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LA SABIDURÍA DE LOS IDIOTAS parte 3LA PRUEBA DE ISHAN WALI Cuando Ishan Wali apareció de repente en Siria procedente del Turquestán, mostró que tenía un amplio abanico de técnicas (llamadas por la gente lega sus "sabidurías"), con las que era capaz de hacer avanzar el entonces lento estudio del sufismo. Por ejemplo, descubrió que las escuelas sufíes se habían convertido en organizaciones vinculadas entre sí por el tradicionalismo y por la mirada de un maestro, a expensas de las enseñanzas del sufismo como un todo. Trabajaba con ejercicios e ideas que pertenecían a justo título a otras personas, otros tiempos, e incluso otros lugares. La manera de Wali para abordar este problema impresionó enormemente a los que, aun ignorando sus métodos, creían que debían ayudarle. Entre ellos se encontraban Mustafa Ali Darazi, Ali-Mohammed Husseini y Tawil Tirmidhi, cuyos testimonios todavía sobreviven. Él les dijo: "Para el ojo externo es imposible diferenciar viendo estos conjuntos de gentes, que se han convertido en molinos de harina en lugar de escuelas, a los que merece la pena abordar y los que no tienen capacidad de aprender. Como sabéis, yo os he mostrado que todo falla actualmente para realizar la Obra. ¿Pero cuáles de ellas son capaces de revivir? Señaló una fila de palmeras que padecían los estragos del calor. "Si el agua está limitada, ¿cuál de los árboles regaremos? Os he enseñado que están marchitos, algo de lo que no os habías dado cuenta antes. Ahora os mostraré un medio de comprobar si un árbol puedo o no revivir." Ishan Wali se encontró, junto con su método, con todos los sheikhs de las escuelas repetitivas, la mayoría de los cuales le dieron amablemente la bienvenida, y le indicaron que estarían encantados de recibir su ayuda en el restablecimiento de las Enseñanzas. Él no les aseguró nada. Se separó de ellos y escribió a cada uno de la siguiente manera: "Tengo algo de crucial importancia para deciros a vosotros, y nada en absoluto que decir a través de vosotros. Esto quiere decir que se me ha de permitir que me dirija directamente a vuestros seguidores. Si lo permitís, haré que se conozcan mis métodos. Si, por el contrario, no lo permitís, podré más adelante dirigirme a ellos de forma indirecta. Pero de esta manera, con vuestra negativa os habréis separado de mí, y no podré dirigirme a vosotros. Puesto que tengo la responsabilidad de todos vosotros o de ninguno, no puedo desde el principio utilizaros como canal cuando puedo abordaros directamente. Como habéis desarrollado una afinidad íntima con vuestra comunidad, debo consideraros como miembros fundamentales de la comunidad y, por lo tanto, no puedo trataros por separado." Ishan Wali explicó a sus ayudantes que aquellos sheikhs que estaban dispuestos a considerarse discípulos en el mismo grado en que consideraban discípulos a sus propios estudiantes, serían de los que dirigían Escuelas y que podrían ser revivificados. Algunos sheikhs respondieron con comprensión y otros reaccionaron con intensa desconfianza, abierta o encubiertamente, ante la manera de abordarlos de Ishan Wali. Aunque dio por bienvenida la comprensión de quienes se consideraron a sí mismos como discípulos y como no diferentes de sus propios últimos discípulos a este respecto, se condolió por las plantas marchitas. Ali-Mohammed Husseini dijo: "¿Debemos, pues, entristecernos por lo que se nos ha mostrado como muertos?" Ishan Wali respondió: "No todos ellos están muertos; es sólo su sospecha la que les hace comportarse como si estuvieran muertos." Nada más haber dicho esto, algunos sheiks de las escuelas divididas, como si hubieran tenido una percepción interna, cambiaron de actitud y dejaron los turbantes a los pies de Ishan Wali. Majzub, uno de los sheikhs anteriormente perplejos, dijo a continuación: "Siento como si se me hubiera quitado un peso, y supe que se trataba de mi miedo y mi sospecha." Pero Ishan Wali dijo: "Fueron las plegarias de los mismos sheikhs "que se estaban marchitando", y que fueron más fuertes que sus miedos y sus sospechas, las que les impulsaron a venir a nosotros y a recibir lo que les habíamos traído. De hecho, el mérito es todo de ellos. ¿Cómo podemos tener mérito por hacer algo que sabemos? En el pasado obtuvimos mérito ejercitando las virtudes. Pero, en este caso, es esforzándose a través de sus naturalezas llenas de moho como ellos mismos han limpiado el espejo de la comprensión." Con este método, los sheikhs que sospechaban mantuvieron su importancia en sus propias escuelas, y obtuvieron gran respeto de sus propios discípulos. Los pocos que permanecieron apartados se encontraron con que sus discípulos estaban cada vez más inclinados hacia la confusión demente o hacia la adhesión al Wali, así que éste les escribió para decirles: "Yo no hago discípulos, no por cortesía hacia vosotros, sino porque sin la comprensión de la totalidad del cuerpo, la pierna no puede funcionar. Si teméis una pérdida de discípulos a causa de mi presencia, no tengáis miedo porque no puedo ayudarles y siempre lo diré. Pero tengo miedo por vuestra situación posterior." Las plantas marchitas, excepto unas cuantas, no respondieron a esta suave lluvia. Hoy día, por supuesto, no existen huellas sobre la tierra de los seguidores de aquellos sheikhs que no adoptaron los métodos de Ishan Wali durante su residencia en Siria.
MILAGROS OCULTOS Alguien preguntó a Fuwad Ashiq, veterano discípulo de Bahaudin Naqshband: "¿Puedes decirme por qué el maulana oculta sus milagros? Con frecuencia le he visto en ciertos lugares, mientras que otras personas testificaban estar con él en cualquier otra parte. Igualmente, cuando cura a alguien mediante la plegaria, tal vez diga: "Habrá sucedido de todas maneras". Las personas que le piden favores, o que son favorecidas por su interés, obtienen grandes ventajas en el mundo, pero él niega su influencia, o también la atribuye a hechos como la coincidencia, o incluso el trabajo de otros." Fuwad respondió: "Yo mismo he observado esto muchas veces, ciertamente, como estoy tan frecuentemente con él, ya me he acostumbrado. La razón estriba en que los milagros son la operación de "servicio extraordinario". No están hechos para hacer a la gente feliz o desgraciada. Si impresionan, esta impresión hace que las personas infantiles sean crédulas o se exciten, en lugar de hacerles aprender algo."
