Caminos a Dios 

 

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El secreto de las 7 semillas, parte 2

Al día siguiente se sintió mejor, con el sueño había logrado mitigar sus emociones. Llegó a su oficina y su personal lo abordó con diversos problemas que le hicieron olvidar por completo el episodio con el Maestro.

 

Al final de la tarde, Gustavo, el gerente de finanzas entró a su oficina. Cerró la puerta y refiriéndose al gerente de marketing, le dijo:

 

            -Estoy harto del idiota de Pedro. Todo el tiempo desordena las cosas. No entrega sus reportes a tiempo, no sigue los procedimientos Sabes que hemos mandado a imprimir cinco mil tarjetas de Navidad para nuestros clientes y puedes creer que solo mandó cuatrocientas? Ignacio, ¡hemos botado a la basura como dos mil dólares!, puedes creerlo?

 

Ignacio estaba irritado. Cómo Pedro podía ser tan bestia para desperdiciar dinero de la compañía en el momento tan difícil que estaban pasando. Se paró inmediatamente y antes de que Gustavole pudiera decir algo más tomó el intercomunicador.

 

            - Pedro, ¡ven ahora mismo a mi oficina!  -gritó.

 

Cuando Pedro entró, vió a ignacio en su escritorio con expresión de rabia y a Gustavo con cara de susto.

 

           - ¡ Oiga!  -le espetó Ignacio en tono enérgico, evitando el tuteo para subrayar la distancia-  ¡Estoy harto de su desorden que nos hace perder plata!  ¡Hasta cuando tendremos que soportar sus mediocridades en esta empresa!

 

                -   De qué esta hablando?  -se sorprendió Pedro.

           -  ¡ Estoy hablando de la ridícula cantidad de tarjetas que mandó a hacer para Navidad!  Cree que nos sobra la plata? Que haremos con las más de cuatro mil tarjetas que sobraron? Se las cobraremos a usted?

 

Pedro se sintió víctima de un malentendido. Quiso explicarse:

 

          - No ha sobrado ninguna tarjeta de Navidad.

 

Gustavo era testigo de este conflicto. Jamás imaginó que Ignacio iba a reaccionar de esa forma, poniéndolo cara a cara con Pedro. Quería que la tierra se lo tragara y desaparecer. Pedro miró a Gustavo con indignación e hizo un gesto de desaprobación.

 

          -Lo que Gustavo no sabe  -dijo , es que las otras cuatro mil seiscientas tarjetas se las dimos a nuestra fuerza de ventas para que las entregaran personalmente a nuestros clientes y así dar un mejor servicio.

 

Ignacio  había estado inflando el globo del conflicto al agredir a Pedro por sus supuestos errores. Pero Pedro, con estas últimas palabras, le había clavado un alfiler. Ya no tenía que haber conflicto. Las tarjetas se habían enviado y de la mejor forma. Ignacio miró a Gustavo. Con un ademán de censura, le dijo:

 

          - La próxima vez que quieras que yo haga el ridículo, avísame con anticipación.

   

En ese momento surgió en su mente la imagen del Maestro y recordó  sus palabras sobre aquello de tropezarse en la oscuridad. Se daba cuenta de que había caído una vez más. Había gritado y agredido a Pedro injustamente, se había comportado como un neurótico y solo ahora se daba cuenta., pero el daño estaba hecho y no podía retroceder en el tiempo.

 

Le pidió disculpas a Pedro por el malentendido, pero Pedro ya estaba dolido. Ignacio no sabía cómo se había metido en aquel problema gratuitamente. Eran tantos los problemas con la competencia que no entendía qué hacía desgastándose en competencias internas. Miró su reloj. Era hora de visitar al Maestro.

 

Ya en la casa del maestro, Ignacio, decepcionado de sí mismo, le contó el incidente.

 

          - No es fácil  -dijo el maestro-. Debes de tener paciencia. No puedes cambiar tantos años de hábitos de la noche a la mañana. Este es un proceso largo. Créeme el hecho de haberte dado cuenta del error ya es un gran avance.

 

                  - Definitivamente , llamar a gritos a Pedro a mi oficina y agredirlo por algo que no era cierto. Debí informarme bien antes de hablar con él.

