Dado que los chakras mantienen una interrelación muy estrecha con los
cuerpos energéticos, en este capítulo nos gustaría describir primeramente la apariencia
externa y las funciones de estos cuerpos. En el capítulo siguiente se incluye una
descripción general de los chakras, y en los siete capítulos dedicados a cada uno de los
chakras se encuentra una exposición detallada de las funciones de cada uno de estos
centros energéticos.
En general, se distinguen cuatro cuerpos energéticos:
1 ) El cuerpo etérico.
2) El cuerpo emocional o astral.
3) El cuerpo mental.
4) El cuerpo espiritual o causal.

Esta ilustración muestra una representación histórica de una
tablilla de chakras y nadis procedente del Tíbet. Junto a los siete chakras principales
podemos reconocer un gran número de chakras secundarios, así como una red prácticamente
inabarcable de finos canales energéticos, los nadis. Algunos textos que nos han sido
transmitidos por la tradición mencionan 350.000 nadis, a través de los cuales fluyen las
energías cósmicas. Éstos se aúnen en 14 nadis principales, que a su vez se
corresponden con los chakras.
Cada uno de estos cuerpos no materiales posee su propia frecuencia de
vibración fundamental. El cuerpo etérico, que es el más cercano al cuerpo físico,
vibra con la frecuencia más baja. Los cuerpos astral y mental poseen a su vez frecuencias
mayores, y en el cuerpo causal podemos encontrar representados los índices de vibración
máximos.
Cada uno de estos cuerpos se asemeja a un baile de energías dentro de
su propia gama de vibraciones, en el cual las frecuencias aumentan constantemente a lo
largo del desarrollo y perfeccionamiento de una persona. Los cuerpos energéticos
representan portadores de conciencia en determinados planos de vibración, y cuando su
índice de vibración aumenta transmiten al hombre energías vitales, sensaciones y
conocimientos superiores dentro de su ámbito de funciones específico.
Sin embargo, los diferentes cuerpos energéticos no están totalmente
separados entre sí. Se interpenetran mutuamente mientras cada uno vibra dentro de su
propia gama de frecuencias, de forma que incluso un clarividente sólo podrá
distinguirlos ajustando su capacidad de clarividencia a la esfera correspondiente. Por
ejemplo, para poder observar el cuerpo astral tendrá que dirigir su mirada clarividente a
la esfera astral; si desea percibir el cuerpo mental, debe ajustarse a la esfera mental,
etcétera.
El cuerpo etérico
El cuerpo etérico posee aproximadamente la misma extensión y forma
que el cuerpo físico. Por ello también se encuentra la denominación de «doble
etérico» o «cuerpo físico interior». Es el portador de las fuerzas modeladoras para
el cuerpo físico, así como de la energía vital creadora y de todas las sensaciones
físicas.
El cuerpo etérico se forma de nuevo en cada reencarnación del hombre,
y vuelve a disolverse en el plazo de tres a cinco días después de su muerte física (el
cuerpo astral, el cuerpo mental y el cuerpo causal continúan existiendo después de la
muerte, y en cada nueva encarnación se unen otra vez al recién formado).
El cuerpo etérico atrae energías vitales del sol a través del chakra
del plexo solar, y energías vitales de la tierra a través del chakra basal. Acumula
estas energías y, a través de los chakras y los nadis, las conduce al cuerpo físico en
flujos vitales ininterrumpidos. Las dos formas de energía se encargan de mantener un
equilibrio vivo en las células corporales. Cuando el «hambre de energía» del organismo
está saciado, la energía sobrante del cuerpo etérico se irradia hacia fuera a través
de los chakras y de los poros. Sale a través de los poros en filamentos de energía
rectos de aproximadamente 5 centímetros de longitud y constituye el aura etérica, que,
por lo general, es la primera fracción del aura total percibida por las personas
clarividentes. Estos rayos se disponen en torno al cuerpo físico formando como un manto
protector. Impiden a los gérmenes patógenos y a los contaminantes penetrar en el cuerpo,
y simultáneamente irradian un flujo constante de energía vital hacia el entorno.