LA ENTRADA A UN CÍRCULO SUFÍ Si lees y si practicas, puedes estar cualificado para un círculo sufí. Si sólo lees, no lo estarás. Si piensas que has tenido experiencias sobre las que puedes progresar, tal vez no estés cualificado. Las palabras solas no comunican: debe haber algo preparado previamente de lo que las palabras son una indicación. La práctica por sí sola no perfecciona a la humanidad. El ser humano necesita el contacto de la verdad, inicialmente en una forma que pueda ayudarle. Lo que es conveniente e impecable para un tiempo y lugar, es generalmente limitado, inadecuado, o un obstáculo para otro tiempo y lugar. Esto es así en la búsqueda también en muchos ámbitos de la vida ordinaria. Espera y trabaja para que puedas ser aceptable para una círculo sufí. No intentes juzgar a sus miembros, a menos que estés libre de codicia. La codicia te hace creer cosas que normalmente no creerías. Te hace no creer en cosas que por lo general creerías. Si no puedes superar la codicia, ejercítala únicamente donde puedes verla actuar, no la lleves al círculo de los iniciados.
(NAZIR EL KAZWINI, Observaciones solitarias)
UNA HISTORIA DE IBN HALIM Existen dos hombres de gran renombre como maestros del Camino Correcto. Ibn Halim relata que fue primero a ver a uno de ellos, cuyo nombre era Pir Ardeshir de Qazwin. Al encontrarlo le dijo: "¿Me aconsejarías qué hacer y qué no hacer?" "Sí, pero te daré tales instrucciones que te serán muy duras de cumplir, puesto que irán en contra de tus preferencias, incluso aunque éstas consistan a veces en privaciones." Ibn Halim pasó varios meses con el pir* Ardeshir, y descubrió que la enseñanza era realmente muy difícil para él. Aunque los anteriores discípulos del pir Ardeshir eran ya famosos en todo el mundo como maestros iluminados, él no podía soportar los cambios, las incertidumbres y las disciplinas que se le imponían. Al final, solicitó permiso al pir para dejarle, y viajó a la tekkia del segundo maestro, Murshid Amali. A Murshid le preguntó: "¿Me impondréis tareas pesadas que pueda considerar cercanas a lo intolerable?" Amali respondió: "No te impondré tales tareas." Ibn Halim preguntó: "Me aceptáis entonces como discípulo?" Murshid respondió: "No hasta que me hayas preguntado por qué mi entrenamiento no sería tan costoso como el del pir Ardeshir." Ibn Halim preguntó entonces: "¿Por qué no sería tan costoso?" Murshid le contestó: "Porque yo no me ocuparía de ti y por tu bienestar real como lo hizo Ardeshir. Por lo tanto, no debes pedirme que te acepte como discípulo."
* Guía espiritual (N. del T.)
LA MUJER SUFÍ Y LA REINA Cierta mujer de la desventurada familia de los Omeya se había hecho sufí, y fue a visitar a la reina del clan de El-Mahdi, que había reemplazado a los Omeya. La misma reina era conocida como una mujer llena de delicadeza y de compasión. Cuando vio la famélica y harapienta figura de la pobre princesa de los Omeya ante la puerta, le rogó que entrase y se preparó para proporcionarle palabras de consuelo y presentes que aliviasen su evidente penuria. Pero en cuanto la princesa de los Omeya: "Soy hija del clan de los Omeya...", la reina olvidó su caridad y gritó: "¡Una mujer de los malditos Omeya! Has venido, sin duda alguna, a mendigar, olvidando las cosas que tu gente hizo a nuestra familia, cómo los oprimieron y trataron sin piedad, dejándolos sin más recursos que la misericordia de Dios..." "No", dijo la princesa de los Omeya, "no he venido a pedir simpatía, perdón o dinero. Vine a ver si la familia de El-Mahdi había aprendido a comportarse igual que sus predecesores, que no sabían cómo hacerlo: los despiadados hijos de los Omeya o la conducta que deploráis fue una enfermedad contagiosa que terminará sin duda con la caída de los que la contraigan". La princesa de los Omeya se marchó y desde entonces nunca se la encontró en ninguna parte. Pero sólo conocemos esta historia a través de las palabras de la reina de El-Mahdi, y tal vez haya sido así la causa de algún avance en la conducta humana, en algún lugar.