 

      -  De acuerdo   -siguió el maestro-. Eso fue una equivocación, pero no fue la primera. El primer error que cometiste fue dejar que Gustavo te hablase mal a espaldas de Pedro. Si tú quieres crear un clima de confianza en tu organización, no te parece que fomentar el chisme va en contra de tu objetivo? La próxima vez que alguien quiera contarte algo negativo de una persona, pregúntale si ya se lo dijo directamente a ella, y ante todo, escucha a las dos partes. Eso sí, tú tienes que dar el ejemplo, debes tener mucho cuidado de no hablar a espardas de las personas. Recuerda que los subordinados aprenden de lo que el líder hace, no de lo que dice..

 

Hizo una pausa para que ignacio tuviera tiempo de reflexionar. Luego continuó:                   

 

              - Cuéntame ahora, qué sentías cuando estabas enfrentando a tus dos gerentes?  -preguntó el maestro.

 

Ignacio se quedó pensativo, tratando de poner en palabras lo que había sentido en ése momento.

 

          - La verdad es que sí tengo que ser realmente sincero, sentía cierto placer. Sentía que era lo correcto, que alguien debía ganar y otro perder. En realidad, quería ver sangre. Quería que el más débil perdiera.

 

- Como vimos la vez pasada  -continuó el Maestro-, buscas la violencia para evocar a tu padre. Recuerdas algún incidente de tu niñéz que pueda estar relacionado con esta situación?

 

A Ignacio se le apareció la imagen de una de sus vivencias más desagradables:

 

          - Ahora que lo pienso, sí. A mi padre le encantaba hacerme pelear contra mi hermano. Nos decía que debíamos practicar en casa para estar listos para sacarle la mugre a cualquiera en la escuela. Pero no quería que peleáramos de juego, quería que lo hiciéramos sin guantes, a puro puño. Recuerdo que nos llevaba al garage y nos hacía pelear. Si no lo hacíamos él nos pegaba. A él le encantaba “animar” la pelea gritándonos y manipulándonos desde  afuera. Me decía: ‘pelea, imbécil! Acaso eres una niña o un maricón?” Recuerdo que una vez mi hermano me dio un golpe en la naríz y empecé a sangrar. Quise parar de pelear, pero mi padre no me dejó. El decía que los hombres pelean hasta morir, no importa si estan heridos.

 

          - Te das cuenta, Ignacio, de que por que te gusta tanto ver sangre?  -cuestionó el maestro-. Has aprendido de niño que esa es la forma en que uno debe comportarse. En ese caso, en tu mente, tú eras tu padre incentivando la pelea y Pedro y gustavo eran tú y tu hermano cuando niños.

 

         -  Pero, qué voy a hacer si he tenido un padre tan violento y todo esto está guardado en mi subconsciente? Cómo diablos me voy a librar de esto?

         

         - Por ahora, no existe otra forma sinó que poco a poco vayas tomando conciencia de tus emociones subconscientes, revisando cómo se manifiestan en tu vida actual. A medida que las entiendas, irán bajando su intensidad y su influencia en ti. Cuando uno esta vendado y tiene que caminar por un sendero donde hay varios fuegos, puede esquivarlos al detectar su calor. Lo mismo tienes que hacer, ignacio, en la vida real. Cuando tengas fuegos emocionales que te lleven a actuar agresivamente, aún si no los ves, por lo menos percibe su calor y contrólate. A medida que tomes más conciencia de tus conductas, tendrás una mayor capacidad de mejorar.

 

Mientras se ponía de pié lentamente y daba media vuelta, el maestro continuó:

 

- Ahora estas listo para recibir la segunda semilla -. Sacó el cofre, cogió uno de los pedazos de papel arrugado, lo abrió, sostuvo con delicadeza la semilla y se la entregó a Ignacio-. Siembra esta semilla y cuando la planta empiece a crecer, regresa para explicarte su mensaje de sabiduría.. Mientras tanto trata de estar conciente de tus conductas agresivas, de tus pensamientos y emociones destructivas.

 

 

Hacía un mes que Ignacio había sembrado la semilla. Se había preocupado de regarla y cuidarla diariamente y esta vez sí empezó a germinar una planta muy pequeña que tenía unas hojitas verdes. Durante este tiempo había tratado de estar muy conciente de sus emociones. No obstante, no había tenido mucho éxito controlando sus conductas agresivas. Lo que sí aprendía era a darse cuenta de sus errores posteriormente. Esto lo frustraba. Ya sabía que tenía un problema de agresión, pero ocurría cuando él no era conciente y no podía evitarlo.

 

Ese día Ignacio llegó a su oficina con entusiasmo, pero el ánimo positivo le duró muy poco. Recibió la llamada de su sectorista de banco. Su pedido de refinanciamiento había sido rechazado por la mala calidad de los documentos presentados, los flujos de caja estaban plagados de errores. Su sectorista le dijo que el gerente de créditos le había dicho si su cliente no sabía siquiera hacer flujos de caja, cómo el banco le iba a prestar dinero.

