Caminos a Dios 

 

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Queridos amigos de mi ser:

En largas conversaciones con mi maestro (aunque él prefiera que lo llame sólo "instructor"), hemos querido que se conozca parte de lo que no se ha dicho del Hijo del hombre, el Mesías, el Redentor, el más alto de los Melquisedec, llamado por algunos Michael de Nebadón, Jashua, Ieohshúa, Ieoshua, Jesús el  Cristo, Jesucristo, el Nazareno o el Creador de este mundo. Sea como sea que se le llame, se ha escrito tanto de él, y aún se le conoce tan poco...! Mi anhelo más intenso sería que no recurriéraris a libro, escrito o texto alguno para conocerle, sino que le descubriéseis en vuestro interior, desde sonde Él habla. Mas sé que se requiere fe, aceptación, evolución y depuración, sustentado por un amor que miles de encarnaciones o su gracia directa pueden otorgar. Por ello decidimos en nuestras conversaciones, acercarles extractos de sus aspectos generales, para que sepáis quién era tal como se nos ha revelado en nuestro ser. Por supuesto, vosotros podéis optar por creer o no, someter a juicio mis palabras, o tirarlas, mas si las tomáis, sé que estaréis un paso más cerca de Él. Son hermosos muchos escritos sobre Él, otros infames distorsiones: por ello, lo mejor es que le busquéis en vuestro centro, donde Él mora, donde la duda no corrompe, ni el conocimiento humano limita al conocimiento por Él otorgado. Haced la Voluntad de Su Alteza Celeste, y no la vuestra. Durante el 2001, por instrucción de mi maestro, serán revelados los diálogos con Jesús y Juan el Bautista. Creo bueno que mientras leais esta introducción...

La vida de Ieoshúa

Ieoshúa (Jesús el Cristo, de Nazareth)

Lo que mostraremos será una especie de resumen de la existencia del ser conocido como Jesús, desde el inicio de su encarnación como humano, hasta la culminación de la obra encomendada por su Padre aquí, en este planeta.

En rasgos generales, este planeta forma parte de uno de los tantos Universos creados por seres como él. En la Tierra habitan diferentes niveles de seres vivos. De entre ellos, los humanos son quienes han sido dotados de dones como la voluntad y el discernimiento, si bien cabe aclarar que respecto a otros mundos, esta humanidad es aún joven y por consiguiente imperfecta. Todo ser viviente ha de evolucionar de acuerdo a un Plan Divino ya concebido, y Jesús debió cumplir una misión alta y específica para que este Plan se realice tal cual fue trazado.

Los elevados seres de su condición, creadores de universos, actúan en armonía con los mandatos de otros seres aún mas altos, todos formando un conjunto inconmensurable e infinito que llamaremos Dios. Por propia voluntad y misericordia, Jesús actuó con conciencia total, eterna y amorosa sobre esta raza, encomendándose una tarea más que perfecta, para cumplir acabadamente con la Suprema Voluntad.

Su objetivo, en rasgos generales, tenía que ver con tomar la forma del humano que habita este mundo, atravesar su existir en dicha forma con todo lo que ello implica (alma, mente y cuerpo) sin poder utilizar ninguno de sus infinitos poderes anteriores a este estado, pasando por el hecho de tener una personalidad, por todos los estadios propios del sentimiento de los hombres. Antes de comenzar su Tarea, debió aceptar las condiciones que se le imponían, y lo realizó merced a su Amor Eterno. Esta Tarea es la 7ma. dentro de su propia evolución como Ser Divino. Las limitaciones impuestas al desarrollarla:

