LA EVOLUCION FUTURA DEL HOMBRE
Capítulo
(5): El Desarrollo del Hombre Espiritual
La espiritualidad es algo diferente que la intelectualidad;
su señal es el signo de que un Poder más grande que la mente está luchando por emerger
en un momento preciso. Es aparentemente una verdad considerable que la vida luce solamente
una operación de la Materia; la mente una actividad de la vida, y ella puede parecer
seguir eso que nosotros llamamos alma o espíritu que es solamente un poder de la
mentalidad; y que el alma es una forma refinada de mente, y la espiritualidad una
actividad de alto grado del ser mental encarnado. Pero esto, es un punto de vista
superficial de las cosas debido a que los pensamientos se concentran en la apariencia y en
los procesos, y no comprenden lo que descansa detrás de esas apariencias y esos procesos.
Uno también puede concluir que la electricidad es solamente un producto o una operación
del agua y las nubes, porque de ahí es que los rayos emergen; pero una profunda
investigación ha demostrado que ambas, el agua y las nubes tienen, por el contrario, la
energía de la electricidad como su fundación, el poder que los constituye o la sustancia
- energía: lo que parece ser el resultado -- en realidad, aun cuando no en su forma -- es
el origen; el efecto es en esencia preexistente a la causa aparente, el principio de la
actividad que emerge precediendo su presente campo de acción. Eso es así, a través de
la Naturaleza evolutiva; la Materia no podría llegar a ser animada si el principio de la
vida no hubiera estado allí detrás de la vida y la sustancia, constituyéndola como su
campo de operación y emergiendo en el fenómeno de una vida y cuerpo pensante; así que
también la espiritualidad emergiendo en la mente es el signo de un poder que ha fundado y
constituido la vida, mente y cuerpo y está ahora emergiendo como un ser espiritual en un
cuerpo viviente y pensante. Cuan lejos esta manifestación llegará, y si podrá dominar y
transformar su instrumento, es la pregunta subsecuente; pero lo que es necesario
primeramente, es comprender la existencia del espíritu como algo diferente y mayor que la
mente, la espiritualidad como algo diferente que la mentalidad, y el ser espiritual por lo
tanto como algo distinto del ser mental: el espíritu es la manifestación evolutiva final
porque es el factor y elemento original involutivo. La evolución es una acción inversa
de la involución: el resultado final de la involución es el primero en aparecer en la
evolución; el que fue el original en la involución es en la evolución el último y
supremo en emerger. La espiritualidad es un despertar progresivo a una realidad interna de
nuestro ser, al espíritu, al yo y al alma, los cuales no son nuestra mente, vida y
cuerpo. Es una aspiración interna para saber y para entrar en contacto y unión, con la
gran Realidad más allá de la comprensión humana, la que penetra el universo y vive en
nosotros; y el resultado de esa aspiración, ese contacto y esa unión, es un cambio, una
conversión, y el nacimiento de un nuevo ser.
En la mente del animal no hay diferencia entre su vida
material y su vida real; sus movimientos están tan involucrados en los movimientos de la
vida que el no puede separarse y observarlos; pero en la mente del hombre eso ha podido
realizarse, él puede llegar a ser consciente de sus operaciones mentales como diferentes
de las operaciones de su vida; y sus pensamientos y su voluntad pueden desprenderse de sus
sensaciones e impulsos; puede desprenderse de sus deseos y reacciones emocionales, puede
apartarse de ellos, observarlos y controlarlos, sancionarlos o cancelar sus funciones: el
todavía no sabe lo suficiente de los secretos de su ser para estar consciente de él
mismo y decidir con certeza como un ser mental en una vida y cuerpo, pero él tiene
internamente esa impresión y puede dirigirse hacia ella. Así que también al principio,
el alma en el hombre no aparece como algo definitivamente distinto de su mente y de su
vida mental; sus movimientos están involucrados en los movimientos de su mente, sus
operaciones parecen ser actividades mentales y emocionales; el ser humano mental no está
consciente de un alma en él, separada de la mente, la vida y el cuerpo, el mismo, viendo,
controlando y moldeando sus acciones y formaciones: pero como la evolución interna