Esta protección natural significa que, básicamente, una persona no
puede enfermar debido a causas de origen externo. Las razones de una enfermedad radican
siempre en ella misma. Los pensamientos y emociones negativos, y una forma de vida que no
esté en consonancia con las necesidades naturales de cuerpo (sobreesfuerzo, alimentación
insana, abuso de alcohol, nicotina y drogas), pueden consumir la energía vital etérica,
por lo que la irradiación energética natural perderá intensidad y vigor. De esta forma
surgen zonas débiles en el aura. Los filamentos energéticos mencionados aparecen
doblados o se sobrecruzan en formas desordenadas. El clarividente puede reconocer
«agujeros» o «grietas» en el aura, a través de los cuales pueden penetrar en el
cuerpo las vibraciones negativas y las bacterias causantes de enfermedades. Además, la
energía vital puede «escapar» de la zona no material a través de estas heridas.
Debido a esta estrecha relación existente entre el estado de cuerpo
físico y la radiación energética del cuerpo etérico, a menudo se habla también de un
aura de la salud. Antes de manifestarse en el cuerpo físico, las enfermedades se
manifiestan en el aura etérica. Y pueden ser detectadas y tratadas en este plano. La
denominada fotografía Kirlian consiguió hacer visible por primera vez esta radiación
energética, propia de cada ser vivo*. Basándose en este invento, se han hecho
diagnósticos muy precisos y se han detectado enfermedades incluso cuando aún se
encontraban en fase latente.
El cuerpo etérico, y con él el cuerpo físico, reaccionan de forma
particularmente intensa a los impulsos mentales que proceden del cuerpo mental. Aquí
estriba la razón de los éxitos que el pensamiento positivo tiene sobre la salud.
Nosotros podemos favorecer la salud de nuestro cuerpo utilizando prudentemente las
sugestiones positivas.
Otra función importante del cuerpo etérico consiste en servir de
intermediario entre los cuerpos energéticos superiores y el cuerpo físico. Transmite al
cuerpo emocional y al cuerpo mental las informaciones que recogemos a través de los
sentidos corporales, y simultáneamente transmite energías e informaciones desde los
cuerpos superiores al cuerpo físico. Cuando el cuerpo etérico se encuentra debilitado,
este flujo de información y energía se halla obstaculizado, y el hombre puede parecer
indiferente tanto en el plano emocional como en el mental.
Para armonizar y recargar el cuerpo etérico son idóneas las diversas
formas de terapia que se describen más adelante en este libro.
A este respecto es interesante señalar que las plantas, en particular
las flores y los árboles, también poseen una radiación energética muy semejante al
aura etérica del hombre. Puedes utilizar esta radiación para proporcionar nueva energía
a tu propia aura. También se encuentra en los aceites esenciales, cuya aplicación
exponemos en el capitulo correspondiente del presente libro. Pero también puedes ponerte
en contacto directo
_________
* Se trata de un método especial de fotografía de alta frecuencia
desarrollado por el matrimonio de investigadores rusos Semion D. y Valentina K. Kirlian,
de los cuales recibe su nombre
con la energía de las plantas. Para ello, apoya tu espalda contra un
árbol que te resulte simpático o abrázalo, descargando todo tu cuerpo contra él. Deja
que la fuerza armonizadora y energética del árbol se transmita a tu interior. También
puedes tumbarte en una pradera florida y repleta de aromas y dejar que las vibraciones de
las delicadas flores te envuelvan y penetren. También las flores cortadas o las flores
colocadas en un florero que tengas cerca de ti pueden transmitirte algo de su energía
activadora y armonizadora. Las plantas reaccionan a tu amor y a tu agradecimiento por este
servicio aumentando aún mas su fuerza de irradiación, pues entre sus misiones figura la
de ayudar de esta forma al hombre.
El cuerpo emocional
El cuerpo emocional, con frecuencia denominado también cuerpo astral,
es el portador de nuestros sentimientos, de nuestras emociones y de las cualidades de
nuestro carácter; ocupa aproximadamente el mismo espacio que el cuerpo físico. En una
persona poco desarrollada, sus contornos están poco delimitados: el cuerpo emocional se
presenta como una sustancia nebulosa que se mueve caótica y desordenadamente en todas las
direcciones. Cuanto más desarrollada esté una persona en la definición de sus
sentimientos, sus simpatías y las cualidades de su carácter, tanto más claro y
transparente se manifestará su cuerpo emocional. El clarividente puede observar un
contorno nítidamente marcado que se adapta perfectamente a la forma del cuerpo físico.
