Caminos a Dios 

 

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16 de marzo de 2002

Y la Tierra se convulsionaba, pues sus hijos no hallaban entendimiento. Disgregados yacían, con el dedo señalando, la lengua dispuesta a matar y perseguía cada quien su propio trono para erigirse rey entre los demás.

No fueron creados para eso, pero allí estaban, degradándose. Criaturas maravillosas dispuestas a enterrarse en el fango de la obscuridad.

Faltaban muchos ciclos aún para el cambio de rumbo de los ciclos, y ellos adormilados, se regodeaban en su sueño ignorante.

Más cada quien poseía una perla, dada desde el principio de los tiempos a cada alma como el tesoro de salvación. Y el hombre se esforzó en olvidarla y taparla en el lodo.

Esta es La Palabra dada para este tiempo: arrepentíos de corazón y llorad amargas lágrimas que enjuguen vuestras almas quitándoles el lodo en que os habéis untado, porque no son vuestras acciones dignas de Vuestro Padre del Cielo.

Vuestro destino es alto, pero miráis la peste de lo bajo, y la escogéis.

Yo soy la Voz que predica en el desierto, soy quien clama por vosotros y a vosotros, para que despertéis y dejéis de ser moribundos.

Si creéis dura mi palabra, esperad a ver vuestro futuro.

Escuchad a los mensajeros de la Luz, pues mientras juzgáis sus actos, arrebatáis la vida del planeta. Ellos no pueden ser juzgados, sus actos sólo responden al Plan, mas vosotros no dudáis en emplear los instantes en juicios vanos, como hicisteis con el maestro y con el profeta.

Podréis una vez más crucificarlos en las cruces de las palabras y los juicios, o hacer rodar sus cabezas con el filo de vuestra impiedad. Estáis siendo usados por el príncipe de este mundo. ¡Me compadezco de vosotros, los que atacáis a vuestro hermano y no reconocéis al Cristo en él, porque gran turbación sobrevendrá a vuestra alma!

Si carecéis del amor, pedidlo, y se os dará. Si no tenéis misericordia, inclinad vuestra cabeza al Padre, y reconoced vuestra pequeñez, porque está escrito: no es el hijo mayor que su padre, pero comparten la misma casa...

En verdad os digo que estáis ahogando el tiempo concedido. Entregáos a Dios vuestro Señor, y dejad que sea Él quien imparta Justicia, porque también está escrito: la ira de hombre no obra la justicia de Dios...

Si en verdad sois las primicias de sus criaturas, no os comportéis como cerdos hambrientos, dispuestos a despedazarse.

Si sois condenados injustamente, dejad que sea Dios quien juzgue. Vosotros seguid vuestro camino. Porque en verdad os digo que no hay hombre que os pueda dañar en alma, tal como el Señor fue preservado por sus ángeles mientras era clavado a su madero, y el profeta había sido liberado antes de que el filo del verdugo cercene su cabeza.

Reconoced humilde y mansamente el error diario, no sea cosa que os golpéeis el pecho cuando ya hayáis condenado al inocente y el Señor se manifieste, y seáis presa del más grande de los miedos.

No seáis estorbo en la obra del Señor. Vosotros no sois los hacedores. Para ser siervos, debéis ser escogidos por el amo de la Morada.

Escuchad mi Palabra mientras la Tierra se convulsiona por vosotros, porque os aseguro que llegará el día en que la Tierra callará porque ya no habrá más tiempo.

18 de marzo de 2002

¿Yquien está ahora por encima del hombre? ¿En qué te has transformado, oh, hijo del Supremo? ¿A quién habéis elegido como Padre?

Meditad en mis preguntas, porque una vez más os desviásteis de la senda, y descuidásteis vuestro fin. Habéis trocado humildad por vanidad, misericordia por indifirencia, desnudez por atavíos, sencillez por confusión y amor por egoísmo.

Mirad hombre donde estáis parado, contempla el sitial en que te has puesto, pues las bestias son más nobles que tú, el hipócrita.

No sólo no has escuchado a tu hermano, el humilde de corazón, el portador de la Verdad, sino que le habéis condenado al insulto y a la burla. Una vez más dentro de las veces: arrepiéntete! vuelve manso tu corazón! Pues hacéis lo mismo que hizo el faraón a Moshé cuando el Señor hablaba por su báculo, y era perseguido por la dureza del corazón orgulloso. Y hubo pestes en la Tierra y en los Mares y en los Cielos, pues el hermano renegó de su hermano a cambio de poder.

Hombre ¿dónde pones los ladrillos de tu casa? ¿dónde pones toda tu fuerza? ¿acaso eres gustoso de morir en el fuego de la rebeldía inútil? ¿qué te aprovecha todo lo que tienes, si no tienes a Dios, por lo que Nada tienes?

Hablas como fariseo, como doctor de la ley envanecido por su doctrina, y yo te digo: tu doctrina se hará como la paja echada al fuego, y separada del buen trigo de la siembra!

Por eso calla, recógete en el silencio de tu aposento, y guárdate para el Señor, porque no eres digno de amonestar a tu hermano, ni de alzar tu dedo señalándole, por donde aún no eres limpio ante la Faz del Padre...

Escucha esta voz, oh, hombre obscurecido! Porque la luz en ti no me es desconocida, pero aún sí lo es para ti mismo, que la portas como un viajero extraviado que lleva una lámpara atada a su espalda, y se tropieza a cada paso pues no acierta el camino. Yo te digo: deténte! Toma primero la lámpara, límpíala del barro, y ponla delante de ti, porque ella hará que no te tropieces camino a la casa de tu Padre!

¿Cómo es posible que me hagas venir vida tras vida y edad tras edad a clamar a tu Tierra? ¿ No ves acaso tu virtud tras la sensualidad que has traído a esta casa? ¿Has olvidado que esta morada te ha sido dada para que vivas en ella mientras vas camino al Padre, y que Él y sólo Él es el dueño de la casa que te empeñas en llenar de suciedad? ¿Por qué tienes tanto más que lo necesario? Desházte hoy mismo de todo lo que te estorba y de aquello que tarde o temprano te hará avergonzar cuando estés frente a Su Faz!.

Escucha a este siervo a los pies del Padre, porque La Voz habla por él. ¿No comprendes aún que feliz me hallaría silencioso en el desierto, en vez de venir a tu presencia? Si tú no negases al Señor en tus días, estaríamos juntos a su mesa. Pero eres terco, y envejeces en vez de volverte niño.

¿Crees que clamo a ti porque sigas este camino en vano? Has elegido hasta hoy cada uno de tus caminos a tu gana, y mira lo que has conseguido.

Yo soy el que señala el camino delante de Él. Escúchame y sigue esta voz, si no quieres perderte. No he venido a hablar a los pacientes, ni a los mansos, ni a los humildes ni a los piadosos, ni a quienes aman en verdad al Señor y le siguen con alegría. Hablo a aquellos que no contentos con extraviarse, buscan que los justos se extravíen. Porque tan grande es el Padre, que quiere al hijo bueno y al hijo malo juntos en la misma mesa. Porque el hijo bueno se alegrará de ver al malo tal como el Padre se alegra por compartir su mesa.  

¿Yquien está ahora por encima del hombre? ¿En qué te has transformado, oh, hijo del Supremo? ¿A quién habéis elegido como Padre?

Meditad en mis preguntas, porque una vez más os desviásteis de la senda, y descuidásteis vuestro fin. Habéis trocado humildad por vanidad, misericordia por indifirencia, desnudez por atavíos, sencillez por confusión y amor por egoísmo.

 

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