EL AYUDANTE DEL COCINERO Un cierto mercader famoso y bien relacionado acudió a Bahaudin Naqshband. En asamblea abierta dijo: "He venido a ofrecerte mi sumisión a ti y a tus enseñanzas, y te ruego que me aceptes como discípulo." Bahaudin le preguntó: "¿Por qué piensas que eres capaz de aprovecharte de la enseñanza?" El mercader contestó: "Todo lo que he conocido y todo lo que me ha gustado de la poesía y de las enseñanzas de los antiguos, tal como están escritas en sus libros, lo encuentro en ti. Todo lo que otros maestros sufíes predican, alaban y tomas de los Sabios, realmente lo encuentro en ti, y no tan completa y perfectamente en ellos. Te considero uno de los Grandes Sabios*, porque puedo distinguir el aroma de la Verdad en ti y en todo lo que se relaciona contigo." Bahaudin dijo al hombre que se retirase, prometiéndole que le comunicaría su decisión respecto a su aceptación a su debido tiempo. Transcurridos seis meses, Bahaudin llamó al mercader a su presencia y dijo: "¿Estás preparado para aparecer públicamente conmigo en un intercambio de preguntas y respuestas?" Él respondió: "Por mi cabeza y por mis ojos que sí." Cuando la reunión de la mañana iba progresando, Bahaudin llamó a otro hombre del círculo y le pidió que se sentase junto a él. A los oyentes les dijo: "Éste es el distinguido rey de los mercaderes de esta ciudad. Hace seis meses vino aquí creyendo que podía distinguir el aroma de la verdad en todo lo relacionado conmigo." El mercader afirmó: "Este período de prueba y separación, estos seis meses sin un vislumbre del Maestro, este exilio, han hecho que me sumerja aún más en los clásicos, de manera que pueda al menos mantener alguna relación con él, al que deseo servir, Bahaudin El-Shah, que es visiblemente idéntico a los Grandes Sabios." Bahaudin replicó: "Han pasado seis meses desde que estuviste aquí. No los has pasado en vano: has estado trabajando en tu tienda y has estado estudiando las vidas de los grandes sufíes. Sin embargo, podías haber estado estudiándome a mí, al que consideras tan idéntico a uno de los Conocedores del pasado, ya que he pasado dos veces por semana por tu tienda. Durante estos seis meses en los que "no hemos estado en contacto", he estado cruenta y ocho veces en tu tienda. Muchas de esas ocasiones transcurrieron haciendo yo algún tipo de transacción contigo, comprando o vendiendo mercancía. Por las mercancías y por un simple cambio de ropa y de apariencia no me reconociste. ¿Es eso "distinguir el aroma de la verdad"?" El mercader permaneció en silencio. Bahaudin continuó: "Cuando llegas cerca del hombre que otros llaman "Bahaudin", puedes sentir que él es la verdad. Cuando te encuentras con el hombre que se llama a sí mismo el mercader Khaja Alavi (uno de los seudónimos de Bahaudin) no puedes distinguir el aroma de la verdad de lo que está conectado con Alavi. Tú encuentras de manera perceptible en Naqshband sólo lo que otros predican y no son. En Alavi no encuentras lo que los Sabios son pero no parecen ser. La poesía y las enseñanzas a las que te has referido son una manifestación externa. Por favor, no llames a esto espritualidad." Ese mercader era Mahsud Nadimzada, que posteriormente fue un famoso santo, que se hizo discípulo de Bahaudin tras haberse sometido al estudio bajo la dirección del cocinero de la Khanqa, que era casi analfabeto en poesía, charlas o técnicas espirituales. Una vez dijo: "Si no hubiera estudiado lo que imaginaba que era un camino espiritual, no tendría que haber olvidado los numerosos errores y superficialidades que Califa-Ashpaz (el cocinero) extirpó de mí al ignorar mis pretensiones."
* Para los sufíes, los Sabios son los que pueden ver el hilo oculto de la vida, el sentido profundo de los acontecimientos. (N. del T.)
¿POR QUÉ ESTÁ MOJADO Y NO SECO? Durante miles de años antes de ser ampliamente conocido por la gente, Khidr viajó por la tierra buscando a quienes pudiera enseñar. Cuando encontraba estudiantes apropiados, les transmitía verdades y útiles artes. Pero en cuanto introducía una nueva enseñanza, se la apropiaban y era mal utilizada. La gente sólo se preocupaba de la aplicación de la capacidad y de las leyes, y no de la comprensión profunda, así que el conocimiento no podía desarrollarse como un todo. Así pues, un día Khidr decidió aplicar un método diferente de aprendizaje. Hizo muchas cosas al revés. Por ejemplo, hizo que lo que solía estar mojado estuviese seco, y lo seco mojado. La gente se acostumbró rápidamente a esto, y simplemente se adaptaban para mirar lo mojado como seco y lo seco como mojado: Habiendo vuelto de revés un gran número de cosas, Khidr regresará un día para mostrar de nuevo cómo es cada cosa. Hasta que lo haga, únicamente unos pocos se beneficiarán del trabajo de Khidr. Los que no pueden son aquellas personas a las que les gusta decir: "Yo ya sabía eso", cuando no es cierto
LIBROS Si os doy un libro vacío, diciendo: "No podéis todavía aprovecharos de él", tal vez penséis: "Nos está insultando." Pero si distribuyo un libro lleno de contenido y comprensible, todos los lectores tomarán sus superficialidades para estimularse, exclamando: "¡Qué magnífico y qué profundo!" La gente seguirá estas cosas externas cuando me vaya, haciendo de ellas una fuente de estímulo y debate. En ellas encontrarán enseñanzas didácticas, poesía, ejercicios o historias. Si no doy ningún libro, o doy uno pequeño, los eruditos académicos se mofarán y arruinarán los espíritus de los estudiantes potenciales y vulnerables con otros libros, todavía más de lo que ya lo hacen. Los estudiantes desconcertados se vuelven destructivos, imaginando soluciones e intentando, después, imponérselas a los demás. Si distribuyo un voluminoso libro, algunas personas imaginarán que es pretencioso. Todas estas suposiciones están ahí, habéis de notar, porque conviene a la gente tenerlas, no porque exista la mínima posibilidad de que sean verdad. Si distribuyo un libro críptico, la gente imaginará que contiene extraños secretos. O quizá se vuelvea innecesariamente astuta intentando descifrarlo. Y cuanto más se dicen estas cosas, más dice la gente de manera petulante o desdeñosa: "No nos entiendes. Nosotros no nos comportamos de esa manera. La falta de entendimiento es tuya." Pero si digo todas estas cosas y las consideráis todas ellas, incluso por un tiempo, dando a cada afirmación igual atención, estaré contento.