continua, eso es precisamente lo que puede, debe y pasa es la larga espera pero el
inevitable paso en nuestro destino evolutivo. Habrá un emerger, un surgir, en el cual el
ser se separa el mismo de sus pensamientos y se ve en un silencio interno como el
espíritu en la mente o se separa el mismo, de los movimientos de la vida, deseos,
sensaciones, energía cinética, impulsos y es consciente de él, como el espíritu que
sostiene la vida, o se separa de su sentido corporal y conoce que el mismo es el espíritu
- alma de la Materia: este es el descubrimiento de nosotros mismos como el Purusha, el ser
mental, la vida - alma, el "yo soy" sutil que sostiene el cuerpo. Esto es
recibido por muchos como el descubrimiento capaz de realizar la verdad interna (la
realización), y en cierto sentido ellos están correctos; porque es el espíritu que se
representa a si mismo con relación a las actividades de la Naturaleza, y esta revelación
de su presencia es suficiente para liberar el elemento espiritual: pero el descubrimiento
propio puede ir mucho más allá, el puede inclusive poner a un lado toda la relación con
la forma o acción de la Naturaleza. Porque es comprendido y visto que cada una de esas
entidades son representaciones de la Entidad divina, de la cual la mente, vida y cuerpo
son solamente formas e instrumentos: nosotros somos entonces el Alma mirando a la
Naturaleza, conociendo toda su dinámica en nosotros, no por una percepción mental y
observación, sino por una consciencia intrínseca y un sentido directo de las cosas y su
visión estimada exacta, capaz por lo tanto, por este emerger, de tener un control en
nuestra naturaleza y cambiarla. Cuando hay un completo silencio en el ser, una completa
quietud o una tranquilidad no afectada por los movimientos superficiales, entonces
nosotros podemos llegar a ser consciente de nuestro Yo, de la sustancia espiritual de
nuestros ser, de la existencia que excede inclusive al alma individual, dilatándose uno
mismo en el universo, traspasando toda dependencia de cualquier forma o acción,
expandiéndose hasta trascender donde los limites no son visibles.
Son estas liberaciones de la parte espiritual en nosotros,
los pasos decisivos de la evolución espiritual en la Naturaleza. Cuando el emerger es
decisivo, un signo de esto es la acción en nosotros de una consciencia intrínseca e
inherente a su existencia propia, la cual se conoce ella misma por la mera verdad de ser,
conoce todo lo es por su identidad con todo, e inclusive comienza a ver todo lo que en
nuestra mente luce externo, de la misma manera, por un movimiento de identidad o por una
consciencia directa intrínseca, que todo lo envuelve y penetra, entrando en sus objetos y
descubriéndose en ellos, siendo consciente de algo que no es mente, vida o cuerpo.
Entonces hay evidentemente una consciencia espiritual que no es la mental, y que testifica
de la existencia de un ser espiritual en nosotros el cual no es nuestra personalidad
mental superficial. Pero al principio esta consciencia puede estar confinada a un estado
del ser separado de la acción de nuestra ignorante naturaleza superficial, observándola,
y limitándose al conocimiento, mirando las cosas con un sentido espiritual y una visión
de la existencia. Para la acción, puede todavía depender del instrumento mental, vital y
corporal, o puede dejarlos que actúen de acuerdo con su propia naturaleza y quedarse
satisfecha con su propia experiencia y conocimiento con una liberación interna, la
libertad final: pero esta consciencia puede y usualmente lo hace, ejercitar cierta
autoridad, gobierno, influencia en el pensamiento, en los movimientos de la vida, en la
acción física; un control purificador que compele a movernos en una dirección mas alta,
en una verdad pura de nosotros mismos, a obedecer o a ser una instrumentación de un
influjo de algún Poder divino o de una dirección luminosa que no es mental sino
espiritual y que puede ser reconocida como teniendo cierto carácter divino la
inspiración de un gran Yo Soy o el mandato del Soberano de todos los seres, el Ishwara. O
la naturaleza puede obedecer lo mas íntimo de la entidad síquica, moviéndose en una luz
interna y siguiendo una dirección interna. Esto es ya una considerable evolución y
ascensión para un principio por lo menos de una transformación síquica y espiritual.
