Viernes, 20 de Octubre de 2000
Dice La Voz:
"Hermanos míos contemplad vuestro mundo: yace plagado de maravillas y miserias.
Mirad a los pájaros, volando libres por los cielos del Señor. Y mirad a los que mueren
de hambre o afectados por la enfermedad. Este mundo os muestra mucho y debéis conocerle,
como el Señor lo conoció. Él, el Uno en el Amor, debió confrontarse con lo bueno y lo
malo de este mundo. Miradle en la Cruz a la que Él aceptó subirse por Amor y Perdón a
vuestra raza. Clavado en los maderos, sangrando, en la máxima agonía, desde lo Alto,
miró al mundo, os miró a todos y cada uno de vosotros, y exhaló. Atravesó los avernos
mismos con el Amor y el Perdón, y se alzó por sobre el cuerpo de este mundo con el Amor
y el Perdón. Mostró su dulce faz a quien Le escupió y a quien Le amó, y hoy Se muestra
a aquel que mira al mismo mundo. Por eso os insto a que miréis el mundo todo, con sus
maravillas y miserias, con sus nacimientos y sus muertes, con sus armonías y sus guerras.
Y si no sois tan fuertes para sostener la mirada, hablad con el Señor, y pedidle su Amor
y su Perdón para que podáis mirarlo todo, y entreguéis vuestro santo Espíritu al Padre
como cuando Él exhaló, y podáis sentir que como sus labios lo dijeron: "Todo se ha
cumplido". Entregad vuestro Espíritu al Padre, y así como el Señor no renegó de
su cáliz, tomad el vuestro y bebedle, pues debéis amar y perdonar, primero a vosotros
mismos, y luego al mundo todo.
Mis hermanos queridos, dura es esta enseñanza que debo daros, mas este tiempo así lo
requiere. Este lugar no es aún en La Paz, y debéis recuperarla. Tenéis muchas puertas,
y deberéis atravesarlas. Pasaréis por la vida, y también por la muerte. Teméis a la
muerte y al dolor, y os comprendo con amor. En este mundo todo lo que nace muere al
tiempo, pero como el Redentor, renace en otra forma, porque lo que Es jamás deja de Ser.
Usad la puerta del dolor, pues ante el dolor no podéis poneros disfraz alguno. El dolor
es el más temido de los maestros, y nadie quiere su enseñanza, pero el dolor es parte de
este mundo humano, porque el hombre suele no gustar de la enseñanza de los otros
maestros. Los demás maestros os hablan con dulzura y en silencio, mas vosotros preferís
no escucharles, pues habéis caído en el engaño de creer que ya no necesitáis aprender.
Y cuando sordos os tornáis a los demás maestros viene el dolor, el maestro severo, y no
podéis evitar escucharle. Y confundidos y desconcertados, pensáis que el Padre os
castiga mandando a este maestro, y sufrís porque no queréis esta enseñanza, y lloráis
como pequeños que sois. Amados míos: todos los maestros os están enseñando ahora
mismo! Buscadles! No tornéis vuestro tiempo en dormir, pues el tiempo pasa, y el dolor es
quien os despierta. No esperéis hasta el último instante para tomar enseñanza. Cuando
el dolor llega realiza su misión, y os enseña en manera tan contundente que sacude
vuestros oídos, vuestros ojos, todos los sentidos, la memoria y todo lo que dormía, y os
recuerda que no estáis viviendo la vida que debéis vivir, sino durmiéndola.
Mirad el mundo, y amad y perdonad todo y a todos con o sin este maestro. Si os habéis
distraído y el tiempo pasó sin daros cuenta, y el dolor os sorprende. Amad y perdonad
más intensamente, y su enseñanza severa se dulcificará y os hará libres. Pues el dolor
es un gran maestro y no un castigo, y tiene el poder de conduciros a la libertad. Recordad
que todos los santos de Dios atravesaron la puerta del dolor. Dura es la enseñanza que el
dolor enseña, mas pedid la ayuda del Señor, y no le digáis "quitadme al
dolor" , sino más bien amad y entregaros como el Señor en los olivos, y decid en
vuestro corazón: "Padre mío: si es posible apartad de mí este cáliz, mas Sea Tu
Voluntad y no la mía".
No le deis vuelta el rostro al dolor, y encomendáos al Padre para verlo todo, pues
sólo así el dolor será atravesado. Y cuando lo hayáis atravesado, recordad que lo
hicisteis merced a vuestra entrega al Padre, porque el dolor golpea sólo las puertas de
aquel que se ha encerrado en su casa bajo llave. Quien tiene las puertas y ventanas
abiertas de par en par, ve cómo el dolor pasa y atraviesa su morada, mas no sufre. Abrid
pues cada puerta de vuestra casa para que el dolor no deba golpear aunque entre en la
casa.