(BAHAUDIN)
CUANDO UN SER HUMANO SE ENCUENTRA A SÍ MISMO Una de las dificultades más grandes de un ser humano es también su mayor desventaja. Podría corregirse si alguien se preocupara hasta el punto de señalarla con frecuencia y de manera suficientemente convincente. Se trata de la dificultad de que el ser humano se está describiendo a sí mismo cuando piensa que está describiendo a los demás. Cuán frecuentemente se oye a la gente decir acerca de mí: "Considero a este hombre como el qutub* (polo magnético) del Siglo." Por supuesto, quiere decir. "Yo considero a este hombre..." Está describiendo sus propios sentimientos o convicciones, cuando lo que quisiéramos conocer es algo acerca de la persona o cosa descrita. Cuando afirma: "Esta enseñanza es sublime", significa: "Esto parece que me encaja." Pero tal vez habríamos querido saber algo acerca de la enseñanza, no de cómo piensa que le influencia. Alguna gente dice: "Pero una cosa puede ser verdaderamente conocida por sus efectos. ¿Por qué no observar los efectos que produce una persona?" La mayoría de la gente no entiende que el efecto de, digamos, el rayo de sol sobre los árboles es algo constante. Para conocer la naturaleza de la enseñanza, tendríamos que conocer la naturaleza de la persona sobre la que ha actuado. La persona ordinaria no lo sabe: todo lo que sabe es lo que esa persona supone que es un efecto sobre sí misma pero no tiene una imagen coherente de quién es "ella misma"- . Como el observador exterior sabe incluso menos que la persona que se describe a sí mismo, nos quedamos con una evidencia completamente inútil. No tenemos un testigo digno de confianza. Recordad que mientras exista todavía esta situación, habrá el mismo número de personas que digan: "Esto es maravilloso", como: "Esto es ridículo." "Esto es ridículo" significa realmente: "Esto me parece ridículo", y "esto es maravilloso" significa. "Esto me parece maravilloso." ¿Realmente os gusta ser así? A muchas personas les gusta, mientras que energéticamente pretenden lo contrario. ¿Os gustaría poder comprobar lo que realmente es ridículo o maravilloso, o algo que se encuentra entre estos dos extremos? Podéis hacerlo, pero no si presumís de poderlo hacer sin práctica, sin ningún entrenamiento, en medio de la incertidumbre sobre quiénes sois y por qué os gusta u os disgusta algo. Cuando os hayáis encontrado a vosotros mismos, podréis tener conocimiento. Hasta entonces, sólo tenéis opiniones. Las opiniones están basadas en el hábito y en lo que concebís que es conveniente para vosotros. El estudio del Camino exige encontrarse a sí mismo a lo largo del recorrido. Todavía no os habéis encontrado. Entretanto, la única ventaja de encontrar a otras personas es que una de ellas puede presentaros a vosotros mismos. Antes de que ocurra esto, quizá os imaginéis que os habéis encontrado a vosotros mismos muchas veces, pero la verdad es que cuando os encontráis a vosotros mismos y llegáis a una cualidad y búsqueda de conocimiento no se parece a ninguna otra experiencia en esta tierra.
(TARIQAVI)
* Dentro de los cuatro "viajes espirituales" de los sufíes, se llega a poseer el título de qutub, tras finalizar el segundo viaje, en el que ya se convierte en un maestro con pleno derecho, en un "punto hacia el que todos se vuelven". (N. del T.)
EL SUFÍ Y EL RELATO DE HALAKU Un maestro sufí fue visitado por un cierto número de personas de diversos credos que le dijeron: "Acéptanos como discípulos tuyos, ya que vemos que no queda ninguna verdad en nuestras religiones, y estamos seguros de que tú enseñas el único camino verdadero." El sufí contestó: "¿No habéis oído hablar del mongol Halaku Khan y de su invasión de Siria. Permitidme que os cuente. El visir Ahmad del califa Mustasim de Bagdad invitó al mongol a invadir los dominios de su señor. Cuando Halaku ganó la batalla de la conquista de Bagdad, Ahmad salió a su encuentro para ser recompensado. Halaku le preguntó: "¿Buscas tu recompensa?", y el visir respondió: "Sí." "Halaku le dijo: "Has traicionado a tu propio señor conmigo, y todavía esperas que yo confíe en que seas fiel hacia mí". Tras decir esto, ordenó que Ahmad fuese colgado. "Antes de pedir a alguien que os acepte, preguntaos a vosotros mismos si se trata simplemente de que no habéis seguido el camino de vuestro propio maestro. Si estáis satisfechos con la respuesta, entonces venid y pedid ser aceptados como discípulos."
PECES EN LA LUNA Al sheik Bahaudin Naqshband le preguntaron: "¿Por qué siempre dices que nadie que piense que está más avanzado en el Camino que otro tiene categoría alguna?" Él respondió: "Porque por mi propia experiencia cotidiana he llegado a la conclusión de que aquellos que piensan que pueden aprender sufismo por sí mismos no pueden de hecho hacerlo: están demasiado centrados en sí mismos. Quienes piensan que no pueden aprenderlo solos, de hecho pueden hacerlo. Pero, a causa de la vanidad, es sólo un Maestro verdadero el que puede decirles si pueden continuar solos, puesto que él puede diagnosticar su verdadera condición. "Cualquiera que piensa que está más avanzado en el Conocimiento que otro es casi completamente ignorante, y no es capaz de aprender nada más. Da vueltas y vueltas en los "intestinos de Satán" de su propia ignorancia. Esto ocurre porque la experiencia del conocimiento real no es en absoluto similar a pensar que uno está más avanzado que otro. "Veis que nunca es aceptado como discípulo cualquiera al que yo critico por tener una voluntad egoica. Esta es así porque, sin duda, él sentiría, con independencia de lo que imagine, que mis criticas hacia él fueron motivadas por un deseo de enseñarle. Por ello, siempre despido a quienes critico. Existe siempre una esperanza de que puedan encontrar un maestro en alguna parte que no les halague, aunque es tan improbable como que existan peces en la Luna."
KILIDI Y LAS MONEDAS DE ORO El maestro sufí Kilidi descubrió que muchos de sus discípulos pasaban gran parte de su tiempo difundiendo historias sobre sus sorprendentes virtudes y su misterioso poder de anticiparse a los pensamientos y a las necesidades de aprendizaje de sus discípulos. Él les reprochaba una y otra vez, pero la tendencia humana a vanagloriarse de alguien al que se sirve o se admira era demasiado fuerte para ellos. Un día les advirtió: "A menos que abandonéis esta costumbre, que no sólo me tiene todo el día rodeado de mirones, sino que además me impide impartiros más conocimientos, me veré obligado a daros un ejemplo que hará que no os guste. Podría haceros el hazmerreír por haberme seguido." Como esta advertencia no produjo el efecto deseado, poco después, y en presencia de numerosos discípulos y de un gran público, Kilidi dio cien monedas de oro a un mendigo que pasaba. No pasó mucho tiempo, cuando el mendigo regresó con el oro afirmando: "Este oro no me ha hecho ningún bien. Mi mujer dice ahora que ella debe tener la mitad, o que debería recibir de ti la misma cantidad, puesto que es tan pobre como yo." Kilidi tomó el oro y se lo llevó a uno de los ricos que estaban presentes diciendo: "Vosotros, ricos, no sufrías por vuestro dinero." Al mendigo le dijo: "Ahora has regresado a tu estado anterior, vuelve a emprender tu habitual relación armoniosa con tu esposa." Volviéndose a su discípulos, les dijo: "Ahora podéis ver que Kilidi comete errores, y el mundo es igualmente testigo de ello."