El aura del cuerpo emocional presenta una forma ovalada y puede
extenderse a varios metros de distancia en torno a la persona. Toda emoción se irradiará
en su aura correspondiente a través del cuerpo emocional. Este proceso se produce
fundamentalmente a través de los chakras, y en menor medida a través de los poros. El
aura emocional está inevitablemente en movimiento. Junto a las peculiaridades del
carácter fundamentales y relativamente constantes que se reflejan como los colores
esenciales permanentes del aura, cada sentimiento instantáneo, cada estimulo del ámbito
de las emociones, se reflejará en el aura. Es un juego indescriptible de colores irisados
que cambian constantemente con toda clase de matices. Por ejemplo, emociones como la
angustia, la furia, la opresión y las preocupaciones generan en el aura figuras nebulosas
oscuras. Cuanto más abre una persona su conciencia al amor, la entrega y la alegría,
más claros y transparentes son los colores que irradia su aura emocional.
Ninguno de los otros cuerpos no materiales marca con tanta fuerza como
el cuerpo emocional la visión del mundo y de la realidad del hombre medio. En el cuerpo
emocional se hallan almacenadas, entre otras, todas nuestras emociones no liberadas, las
angustias y agresiones conscientes e inconscientes, las sensaciones de soledad, rechazo y
falta de autoconfianza, etc.: emiten sus vibraciones a través del aura emocional y
transmiten el mensaje inconsciente que enviamos al mundo exterior. Y aquí es donde se
realiza el principio de la atracción mutua. Las frecuencias energéticas que emitimos
atraen vibraciones energéticas iguales del entorno y se unen con ellas. Esto significa
que, con frecuencia, nos encontraremos con personas y circunstancias que precisamente
reflejan aquello que nosotros queremos evitar o de lo que queremos librarnos
conscientemente, o aquello que tememos. De esta forma, el entorno nos sirve como espejo
para todos aquellos elementos que hemos relegado desde nuestra vida consciente a las
áreas del inconsciente. Efectivamente, los sentimientos no liberados del cuerpo emocional
aspiran a mantenerse con vida y a crecer dentro de lo posible. Así nos llevan una y otra
vez a situaciones que se encargan de repetir las vibraciones emocionales originales,
puesto que esas vibraciones son como su alimento.
La frecuencia de la angustia en una persona atrae situaciones en las
que ve confirmada una y otra vez su angustia. Si esa persona encierra en si agresiones,
siempre encontrará personas que exteriorizan las vibraciones de furia y agresión. Por
ejemplo, si nos hemos propuesto no decir palabrotas en determinadas situaciones, pero sin
haber liberado la agresión dentro de nosotros, puede suceder que alguien de nuestro
alrededor comience inesperadamente a decir palabrotas.
El pensamiento consciente y los objetivos mentales del cuerpo mental
tienen poca influencia sobre el cuerpo emocional, que sigue sus propias leyes. El cuerpo
mental puede dirigir el comportamiento hacia el exterior, pero no suprimir las estructuras
emocionales inconscientes.
Así, por ejemplo, una persona puede aspirar conscientemente al amor o
el éxito, e inconscientemente irradiar frecuencias energéticas contradictorias de celos
y falta de autoconfianza, que le impedirán alcanzar su objetivo consciente.
Las estructuras emocionales continúan existiendo a través de las
diferentes encarnaciones siempre que no se liberen, puesto que el cuerpo emocional perdura
después de la muerte física y se une en la reencarnación con el nuevo cuerpo físico.
Las experiencias no liberadas almacenadas en el cuerpo emocional determinan en gran
medida las circunstancias de la nueva vida.
Cuando hayamos comprendido realmente y de una vez por todas estas
relaciones, debemos cesar obligatoriamente de vernos en el «papel de víctimas» y de
atribuir la culpa de nuestras debilidades y miserias a otras personas o a las
circunstancias. Eso significa en si mismo una gran liberación, puesto que entonces ya
sabemos que tenemos gran parte de nuestro destino en nuestras propias manos, y podemos
empezar a cambiar nuestra vida cambiándonos a nosotros mismos.
La mayor proporción de «nudos emocionales» del cuerpo emocional se
encuentra localizada en la zona del chakra del plexo solar. Este chakra nos proporciona el
acceso más directo a nuestras estructuras emocionales a través de la vivencia inmediata.