 

A medida que escuchaba ignacio se convertía en una olla hermética que aumentaba su presión con el calor de sus emociones. Su empresa necesitaba a gritos credibilidad ante los bancos, y no podía ser que por la incompetencia de Gustavo, su gerente financiero, esa credibilidad se estuviera destruyendo. Se dirigió raudo a la oficina de Gustavo que estaba hablando por teléfono. Sin esperar que colgara, le preguntó:

 

- Revisaste el flujo de caja antes de caja antes de mandarlo al banco? Eres tan infelíz que ni siquiera te das cuenta de tus problemas. ¡Quiero que sepas que eres un profesional incapaz, no solo la cagas sino que no tienes la menor idea de que la cagas!

 

Gustavo empezó a experimentar esa mezcla de susto y angustia que muy bien reconocía. No entendía qué había pasado. El había revisado el documento antes de mandarlo y estaba correcto.

 

-No puede ser  -re[licó débilmente. Ese documento estaba perfecto.

 

- ¡No seas cojudo!  -insistió  Ignacio en el colmo de su indignación. Acepta que eres un incompetente y que no sirves para na. . .!

 

Antes de poder terminar la palabra, algo pasó. Ignacio frenó en seco su discurso, como un conductor que de pronto, vé a un niño que cruza por la calle mientra él maneja. Empezó a escuchar ecos del pasado. ‘No sirves para nada”, “No sirves para nada”. Era lo que gritaba su padre cuando él se equivocaba. Tomaba conciencia de que estaba haciéndole a Gustavo lo mismo que su padre había hecho con él. Una vez más, estaba agrediendo a alguien inconscientemente.

 

El verdadero Ignacio acababa de despertar de un sueño. Era la primera vez que ignacio podía despertar y tomar conciencia de lo que estaba haciendo en el momento en que ocurría. Era hora de tomar el volante y pedir perdón.

 

- Gustavo, disculpa- le dijo suavemente, con tono arrepentido. Lo siento, perdí el control.

 

Gustavo no entendía qué había pasado. Nunca antes había ocurrido.Incluso él ya se había imaginado despedido. Pero estaba ocurriendo un milagro: Ignacio le estaba pidiendo disculpas.

 

-          No te preocupes, Ignacio, todos estamos acostumbrados. Sabemos que tienes poca paciencia. Yo hablaré con el banco y arreglaré el problema.

 

         Culminó el día e Ignacio salió rumbo a la casa del maestro. Necesitaba hablar con él. Cuando le narró lo sucedido el maestro le dijo:

 

     - La enseñanza de la primera semilla era el autoconocimiento. Las vivencias traumáticas de tu niñéz colocaron  trozos de leña en tu mente. Esta leña se enciende muy fácilmente y crea fuegos y conflictos ante cualquier problema. A medida que entiendas, revivas y sientas tus trumas de niñez, estos trozos de leña se irán reduciendo y ya no habrá combustible que te haga explotar.

 

El maestro luego le pidió a Ignacio que lo siguiera al jardín. Le dio un trozo de leña y unos fósforos para que hiciera una fogata. Pero a Ignacio le fue imposible encenderla, pues estaba totalmente húmeda.

 

   - Te he dado un leño húmedo a propósito. Si tus leños mentales están húmedos, tampoco prenderán con facilidad y te evitarán explotar y reaccionar neuróticamente.

 

- ¡ Genial! Pero, cómo hago para mojarlos?

 

-          Poniéndote en contacto con tu espíritu.

 

-          Nada de espíritus  -interrumpió ignacio-. Yo no creo en Dios, ni en espíritus. Las cosas son reales y todo esto de Dios es una invención de la gente que le tiene miedo a lo desconocido y a la muerte.

 

-          El mensaje de la segunda semilla revela cómo ponerte en contacto con tu energía vital . Cómo   te fue con la semilla que te dí? Lograste identificar alguna peculiaridad en la planta?

 

-          Bueno, es una planta que da unas hojas verdes muy hermosas y delicadas. Pero, qué tiene que ver la planta con mi espíritu o con mi energía?

 

-          Mucho   -respondió el maestro-. La planta que sembraste se llama mimosa púdica y tiene la peculiaridad de retraerse cuando siente ruidos a su alrededor. Ante la actividad, la planta se esconde en sí misma, se aisla y busca su paz interior. Nosotros los seres humanos, deberíamos hacer eso por lo menos una vez al día: dejar la actividad y la bulla externa e interna y ponernos en contacto con nuestra energía interior.