Pero es posible ir más allá; porque el ser espiritual una vez que ha logrado liberarse,
puede desarrollar en mente mas altos niveles, que son su atmósfera natural y traen la
energía supramental y la acción, las cuales son propias de la consciencia Verdadera; el
instrumento ordinario mental, el instrumento de la vida, y el instrumento físico
inclusive, pueden entonces ser transformados enteramente y dejar de ser parte de una
ignorancia, por muy iluminada que esté, y llegar a ser una creación supramental la cual
sería la verdadera acción de una consciencia espiritual verdadera y un conocimiento. Por
lo tanto, debe ser enfatizado que la espiritualidad no es una alta intelectualidad, no un
idealismo, no un viraje ético de la mente, o una pureza mental o austeridad, no es una
religiosidad o un ardiente y exaltado fervor, ni siquiera una combinación de todas esas
excelentes cosas; una creencia mental, un credo o fe, una aspiración emocional, una
regulación de conducta de acuerdo con una religión o una fórmula ética no son unos
logros y experiencias espirituales. Esas cosas son de un valor considerable a la mente y a
la vida; ellas son de mucho valor a la evolución espiritual como los movimientos
disciplinarios preparatorios, purificando o dándole una forma conveniente a la
naturaleza; pero ellas todavía pertenecen a la evolución mental, -- el principio de una
realización espiritual y experiencia donde el cambio no está todavía ahí. La
espiritualidad es un su esencia un despertar de la realidad interna de nuestro ser, al
espíritu, al Yo, al alma, la cual no es otra que nuestra mente, vida y cuerpo, una
aspiración interna de saber, sentir, ser eso, o entrar en contacto con la gran realidad
que penetra el universo y que habita también en nuestro ser, estar en comunión con ese
Yo y en unión con El, y transformar nuestro ser como resultado de esa aspiración, ese
contacto, esa unión y crecer o despertar en un llegar a ser, o un nuevo ser, o un nuevo
yo, o una nueva naturaleza. En su tentativa para abrir el ser interno, la Naturaleza ha
tomado cuatro diferentes caminos: la religión, el ocultismo, el pensamiento espiritual y
la realización interna espiritual y experiencia. Hay cuatro caminos que la Naturaleza ha
tomado en su tentativa de abrir el ser interno la religión, el ocultismo, el
pensamiento espiritual y la realización interna espiritual y experiencia: los tres
primeros son acercamientos, el último es la avenida decisiva para entrar. Todos esos
cuatro poderes han trabajado simultáneamente, más o menos conectados, algunas veces en
colaboración, otras peleando los unos con los otros y muchas veces
independientemente.
La religión ha admitido un oculto elemento en su rituales,
ceremonias y sacramentos; ella ha descansado sobre el pensamiento espiritual, derivando de
ello, algunas veces un credo o una teología, y otras veces apoyando la filosofía
espiritual, -- el primero, ordinariamente, es el método occidental, el último, el
oriental: pero la experiencia espiritual es la meta y logro final de la religión, su
cielo, su cima, su ápice. Cada uno de estos recursos o acercamientos corresponden a algo
en nuestro ser completo y por lo tanto a algo necesario para la meta total de su
evolución. Hay cuatro necesidades para la meta total de su evolución. El hombre tiene
cuatro necesidades para su propio desarrollo si es que no ha de permanecer el ser
superficial e ignorante buscando oscuramente la verdad de las cosas y coleccionando y
sistematizando fragmentos y pedazos de conocimiento; la criatura pequeña y limitada y
parcialmente competente del cosmos. La fuerza que es él ahora es su naturaleza fenomenal.
Él
debe completamente conocerse a si mismo y al mundo, debe buscar en su interior y su
exterior, debe ir a lo más profundo de su mente superficial y de su naturaleza física; y
esto, solo lo puede hacer, conociendo su ser interior mental, vital, psíquico y físico y
sus poderes y movimientos en las leyes universales y los procesos de la Mente oculta y la
vida, que están detrás de todo ese frente material del universo: este es el campo del
que se ocupa el ocultismo, si nosotros tomamos esa palabra en su amplio significado.