Sin embargo, si queremos percibir y conocer estas estructuras mediante el entendimiento
consciente, debemos traspasar los contenidos del chakra del plexo solar con la forma de
manifestación suprema del cuerpo mental, la visión intuitiva, a la que tenemos acceso a
través del chakra frontal. Pero ni siquiera esto significa una liberación real. Una
disolución de las estructuras emocionales sólo puede producirse a través del cuerpo
espiritual, que manifiesta la sabiduría, el amor y la bendición de nuestro yo superior,
permitiendo al mismo tiempo conocer las relaciones interiores partiendo de la visión
universal y holística de dicho yo. Este vínculo podemos establecerlo a través del
chakra del corazón y del chakra coronal.
El yo superior no enjuicia, no divide las experiencias en «buenas» y
«malas». Nos indica que tenemos que recorrer determinadas experiencias sólo para
comprender qué sentimientos y acciones tienen como consecuencia una separación de la
mente divina original, causando con ello sufrimiento, y para comprender y aprender a
entender las leyes cósmicas del equilibrio natural. En los ámbitos de la vida en los que
hoy nos consideramos «víctimas», en anteriores encarnaciones nosotros fuimos con gran
frecuencia los «autores».
También en la terapia de los chakras tiene una importancia decisiva
una actitud interior en la que afirmamos todas las experiencias y contenidos del cuerpo
emocional y en la que contemplamos las imágenes y sensaciones que aparecen
espontáneamente, sin rechazar o enjuiciar nada de ello, puesto que de esta forma nuestro
yo superior puede asumir él «mando» e imbuir en todo nuestro ser las energías
espirituales de nuestro cuerpo energético supremo.
Cuando las vibraciones de nuestro cuerpo espiritual se unen con el
cuerpo emocional y lo penetran, éste comienza a vibrar más rápidamente y empieza a
expulsar las energías negativas almacenadas, que tienen frecuencias menores. Con ello
perdemos el recuerdo emocional de estas experiencias y podemos perdonarnos a nosotros
mismos y a los demás.
A medida que aumenta la disolución de las estructuras emocionales
estancadas, el cuerpo emocional comienza a irradiar profundos sentimientos de amor y de
alegría incondicional. El aura emocional luce con los colores más claros, intensos y
transparentes, y los mensajes que emite al entorno atraen la felicidad y el amor. Una
capacidad rayana en lo milagroso para atraer todo lo deseado es la consecuencia natural de
un cuerpo emocional plenamente integrado que vibra con las frecuencias máximas que le son
posibles.
El cuerpo mental
Nuestros pensamientos e ideas, y nuestros conocimientos racionales e
intuitivos, son portados por el cuerpo mental. Su vibración es mayor que la del cuerpo
etérico y la del cuerpo emocional, y su estructura es menos compacta. Es de forma
ovalada, y en el desarrollo superior del hombre su volumen puede extenderse hasta ocupar
aproximadamente el mismo espacio que el cuerpo emocional y el aura emocional juntos. La
irradiación áurica del cuerpo mental tiene un alcance de unos cuantos metros más.
En una persona poco desarrollada mentalmente, el cuerpo mental tiene la
apariencia de una sustancia blanca lechosa. Los pocos colores existentes son apagados y
sin brillo, y su estructura aparece relativamente opaca. Cuanto más vivos son los
pensamientos y cuanto más profundos son los conocimientos intelectuales de una persona,
tanto más claros e intenso son los colores que irradia su vehículo mental.
Al igual que el cuerpo emocional, el cuerpo mental también posee una
octava mayor y una octava menor. Sus frecuencias menores se manifiestan en el pensamiento
lineal del entendimiento racional, a través del cual buscan su acceso a la verdad la
mayoría de las personas. Este tipo de actividad racional se basa en las percepciones del
plano físico. Junto a esto, el cuerpo físico y sus sentidos recogen informaciones que
transmiten al cuerpo emocional a través del cuerpo etérico; el cuerpo emocional
transforma las informaciones en sentimientos y los retransmite después al cuerpo mental,
que, a su vez, reacciona ante ellos con la formación de pensamientos verbales.
Con frecuencia, debido a la influencia del cuerpo emocional y de sus
estructuras emocionales no liberadas, las informaciones se distorsionan y el pensamiento
se tiñe. Surgen esquemas mentales recurrentes a través de los cuales enjuiciamos los
acontecimientos de nuestro mundo. Esto significa que el entendimiento racional no es ni
mucho menos imparcial y objetivo, aun cuando se arrogue esa cualidad.