 

Ahora Ignacio entendía menos.

-          Y cómo hacemos eso?

-          Mira ignacio. Dentro de nosotros existe un tesoro inmenso de paz y tranquilidad. Ese tesoro  es nuestra energía interior, pero esta custodiada por unos guardianes que son nuestros pensamientos. La única forma de poder acceder a este tesoro es dándole un descanso a los guardianes. En otras palabras, dejando de pensar.

-          Pero es imposible dejar de pensar. Si yo no pensara, dónde estaría mi empresa en este momento?

-          Yo no digo que sea fácil. En el ser humano la luminosidad de sus pensamientos le impide ver su maravilloso universo interior.Adentro esta el espíritu, tu alma. Pero si lo prefieres llámalo energía vital. Cuando logras ponerte en contacto con ella, muchas cosas pasan. Sientes paz y una felicidad increíble y asímismo vas recuperando tus cualidades innatas. Te vuelves una persona más tranquila, más alegre, más amorosa, más bondadosa y te nace servir y ayudar a los demás. En tercer lugar, y volviendo a la analogía de la leña, humedeces tanto tus leños mentales que después de un tiempo de práctica ya no prenden fuego. Es decir, por más que enfrentes problemas y dificultades complicadas, ya no generas iras incontrolables, ni explotas en el trabajo, ni en el hogar.

Los seres humanos son como unos focos de luz pintados por fuera de negro. Cuando dejamos de pensar diariamente por unos minutos, descascaramos la pintura poco a poco. Nuestra luz interior empieza a brillar en nuestra vida, nos hace más felices, pero sobretodo nos orientamos a seguir iluminando otras vidas. 

  Cuando un río caudaloso esta turbio, cargado de barro, la única forma         de poder tomar esa agua es dejarla reposar en una laguna por unos días. Al reposar,  los sedimentos pesados caen al fondo del estanque y encima queda el agua limpia para beber. Lo mismo ocurre con nuestra mente. Cuando salimos de la actividad y dejamos de pensar, nuestros rasgos negativos caen y aflora una esencia maravillosa que tenemos dentro y es nuestra mejor energía.

 

Tenemos que ayudar a nuestra mente a hacerlo. Necesitamos una técnica que nos ayude gradualmente.Cuentan que un jóven encontró una lámpara maravillosa, la frotó y salió un genio que le ofreció darle lo que pidiera. Sin embargo, puso como condición que si dejaba de pedir deseos lo mataría. El jóven después de mucho pedir tenía terror de que el genio lo matara. Luego se le ocurrió pedirle un poste. Una vez que lo tuvo, le pidió al genio que se dedicara a subir y a bajar hasta que él lo decidiera. Así, el jóven se liberó de la amenaza del genio y pudo desfrutar su vida.

En esta historia, ignacio, el genio es nuestra mente. Este genio nos tiene amenazados con el pensamiento, a menos que le hagamos subir y bajar un poste como en la historia. Es decir, que le hagamos repetir un pensamiento muchas veces. Esa es la primera técnica que quiero enseñarte.  Disciplina tu mente para que poco a poco adquiera una mayor concentración. Sin embargo, no será fácil.. Poco a poco irás adquiriendo el hábito y lograrás una concentración mayor.

 

La técnica de la repetición de la palabra irá humedeciendo tus leños mentales, pero te voy a enseñar además una técnica llamada, la respiración.. Aprende a tomar conciencia de ella y mantenerla a un ritmo pausado, Ella te conectará con tu energía

 

          - Cuando estes en tu oficina solo, toma unos minutos para concentrarte. Esto te dará la lucidez necesaria para no dejarte llevar por tus emociones. Esto hará que tomes distancia de cualquier estímulo y no explotes con emociones negativas.

 

El maestro se sacó un anillo, diciéndole que la próxima vez que se sientiera amenazado, tocara su anillo e inmediatamente después  se concentraría en su respiración.

 

Ignacio salió de la casa del maestro ilusionado. Llegó a su casa y lo primero que hizo fue ir al jardín a observar su planta. Allí yacía la pequeña mimosa púdica. Las hojas se veían más hermosas que antes, como si el momento se introversión la hubiese cargado de energía. Lo que dijo el maestro era verdad. La mimosa púdica era una muestra viviente de la importancia de encontrar un espacio interior sin el ruido ensordecedor de los pensamientos.

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