Crecería y se desarrollaría como cualquier mortal, cumpliendo los ciclos de educación, misión y ascensión a su Padre.
Como creador de este mundo, debería restablecer el orden del mismo sea cual fuere el tiempo que esto insuma.
La conclusión de su existencia mortal debía realizarse a través del dictamen de un juicio propio de los gobernantes humanos de esa era.
Su actuación debía ser mayormente en la forma de un Maestro, debiendo iluminar a los hombres, y viviendo lo que debía ser una vida religiosa ideal.
Debería fusionar el trabajo dentro de la naturaleza humana (Dios encarnado - finito) con la Voluntad del Creador Infinito.
Su vida en semejanza de carne no sería tomada como ejemplo ni para esa generación terrestre, ni para las venideras, sino fundamentalmente como inspiración para los seres que componen este universo.
Como él mismo eligió, dedicaría su vida mortal a revelar a Dios a las criaturas mortales, es decir, mostrar plenamente cómo el hombre busca a Dios, y como Dios busca al hombre para la suprema trascendencia.
Debería prescindir de la utilización de cualquiera de sus poderes, al menos antes de que sea plenamente consciente de su naturaleza divina, y luego de llegado este punto sólo podría hacerlo si esto representaba la voluntad del Padre.
Debería impartir enseñanzas prácticas a sus congéneres.
Viviría una vida familiar común para las costumbres de ese tiempo.
Evitaría asociarse con cualquier actividad político-económica, centrando su dedicación en la vida religiosa ideal.
Tenía como función mejorar el estado moral y espiritual de los pueblos de este mundo sin permitírsele acelerar la evolución progresiva del mismo.
Podía identificarse con movimientos religiosos y espirituales del tiempo en que encarnaba, pero no podía fundar ningún culto o religión particular.
No podía dejar nada escrito por mano propia que diese algún testimonio de su estadía en la Tierra..
Tomaría forma en el sexo masculino, podría vivir una vida familiar pero no le estaba permitido dejar descendencia.

 

Cabe agregar que esta Misión ha sido realizada en conjunto con seres inmensos de elevados niveles divinos, pero no nos detendremos a explicar ni la esencia, ni las características, ni las jerarquías de los mismos, aunque sí diremos que actuaron en conjunto con quien habría de ser Jesús.

PARTE I

La infancia de Jesús

 

En rasgos generales, Jesús tuvo una infancia normal. No nos detendremos en detalle a la referencia anecdótica de los hechos que lo rodearon, puesto que lo que en verdad nos interesa es detenernos en su enseñanza trascendente en todas sus formas. Aún así, será bueno que recorramos muy sintéticamente su existir de los primeros años como encarnado a semejanza humana.

Durante su niñez sostuvo una estrecha relación con María, quien era conocedora de que su hijo venía a desempeñar una misión trascendente dictada por Dios, pero que no podía la real magnificencia de la misma. Tanto ella como José fueron padres ejemplares y dedicados, e impartieron una educación moral singular en el niño. María, sabiendo de los destinos de su niño, era muy sobreprotectora, y la rodeaba el temor a lo que le pudiese llegar a suceder a Jesús. Ella sentía en su corazón que su hijo era una promesa de Dios, en tanto José lo comprendía con el intelecto.

Jugaba con los niños y era muy vivaz. Se rodeaba de amiguitos con quienes se sentía muy a gusto.

Hasta los 5 años aprendía en líneas generales como los demás, y si bien era un niño muy bueno y obediente, no se distinguía extraordinariamente del resto de los pequeños de su edad.

Pero por este tiempo llegó a él un signo importante, y lo llamaremos "conciencia". A todos los niños les llegue en una u otra edad. En su caso, este proceso llegó al 5to. Año.

Cuando debieron volver a su hogar del que habían huido por la ya conocida historia de Herodes y la matanza de niños, el pequeño se topaba con sentimientos como el de extrañar a sus amigos juegos. También se desarrollo en él una cualidad que lo acompañaría durante muchos años: empezó a hacer preguntas muy inteligentes y seguidas a sus padres, de quienes consideraba que lo sabían todo.

Físicamente era saludable, salvo una pequeña indigestión que padeció por esos días.

Por el constante movimiento de caravanas de viajeros y mercaderes de paso por el taller de carpintería de su padre, el niño prácticamente dominaba los idiomas griego y arameo.