TRIGO Y CEBADA Un distinguido y culto caballero que estaba visitando a Bahaudin Naqshband le preguntó: "A través de tu carácter, ejercicios y manifiesta capacidad para el bien, eres reconocido públicamente, así como en el corazón de tus discípulos, como el Maestro actual del Siglo. ¿Fue esto siempre así? Bahaudin respondió: "No, no fue siempre así." El visitante replicó: "Los Antiguos sufíes eran considerados frecuentemente como imitadores, ridiculizados por los eruditos y temidos por los intérpretes. Algunos de aquellos a los que los Adeptos consideran como sus ejemplos más nobles están incluidos en los libros de los hombres formalmente cultivados como indeseables o como influencias no bien recibidas por las autoridades. Pero si han contribuido al conocimiento y a la práctica del Camino, ¿no serían sin duda y claramente adeptos? Bahaudin respondió: "Algunos son claramente Adeptos, otros son claramente nada." "Entonces, ¿dónde reside la cualidad esencial del derviche?" "Reside en la realidad, no en la apariencia." "¿No tienen dichas personas cualidades por las que todo el mundo pueda reconocerlas?" Bahaudin replicó: "Recuerda el cuento del trigo y la cebada. En algún momento, alguien plantó trigo en un campo. Todo el mundo se acostumbró a ver el trigo crecer y a vivir de pan hecho de harina. Pero pasó el tiempo y fue entonces necesario plantar cebada. Cuando ésta creció, mucha gente, apegada a las apariencias, como suelen estarlo los eruditos comunes, exclamaron: ¡Esto no es trigo!" "Cierto", decían los cultivadores de cebada, "pero es un cereal, y lo que necesitamos todos son cereales". "¡Charlatanes!", gritaban los apegados a las apariencias. Muchas veces, cuando se cosechaba la cebada, era tan grande el clamor para expulsar a sus cultivadores que éstos no podían suministrar harina a la gente. La gente se moría de hambre, pero aquéllos pensaban, persuadidos por sus consejeros de mente estrecha, que hacían bien en rechazar la cosecha de los cultivadores de cebada." El visitante preguntó: "Entonces, lo que llamamos "sufismo" ¿es realmente el cereal de tu historia? En ese caso, ¿hemos sido llamados "cereales" de "trigo" o "cebada", y tenemos que darnos cuenta de que hay algo más profundo, y de lo que ambas cosechas sólo son una manifestación?" "Sí", respondió el maulana. "Sería seguramente más deseable el que se nos pudiera dar el conocimiento de los "cereales", en lugar del "trigo" o de la "cebada" bajo el nombre de "cereales", dijo el buscador. "Sería seguramente mejor si esto pudiera hacerse", afirmo Bahaudin, "pero el hecho es que la mayoría de la gente, por su propia seguridad y la de los demás, tienen todavía que trabajar por la cosecha para poder comer. Hay muy pocos que sepan lo que son los cereales. Existen personas a las que llamas Guías. Cuando un hombre sabe que la gente puede morir de hambre, tiene que suministrar todo el alimento que pueda. Son sólo aquellos que no trabajan en el campo quienes tienen tiempo para preguntarse acerca del tipo de cereal. Son también los que no tienen derecho a hacerlo, ya que no lo han probado, ni están trabajando en la producción de harina para la gente". "Es malo decirle a la gente que haga cosas cuando no pueden entender por qué debería hacerlas", dijo el visitante. "Es peor explicar que un cierto árbol va a caer, con tal detalle, que antes de que acabes de contar la historia, la audiencia está abrumada y es incapaz de escucharla", respondió Bahaudin.
LA BOTELLA DE VINO Se cuenta en las asambleas de los Sabios que había una vez un hombre que deseaba ofrecer a un amigo la mayor hospitalidad de la que era capaz. Tras haber pasado él y su amigo un rato de sobremesa, el huésped dijo: "Tal vez deberíamos beber un poco de vino, para sacudir la pereza de nuestros pensamientos y estimular la agudeza de nuestros sentimientos." Su huésped estuvo de acuerdo. Resultó que aquel hombre sólo tenía en su casa una botella de vino y así se lo dijo a su huésped. Pero cuando envió a por el vino a su hijo, que padecía la enfermedad de ver doble, éste volvió diciendo: "Padre, hay dos botellas: ¿cuál de ellas quieres que traiga?" Avergonzado de que su huésped pudiera pensar que no le estaba ofreciendo todo lo que tenía, el padre replicó: "Rompe una de las botellas y tráenos la otra." El joven, por supuesto, golpeó con una piedra la única botella que había, con el resultado de imaginar que había roto sin querer las dos; por lo tanto, aquella noche no hubo vino para el anfitrión ni para el huésped. El huésped pensó que el joven estaba loco, cuando únicamente padecía una cierta incapacidad. El orgullo del anfitrión sobre su propia hospitalidad fue la causa de la destrucción de la botella. El joven quedó apenado por haber hecho algo mal. Y todo esto ocurrió porque el anfitrión tuvo miedo de que si decía al principio a su huésped que su hijo padecía de doble visión, imaginaría que se trataba únicamente de un pretexto de su falta de disposición a consumir todo el vino.
Said Bahaudin Naqshband* Estábamos de pie sobre una pequeña altiplanicie en lo alto de las montañas de Kohistán. Mi maestro dijo: "Mira esas coníferas y observa cómo unas son pequeñas y otras grandes. Algunas han enraizado bien y otras se inclinan mal sesgadas. Otras, sin razón alguna, tienen sus ramas estropeadas." Yo pregunté: "¿Qué podemos inferir de esto?" Él respondió: "Las altas están llenas de aspiración." "¿Lo logran todas?" "De ninguna manera." "¿ Y las dañadas?" "Son las que buscan justificarse." "¿Son las pequeñas menores que las altas?" "Algo puede ser pequeño por herencia, falta de oportunidades, ausencia de nutrición o a causa del deseo." "¿Y las profundamente enraizadas?" "Todo depende de su naturaleza y de la selección que hacen sus raíces para obtener verdadero alimento. Algunas de las bien enraizadas lo están porque no tienen la codicia innecesaria de consumir. A veces son ésas las que los leñadores cortan y utilizan para sacar madera..."
* Conocido también como Bahaudin de Bujara y el El-Shah, se convirtió en el jefe de la Orden de los Maestros (Khwajagan) de Asia Central en el siglo XIV. Gran reformador, adoptó las enseñanzas clásicas a las necesidades cotidianas. Más tarde, la Orden se conoció como el Camino de los Naqshbandis y se esparció por Turquía y la India, llegando hasta Europa y África. Algunos de los más grandes poetas clásicos persas fueron Naqshbandis. (N. del T.)
