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Cómo reconocer al maestro Hola mis amados. ¿cómo os ha tratado este año de tiempo terrestre?. Esta es la penúltima reflexión semanal del 2001. He estado unos días en el campo con mi compañera, y he vuelto un poco antes de lo previsto. He disfrutado de la compañía de los pájaros y otros seres, de plantas, flores, árboles y ríos, del cielo limpio y sus nubes, como así también de las estrellas. He sentido el viento y el silencio, la lluvia cayendo sobre la tierra y emanando ese aroma refrescante. Pero no es muy importante para vosotros lo que mi ser tomó en esos días, aunque sí os contaré algo sucedido antes de mi partida. Cómo verán, esta semana no hubo charlas escritas con el maestro, pues yo ya me iba. Aunque tengo una buena enseñanza que creo os será útil, así que prestad atención. En la versión del Baghavad Guita de acuerdo a Ghandi, el autor realiza esta introducción: "NINGÚN CONOCIMIENTO PUEDE SER ALCANZADO SIN SER BUSCADO, NI LA TRANQUILIDAD SIN AFANARSE POR ELLA, NI LA FELICIDAD SINO A TRAVÉS DE TRIBULACIONES. TODO INVESTIGADOR, EN UN MOMENTO U OTRO, TIENE QUE SUFRIR UN CONFLICTO DE DEBERES, UN VUELCO DEL CORAZÓN..." Y de este conflicto y de este vuelco hablaremos hoy. Muchos de quienes me escriben, aún sin tener un maestro o instructor, me preguntan cómo reconocerlo, cómo distinguirlo de un farsante. Primero os digo que os encomendéis al Padre para que os ponga en presencia de un auténtico maestro, anheladlo con todo vuestro ser. Cómo distinguir entre lo verdadero y lo falso, es otro paso del que nos ocuparemos en breve. Díjome el maestro muchas veces: el instructor comprende la esencia y los aspectos del alumno, y no sólo puede ponerse en su lugar, sino que si lo considera según la Ley, le es posible tomar karmas de éste para allanar su camino hacia la Luz. Pero es muy difícil que suceda al revés. El alumno no podrá comprender ni penetrar la esencia del instructor hasta que pueda fundirse totalmente con él en el Uno. El instructor Ama como Dios que vibra en él, y no le importa a su Amor si el alumno es ladrón o prostituta, o rey o santo. Por eso, aunque me insultes o me detestes, o no me comprendas y te vayas, mi amor siempre estará ahí, intacto, para ti... Y yo tuve un sueño en estos días, que quiero comentarte pues la charla previa a mi partida fue bastante dolorosa y lo soñado metafóricamente se le asemeja. El sueño que tuve fue el siguiente: "Vi un pimpollo de rosa, era pequeño y suave, emanaba dulcemente el olor hermoso de las rosas. Como era pequeño, sobresalía del resto del rosal. La luz acariciaba sus pétalos delicadamente, el rocío apenas lograba que los abriese. Muchas personas se acercaban por la fragancia del rosal, desde lejos se lo olía. Pero no miraban el rosal, pues era sencillo, uniforme, armonioso, y lleno de rosas. Nadie se atrevía a tocar las rosas grandes, pues había muchos tallos espinosos que las protegían. Pero en cambio, el pequeño pimpollo sobresalía naturalmente. Su aroma, sus pétalos, su color, eran idénticos a los del rosal, sólo que todo era más pequeño. La gente se veía muy tentada a arrancar el pimpollo y llevárselo a sus casas para adornarlo. Pero algunos, los más piadosos, le decían a los otros: dejen que crezca, y que sea grande como el rosal, pues si lo arrancasen moriría. Otros, los más egoístas, planeaban como arrancarlo sin ser vistos, y también sin ser tocados por una sola espina de la rosa madre, pues ello sería muy doloroso. El pimpollo no tenía casi espinas en su tallo, por eso también atraía... Al despertar de ese pequeño sueño, mi voz interior dijo: debes crecer y ser uno con el maestro... Las conclusiones se las dejo a vosotros, como hago siempre. Sólo os diré que un verdadero maestro es tan impactante e impenetrable en su esencia como ese rosal, y que el aroma que atrae a todos no es del pimpollo exclusivamente. El verdadero aroma potente que se siente proviene del rosal. El pimpollo lo contiene en su esencia. La charla de la que hablaba