A finales de este año, sintió cierta desilusión al poner a su padre en un aprieto al hacerle una pregunta que José no supo satisfacer, y se sintió desilusionado de ver que su padre era omnisapiente.

A la edad de 6 años, se le enseñaban las escrituras. El niño no cesaba de hacer preguntas que ponían a veces en aprieto a José, quien explicaba lo mejor que podía tratando de satisfacerlo.. Siempre se preguntaba el por qué de los ritos judíos, los cuales no llegaba a comprender. Cuando rezaba, a veces se dirigía a su Padre con el nombre de José.

En general, la familia administraba una buena economía, y José adiestraba a su primogénito en las artes de la construcción. Durante esta enseñanza, José lo llevaba consigo a los viajes que realizaba por negocios. El pequeño era un observador agudo, y aprendía mucho sobre el comportamiento humano. Se interesaba en ver el porqué de la existencia humana en la Tierra.

María profería una estricta disciplina, mezcla de inculcarle una buena moral y de su celo materno protector. José, en cambio, enseñaba más a través de largas charlas, por ejemplo, de la necesidad de mitigar los goces sensoriales en beneficio espiritual.

Durante el día, Jesús se detenía a mirar a las flores y las plantas, y preocupaba a su familia que en las noches se desvelaba echado en el pasto boca arriba, en la contemplación del cielo y las estrellas.

A sus siete años, tenía un buen sentido del humor, que debió aprender a moderar para ser fiel a las costumbres judías de ese tiempo. Administraba un pequeño fondo para caridad.

El único hecho imprevisto fue un pequeño accidente inevitable por el cual Jesús rodó escaleras abajo en su casa, al ser sorprendido por una tormenta de arena que molestó sus ojos mientras jugaba en la terraza, pero sin daños mayores para él. Su madre se puso muy ansiosa con este hecho, y sufría pensando en que pueda pasarle algo malo a su hijo amado.

Cursaba el colegio con normalidad, y le facilitaba en cierto modo el aprendizaje el conocimiento de griego y arameo. También se le comenzó a instruir mediante El Libro de la Ley de los judíos.

Se convertía de a poco en un estudiante brillante, y se había hecho muy amigo de un vecinito llamado Jacob, con quien compartía su tiempo libre. A ambos les atraía ir de visita a la casa de un ceramista quien les acogía de buen grado y les enseñaba el arte de la cerámica.

A sus ocho años, sus vacaciones las pasaba en las casas de sus tíos, quienes se disputaban la tenencia del niño para estas épocas. Uno era agricultor y el otro pescador, y de ambos Jesús aprendió ambos oficios. Agudamente comprendía las matemáticas, y se volcó musicalmente a expresarse con el arpa.

Seguía con sus preguntas embarazosas, esta vez sobre las diferencias geográficas, las distintas temperaturas, la astronomía y la religión.

Pero a esta edad, lo más destacable era que tomó la decisión íntima de comunicarse hablando con Dios.

Cierta vez fue observado por los maestros, pues los judías no permitían ninguna representación en imágenes ya que consideraban esto un tipo de acto idólatra. Como el niño solía dibujar cosas en el piso, los maestros fueron a hablar con el padre para que cesara esta actitud. Jesús se enojó y reprendió frontalmente a los maestros, diciendo que su padre no debía ser observado por su conducta, y que él acataría la voluntad de José sin volver a realizar estas figuras. Esto llamó la atención de sus maestros, y algunos lo vieron con gracias y otros lo tomaron como blasfemia.

Miraba mucho el agua, y observaba sus formas: las nieves, las nubes, los ríos. Paradójicamente, pese a ser el creador de este mundo, la composición del agua era muy interesante en su forma encarnada infantil.

También persistía su conflicto moral constante contra la Ley oral.

                                                              Continuará....   (Entérate más de la vida de Jesús viendo los diálogos con Jesús y Juan el Bautista)

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