Los pensamientos que surgen en el cuerpo mental por esta vía
generalmente giran en torno al bienestar personal y a los intereses del devenir terrenal y
mundano. En este caso la solución racional de los problemas se convierte en la función
principal del cuerpo mental. Sin embargo, esto significa una distorsión de su carácter
original y una limitación de sus capacidades.
El aura del hombre desde dentro hacia fuera: 1) El aura etérica. 2) El
aura emocional. 3) El aura mental. 4) El aura espiritual.

La auténtica función del cuerpo mental consiste en recoger las
verdades universales que le llegan del plano del cuerpo espiritual e integrarlas con el
entendimiento racional, que las transfiere a las situaciones concretas y lleva a una
solución del problema en consonancia con las leyes universales.
Los conocimientos que de esta forma nos llegan del plano espiritual de
nuestro ser se manifiestan como intuición en forma de intuiciones repentinas, a menudo en
imágenes o incluso en sonidos que después se transforman en pensamientos verbales. Nos
permiten mirar al interior de la auténtica naturaleza de las cosas y tienen una
estructura holográfica, al contrario que el entendimiento lineal que parte de la
concepción racional.
El acceso a la octava superior del cuerpo mental lo encontramos en una
unión del chakra frontal con el chakra coronal. Si el cuerpo mental está plenamente
desarrollado, se convierte en el espejo del cuerpo espiritual, y el hombre realiza en su
vida la sabiduría y el conocimiento integral del yo superior.
El cuerpo espiritual
El cuerpo espiritual, a menudo denominado también cuerpo causal, es el
que mayor frecuencia de vibración posee de todos los cuerpos energéticos. En personas
que aún son demasiado inconscientes en el plano espiritual se extiende conjuntamente con
su aura sólo un metro aproximadamente alrededor del cuerpo físico. Por contra, el cuerpo
y el aura espirituales de personas totalmente despiertas pueden irradiar hasta varios
kilómetros de distancia, con lo cual la forma ovalada original se transforma en un
circulo regular.
Si has tenido alguna vez la oportunidad de estar en presencia de un
maestro iluminado, tal vez habrás observado que la atmósfera cambiaba repentinamente
cuando te alejabas algunos kilómetros de él. La experiencia de la luz, de la plenitud y
del amor que puede llenarte en la cercanía de un maestro pierde su intensidad tan pronto
como sales del área de su aura.
El cuerpo espiritual y su aura irradian en los colores más suaves, que
al mismo tiempo poseen una fuerza de iluminación indescriptiblemente profunda. Del plano
espiritual del ser fluye incansablemente la máxima y más radiante energía hacia el
cuerpo espiritual. A medida que esta energía va transformándose en frecuencias menores,
inunda también el cuerpo mental, el cuerpo emocional y el cuerpo etérico. Aumenta las
vibraciones de estos cuerpos, de forma que en su ámbito de acción correspondiente pueden
encontrar su máxima forma de expresión. Hasta qué punto podamos percibir
conscientemente, absorber y aprovechar esta energía depende del desarrollo de los
chakras.
A través del cuerpo espiritual experimentamos la unidad interior con
toda la vida. Nos une con el ser puro y divino, con la razón original omnipresente de la
que han surgido y continúan surgiendo todas las manifestaciones en la creación. Desde
este plano tenemos un acceso interior a todo cuanto existe en la creación.
El cuerpo espiritual es esa parte divina que hay en nosotros que es
inmortal y que perdura a toda la evolución, mientras los demás cuerpos no materiales se
disuelven paulatinamente a medida que el hombre va desarrollándose a través de los
niveles de conciencia que exige una existencia en el plano terrenal, en el plano astral y
en el plano mental.
Sólo a través del cuerpo espiritual es posible conocer la fuente y el
destino de nuestra existencia y comprender el auténtico sentido de nuestra vida. Cuando
nos abrimos a sus vibraciones nuestra vida cobra una calidad completamente nueva. En todas
nuestras acciones somos llevados por nuestro yo superior, y nuestra vida manifiesta la
sabiduría, la fuerza, la bendición y el amor universal, que representan las cualidades
naturales del aspecto supremo de nuestro yo.
La misión y el funcionamiento
de los chakras

EN este capítulo quisiéramos transmitirte las informaciones
fundamentales más importantes sobre el funcionamiento de los chakras. La comprensión
teórica de estas relaciones constituye el fundamento en el que se basa el conocimiento
práctico sobre cada uno de los chakras individuales descritos en este libro.