antes de mi partida, y que mantuve con el maestro, se refería justo a esas espinas que tiene el instructor, y que son parte de su enseñanza. El maestro me decía: es muy notorio que estamos en occidente. Aquí, cuando al alumno no le gusta la enseñanza que impone el maestro, porque no la comprende, enseguida lo señala con el dedo acusador, su mente lo trata de farsante, y no le permite seguir trabajando. Si crees que las enseñanzas de Osho llevan al conflicto, te advierto que la forma que se me ha dado es cien veces más conflictiva que la de él. Si debo apuñalarte porque sé que eso te iluminará al instante, lo haría sin vacilar, y tú lo sabes. El instructor no debe dar explicaciones al alumno cuando su mente duda. En oriente, si el alumno duda del maestro, éste le dice: vete y no vuelvas hasta tu próxima vida, porque no te ha llegado el momento aún de tomar enseñanza. Muchas de las cosas que debo realizar, pondrán en total conflicto a tu mente, y no descansaré hasta que el último bastión de ego madure. Haré lo imposible para hacer que la mente de aquellos alumnos que creen haber alcanzado el estado de Paz, vean si hay enojo, ira, desconfianza, miedo, duda, decepción o ilusión. No puedo descansar mientras subsista alguno de estos elementos. Pero déjenme trabajar. No podrán nunca penetrar ni comprender mi esencia, y yo no puedo pasarme la vida dando explicaciones... Si bien sabía yo esto, le dije: sé como funciona la mente aunque no la domine. La mente dice: si todo lo que hace un maestro es válido, sea lo que sea, y no se le debe pedir explicación alguna, entonces cualquiera puede ser maestro, pues haga lo que haga, sus discípulos no tienen por qué entender y deben aceptarlo. ¿cómo entonces reconocerá el alumno al verdadero maestro? Él dijo: es el maestro quien encuentra al alumno y lo acepta como tal. Ambos se presienten, como hablamos la semana pasada, ¿recuerdas? Pero a mí ya no me importa si tú me crees o no o lo que diga tu mente de mí. Tú único deber en esta vida es aprender a disfrutar, y yo te llevaré conmigo en la venidera, al sitio que ha escogido el Señor para ti. En ese sitio ya nada podrá causarte dolor, y serás inmensamente feliz, pues eso ha querido el Señor para tu alma. Así que piensa lo que quieras, haz lo que quieras, y dentro de unas pocas décadas, cuando yo desencarne, al tiempo mínimo tú vendrás de mi mano, y yo te dejaré en ese sitio donde todo es puro... Ambos tuvimos esta charla, porque él bien conoce nuestros pensamientos. Eso no significa que los lea, o que sea clarividente. Sería una estupidez pensar esto. Un verdadero maestro yace en la misma esencia del discípulo, como el rosal y el pimpollo en cuanto al aroma, y lo conoce. Una hermana a quien amo mucho, fue llevada al extremo por el maestro. Los maestros hacen cosas así, debes saberlo: te conducen hasta el borde del precipicio con la excusa de que contemples el paisaje. Una vez que tú crees estar en la máxima tranquilidad y paz, disfrutando del aire y de las cosas que te muestra, el instructor irrumpirá y de una manera impresionante e indescriptible, te dirá o te hará ver: esa paz que tienes no es verdadera, sólo real. La Verdad se encuentra saltando el abismo, del otro lado. Es probable que mueras en el intento, pero algún día deberás saltar... Y mientras te dice esto, te va llevando más hacia el borde del abismo. Ahí es donde tu mente atacará y dirá: pero este es un maldito loco que quiere matarme!. Entonces allí surgirá el conflicto de deberes, el vuelco del corazón del que habla Ghandi. Yo le decía a mi amada hermana (hablando sin ninguna autoridad, claro está, porque soy su compañero, no su maestro) que estaba ante el borde del abismo, y que ella debía decidir si retirarse o si saltarlo. Ella me decía: me siento engañada. Yo le decía que percibía exactamente como se sentía, pues muchas veces es que me conduce a este punto el maestro. Que yo no podía ni debía defenderlo de lo que ella pensaba, pero que debía saltar el abismo en el nombre de Dios y del