Debemos saber también el Poder oculto o los poderes que controlan el mundo: si hay algún
Yo Cósmico o un Creador, él debe ser capaz relacionarse con Eso o El y ser capaz de
permanecer en cualquier contacto o comunión que sea posible, ponerse de acuerdo con los
grandes Maestros del universo o con el Ser universal y su voluntad universal o con un Ser
supremo y su suprema voluntad, siguiendo las leyes que El le da y las metas que le revela
o le asigna su la vida y en su conducta; levantarse el mismo hacia las altas demandas que
El le hace en su vida ahora o en su existencia en el más allá; si no hay tal Espíritu o
Ser universal o supremo, el debe saber que hay y como elevarse para llegar a él para
librarse de la imperfección e impotencia. Este acercamiento es la meta de la religión:
su propósito es conectar el ser humano con el Divino y al hacerlo, sublimar sus
pensamientos, su vida y su materia para que ellos puedan admitir la regla del alma y el
espíritu. Pero este conocimiento debe ser algo más que un credo o una revelación
mística; su mente pensante debe ser capaz de aceptarlo y correlacionarlo con el principio
de las cosas y de la verdad observada del universo: este es el trabajo de la filosofía, y
en el campo de la verdad del espíritu eso puede solamente ser hecho por una filosofía
espiritual, ya sea intelectual en sus métodos o intuitivos. Porque todo conocimiento y
esfuerzo puede alcanzar su complacencia solamente si es experimentado y llega a ser parte
de la consciencia y sus operaciones establecidas; en el campo espiritual de todas estas
religiones, lo oculto o el conocimiento filosófico y el esfuerzo, debe acarrear deleite y
complacencia, finalizando en una amplitud de consciencia espiritual, en experiencias que
mejoren y enaltezcan, que expandan y enriquezcan la consciencia, con la verdad del
espíritu: este es el trabajo de la realización y experiencia espiritual. Solamente la
realización y experiencia espiritual puede alcanzar el cambio del ser mental al ser
espiritual. Porque ninguno de estos tres primero acercamientos pueden por ellos mismos
completamente llenar el gran y último propósito de la Naturaleza; ellos no pueden crear
en el hombre mental el ser espiritual, a menos que se abran la puerta de la experiencia
espiritual. Es solamente por una realización interna por lo que estos tres acercamientos
están buscando, por una experiencia abrumadora o por muchas experiencias que traigan un
cambio interno, por una transmutación de la consciencia, por una liberación del
espíritu desde su presente mente, vida y cuerpo encubierto en la que pueda emerger el ser
espiritual. Esa es la línea final del progreso del alma hacia la cual otros apuntan y
cuando ella está lista a liberarse ella misma de los otros acercamientos, entonces el
trabajo real y verdadero ha comenzado y el principio del cambio ya no está más distante.
Hasta ese momento todo lo que el ser humano mental ha alcanzado es la familiaridad con la
idea de las cosas más allá de él, con la posibilidad de un cambio de actividad a otro
mundo, con el ideal de una perfección ética; el puede haber hecho algún contacto con
los grandes Poderes o Realidades que ayudan a su mente, su corazón o a su vida. Puede que
sea un cambio pero no una transmutación del ser mental al ser espiritual. La Religión y
sus pensamientos y ética y el misticismo oculto en los tiempos antiguos crearon el
sacerdote y el mágico, el hombre religioso, el hombre justo, el sabio, en fin, mucho
altos grados de mentalidad; pero es solamente después de la experiencia espiritual a
través del corazón y la mente que vemos llegar al santo, al profeta, al Rishi, al Yogui,
al buscador, al sabio espiritual y al místico, y son la religiones donde esos hombres
espirituales nacen en el ser, las que han resistido, cubriendo el globo y dando a la
humanidad su aspiración y cultura espiritual. La última y mayor liberación es el hombre
liberado que ha realizado el Yo y el Espíritu en su interior, entrado en la consciencia
cósmica, pasado a una unión con el Eterno y si el sigue aceptando la vida y la acción,
actúa por la luz y la energía del Poder dentro de él trabajando a través de su
instrumento humano de la Naturaleza. La mayor enunciación del cambio y logro espiritual
es una total liberación del alma, mente, corazón y acción, fundir todos ellos en el Yo
cósmico y la Divina Realidad. La evolución espiritual del individuo ha encontrado
entonces su camino y llegado hasta la cima de los grandes Himalayas de su suprema
naturaleza. Más allá de esas alturas hay abierto solamente el ascenso supramental o la
Trascendencia incomunicable. El misticismo y la espiritualidad han sido criticados desde
dos puntos de vista. Esas críticas deberán se examinadas antes de seguir adelante.
(1)
El místico le da la espalda a la vida.