LA ESPONJA DE PROBLEMAS Se cuenta que durante muchos siglos la tumba de Boland-Ashyan curaba las enfermedades, concedía los deseos y beneficiaba a quienes la visitaban. Se la conocía como "La Esponja de los Problemas". El santuario estaba situado cerca de la pequeña ciudad de Murghzar, en Irán, y allí trabajó Faisal Nadim como cocinero en el ashkhana (restaurante) durante unos veinte años. Faisal nunca entró en el santuario. Pero los viajeros que entraban en su cocina y pasaban un rato con él mientras trabajaba alimentaron la línea de los sufíes iluminados llamados los Madimis, mientras que los visitantes de la tumba nunca fueron considerados como nada especial, excepto por los ignorantes. Alguien preguntó al sabio Khorram Ali por qué los piadosos peregrinos no eran transformados por su visita a un lugar de tales milagros, y por qué los que frecuentaban una cocina se transformaban en santos sufíes. Khorram respondió: "Una esponja absorbe agua que no necesita, pero también puede impedir, según las circunstancias, un trabajo útil. Es completamente insensible, por muchos méritos que le atribuyáis. Un cocinero conoce la medida de los ingredientes y cómo hacerlos digeribles. Un cocinero puede necesitar de una esponja para eliminar todo lo que está a su alcance como, por ejemplo, el agua sucia. Sólo los estúpidos, mirando sólo a la esponja, imaginan que trabaja con voluntad propia."
EL PEZ DE CRISTAL Un barquero, al que un joven le había hecho un favor, le regaló a éste un pez de cristal. El muchacho lo perdió, y, en su desesperación por haber perdido un objeto tan raro y valioso, montó en cólera al ver a otro hombre que llevaba alrededor del cuello un cordón del que colgaba un pez de cristal. El joven llevó al hombre a los tribunales y logró que le condenasen por robo. En el último momento, cuando se preguntó a éste si tenía algo que declarar antes de ser conducido a la cárcel, el hombre dijo: "Preguntad a cualquier barquero de este país: todos nosotros tenemos el mismo emblema, y el mío es de mi propiedad. No le pertenece a este joven. Yo tengo dos ojos y también una boca, pero tampoco son suyos!" "¿Por qué no lo has declarado antes?", preguntó el magistrado al barquero. "Porque tiene más merito para toda la humanidad cuando la verdad llega por el ejercicio del sentido común por todas las partes desde el principio, que si una de ellas tiene que probar algo para lo que, después de todo, tal vez no tenga pruebas." "Sin embargo, todos tenemos que aprender", señaló el juez. "Desgraciadamente", dijo el hombre, "si se considera que aprender depende de la elaboración de pruebas, sólo tendremos la mitad del conocimiento, y seguramente nos encontraremos perdidos". Los kishtiwanis, a cuya escuela pertenecía este barquero, eran conocidos por su hábito de poner el énfasis en aquello en lo que la gente pasaba la mayor parte de su tiempo llegaban a consideraciones apresuradas o pasando totalmente por alto los hechos.
EL PORTADOR DEL SELLO Muy poco después de la muerte del maulana Bahaudin Naqshband, un hombre encolerizado se acercó a su tumba y pidió: "Conducidme hasta el Califa." Éste no estaba. El hombre dijo: "Dejad que me identifique Bibi Jan, la viuda del maulana." Todo el mundo estaba perplejo por la conducta del forastero, y los seguidores que quedaban del maulana no sabían qué decir ni qué hacer. El caminante dijo: "¡No hay Califa, no hay comprensión! Entonces os mostraré algo que incluso el más burro de los hombres debe saber." Y mostró entonces el Sello de Bahaudin Naqshband. Desde ese momento ese hombre fue tratado con honores, pero él pidió que le condujeran al muro existente frente a la colina de Tillaju. Destruyó parte del muro, y pidió a los hombres presentes que excavaran sus cimientos. Después, sacó ciertos objetos enterrados allí y dijo: "Éstos son para mí. Habrían sido para los discípulos si éstos hubieran sido adeptos." Alguien preguntó: "¿Por qué no los reciben los discípulos?" "El-Shah les dijo que excavasen los cimientos del muro, pero en vez de ello lo construyeron encima. Así, el muro se habría caído más adelante, y los invalorables objetos que se encontraban aquí se habrían perdido. La holgazanería de los murids (discípulos) en su trabajo manual, y su superioridad en la imaginación, han producido su negación al ámbito espiritual." Un murid preguntó: "¿Podemos saber de los que no son como nosotros, por nuestra ansia del conocimiento?" El misterioso derviche respondió: "Quienes podrían saber ya saben. Para el resto ya es demasiado tarde para saber. Por ello se gratifican a sí mismos por haber estado cerca de El-Shah. Pero sería mejor si se dispersaran. En caso contrario, se limitarán simplemente a repetir los nombres y las fórmulas de El-Shah, y la gente será descarriada, imaginando que eso es sufismo." Alguien preguntó: "Cuál de los Iluminados eres, qué Wali, qué Abdal? ¿Te quedarás con nosotros?" Él respondió: "Soy el más humilde servidor de los Maestros, los Khwajagan. Un servidor sólo puede estar donde puede servir las órdenes de su maestro. No puedo llevar a cabo el servicio de la humildad en compañía de la arrogancia." Alguien preguntó: "¿Cómo podemos disminuir nuestra arrogancia?" Él replicó: "Podéis disminuirla dándoos cuenta de que no sois dignos de ser representantes de la Enseñanza de El-Shah. Los indignos son doblemente incapacitados. Andan extraviados imaginando que están estudiando el Camino. Extravían a otras personas con la pretensión de enseñarles, incluso por complicidad. "Esto no es estudio. Esto no es enseñar. Donde no hay Representante, la imitación de su posición es equivalente a una usurpación. La usurpación destruye el alma."