propio. ¿Por qué le dije esto? Porque ya sea un maestro, o un farsante quien nos lleva a este punto, sólo la fe y el amor pueden hacer brotar el discernimiento. Si el maestro nos dijese: "bueno, vuelve, no es necesario que saltes...", difícilmente podría yo decirte que estás ante un auténtico maestro. Si ya estás determinado a saltar el abismo, y tomas carrera, y con todo el amor y la fe que sientes comienzas el salto, algo divino sucederá: sin que lo comprendas, sin que tu mente pueda razonarlo, estarás con el maestro del otro lado del abismo que parecía insalvable. Eso hace un maestro cuando ve la entrega y la determinación: te lleva del otro lado del abismo sin que tu sepas cómo lo hizo... Así pues que ahora muchos comenzarán a preguntarse cosas, y tal vez a preguntármelas. Difícilmente yo se las responda, pues no he venido a responder. Pero quiero que reflexionen en lo que os he dicho, que en el foro saquen todas sus dudas y temores. A veces el maestro nos hace jugar este peligroso juego entre los pocos que vamos a su casa. Lanza un hecho, lo muestra, y nos provoca, para que las mentes inmaduras entre en reacción. Luego sucede que hablamos entre nosotros, nos enojamos, decimos cientos de cosas, y cuando vamos al maestro, con toda nuestra carga, él da a cada quien lo que necesita. Un reto, una caricia, un silencio, una sonrisa, una enseñanza, o su enojo. Todo es parte del proceso. Amados hermanitos de mi alma, visitantes de este portal espiritual vuestro. Como próximos estamos a la Navidad, os dejaré un escrito relativo a ella, y un pedido: que sea una Navidad austera. No llenéis vuestros estómagos hasta decir basta, de alcohol y comidas animales. Recordad lo que festejáis quienes sean cristianos, pues el nacimiento de Jesús fue entre paja y aliento de las bestias que calentaban su cuerpecito. En total humildad, alegría silenciosa, y pequeñas luces, rodeados de asnos y bueyes, pastorcillos humildes y sus padres, vino a la semejanza de carne este rey de reyes. En vuestra mesa, más allá de la alegría familiar, recogeos en ese instante, y sed piadosos para con este ser que mucho tiene que ver con cada uno de vosotros, aún con quienes no creéis en Él. Decía la letra del villancico de un pastor: He venido a ver a mi salvador, pues oí Su nombre cantado en los Cielos, Y un ángel me ha dicho que llegue al portal a adorar al niño que ha nacido ya... Al verlo mi mente no puede entender cómo es que ha nacido en este lugar: en la misma cama que el asno y el buey, si es que Él ha venido para ser un rey... Oh, mi redentor, yo soy un pastor! No entiendo el misterio de tu encarnación! Pero sé que al verte mi ser se abrazó con el fuego ardiente del Divino Amor... Sólo tu María puedes comprender algo del misterio que se esconde en Él: que al Dios Infinito pueda contener el cuerpo pequeño del rey de Israel. María sonríe, y llora a la vez, mirando a los ojos del niño Jesús, pues sabe que a cambio de todo Su Amor al fin del camino lo espera la cruz... Oh, mi redentor, yo soy un pastor! No entiendo el misterio de tu encarnación! Pero sé que al verte mi ser se abrazó con el fuego ardiente del Divino Amor... Así que recordadle y honradle pues para nosotros y los que aún no han tomado carne, Él vino. La semana pasada hablábamos de nacimiento y muerte, de un punto. Hablamos de Jesús y del Cristo. En vuestras mesas, homejeadle a Él y a todas las representaciones de Dios como se merecen. Me despido dejando una lectura de esos tiempos. Pertenece a un evangelio que me gusta mucho (encontrarás un link en la sección enlace a este libro, llamado Esta es mi Palabra, Alfa y Omega) y quiero dejártelo. Léelo aunque conozcas la historia, porque nunca debes dejar de ir en busca del rosal. A tus pies con amor, sé pleno de dicha y reencuentrate con Tu Padre. Tu hermano que te ama, Vivekamukti
1 . Cuando hubo llegado a Isabel el tiempo de dar a luz, dio a luz a un hijo. Y sus vecinos y parientes oyeron que el Señor había obrado gran misericordia en ella, y se congratulaban con ella.