El místico en este punto de vista es un hombre que vive en
lo irreal, dentro de las regiones ocultas de la tierra de quimeras que el mismo se ha
creado, perdiendo allí su camino. . . El místico lo mismo se separa de la vida como un
ascético de otro mundo o como un visionario apartado, por lo tanto no puede ayudar a la
vida, o el no puede dar mejor solución o resultado que el hombre práctico o el hombre de
razón e intelecto. A esta clase de critica uno puede contestarle, que la verdadera tarea
de la espiritualidad no es resolver los problemas humanos en las bases del pasado o
presente, sino crear una nueva constitución de nuestro ser, nuestra vida y nuestro
conocimiento. El ascético o la tendencia a estar en otro mundo del místico es una
afirmación extrema de su negativa para aceptar las limitaciones impuestas por la
Naturaleza material: porque su verdadera razón de ser es ir más allá de esa Naturaleza
y si no puede transformarla él debe dejarla. Al mismo tiempo, el hombre espiritual no se
ha apartado del todo de la vida humana; porque el sentido de unidad con todos los seres,
la fuerza del amor y compasión universal, la voluntad de dar las energías por todas las
criaturas, son el centro de la dinámica que abarca el espíritu: por lo tanto el ha
ayudado, el ha guiado como los antiguos Rishis o los profetas, o parado de crear, y lo que
él ha hecho ha sido con algo del poder directo del Espíritu, y los resultados han sido
prodigiosos. Pero la solución del problema que la espiritualidad ofrece, no es una
solución por medios externos, aunque esto también tiene que ser usado, pero es un cambio
interno, una transformación de la consciencia y la naturaleza. Si el resultado no es
decisivo, y ha sido solamente una contribución, un acrecentamiento de algunos nuevos y
refinados elementos a la suma de la consciencia, la consecuencia general ha sido, que no
ha habido una transformación de la vida, y es, porque el hombre en la masa total, siempre
se ha apartado del impulso espiritual, retractándose de esa idea o tomándola solo como
forma y rechazando el cambio interno. Bhagavad-Gita. La elevación Budista de la
compasión universal, karuna, y la benevolencia (vasudhaiva kutumbakam, "toda la
tierra es mi familia"), es el mas alto principio de acción, como el énfasis
Cristiano en el amor indica este lado dinámico del ser espiritual. La espiritualidad no
puede hacer un trato con la vida por un método no espiritual o tratar de curar sus
enfermedades con la panacea u otros remedios mecánicos, políticos o sociales que la
mente está constantemente tratando de emplear para resolver cualquier cosa y siempre han
fallado y continuarán fallando. Los cambios más drásticos hechos por estos remedios no
han cambiado nada; porque las viejas enfermedades existen en una nueva forma: el aspecto
del ambiente se ha cambiado, pero el hombre sigue igual; el es todavía un ser mental
ignorante que no usa efectivamente o no sabe usar su conocimiento, movido por un ego y
gobernado por los deseos vitales, las pasiones y las necesidades del cuerpo, no espiritual
y superficial en su aspecto, ignorante de su propio yo y las fuerzas que lo manejan y
usan. Las construcciones de su vida tienen un valor como expresiones de su ser individual
y colectivo en el nivel o estado que él ha alcanzado o como una maquinaria para la
conveniencia y el bienestar de sus partes vitales y físicas, y un medio para su
crecimiento mental, pero ellas no pueden llevarlo más allá de su presente "yo"
o servirle como maquinaria para transformarlo; su transformación y sus perfecciones
pueden solo llegar más adelante por la evolución. Solamente un cambio espiritual, una
evolución de su ser desde el hombre mental superficial hacia la consciencia espiritual
profunda, puede hacer una diferencia real y efectiva. El descubrir el ser espiritual en
él mismo es la tarea principal del hombre espiritual y ayudar a otros hacia la misma
evolución es el verdadero servicio de la raza; hasta que esto se haga, una ayuda exterior
puede socorrer y aliviar, pero nada o casi nada es posible. Es verdad que la tendencia
espiritual ha sido más bien mirar más allá de la vida, que mirar la vida. También es
verdad que el cambio espiritual ha sido individual y no colectivo; sus resultados han sido
exitosos en el hombre, pero han fracasado o solamente han operado indirectamente en la
masa humana. La evolución espiritual de la Naturaleza todavía está incompleta y en
proceso uno puede casi decir, está todavía en sus principios y su mayor
preocupación ha sido afirmar y desarrollar las bases espirituales de la consciencia y el
conocimiento, y crear más y más una base o formación para la visión de eso que es
eterno en la verdad del espíritu.