Os he dado hoy una difícil enseñanza, y con Amor os la doy. Con Amor tomadla."

Miércoles, 01 de Noviembre de 2000
Dice La Voz:
" Mirad con atención vuestra mente, pues ésta es reflejo del mundo. Encontráis
en ella infinidad de paisajes, como también encontráis caos y destrucción. Encontráis
el desierto y encontráis el oasis, mas sed cuidadosos, y en medio de la tormenta del
desierto no os extraviéis, ni desesperéis creyendo que jamás llegará el día de la
llegada al oasis; en el camino también encontraréis espejismos en los que vuestra sed os
hará creer, más el espejismo es ilusión, y a la ilusión sobreviene la desilusión,
porque el espejismo no pertenece a lo real. Deberéis transitar un tiempo por el desierto,
y veréis caravanas de viajeros, y también fieras dispuestas a devorarlos. Encontraréis
caminos verdaderos, caminos que os harán caminar en círculos, atajos, guías y
farsantes. Pero no es el desierto todo el mundo, ni es vuestra desesperación toda vuestra
mente. Procurad observar la mente como observáis a este mundo, mas no dejéis que la
mente os domine ni que el mundo os domine: no seáis atrapados por sus bellezas o sus
miserias, nada os ate, porque vosotros vivís en el mundo, mas no le pertenecéis ni al
mundo ni a la mente.
Sois del alma como sois del Cielo, y a ella os debéis. No olvidéis esto hermanos
queridos, porque los terrores de la mente y el mundo os sobrecogerán, y os harán ver lo
que no es, porque lo que Es no necesita engañaros. Cuando no veáis con claridad, no
digáis "esto de seguro es así" porque vuestro juicio obrará como vuestra
vista. Más bien esperad que aclare, o pedid auxilio al que Ve en las sombras La Luz.
Ésta todo lo ilumina, y a Su Paso no puede existir la tiniebla. Mirad en una cueva
obscura, y caminad con una antorcha en vuestra mano, y decidme ¿dónde quedó la
tiniebla? ¿Habéis visto que alguna vez la tiniebla haga desaparecer a La Luz? Por el
contrario, por más pequeña que sea vuestra lumbre y más inmensa que sea la tiniebla,
mientras en vuestra mano alcéis esta antorcha, la tiniebla no podrá tocaros. Lleváis
todos vosotros una lumbre en vuestra alma, pues quien os envía sabe que en el mundo y en
la mente deberéis traspasar la obscuridad muchas veces. Usad la antorcha, pues cuando
lleguéis a la Luz no habrá más tinieblas sobre las que avanzar. Sed cuidadosos: no
entréis en la caverna en busca de aventura, a menos que debáis pasar por allí para
llegar al otro lado, y si es así, no olvidéis usar vuestra antorcha. Y cuando lleguéis
al otro lado, descansad, y dad gracias a La Luz que no permitió que las tinieblas os
toquen. Y regocijaos en el paisaje, mas no os atéis tampoco a él, pues ora hay día y
luego noche, ora belleza y mañana tenebrosidad, hoy agua y mañana desierto, pues el
mundo es cambiante en lo que os muestra, como vuestra mente. Así que pues viviendo en el
mundo, procurad la paz como en vuestra mente.
Sed en La Paz del Alma que os ha sido dada. Amén"

Domingo, 12 de Noviembre de 2000
Dice La Voz:
" ¿Por qué creéis que estáis hoy aquí? ¿Por qué el Padre os ha creado, y
dado vida en este mundo? No sois el producto de la voluntad de vuestros padres terrestres,
sino que habéis sido destinados en este tiempo a habitar esta tierra. Nacéis en ella, y
transitáis día tras día, minuto a minuto, año tras año, la vida que os ha sido dada.
Muchos de vosotros creéis que esto es sólo obra de la Madre Naturaleza, y que así debe
ser, mas pocos se detienen a ver que están vivos, que el Soplo del Padre sobre vuestro
espíritu os ha hecho tomar forma de hombres. Estáis recibiendo un gran don, y una gran
tarea a la vez. Si sólo os detuvierais a contemplar este milagro, inmediatamente vuestro
pensamiento iría hacia el Padre, porque todo don verdadero viene de Él. No sois una
casualidad del azar, pues quienes piensan que son obra sólo de la Madre Naturaleza se
debieran detener a ver el grano de tierra cuya obra es de esta Madre. Mas vosotros sois
más que ese grano, y sois del Padre, y hacia Él vais.