2. Y sucedió que, al octavo día, fueron para circuncidar al niño, y llamaban al varón con el nombre de su padre, Zacarías. Pero la madre respondió diciendo: "así no, pues él se llamará Juan". Y ellos le dijeron: "¡si no hay nadie en tu parentela que así se llame!"
3. Y preguntaron por señas a su padre cómo quería que se llamase. Y pidiendo
una tablilla escribió y dijo a la vez: se llama Juan. Y todos se maravillaron de que su
boca se abriera de repente y su lengua se soltase, y él habló y alabó a Dios. (Cap. 3,
1-3)
5. Y su padre, Zacarías, se llenó del Espíritu Santo y profetizó diciendo: "alabado seas, oh Dios de Israel, pues has aceptado y salvado a Tu pueblo, y para nosotros has levantado un cuerno de salvación en la casa de Tu siervo David, como habías dicho por boca de Tus santos profetas, que ha habido desde que el mundo empezó. (Cap. 3, 4-
6. "A fin de que fuéramos salvados de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian. A fin de mostrarnos la misericordia que prometiste a nuestros padres y de que Te acordaras de Tu sagrada alianza,
7. "del juramento que hiciste a nuestro padre Abraham, para permitirnos que, liberados de la mano de nuestros enemigos, Te podamos servir sin temor, en santidad y justicia, todos los días de nuestra vida.
8. "Y este niño será llamado profeta del Altísimo, pues irá delante de Tu faz, oh Dios, para preparar Tus caminos y llevar a Tu pueblo el reconocimiento de la salvación por el perdón de sus pecados.
9. "Por la misericordia amorosa de nuestro Dios, por la que el alba desde lo alto nos ha visitado, para que El dé luz a aquellos que están sentados en las tinieblas y en las sombras de la muerte y dirija nuestros pies al camino de la paz".
10. Y el niño crecía y se hizo fuerte en espíritu, y su misión permaneció
oculta hasta el día de su aparición ante el pueblo de Israel. (Cap. 3, 6-10)
1 . El nacimiento de Jesús, del Cristo, aconteció de esta forma: sucedió, en aquel tiempo, que salió una orden del César Augusto para que se empadronara todo el mundo. E iban todos los de Siria a empadronarse, cada uno a su ciudad, y era en pleno invierno.
2. Y también José -con María- partió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a la tierra de Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y de la estirpe de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta del Niño.
3. Mientras estaban allí, llegó el tiempo en que ella debía dar a luz, y dio a luz a su primer hijo en una cueva, y Lo envolvió en pañales y Lo acostó en un pesebre que había en la cueva, por no haber sitio para ellos en el albergue. Y he aquí que la cueva se llenó de luz, e irradiaba como el sol en su esplendor.
4. Y había en la cueva un buey, un caballo, un asno y una oveja, y junto al pesebre yacía una gata con sus crías; y también había palomas sobre ellos, y cada animal tenía su compañero, un macho o una hembra.
5. Aconteció, pues, que El nació en medio de los animales, porque vino para
liberarlos también a ellos de sus sufrimientos. El vino a liberar a los hombres de su
ignorancia y egoísmo, y a manifestarles que son hijos e hijas de Dios. (Cap. 4, 1-5)
6. Y había pastores en la misma región, en el campo, que guardaban por la noche su rebaño. Y he aquí que el ángel de Dios se apareció sobre ellos, y el resplandor del Altísimo los envolvió con Su luz, y se atemorizaron grandemente.