(2)
El conocimiento místico es puramente subjetivo.
Consideremos otra objeción al místico y su conocimiento;
no en contra de sus efectos sobre la vida sino en contra de sus métodos para descubrir la
Verdad y en contra de la Verdad que el descubre; porque indiscutiblemente que el resultado
actual de sus métodos no es una verdad común a todos, hay una gran diferencia; la
conclusión que se sugiere es que ese conocimiento no es verdad del todo sino una
formación mental subjetiva. Pero esta objeción es basada en una confusión de la
naturaleza del conocimiento espiritual. La verdad espiritual es una verdad del espíritu,
no una verdad del intelecto, no un teorema matemático o una formula lógica. Es una
verdad del infinito, una en una diversidad infinita, y puede asumirse una infinita
variedad de aspectos y formaciones: en la evolución espiritual es inevitable que deba de
haber muchos senderos o caminos para alcanzar la única Verdad, muchos senderos escogidos;
estos muchos senderos es el signo de un acercamiento del alma a una realidad viviente, no
una abstracción o una forma hecha de cosas que pueden ser petrificadas en una fórmula
muerta. La noción lógica e intelectual de la verdad es una sola idea que todos deben
aceptar, una idea o sistema de ideas que anula las otras ideas o sistemas, o una verdad
limitada o una fórmula de verdades que todos deben de reconocer, es una ilegitima
transferencia de la verdad limitada del campo físico, a un campo de vida, mente y
espíritu mucho más complejo y plástico. Esta transferencia ha sido responsable de
muchos daños; ella trae al pensamiento estrechez, limitación y una intolerancia de las
variaciones necesarias y la multiplicidad de puntos de vista sin los cuales no puede
existir la totalidad de la verdad encontrada; y por la estrechez y las limitaciones mucha
obstinación en los errores. Ella reduce la filosofía a un laberinto sin final de
disputas estériles; la religión ha sido invadida por esta errónea prisión e infectada
con credos dogmáticos, fanatismo e intolerancia. La verdad del espíritu es una verdad
del ser y la consciencia, y no una verdad de pensamiento: las ideas mentales solamente
representan o formulan algunas facetas, algún principio o poder traducido por la mente o
que enumeran sus aspectos, pero para conocerla uno tiene que crecer en ella y ser ella; si
no se crece en ella y sé es ella no puede haber un conocimiento espiritual verdadero. La
verdad fundamental de la experiencia espiritual es una, su consciencia es una, donde
quiera que ella sigue las mismas líneas y tendencias generales del despertar y el crecer
en el ser espiritual; porque esos son los imperativos de la consciencia espiritual. Pero
también hay, basado en esos imperativos innumerables posibilidades de expresiones y
experiencias variadas: la centralización y armonización de esas posibilidades, y
también el único e intensivo cumplimiento de cualquiera de sus líneas de experiencias
son ambos movimientos necesarios de la Consciencia - Fuerza dentro de nosotros para
emerger. Por otra parte el ajuste de la mente y la vida a la verdad espiritual, su
expresión en ellos, debe variar con la mentalidad del discípulo (el que busca) tanto
como él no se alce por arriba de todas las necesidades de tal ajuste o expresión
limitada. Es este elemento mental y vital que ha creado las oposiciones que todavía
divide los buscadores espirituales o llegan a las diferentes afirmaciones de la verdad que
ellos experimentan. Esta diferencia y variación es necesaria para la libertad de la busca
y el crecimiento espiritual: sobrepasar las diferencias es del todo posible, pero es mas
fácil hacerlo en experiencia; mentalmente la diferencia debe permanecer hasta que uno
puede superar la mente completamente con una consciencia encumbrada e integrar, unificar y
armonizar todas las versiones de la verdad del Espíritu. El supremo Yo es uno, pero las
almas de ese Yo son muchas, y como El Es las formaciones del alma de la naturaleza, así
será su propia expresión espiritual. Una multiplicidad en el uno es la ley de la
manifestación; la unificación supramental debe armonizar esa multiplicidad, porque
abolirlas no es la intención del Espíritu de la Naturaleza.
La Evolución
Futura del Hombre - Sri Aurobindo.
Final del Capitulo #5 - El Desarrollo del Hombre Espiritual.
Ensayo preparado por P. B. Saint Hilaire - August 1962.
Traducido al Español por Hortensia De la Torre - Julio 1997.