Cuando los días transcurren uno tras otro sin que os detengáis a miraros a vosotros
mismos, vuestra vida se os está escurriendo como agua entre los dedos. No permitáis que
esto os suceda, no dejéis que sea el golpe del destino quien os despierte y os
sobresalte. Despertad a la vida que el Señor os ha dado, porque es don de lo alto. No
dejéis que os pase como al hombre rico, que sabiéndose rico guarda sus riquezas, y luego
ni recuerda dónde las ha guardado. No hagáis así con vuestras vidas, no las olvidéis.
Vuestra vida humana es una puerta al Padre, no olvidéis atravesarla, porque si no lo
hacéis, creeréis que habéis sido colocados delante de la puerta y esperaréis sentados
a que os abra. Llamad y se os abrirá. Llamad a vuestra puerta.
Cuando toda vuestra vida habéis esperado delante de la puerta y os habéis quedado
dormidos, sin golpear como debíais, os sorprenden en medio del sueño las tormentas, o
las sequías, o las enfermedades, pero estáis fuera de la casa ¿cómo hallaréis refugio
quedándoos fuera? Golpead a la puerta, y no dejéis de golpear hasta que se os abra,
porque son muchos los que esperan que se abra de inmediato según su voluntad, pero viendo
que la puerta no se abre, creen que no hay nadie del otro lado, y se van de la puerta, y
de la casa. No cometáis este error hermanos queridos, pues ya os he dicho que cada quien
deberá golpear un número de veces a la puerta que os es desconocido, mas que sólo el
Dueño conoce. No seáis como el grano de tierra movido por el viento, porque sois hombres
y no grano de tierra. No os alejéis de la puerta por más fuerte que el viento del mundo
sople, y llamad como se os ha dicho, porque alcanzado el número, la puerta será abierta,
y el Padre se os mostrará.
Los días en vuestras existencias están pasando. A cada instante muchos nacen y muchos
se van, y luego se los hace nacer de nuevo. Vivid vuestros días como el Padre manda, pues
Él sabe lo que es mejor para vosotros. Y no entristezcáis ni penséis que vuestros
golpes no son escuchados en la puerta, porque cada uno de ellos es sentido, pero no se
abrirá hasta que suceda lo que deba suceder. Y si mientras golpeáis os sorprenden las
lluvias y sequías, y las enfermedades y los temores, no os dejéis acorralar por esto, y
usad la fuerza que el Padre os ha dado para golpear más fuerte. Llamad de día y de
noche, estéis enfermos o estéis sanos, porque acontece que aquel que no siente necesidad
y está sano, olvida llamar a la puerta y se aleja de ella. Y cuando enferma o padece,
vuelve corriendo presa de la angustia para llamar a la puerta.
No lo olvidéis: la vida que se os ha dado es la puerta principal que debéis golpear
hasta que se abra."

Jueves, 23 de Noviembre de 2000
Dice La Voz:
" El viento ha venido sobre justos e injustos, sobre ricos y poderosos, y
pordioseros y desposeídos. La luna ha dado luz en la noche a unos y a otros. Y mi voz os
habla sin distingo, porque todos sois hermanos míos. En el desierto hablé a todos, mas
unos pocos me escucharon. Pero a todos di el Mensaje, y lo escucharon quienes al desierto
fueron por él. Llegará el día de los tiempos en que no podréis evitar mi voz. Pues
hablará La Voz a las almas como el viento viene sobre justos e injustos, y como la luz de
la luna ilumina en la noche a unos y a otros. Mas quienes aún en ese tiempo lejano no
quieran oír, se encerrarán como quien no quiere ser tocado por el viento y la luz de la
luna dentro de una casa sin hendijas, y no oirán esta voz, ni a nada ni a nadie más que
a sus propias voces y sus propios pensamientos. Sea La Voluntad del Padre sobre ellos, y
por sobre su voluntad, porque quien no escuche La Voz, no escuchará La Verdad, y se
hundirá en la más obscura tiniebla."