LLENO Un astrónomo que era pretencioso y estaba lleno de conocimientos fue en uno de sus viajes a visitar a Kushyar el Sabio, maestro de Avicena. Pero Kushyar no tenía nada que hacer con él y declinó enseñarle de una u otra manera. El astrónomo se estaba despidiendo con tristeza, cuando Kushyar dijo: "Tu creencia de que sabes tanto produce el efecto de hacerte igual a un recipiente completamente lleno de agua. Por ello, lo mismo que la vasija, eres incapaz de admitir nada más. "Pero el estado de lleno es la saciedad de la vanidad, y el hecho es que estás realmente vacío, con independencia de cómo te sientas."
Voz en la noche Una voz me susurró anoche: "¡No existe nada que sea una voz susurrando en la noche!"
(HAIDAR ANSARI)
PERCEPCIÓN Consta que alguien dijo al gran filósofo Saadi: "Deseo la percepción así que me haré sabio." Saadi dijo: "La percepción sin sabiduría es peor que no tener nada en absoluto." Entonces se le preguntó: "¿Cómo puede ser esto?" Saadi respondió: "Como en el caso del buitre y del milano. El buitre dijo al milano. "Tengo más alcance de vista que tú, porque puedo ver un grano de trigo en el suelo, mientras que tú no puedes ver nada en absoluto." "Los dos pájaros descendieron en picado para encontrar el grano de trigo, que el buitre podía ver y el milano no. Cuando estaban muy cerca del suelo, el milano vio el grano de trigo. El buitre continuó su descenso y se tragó el grano. Y después se murió, porque el trigo ¡estaba envenenado!"
Sobras Las sobras de la comida del emir son mayores que los presentes de halwa (dulces) del comerciante.
TIMUR FAZIL
LA MOSCA DORADA Había una vez un hombre llamado Salar, que distinguía lo verdadero de lo falso, y que sabía lo que debía hacerse y lo que no, además de saber mucho acerca del aprendizaje de libros. De hecho, sabía tanto que fue nombrado ayudante personal del muftí Zafrani, un eminente jurisconsulto y juez. Pero Salar no lo sabía todo; e incluso respecto a las cosas que sabía, no actuaba siempre de acuerdo con su conocimiento. Un día, cuando había dejado al lado su caso de zumo dulce, una minúscula y trémula mosca dorada se posó en el borde y tomó un sorbo. Después sucedió lo mismo al día siguiente, y al siguiente, hasta que la mosca se hizo más grande y Salar podría verla fácilmente. Pero la mosca había crecido tan lentamente que Salar apenas se daba cuenta de ella. Finalmente, después de varias semanas durante las que Salar había estado profundamente inmerso en el estudio de un complejo problema legal, éste miró hacia arriba y se dio cuenta de que la mosca parecía mucho más grande de lo que debería ser una mosca. La espantó, e inmediatamente ésta alzó el vuelo, trazó unos círculos sobre el vaso y se fue. Pero volvió. Cuando descuidaba su vigilancia, tomaba de nuevo un sorbo, posada en el borde del vaso, y bebía todo lo que podía. A medida que transcurrían los días, la mosca se hacía cada vez mayor, y como bebía cada vez más, también empezó a tener un aspecto diferente. Al principio, Salar la espantaba de un manotazo. Después vio que tenía que utilizar un matamoscas para aplastarla. A veces, la mosca empezaba a mirarle como si tuviera una forma semihumana. Por supuesto, se trataba de un Jinn (genio), y en absoluto de una mosca. Por fin, Salar gritó a la mosca, y he aquí que ésta respondió diciendo: "No sorbo demasiado de tu bebida, y, además, soy hermosa, ¿verdad?" Salar se sorprendió al principio, después se asustó y, por último, quedó confundido. Empezó a apreciar las visitas de la mosca, a pesar de que le estaba bebiendo parte de su limonada. Observaba cómo danzaba la mosca, pensaba en ella mucho tiempo, trabajaba cada vez menos y, a medida que la mosca se hacía más grande, descubrió que él se sentía cada vez más débil. Salar solía tener dificultades con el muftí, así que se estimuló a sí mismo y decidió acabar con la mosca. Reuniendo todas las fuerzas de su decisión, dirigió contra la mosca un violento golpe, pero ésta se escapó volando, diciendo: "Te has equivocado conmigo, porque yo sólo quería ser tu amiga, pero me iré, si eso es lo que quieres." Salar sintió al principio que se había liberado de la mosca de una vez por todas, y se dijo a sí mismo: "La he derrotado, lo cual prueba que soy más poderoso que ella, sea o no un ser humano, un Jinn, o una mosca." Entonces, cuando Salar se había convencido a sí mismo de que todo ese asunto se había acabado, la mosca apareció de nuevo. Había crecido hasta ser enorme, y descendía del techo como un resplandeciente lago en forma de un hombre. Dos enormes manos alcanzaron y agarraron la garganta de Salar. Cuando el muftí vino a buscar a su asistente, éste yacía en el suelo estrangulado. Una parte de la pared se había derrumbado al paso del Jinn, y todo lo que quedaba como marca de su enormidad era la huella de su mano, tan grande como el costado de elefante, en el encalado de la pared.
LA PROMESA DE LA TABERNA Puede que se diga: "Vinieron en vano." No dejéis que vengan en vano.
Os dejamos a vosotros el legado; Acabamos lo que pudimos, el resto os lo dejamos.
Recordad, éste es el trabajo confiado. Recordad, bienamados, de nuevo habremos de encontrarnos.
Canción derviche
EL CUCHILLO Un derviche errante acudió corriendo a donde un sufí estaba sentado en profunda contemplación, y dijo: "¡Rápido! Debemos hacer algo. Un mono acaba de robar un cuchillo." "No te preocupes", respondió el sufí, "puesto que no ha sido un hombre". Cuando el derviche encontró de nuevo al mono, naturalmente, había tirado ya el cuchillo.