Los escritos que nos ha legado la tradición mencionan un número
elevado de chakras: 88.000. Esto significa que en el cuerpo humano apenas existe ningún
punto que no sea un órgano sensible para la recepción, transformación y retransmisión
de energías. Sin embargo, la mayoría de estos chakras son muy pequeños y desempeñan un
papel subordinado en el sistema energético. Existen aproximadamente 40 chakras
secundarios a los que se asigna una mayor importancia. Los más importantes de ellos se
encuentran en la zona del bazo, en la nuca, en las palmas de las manos y en las plantas de
los pies. Los siete chakras principales, situados a lo largo de un eje vertical junto a la
mitad anterior del cuerpo, son tan decisivos para el funcionamiento de las zonas más
fundamentales y esenciales del cuerpo, del espíritu y del alma del hombre, que hemos
dedicado un capítulo a cada uno de ellos. En dichos capítulos podrás consultar qué
cualidades anímico-espirituales específicas están relacionadas con cada uno de los
chakras, qué zonas corporales están sujetas a su influencia, cómo repercuten los
bloqueos de cada uno de los chakras, y muchas cosas más.
Aquí quisiéramos describir primeramente aquellas características que
son comunes a los siete chakras principales. Se asientan verdaderamente en el cuerpo
etérico del hombre. Se asemejan a cálices florales con forma de embudo y un número
variado de pétalos. Por ello, en el ámbito cultural de Oriente a menudo se llaman
también flores de loto. Las subdivisiones de las flores en pétalos independientes
representan los nadis o los canales de energía a través de los cuales las energías
fluyen y penetran en los chakras y a través de los que la energía se retransmite desde
los chakras a los cuerpos no materiales. Su número varía desde cuatro canales en el
centro radical hasta casi mil canales energéticos en el centro de la coronilla.
Esta ilustración muestra una vista lateral de tos chakras en forma de
embudo, sus uniones con el canal principal en la columna vertebral, así como su posición
más allá del cuerpo material

De la concavidad situada en el centro de cada cáliz parte un canal, a
modo de peciolo de la flor del chakra, que llega hasta la columna vertebral y empalma
directamente con ésta. Este canal une los chakras con el canal energético principal,
denominado Sushumna, que asciende por el interior de la columna vertebral y continúa en
la cabeza hasta la coronilla.
Los chakras se encuentran en permanente movimiento circular. A esta
cualidad deben su nombre de «chakra», que en sánscrito significa «rueda».
El movimiento giratorio de estas ruedas produce que la energía sea atraída hacia el
interior de los chakras. Si el sentido de giro cambia, la energía es radiada partiendo de
los chakras.
Los chakras pueden girar hacia la derecha o hacia la izquierda. Aquí
puede reconocerse un principio contrapuesto en el hombre y la mujer, o una
complementación en la expresión de las energías de diferente "especie" puesto
que los mismos chakras que en el hombre giran hacia la derecha (en el sentido de las
agujas del reloj), en la mujer giran hacia izquierda, y viceversa. Todo giro a la derecha
tiene como peculiaridad un predominio de la cualidad masculina, una acentuación del yang
según la doctrina china; es decir, representa voluntad y actividad, y en su forma
negativa de manifestación, también agresividad y violencia. Todo giro a la izquierda
tiene un predominio del yin y representa sensibilidad y acuerdo, y en su aspecto negativo,
debilidad.
El sentido de giro cambia de un chakra a otro. Así, el chakra basal
del hombre gira hacia la derecha, y expresa más activamente las cualidades de este
centro: en sentido de conquista y dominio en el ámbito material y sexual. Por contra, el
primer chakra de la mujer tiene sentido de giro hacia la izquierda, lo que la hace más
sensible para la fuerza vivificadora y engendradora de la tierra, que fluye a través del
centro radical. En el segundo chakra se invierten los signos: el sentido de giro hacia la
derecha en la mujer indica una mayor energía activa en la expresión de los sentimientos;
el sentido de giro hacia la izquierda del hombre puede interpretarse aquí preferentemente
como lo receptivo, a menudo incluso como actitud pasiva. Y así sucesivamente. Los
sentidos de giro hacia
Sentido de giro de los chakras en la mujer
La línea continua que asciende ondulando simboliza Pingala, la energía
solar, y la línea de puntos representa a Ida, la fuerza lunar.