" He venido a hablaros, mas si La Verdad no sale a la luz en vuestro corazón
¿cómo podríais reconocerme? Hablo porque La Voz es para quien escucha La Palabra, y no
hablo a vuestros oídos, pues ellos que os sirven para escuchar las palabras y sonidos de
esta tierra, no pueden aún escuchar La Voz. Hablo en vosotros, desde dentro, y mi Voz os
habla entre los cientos de voces que os hablan, susurran y gritan día y noche, mas si La
Verdad no sale a la luz en vuestro corazón ¿cómo podríais reconocerme? Pues hablé a
los oídos de la carne en otros tiempos, y quienes reconocieron La Voz, fueron tocados
como aquel que es tocado por el viento y bañado por la luz de la luna en medio de la
noche, porque La Verdad había asomado a la luz de sus corazones, y quien sólo me
escuchó con sus oídos de carne, se encerró en su casa sin hendijas, y cortó la cabeza
de donde una voz salía, mas La Voz jamás calló ni callará, pues no es de la boca de
donde sale toda Palabra que el Mensaje manó, sino de La Verdad. Y no hallaron paz quienes
cortaron la cabeza del profeta, pues no hay paz para quien quiere callar La Voz. La Voz
habla desde dentro, aunque de vez en vez se escuche fuera. Mas lo que es de dentro no
puede ser muerto fuera. Porque el Señor fue clavado y flagelado, y el príncipe del mundo
se alegró de esto al verlo entregar su espíritu, mas lo que es de dentro no puede ser
muerto fuera, y el Señor jamás morirá, como La Voz que mana la Palabra."
" Habla la Voz a aquel en el que La Verdad asoma a la luz del corazón, y éste
escucha La Palabra dada al mundo por Amor al mundo. Porque La Palabra es para este mundo
como la gota de la lluvia es a la hierba, que crece y se eleva, y cubre la tierra que
estaba seca antes de la lluvia. Escuchad La Palabra que mana de La Voz. Amén"

Domingo, 26 de Noviembre de 2000
Dice La Voz:
" La Luz habita en vosotros, y siendo la Luz en vosotros no la veis. ¿cómo es
esto posible? Para no ver la Luz cerráis vuestros ojos interiores, y para no escuchar La
Palabra cerráis vuestros oídos interiores. ¿Teméis que La Luz o La Palabra os
lastimen? Elegís ver con vuestros ojos y oír con vuestros oídos en la carne, porque
creéis que la carne no puede haceros daño. Mas La Luz es para iluminaros y La Palabra
para que conozcáis La Verdad. Os hablo con La Palabra desde La Luz, mas no escucháis ni
veis. Amados míos: ¡cuán obscuros son estos tiempos en que no podéis recibir lo que os
pertenece y que el Señor os ha dado!. Brota continuamente agua de este manantial divino,
y sedientos no bebéis, porque no veis ni escucháis al agua que produce saciedad. Mas es
tiempo de que esto acaezca, pues la mayoría así lo elige. En el silencio de unas pocas
almas habla esta Voz y La Luz brilla sin menguar, mas también pocos son los que gustan de
oír y ser tocados por la Luz entre estas almas. No hay deleite para la mayoría de
vosotros en esas almas, pues teméis que destruyan lo que os habéis afanado en construir.
Y yo os digo: si la casa es buena ¿a qué temeréis? ¿puede la Luz o la Palabra destruir
aquello que es de La luz o La Palabra?. Pero La Luz y La Palabra no dejan en pie aquello
que no es de la Verdad, de lo cual todo lo verdadero mana. Y por eso teméis muchos de
vosotros, porque sabéis que vuestras casas no están hechas de lo verdadero. Quien hace
su casa desde La Luz y La Palabra, de donde lo verdadero es, a nada teme jamás. ¿De
quién escapáis hermanos míos? No desconozcáis vuestra semilla, porque haciéndolo
erráis el camino. No sois hijos de la carne, sino del Espíritu. ¿A dónde vais cuando
huís de La Luz y La Palabra? ¿Puede un hombre huir de su corazón que late y le da vida
a su cuerpo? Sólo si lo arranca, mas si esto hace, al instante morirá. Y así es con
quienes quieren arrancar de sí La Luz: vivirán en las tinieblas y morirán a La Verdad.
Todo lo que no es de La Luz, os lleva a la tiniebla donde la muerte anida. Todo lo que no
es de La Verdad, os lleva al engaño donde la muerte anida. Por eso escuchad La Palabra si
os halláis extraviados, pues escuchando La Palabra es que veréis La Luz, y viendo La Luz
habréis conocido la Verdad. Por eso el Señor os habló y os habla a través del
Espíritu de La Verdad que envió para vosotros. En medio del silencio y aunque las voces
del mundo griten en vuestros oídos, escuchad La Palabra. No temáis si al Escucharla, la
casa que construisteis se destruye, porque esa casa no era para vosotros si cayó ante La
Palabra. Regocijaos si escuchasteis La Palabra y comenzáis a construir la nueva casa,
porque esa casa es la buena morada y el Señor habitará en ella. Por eso pedid para que
La Palabra y La Luz soplen sobre vuestra casa y sobre toda morada. Sed en Paz.
Amén."