7. Y el ángel les dijo: "no temáis; he aquí que os anuncio una gran alegría, que es para todo pueblo, pues hoy, en la ciudad de David, os ha nacido el Redentor, que es Cristo, el Uno santo de Dios. Y esto tendréis por señal: encontraréis al Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre".
8. Y de pronto se juntó con el ángel una multitud de legiones celestiales, que alababa a Dios diciendo: "gloria a Dios en las alturas y paz en la Tierra a todos los hombres de buena voluntad".
9. Y cuando los ángeles los dejaron y se fueron al Cielo, se dijeron los pastores unos a otros: "vayamos a Belén a ver qué ha ocurrido allí, lo que nuestro Dios nos ha anunciado". (Cap. 4, 6-9)
10. Y fueron presurosos, hallando a María y José en la cueva y al Niño acostado en el pesebre. Y, cuando hubieron visto esto, difundieron las palabras que les habían dicho acerca del Niño.
11. Y, cuantos les escuchaban, se maravillaban de lo que les decían los pastores. María guardaba todo esto y lo conservaba en su corazón. Y los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios, por todo lo que habían oído y visto.
12. Y cuando pasaron ocho días y el Niño fue circuncidado, Le dieron Su
nombre, Jesús María, que había sido dicho por el ángel antes de que el Niño fuera
concebido en el vientre materno. Y cuando, conforme a la Ley de Moisés, se cumplieron los
días de Su purificación, Lo llevaron a Jerusalén para ofrecerlo a Dios. (Como está
escrito en la Ley de Moisés: todo varón que abra el seno de la madre, será consagrado
al Señor). (Cap. 4, 10-12)
13. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo vino sobre él. Y le había sido prometido que no vería la muerte antes de que hubiera visto al Cristo de Dios.
14. Y movido del Espíritu fue al templo. Y, al llevar los padres al Niño Jesús adentro, para cumplir lo que prescribía la Ley, percibió al Niño como si fuera un pilar de luz. Al tomarlo en sus brazos glorificó a Dios, diciendo:
15. "Ahora dejas partir a Tu siervo en paz, como dijiste; pues mis ojos han visto a Tu Salvador, que has preparado para ser una luz ante la faz de todos los pueblos, para iluminar a los paganos y para gloria de Tu pueblo Israel". Y Sus padres estaban maravillados de todo que se dijo de El.
16. Y Simeón los bendijo y dijo a María, Su madre: "he aquí que este Niño está puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel, y como signo de contradicción (y, en verdad, una espada atravesará también tu alma), a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones".
17. Y estaba allí una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la estirpe de Aser, muy avanzada en años, que nunca abandonaba el templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día.
18. Ella se acercó también en aquella hora, y glorificó al Señor y hablaba de El a cuantos esperaban la liberación en Jerusalén. Y cumplidas todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. (Cap. 4, 13-18)
1 . Habiendo nacido Jesús en Belén, en la tierra de Judá, en los días del rey Herodes, he aquí que unos sabios de Oriente fueron a Jerusalén. Ellos se habían purificado, y no tomaban carne ni licores, para poder encontrar al Cristo, al que buscaban. Y dijeron: "¿dónde está el Rey de los judíos, que acaba de nacer? Pues hemos visto Su estrella en Oriente, y hemos venido a adorarlo".
2. Al oír esto, el rey Herodes se atemorizó, y con él toda Jerusalén, e hizo reunir a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y quiso saber por ellos dónde había de nacer el Cristo.
3. Y ellos le dijeron: "en Belén, en la tierra de Judá, pues así está escrito en el profeta: y tú, Belén, en la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; pues de ti vendrá el Soberano que regirá Mi pueblo, Israel".
4. Entonces Herodes, llamando en secreto a los sabios, les interrogó sobre el tiempo exacto en que la estrella habría aparecido; y les envió a Belén, diciendo: "id y buscad diligentes al Niño; y, cuando Lo hayáis encontrado, comunicádmelo para que también vaya yo y Lo adore".