Sentido de giro de los chakras en el hombre
La línea continua que asciende ondulando simboliza Pingala, y la
línea de puntos simboliza Ida
Nota: Aquí aparece en la fotocopia fuente una imagen muy
borrosa imposible de reproducir. Solo se incluye el pié de la imagen
la derecha e izquierda se alternan sucesivamente y caracterizan de
forma distinta al hombre y a la mujer, lo que lleva a una complementación de las
energías en cada uno de los ámbitos de la vida.
Conocer el sentido de giro de los chakras permite incorporarlos a
algunas formas de terapia. Por ejemplo, en la aromaterapia puedes aplicar los aromas con
un movimiento circular en el sentido correspondiente, o también trazar con las piedras
preciosas giros en el mismo sentido que tienen los centros energéticos.
Los chakras de la mayoría de las personas tienen una extensión media
aproximada de 10 centímetros. En cada uno de los centros energéticos existen todas las
vibraciones cromáticas, si bien siempre domina un color determinado, que coincide con la
función principal del chakra correspondiente. En un desarrollo superior del hombre, los
chakras continúan extendiéndose y aumenta su frecuencia de vibración. También sus
colores se hacen más claros y radiantes.
El tamaño y el número de vibraciones (frecuencia) de los chakras
determinan la cantidad y la calidad de las energías que absorben procedentes de las
fuentes más variadas. Se trata de energías que vienen a nosotros del cosmos, de las
estrellas, de la naturaleza, de la radiación de todas las cosas y todas las personas de
nuestro entorno, de nuestros diferentes cuerpos no materiales, y también de la razón
original no manifestada de todo ser. Esas energías llegan a los chakras, en parte, a
través de los nadis, y, en parte, fluyen hasta su interior de forma directa. Las dos
formas de energía más importantes y fundamentales son absorbidas a través del centro
radical y del centro coronal. Entre estos dos chakras discurre el Sushumna, al que están
unidos todos los centros energéticos a través de sus «peciolos» y que alimenta a todos
ellos de fuerza vital. Es el canal a través del cual asciende la denominada energía
Kundalini, que reposa, «enrollada como una serpiente», en el extremo inferior de la
columna vertebral, y cuya puerta de entrada es el centro radical. La energía Kundalini
representa la energía cósmica de la creación, que en la sabiduría india también se
denomina Shakti o la manifestación femenina de dios. Este aspecto activo del ser divino
provoca todas las manifestaciones de la creación. Su polo opuesto es el aspecto puro,
amorfo y autoinherente del ser divino, en el que incidiremos con más detalle más
adelante.
En la mayoría de las personas la energía Kundalini sólo fluye a
través de Sushumna en proporción escasa. A medida que va despertándose por un
desarrollo creciente de la consciencia, va ascendiendo a través del canal de la columna
vertebral en un flujo siempre creciente, y activando los diferentes chakras. Esta
activación produce una extensión de los centros energéticos y una aceleración de sus
frecuencias. La energía Kundalini alimenta los chakras con la vibración energética que
faculta a los hombres para ir abriendo paulatinamente en el curso de su evolución todas
las facultades y energías que actúan en los diferentes planos energéticos y materiales
de la creación, con el fin de integrar dichas energías en su vida.
Durante su ascenso, la energía Kundalini se transforma en una
vibración diferente en cada chakra, correspondiente a las funciones del chakra
respectivo. Esta vibración es mínima en el centro radical y encuentra su máxima
expresión en el centro coronal. Las vibraciones transformadas son retransmitidas a los
diferentes cuerpos no materiales o al cuerpo físico, y se perciben como sentimientos,
ideas y sensaciones físicas.
El grado en que una persona permite la acción de la energía Kundalini
depende del grado de conciencia que tenga en los diferentes ámbitos de la vida
representados por los chakras, y de la medida en que el estrés y las vivencias no
procesadas hayan causado bloqueos en los chakras. Cuanto más consciente es una persona,
tanto más abiertos y activos están sus chakras, de forma que la energía Kundalini puede
fluir a ellos con más intensidad; y cuando más intenso sea este flujo de energía, tanto
más activos se volverán los chakras, lo cual, a su vez, despierta una mayor conciencia.
De esta forma surge un ciclo permanente de mutua influencia, tan pronto como empecemos a
eliminar nuestros bloqueos y a recorrer una senda del desarrollo de la conciencia.
Además de la energía Kundalini existe otra fuerza que fluye al
interior de cada uno de los chakras a través del canal Sushumna de la columna vertebral.