(KARDAN)
EL ASENTAMIENTO DE CARAVANAS Había una vez un hombre llamado Muin, que en su juventud había sido estafado y traicionado por otro hombre, llamado Halim, un individuo extraordinariamente codicioso. Muin se dijo a sí mismo: "Un día me hallaré en posición de devolvérsela. Seré rico, y su envidia le arruinará, ¡especialmente si me niego a darle dinero!" Pero pasaron los años y Muin no se hizo rico. Los ahorros de toda su vida no le mantendrían como hombre próspero ni un solo mes. Cuando cumplió los cuarenta años cayó enfermo y los médicos dijeron que sólo le quedaban pocas semanas de vida. Por entonces, Muin tenía un preceptor sufí Daud, hijo de Zakaria- al que preguntó qué podía hacer. "Suscitar la envidia no forma parte del trabajo sufí", dijo Daud, "ya que la envidia es algo fatal que se pudre y mata al hombre que le alimenta, y sólo puede ser estirpada con una enorme dificultad. De hecho, el único método para el adepto es practicar una verdadera y profunda generosidad, y es raro que esté dispuesto a hacerlo. Puedo decirte una cosa y dejarte el resto a ti: el envidioso se corroe a sí mismo por lo que piensa que es verdadero, pero no por la verdad real." Muin consideró profundamente estas palabras. Después, envió a buscar a su hijo Aram y le dijo: "Tengo muy poco que dejarte, pero creo que puedo contraer una deuda y dejarte fondos mediante una inversión sensata, si lo hago ahora. Así pues, obedéceme con todo detalle. Sólo me queda muy poco tiempo de vida." Aram, siguiendo sus instrucciones al pie de la letra, tomó todos los ahorros de su padre y compró túnicas costosas, algunas joyas, hermosas casas y muchas más cosas. Entonces, padre e hijo fueron al más costoso asentamiento de caravanas cercano a la casa del malvado y le hicieron llamar. Muin, debilitado de agotamiento, yacía en la cama. Cuando vio a Halim, le dijo: "Estoy probablemente en mi lecho de muerte, y eres la única persona que conozco en esta localidad. Como ves, tengo un hijo, y voy a confiarle un secreto sufí que produjo todas las cosas que ves de mi posesión. Cuida del joven, Aram, y él te revelará el secreto que yo le he confiado, en el momento que sea propicio." Poco después, Muin murió. Halim, que era por entonces muy rico, colmó de regalos al muchacho e hizo todo que pudo para impresionarlo con su amabilidad hacia él, codiciando el secreto sufí. Siempre permanecía atento por si se daba el momento para la transmisión del secreto. Pero Muin le había dicho a Aram: "Revela las palabras del sufí a Halim si ha sido suficientemente generoso contigo, y si alguna vez descubres que ya no es codicioso." Así pues, Aram vigiló a Halim durante años. Éste le ofrecía dinero, pero, de alguna manera nunca daba tanto como prometía. Aram tomaba lo que se le daba, e incluso pedía más, tanto directamente como a través de intermediarios, para descubrir si había resistencia por parte de Halim, y encontró un montón de ellas. Este proceso continuó durante varios años. Halim padecía estados de euforia y de depresión, y empezó a interesarse por toda clase de diversiones, como el chismorreo, para aliviar las tensiones de su vida. Entonces, un día leyó un libro sufí que decía. "Prometer y no cumplir impide la transmisión de los secretos sufíes." De repente recordó que no había cumplido sus promesas con Aram. Ese mismo día le ofreció el total de la suma que le había prometido dar inicialmente. Aram dijo: "No juzgo por qué haces esto, pero como puede ser razón correcta, te revelaré ahora el secreto sufí. Inmediatamente contó a Halim lo que había ocurrido entre el sufí y Muin. Entonces, Halim, superada la codicia gracias a su admiración por la sabiduría del sufí, dijo: "Aram, no tengo lugar en mi corazón para arrepentirme del dinero que se ha gastado. Hazme únicamente un favor; dime cómo encontrar a este Sufí, para que pueda besarle los pies." Ésa es la historia contada por Halim, el gran sabio sufí, que más adelante sucedió al sheik Daud, hijo de Zakaria.
FANTASÍAS ¡Escucha, hombre! Si tan sólo supieras cuántas de las falsas fantasías de la imaginación estaban más cerca de la Verdad que las cuidadosas conclusiones de los prudentes. Y cómo estas verdades no tienen ninguna utilidad hasta que la persona que se hace imaginaciones, habiendo agotado el objetivo de su imaginación, se ha hecho menos imaginativo.
(SHAB-PARAK)
IRRELEVANCIA Uno de los sabios sufíes nombró a un sustituto para transmitir sus instrucciones a los discípulos. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que los discípulos se encargasen de considerar al sustituto, no como un canal, sino como un hombre santo y con autoridad. A su vez, éste empezó a imaginar que todo lo que él decía era significativo. Después, teniendo dudas de ciertos resultados de las acciones del sustituto, algunos de los discípulos se preguntaban unos a otros: "¿Está este hombre actuando plenamente dentro de su mandato?" Algunos de ellos consideraban tales pensamientos como una traición, y no querían mirar todos los abusos. El Sabio oyó los cuestionamientos y respondió: "La vanidad se ha apoderado de este sustituto, pero ha sido alimentada por vuestros propios deseos de venerar a alguien." Los discípulos quedaron cabizbajos y preguntaron: "Si esto puede suceder a un representante en el que se ha puesto toda la confianza, ¿qué no podría suceder en nuestro caso?" El Sabio les dijo: "Esto no podría haber sucedido si ambas partes no fuesen reprochables. Si hubieseis obedecido mis órdenes, en lugar de crear vuestro propio maestro para imitarle, por no estar satisfechos con las instrucciones, sustituyéndolas por la búsqueda de un ídolo, esto no habría ocurrido. Pero, por otra parte, donde estas tendencias están presentes, no sólo ocurre esto, sino que tiene que ocurrir. En lugar de preguntaros sobre lo que ha sucedido, deberías observar lo incapaces que sois de distinguir lo verdadero de lo falso: aunque no sois suficientemente humildes para asumir que lo falso es lo verdadero." "Ésa es vuestra lección." Ellos preguntaron: "¿Y qué será ahora de él?" Él respondió: "Eso no es asunto vuestro. Lo que debe interesaros son las cosas irrelevantes que han impedido vuestro desarrollo: y ahora todavía lo estáis haciendo. Lejos de estar más avanzados que las personas ordinarias, os encontráis ahora mucho más atrás que éstas. ¿Queréis alcanzarlas?"
FIDELIDAD Najmaini ("el Hombre de las Dos Estrellas") expulsó a un estudiante con las palabras: "Tu fidelidad ha sido probada. La encuentro tan inconmovible que debes irte." El estudiante dijo: "Me iré, pero no puedo entender cómo la fidelidad puede ser un motivo de expulsión." Najmaini replicó. "Durante tres años hemos probado tu fidelidad. Tu fidelidad a conocimientos inútiles y a juicios superficiales es total. Por eso es por lo que te tienes que ir."
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