5. Habiendo escuchado al rey, se fueron; y he aquí que la estrella que los
sabios de Oriente habían visto, y el ángel de la estrella, les precedían, hasta que
él, al llegar, se detuvo encima del lugar en que estaba el Niño. Y la estrella
resplandecía con seis rayos de luz. (Cap. 5, 1-5)
6. Ellos siguieron su camino, con sus camellos y asnos, que iban cargados con sus dones. Y, en busca del Niño, miraban con tanto anhelo hacia la estrella del cielo, que se olvidaron por un tiempo de sus animales cansados, que habían aguantado el peso y el calor del día y estaban sedientos y agotados. Y la estrella desapareció de su vista.
7. De pie, miraron en vano fijamente, y en su consternación mirábanse luego unos a otros. Entonces se acordaron de sus camellos y asnos, y se apresuraron a quitarles su carga, para que pudieran descansar.
8. Había allí, cerca de Belén, un pozo junto al camino. Y, al inclinarse para sacar agua para sus animales, he aquí que la estrella que habían perdido se reflejó en la tranquila superficie del agua.
9. Y al ver esto, se llenaron de gran alegría.
10. Y glorificaron a Dios, que les había mostrado misericordia precisamente cuando se compadecieron de sus animales sedientos.
11. Y habiendo entrado en la casa, hallaron al Niño con María, Su madre, y postrándose Lo adoraron; y abrieron sus tesoros y extendieron sus dones ante El: oro, incienso y mirra.
12. Y por haber sido advertidos en sueños por Dios de no volver a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino. Y, según su costumbre, encendieron una hoguera y adoraron a Dios en la llama.
13. Cuando hubieron partido, he aquí que el ángel del Señor se apareció en sueños a José y dijo: "levántate, toma al Niño y a Su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes trata de matarlo". (Cap. 5, 6-13)
14. Levantándose de noche, tomó al Niño y a Su madre y huyó a la tierra de Egipto, permaneciendo allí unos siete años hasta la muerte de Herodes, a fin de que se cumpliera lo que el Señor había dicho a través del profeta que dice: "de Egipto llamé a Mi Hijo".
15. Y también Isabel, cuando oyó esto, tomó a su hijo y se marchó a las montañas, y allí lo escondió. Y Herodes envió a sus hombres a Zacarías al templo para preguntarle: "¿dónde está tu hijo?" Y él respondió: "soy un servidor de Dios y constantemente estoy en el templo. No sé dónde está".
16. Y de nuevo les envió a él para preguntarle: "dime sinceramente dónde está tu hijo, pues ¿no sabes que tu vida está en mis manos?" Zacarías respondió diciendo: "Dios es testigo: si derramas mi sangre, Dios acogerá a mi alma, pues derramarás la sangre de un inocente".
17. Y Zacarías fue muerto en el templo entre el lugar más santo y el altar. El pueblo se enteró de ello por una voz que gritó: "Zacarías ha sido muerto, y su sangre no será lavada hasta que no haya venido el vengador". Y después de un cierto tiempo, los sacerdotes echaron suertes, y la suerte recayó sobre Simeón, que ocupó su puesto.
18. Al ver Herodes que había sido burlado por los sabios, se encolerizó sobremanera, y mandó a su gente e hizo matar a todos los niños que había en Belén y en sus alrededores, de dos años para abajo, correspondientemente al tiempo de que tuvo noticia por los sabios.
19. Así se cumplió lo que dijo el profeta Jeremías: "una voz se oye en Rama, llantos, lamentación y gran duelo. Raquel llora por sus hijos, y rehúsa ser consolada, porque ya no existen".
20. Cuando hubo muerto Herodes, he aquí que el ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y dijo: "levántate, toma al Niño y a Su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya han muerto los que atentaban contra la vida del Niño".
21. Y levantándose, tomó al Niño y a Su madre, y regresó a la tierra de Israel. Y vivían en una ciudad llamada Nazaret, y a El se Le llamó el Nazareno. FIN DEL EXTRACTO Hasta la próxima semana!!! y Gracias a ti y al Dios que mora en ti por venir a este encuentro. Bendita sea tu alma!
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