Es la energía del ser divino puro, del aspecto no manifestado de Dios. Entra a través
del chakra coronal y hace que el hombre conozca en todos los planos de la vida el aspecto
existencial amorfo de Dios como la razón original, inmutable y que todo lo penetra, de
aquella manifestación. Esta energía es particularmente adecuada para eliminar los
bloqueos de los chakras. En la sabiduría india se le denomina Shiva, la divinidad, que es
la gran destructora del desconocimiento y que con su mera presencia desata una
transformación hacia lo divino.
Esta representación de los chakras procedente del Nepal tiene
aproximadamente 350 años de antigüedad. Pueden reconocerse los siete chakras
principales, representados por flores de loto. Cada una de estas flores chakra representa
un plano de conciencia, empezando por los inferiores y terminando con los superiores en la
parte de arriba. También pueden reconocerse los principales canales energéticos,
Sushumna, Ida y Pingala. (Guache sobre papel)
Así, Shiva y Shakti trabajan codo con codo en el desarrollo integral
de la persona, en el que hemos integrado en nuestra vida tanto lo divino como todos los
planos del ser relativo.
Junto al Sushumna hay otros dos canales energéticos que desempeñan un
papel particularmente importante en el sistema energético: en sánscrito se denominan Ida
y Pingala. Pingala hace las veces de portador de la energía solar, llena de ardor y
fuerza motora. Este canal empieza a la derecha del chakra radical y termina en la parte
superior del orificio nasal derecho. Ida es el portador de la energía lunar que enfría y
serena. Este canal comienza a la izquierda del chakra radical y termina en el orificio
nasal izquierdo. En su camino desde el centro radical hasta la nariz, ambos nadis se
retuercen alrededor de Sushumna.
Ida y Pingala tienen la facultad de absorber prana directamente del
aire mediante la respiración, y de expulsar sustancias venenosas en la espiración. Junto
con el Sushumna, constituyen los tres canales principales del sistema energético.
Además, hay un gran número de otros nadis que aportan a los chakras energías
procedentes de los chakras secundarios y de los cuerpos no materiales, y que retransmiten
esa energía a los cuerpos energéticos vecinos.
Pero los chakras también absorben directamente vibraciones del
entorno, vibraciones que se corresponden con sus frecuencias. Así, mediante sus
diferentes formas de funcionamiento, nos unen con los sucesos de nuestro entorno, de la
naturaleza y del universo, sirviendo como antenas para la gama completa de vibraciones
energéticas. También podemos denominar a los chakras los órganos sensoriales no
materiales. Nuestro cuerpo físico, junto con sus sentidos, es un vehículo adaptado a las
leyes de la vida de nuestro planeta, y con cuya ayuda nos las arreglamos en el ámbito
externo de la vida, pero con el que simultáneamente también podemos realizar en la
tierra nuestros valores y conocimientos internos. Los chakras sirven como receptores para
todas las vibraciones energéticas e informaciones que proceden del ámbito físico. Son
las aberturas que nos unen con el mundo ilimitado de las energías más sutiles.
Asimismo los chakras irradian energía directamente al entorno, con lo
que modifican la atmósfera a nuestro alrededor. A través de los chakras podemos emitir
vibraciones curativas y mensajes, conscientes e inconscientes, influyendo tanto positiva
como negativamente sobre las personas, las situaciones e incluso la materia.
Para experimentar una plenitud interior, y la energía, la creatividad,
el conocimiento, el amor y la bendición a ella asociados, todos los chakras deben estar
abiertos y trabajar en mutua armonía. Sin embargo, esta circunstancia se da en muy pocas
personas. En general, los diferentes chakras tienen un grado de activación distinto. Y
muchas veces sólo están activados los dos chakras inferiores. En las personas que
ostentan una posición social sobresaliente, o que de alguna manera ejercen una gran
influencia, es frecuente que, además, el chakra del plexo solar se encuentra
desproporcionadamente activo. Es posible que exista cualquier combinación de chakras
abiertos, bloqueados o marcados en un sentido concreto. Además, estos grados oscilan a lo
largo de una vida, puesto que en momentos diferentes pueden adquirir importancia temas
distintos.
Por lo tanto, el conocimiento de los chakras puede aportarte una ayuda inestimable para
el autoconocimiento, y guiarte en tu camino para descubrir todas las facultades innatas,
obsequiándote con una vida de plenitud y alegría máximas. |